<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690</id><updated>2012-01-11T21:59:58.598-04:30</updated><title type='text'>OCEANO SURREAL</title><subtitle type='html'>Sumérgete hasta lo más profundo</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>202</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-3477994954080778634</id><published>2012-01-11T21:09:00.001-04:30</published><updated>2012-01-11T21:09:59.059-04:30</updated><title type='text'>La Muerte Espera - II</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Entonces trabajas hoy también?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Ojalá, Hada, ojalá pudiera escoger los días que quiero trabajar, pero me toca. Son seis días a la semana, obligados.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Para estar toda una noche sin hacer nada, es mejor que esto de estudiar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Cualquier trabajo sucio es mejor pagado que esto...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡Jaja! ¿Sucio?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Si, ya quisiera yo verte sudando el miedo, cagada con los crujidos y los inexplicables sonidos metálicos en la oscuridad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿No estás muy grande para temerle a la oscuridad?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mauricio terminó de acomodar sus cuadernos, punteo el bolígrafo y se lo llevó al bolsillo, remojándose los labios con la lengua, raspando en la barba poco afeitada. Cerró su bolso y, mirándola a los ojos, logró una sonrisa forzada para no amargarse el día, para evadir la realidad: si le daba miedo la oscuridad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De pequeños, su hermano y él corrían desde la sala hasta sus cuartos, compitiendo por quién llegaba primero. El último en llegar sería llevado por el fantasma del lavadero. Gracias a Dios, conforme a fueron creciendo, entendieron a los roedores y las consecuencias de su paso. La ropa roída.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Ya váyanse a dormir -mandaba su madre, ya molesta por la hiperactividad de los muchachos- por tantas travesuras es que se les daña la ropa, ese fantasma los está castigando.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡Eso es mentira! -gritaba su hermano desde la sala, saltando sobre el sofá- Los fantasmas no existen, me lo dijo la profesora.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Síguete portando mal y lo averiguarás -sentenció ella.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;John se bajó del mueble, a paso lento, como si le hubiesen descargado las baterías, miró a su hermano con ojos dudosos, sopesando la posibilidad de que la advertencia cobrara vida debajo de sus camas, Mauricio se dejó llevar por los mismos sentimientos y así se quedaron, sin intercambiar palabras, respirando cada vez más rápido. Voltearon hacia el pasillo que daba con los cuartos, se miraron de nuevo, las luces detrás de ellos empezaban a ser apagadas y la oscuridad se iba acercando como una ráfaga de incertidumbre. El pasillo los sedujo, aceleró sus corazones y tensó sus piernas. Corrieron, Mauricio llegó primero, ganó, lo celebró, pero el llanto de su hermano calló su gozo al ver que John se había caído de pecho, perdiendo el aire, recogiéndose del dolor, engullido por la noche que había invadido su casa.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No supo reaccionar, le daba miedo ir a rescatarlo en la oscuridad. Había culpa en su corazón, pero también sentía alivio de estar seguro en la luz del cuarto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿De verdad le temes? ¡Ay qué tierno, jajaja!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Si, búrlate, boba...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No te molestes, no es algo que pueda reprocharte. Me parece valiente que asumas tu trabajo con responsabilidad y coraje.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No lo repararás con eso...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Vamos, en serio, no te molestaste ¿o si?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Déjalo así, vamos por un café, no soporto el sueño.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El cafetín se hundía en el bullicio colectivo, en el rechinar de las sillas, la caja registradora, el crujido de los plásticos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Qué les sirvo? -preguntó la encargada, una señora de rasgos afables, de arrugas dignas de una vida tranquila. Redonda, pero no gorda, de manos ásperas y algo afectadas por la artritis.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Yo quiero un refresco en lata, -ordenó Hada, hincándose sobre la mesa de despacho y señalando la nevera- cual sea y mi amigo va a querer una taza del café más fuerte que tenga.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Hada, no me gusta tan fuerte...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Descuida -le desordenó el cabello- te hará bien.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mauricio se dio vuelta, mirando a su alrededor, esperando el servicio. En una de las mesas una chica se había derramado un jugo sobre el pantalón, se levantó de inmediato y se sacudió como pudo, mientras que él no pudo evitar recordar el cuerpo ensangrentado de una joven fallecida ingresada a la morgue pocos días atrás. El cuerpo iba desarmado por dentro, roto tras el impacto de un vehículo. Detrás de la mesa plateada iba a paso nervioso el que se suponía era el responsable, un señor de no más de cincuenta años, llamando frenéticamente por celular sin resultado alguno, maldiciendo cada nueve palabras y rascándose el poco cabello que le quedaba. También iba ensangrentado, de tal forma que dejaba imaginar que le tocó cargar al cadáver de la atropellada. Era muy tarde.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Iba desnuda, la había limpiado pero se notaban los daños generados por el asfalto, le colgaba un brazo y uno de sus pies estaba descuadrado. Todo el cuadro era asqueroso y al mismo tiempo lamentable. Era un cuerpo joven, de buenas curvas. La chica no era de la zona, su color de piel la señalaba como alguien que vivía cerca del mar, ese tono tostado y reseco por la sal.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por fin logró la llamada, el señor tartamudeaba, no sabía ni siquiera sacar una cortesía, rodaron la camilla hasta desaparecer tras la puerta de ingresos. El señor miró a Mauricio con ojos llevados por la desesperación, la amargura que deja la "mala suerte" de que te pasen ese tipo de cosas. Se restregó la cara con la mano derecha y con la izquierda apretaba aún más el aparato, tomando fuerzas para hablar. Mauricio regresó sus ojos a las pantallas de las cámaras de seguridad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Es usted...? Verá, soy de... No, no me cuelgue, ¿Es usted la madre de...? -Sacó una cédula de su bolsillo- ¿Susana Jaramillo? Cálmese, señora... -sus ojos daban vueltas por todo el pasillo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bueno... debí haberla llamado antes, pero... yo esperaba que se estabilizara, es que ella sufrió un accidente y... el médico hizo todo lo que pudo...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No pudo evitar ver, las cámaras eran demasiado aburridas con tanta tensión en el pasillo. Los ojos del señor se convirtieron en dos cataratas hinchadas, enrojecidos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡Perdóneme, señora, perdóneme...!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Aquí tienes, muchachito -dijo Hada, al tiempo que le entregaba el café humeante, cuyo color oscuro lograba verse a través del plástico blanco-. Recuerda que tenemos que entregar los cálculos del trabajo anterior, nos hizo falta eso. Yo te dije que ese profesor era mañoso para las entregas. Todos lo dicen...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No te preocupes por eso, ya tengo una parte adelantada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Envíamelo al correo electrónico, así también los reviso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Ya viste a esa chica? -preguntó él, sin poder despegarse del recuerdo. Ese llanto profundo, el miedo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Cuál?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Esa, la que se acaba de ir.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Ah si. ¿Qué le pasó? Parecía molesta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Parece que se ha ensangren- perdón, se manchó con el jugo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Necesitas dormir más, yo que te lo digo...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-3477994954080778634?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/3477994954080778634/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=3477994954080778634&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/3477994954080778634'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/3477994954080778634'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2012/01/la-muerte-espera-ii.html' title='La Muerte Espera - II'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-5937645539210252091</id><published>2011-11-18T11:26:00.001-04:30</published><updated>2012-01-11T21:59:58.606-04:30</updated><title type='text'>La muerte espera</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-mlv_fydFNVk/TsaTC8aIPRI/AAAAAAAAERs/sknb27Avomg/s1600/zombie-photographie-conceptuelle.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="268" src="http://2.bp.blogspot.com/-mlv_fydFNVk/TsaTC8aIPRI/AAAAAAAAERs/sknb27Avomg/s400/zombie-photographie-conceptuelle.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Paredes blancas, sucias de tanto uso y abuso, techo regular con ventiladores de aspas largas para refrescar la habitación que da abasto para treinta personas. Treinta y uno si contamos al profesor. Veinticuatro estudiantes, nueve de ellos observando sus celulares, dos quedándose dormidos, otros dos conversando en voz baja y el resto prestando atención a la clase. Luz matutina, de la que molesta en los ojos cansados, un olor a humedad y la temperatura medianamente baja, suficiente para adormecerlos a todos y dificultar el estudio. Otro olor...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El fru-frú de las hojas de los cuadernos, el zig-zag de los lápices al escribir, el estornudo de alguno y la sinusitis del compañero a la derecha. El chirrido de un ventilador con un tornillo suelto, el tac-tac del marcador del profesor sobre la pizarra blanca, el polvo flotando sobre las cabezas delatado por algunos rayos de sol, el olor a alcohol isopropílico. Pero otro olor, un hedor cercano y paulatino, intermitente por la costumbre a la que la nariz se ha sometido, invade aún las fosas nasales de Mauricio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un susurro invasivo, la voz femenina de alguien conocido:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Deberías tomar café antes de entrar a clase, das pena quedándote dormido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Déjame en paz, Hada -suplicó- no he podido dormir, desayunar o bañarme. Puedo oler mi propio aliento asqueroso, estoy que vomito...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Te dije que ese trabajo no te convenía, por mucho que te guste.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El profesor alzó la voz tras un carraspeo intencional, una manera incómoda de reclamar atención.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Hueles a alcohol ¿te has dado cuenta? -se recogió el pelo y apretó ligeramente su nariz.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Es isopropílico -la miró por fin, haciendo un esfuerzo por abrir más los ojos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Ni que fuera absoluto, es repugnante... -alzó los hombros, recogiendo y protegiendo su rostro de la emisión fétida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Ni siquiera recuerdo por qué... -hundió su rostro, otra vez, entre sus brazos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mentira, muy bien podía recordarlo, pero no quería.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esa misma madrugada, mientras terminaba su guardia, tropezó con una de esas "mesas malparidas", haciéndola rodar y chocar contra una pared, derramando un envase mal sellado de alcohol sobre su uniforme. Cambió de camisa, pero su pantalón quedó intacto, dejando un rastro antiséptico a su alrededor. No le hubiese pasado si no fuera tan miedoso con los muertos y esas cosas, "porque, seamos honestos ¿Qué puede hacerte alguien que ya murió? Ni siquiera puede pensar o pestañear. No tienes nada qué temer, Mauricio".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por más que se dijera a si mismo que no había peligro alguno en los pasillos de la morgue, no podía luchar contra ese olor a formol y a "fresco", aunado al frío endemoniado al que someten a las instalaciones. Ni hablar de los sonidos extraños que a veces gemían desde las ventanas o las escaleras, malditas ratas que no tienen compasión por el temor humano. "¿Vale la pena cagarse de miedo seis noches a la semana por una buena pasta?", se preguntaba a si mismo, ya cansado de los trasnochos excesivos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¡Oh si!, le alcanza el dinero para pagar su habitación, sus gastos universitarios y mantener su virilidad al margen de la estética hirsuta y los buenos perfumes, porque después de todo eso de oler a muerto no es agradable.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Te está matando ese trabajo, la memoria te falla las veinticuatro horas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Ya basta, Hada -sabía que Hada Marina se preocupaba por él, pero a veces era asfixiante.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Está bien, pero al menos descansa más, tu ritmo de vida noctámbulo te tiene desencajado, pareces un despojo de lo que eras al graduarnos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cierto, los deportes habían hecho de Mauricio un chico fornido dentro de lo que un cuerpo adolescente permite. Sin embargo los tiempos cambian, la manutención paterna había llegado a su fin cuando la liquidación laboral de su padre se agotó con las últimas facturas de hace tres meses, el mismo tiempo que tiene trabajando en la morgue. La necesidad no conoce de gustos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero más allá de las vicisitudes económicas, lo hacía por su carrera, que iba a la mitad y no se daría el lujo de perder toda su inversión por una cuestión de comodidad, por nada en el mundo interrumpiría sus estudios de economía. Lo único que pudiera hacerlo cambiar de opinión sería esa recurrente pesadilla, tan real, que a veces pareciera más un recuerdo que una cuestión onírica. De ser así, terminaría estando loco, y, como todos los locos en este planeta, se dispararía en la frente para no tener que afrontar tantos demonios juntos, como por ejemplo la culpa de haber visto a su hermano morir delante de sus ojos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-5937645539210252091?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/5937645539210252091/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=5937645539210252091&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5937645539210252091'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5937645539210252091'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2011/11/la-muerte-espera.html' title='La muerte espera'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-mlv_fydFNVk/TsaTC8aIPRI/AAAAAAAAERs/sknb27Avomg/s72-c/zombie-photographie-conceptuelle.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-7702084137594448996</id><published>2011-09-08T14:37:00.002-04:30</published><updated>2011-09-08T14:41:31.548-04:30</updated><title type='text'>Recomendación Literaria: CELL</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://www.galadnor.cl/blog/wp-content/uploads/2011/07/cell0.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://www.galadnor.cl/blog/wp-content/uploads/2011/07/cell0.jpg" width="210" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif; font-size: 12pt; line-height: 115%;"&gt;Ahoracon esto de que la gente parece zombie con la moda de los "teléfonosinteligentes" (que no les veo nada de inteligentes, sino alienantes comolas redes sociales jajaja) Les dejo una recomendación literaria:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif; font-size: 12pt; line-height: 115%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif; font-size: 12pt; line-height: 115%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cell_(novela)"&gt;"CELL"&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;escrito por &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Stephen_King"&gt;&lt;b&gt;Stephen King&lt;/b&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif; font-size: 12pt; line-height: 115%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif; font-size: 12pt; line-height: 115%;"&gt;&lt;b&gt;Enuna tarde calurosa Clay Riddell, escritor de historietas que por fin ve unaoportunidad de ayudar a su familia, es testigo de cómo las calles se venhundidas en el sonido de miles de repiques telefónicos, como si de una alarmacolectiva se tratara. Tal cual una pesadilla, todo aquel que contestó suteléfono celular se convirtió en una criatura arrebatada por la bestialidad. Enmedio del caos y la desesperación de los suertudos que no dijeron el respectivo"Aló", Clay lucha por encontrarse con su hijo&lt;/b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif; font-size: 12pt; line-height: 115%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif; font-size: 12pt; line-height: 115%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif; font-size: 12pt; line-height: 115%;"&gt;Sibien conocemos a Stephen King como un amo de la oscuridad, maestro de bestias ycreaciones diabólicas, invocación del miedo y verdugo de la lectura, hay queadmitir que el tipo sabe criticar a la sociedad de cuando en cuando. CELL esuna de esas creaciones que, sin perder el olor metálico de la sangre derramada,nos demuestra que la sociedad puede ser salvaje aún en tiempos de desarrollo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif; font-size: 12pt; line-height: 115%;"&gt;Lesaseguro una lectura llena de tensión y largas páginas de buen terror, además deuna teoría de la telepatía (comunicación mental) bastante descabellada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-7702084137594448996?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/7702084137594448996/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=7702084137594448996&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/7702084137594448996'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/7702084137594448996'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2011/09/ahora-con-esto-de-que-la-gente-parece.html' title='Recomendación Literaria: CELL'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-6136901297769602790</id><published>2011-08-05T12:22:00.008-04:30</published><updated>2011-08-10T15:17:59.796-04:30</updated><title type='text'>Mil metros bajo el sol</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-aS9NaQoGCIE/Tjwgj5Wa-II/AAAAAAAADjE/MPL-flxL5_0/s1600/2163971371_43fb6a0494.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="300" src="http://1.bp.blogspot.com/-aS9NaQoGCIE/Tjwgj5Wa-II/AAAAAAAADjE/MPL-flxL5_0/s400/2163971371_43fb6a0494.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;La tarde languidecía, saboreada por los fríos soplos de invierno, de esos que cristalizan el polvo y secan el aire, lamiendo la piel de quien se aventure a la desnudez. Las calles, noche tras noche, se habían convertido en pistas de hielo, especialmente los pasos olvidados, esquinas viejas y calles ciegas, hogar de delincuencia y abandono, de cartones aplastados y sábanas rotas, telas que al viento ondean como velas en el mar. Dos edificios longevos y otro más joven ocultaban los últimos rastros de sol, no muy altos, pero si lo bastante anchos como para delinear un horizonte accidentado y rectangular, salpicando brillos sobre las superficies de agua en sólido, espesando las nubes y hundiendo a los ojos en un estupor un poco acogedor, pero letal.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;En la calle 32, hace muchos años en desuso, con cruce en a la Love Cloud, una taberna de mala muerte, donde las putas son baratas; se helaban las rodillas de un extranjero, a penas dejado en ropa interior, por respetarle algo de su dignidad o por asco quizá, acorralado por una reja de dos metros de altura y dos paredes llenas de grafitis malhechos y memorias escritas con rayaduras y marcadores, componiendo el “hasta aquí llegaste” para Feng Tsu, un asiático en mala racha que se topó con su muerte en las manos de un adicto.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;Uno empuñaba su pistola y el otro que temblaba hasta el alma, quizá más de frío que de otra cosa. Allí donde nadie tenía interés en mirar, aguardaban dos personas a ver qué pasaba después, si moría el chino por fin de un balazo o de hipotermia. Parecía divertido esperar a que el frío hiciera su trabajo, pero era mucho tiempo para aguardar.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;- ¡Cállate chino de mierda y dime dónde escondiste la billetera! –Las manos también le temblaban, el arma en la intemperie era un helado sin paleta.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;El extranjero no hallaba cómo decirle al agresor que una puta se había llevado sus pertenencias, que no aceptaron sus teorías en la Universidad de Física, que sus colegas le habían lanzado a la trinchera de los científicos que fracasan en la incredibilidad, en la falta de un nombre importante, en el juego idiota de apellidos e influencias, donde un No te condena al anonimato, no lograba explicarle el desánimo que lo llevó hasta&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Love Cloud&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;. Miraba con impotencia al chico de un metro setenta de altura, abrigado hasta el cuello, con la nariz enrojecida y las manos protegidas hasta los nudillos por guantes recortados que daban libertad a los delgadísimos dedos del tipo. El delincuente llevaba pantalones rasgados y haciendo comparaciones, podríamos deducir que su abrigo nuevo era otra de sus adquisiciones forzadas.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;La hipotermia parecía no llegar, los -3 grados eran heroicamente soportados por la contextura magra del chino y eso ponía a prueba la paciencia del chico local. Un par de pasos adelante puso fin a la espera y dejó el gatillo sonar.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;- Bùyào! bùyào! (不要!) -gritaba el chino, desesperado por su vida, suplicando que no lo matara, inclinándose y buscando el suelo con la frente, para demostrar rendición, respeto o resignación, quizá para no mirar el arma sobre su cabeza y menos tener que ver al dedo jalar el detonante, ese segundo crítico en que todo parece reducirse a un último respiro, un silencio en otra dimensión que invade el cerebro como cuando en los televisores se pierde la transmisión, de pronto dejando en la pantalla un hervidero de diminutas cositas grises que vienen y van frenéticas, como hormigas en guerra, más el crujido molesto de “no hay señal”.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;Llegó ese silencio de ultratumba, que no es precisamente un silencio al literal, sino un vacío en el pensamiento, la nada en el cerebro, una fracción de segundo en que todo lo que tiene importancia es un dedo, un gatillo; ni siquiera la esperanza de seguir vivo guarda interés, a cambio todo lo que impera, toda la maldad que roza cualquier idea es lo que se posesiona del cuerpo. El miedo se vuelve una última bocanada de aire, un apretón desquiciado a un último vestigio de vida, la fase final, donde no hay frío ni pena por la desnudez. Esa fracción de segundo, ese silencio, esa maldad usa al corazón de silla, esa inhalación, todo se convierte en un delgado hilo, un conducto por el que atravesará el alma, un torbellino que absorberá el universo entero. El túnel hacia el otro lado.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;¡Tric!&lt;/i&gt; Como el retiro del agua, dejando las rodillas al aire tibio, tras su suave vaivén, salando olores, arrojando arena colada por los dedos. &lt;i&gt;¡Trac!&lt;/i&gt; Como el romper de las olas, espuma en la piel y un sol inmenso en el cielo, escarchando las ondas que vienen y las que van, las que chocan, las que se difuminan en el viento y las que parecen ser, a lo lejos, ese fino hilo por el que escapa el alma, ese punto, quién sabe si de luz, en el que los ojos durmieron por fin.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;Palmeras que danzan un vals, fantasmas que han encallado con prudencia a orillas del mar, donde un pescador foráneo, de esos turistas que se atreven a lanzar un anzuelo en la soledad, consiguió refugio del ardor. &lt;i&gt;¡Tric!&lt;/i&gt; Como la reverencia que hacen las olas viejas, &lt;i&gt;¡Trac!&lt;/i&gt; Como la llegada de los machos nuevos, llenos de vida y violencia desparramadas sobre la superficie inquieta, raptores de huevecillos, peces que pronto echarán pinceladas de colores tornasol.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;El paso de un vehículo, como gaviotas que sobrevuelan la conciencia, nadando en la sombra que dejan al graznar junto al sol. El pescador que ahora chapotea, sin prisa, en aguas doradas, bañadas de luz, reposa entonces en seda carmín, sin penas y sin quien lo llore, donde una vez hubo angustias y alegrías, más el deseo incomprendido de vivir. Descansa en el suelo un pez que soñaba con nadar mil metros bajo el sol...&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-KDEIiyNUkjA/TjwfXHbAYCI/AAAAAAAADjA/NPRh995Q6l0/s1600/playa_solitaria.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://3.bp.blogspot.com/-KDEIiyNUkjA/TjwfXHbAYCI/AAAAAAAADjA/NPRh995Q6l0/s400/playa_solitaria.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-6136901297769602790?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/6136901297769602790/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=6136901297769602790&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/6136901297769602790'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/6136901297769602790'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2011/08/mil-metros-bajo-el-sol.html' title='Mil metros bajo el sol'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-aS9NaQoGCIE/Tjwgj5Wa-II/AAAAAAAADjE/MPL-flxL5_0/s72-c/2163971371_43fb6a0494.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-258795962893918171</id><published>2011-06-07T03:11:00.004-04:30</published><updated>2011-08-03T14:30:08.643-04:30</updated><title type='text'>PORN-CORN 2da Parte</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-BST9NibVsb0/Te3WPtQrhrI/AAAAAAAADXM/aoLDeN-D28o/s1600/20090311084516%2521GEM_corn.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 213px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-BST9NibVsb0/Te3WPtQrhrI/AAAAAAAADXM/aoLDeN-D28o/s320/20090311084516%2521GEM_corn.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5615379875736815282" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Es que no piensas decir ni hacer nada? – Pensó Tibisai, sin ganas de “escupirlo”. Lo último que quería era otra molestia&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Llamaráj al tipo ese? –preguntó Hermógenes, dando, al fin, señales de estar consciente de “lo que ocurría”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Por supuesto… -respondió sin alzar la mirada, aún sumida en sus pensamientos. Allí donde estaban, ambos parecían ajenos uno del otro, respondiéndose por inercia, pero ambas existencias vagaban en mundos totalmente diferentes, ni siquiera con un satélite en común.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Y qué pasará si lo llamas? –volteó a verla, con ojos de niño sin refugio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No lo sé. Lo más probable es que nos proponga un negocio. Que le rentemos las tierras, seguramente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Vendé? –peló los ojos, parecía respirar con esfuerzo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No, viejo…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Primera vej que me llama así –pensó con severa preocupación. En su corazón una piedra parecía crecer cada vez más, haciéndole el pecho pesado y, al mismo tiempo, convirtiéndolo en una bomba de tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Alquilar –prosiguió Tibisai, explicándose-, no estaría dispuesta a vender nuestro único hogar. Eso de irse por las buenas de Dios a rogar por techo y rezar por mantenerlo no es lo que planeo para nosotros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El corazón de Hermógenes logró ralentizar el galope al que estaba sometido, pero algunos latidos de preocupación quedaban rezagados, nada en el mundo podía remediar aquella situación, pues el tiempo no perdona y ahora Tibisai estaba asumiendo los pantalones que a sus anones le faltaron. Así, ambos cayeron en un silencio hiriente, uno de esos que ruegan la presencia de un televisor para justificar la mudez.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Voy a ver qué puedo preparar para la cena – se excusó Ella, intentando ponerse de pie, luchando contra el mueble vencido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Tan temprano? – inquirió, dejándola en el sitio y hundiéndose de nuevo en los resortes viejos. Para ambos ya era imposible disimular la incomodidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Entonces, veré si hay ropa para lavar…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Qué nos ha pasao? – “Vomitó”, con un bajón entre frío y caliente que oprimió su estómago, dejando su virilidad a un lado, anulando todo rastro de testosterona, una vulnerabilidad  inquietante que expuso a flor de piel la tristeza de un hombre que ya no se siente "el hombre de su mujer”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Son días difíciles –lo evadió- es normal que a veces estemos de malas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Pero yo nostaba moslesto…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Yo tampoco lo estaba…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ella terminó por irse, dejándolo débil y herido, como un presa mordida y abandonada a la suerte de los carroñeros. Así Hermógenes también se marchó, a hablar con sus árboles medio muertos, donde sus oraciones antes eran escuchadas. En el fondo se escuchaba la labor de hogar de su esposa, abriendo gavetas y lanzando ropa, dejando el agua correr para llenar la ponchera donde lavaría toda la tarde, como de costumbre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Atrás, donde el sol chispeaba e invitaba a rascarse los brazos y frotarse la cara, los árboles moribundos se despedían de las últimas fachadas de hermosura, pues la dejadez y el olvido negaron todo cuidado de buen agricultor. Tan sólo en la tierra podía notarse la sequedad, no nada más por falta de agua, sino por falta de amor, falta de esa voluntad para emprender el camino a un mejor mañana.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mientras caminaba, Hermógenes no pudo evitar sentirse atraído por la idea de arrendar la tierra, no tanto porque le gustara la idea, sino porque no se le ocurría nada mejor, algo realmente alcanzable como para negarse a la participación de extraños, de los cuales siempre ha sido muy celoso, cuidadoso. Así llegó hasta uno de los árboles del fondo, cosa que no lo camuflaba en nada, con esas ganas de desaparecer que tenía, pero que bien marcaba distancia con esa guerra fría que libraba en casa con su esposa. Sin embargo, unas pisadas lo seguían, crujiendo entre la hierba salpicada y las ramitas caídas. Al voltear se percató de su prima, perdida como siempre, en su mundo libidinoso, chistoso sin quererlo ser.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Qué haces po’aquí? –Preguntó, viéndola con ternura incontenible.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Aburrida… -contestó, con ese aire de autómata y torpe que la acompaña todos los días; y aunque chocante e incómodo, no se puede evitar sentir pena y cariño por ella. Es así, casi en esta tierra, pero enterrada en un mundo de pocas palabras o, mejor dicho, de poca lógica.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Viví aquí no’s divertido si no trabajas –contestó, abrazándola por sobre los hombros y atrayéndola de espaldas a recostarse sobre su pecho.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Dónde fue el doctor? – preguntó ella, refugiada en las caricias de su primo en su cabello, relajada, en confianza, por primera vez cómoda entre tanta maleza, como en casa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Ya nostamos con él, tá de vacación…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Po’qué?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Trabajó demasiao…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Pobre… -se lamentó, rascándose el brazo izquierdo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Te provoca un paseo?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Si&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De esa manera, Hermógenes y su prima, echaron a andar, a un paso lento e incómodo para él, intentando no forzar a su acompañante, pero paulatinamente dejándose llevar por el paso relajado de un caracol, aprovechando para apreciar cada centímetro cuadrado de tierra, cada hoja, cada rama. El paseo fue convirtiéndose en una especie de exploración, un juego de niños, a ver quién encontraba más cosas curiosas en el camino. Su mente logró desligarse de sus conflictos y fue entonces, en cuanto volvió a sentirse como un menor de edad, cuando se dio cuenta de que el tiempo había transcurrido vertiginosamente sin preguntar. Pensó en sus hijos y en el mal que les haría si deja caer su familia. Entonces volvió a la realidad, pidiéndole a Solbiliagni que emprendieran el camino de vuelta, aunque en realidad no llegaron muy lejos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-258795962893918171?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/258795962893918171/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=258795962893918171&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/258795962893918171'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/258795962893918171'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2011/06/porn-corn-2da-parte.html' title='PORN-CORN 2da Parte'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-BST9NibVsb0/Te3WPtQrhrI/AAAAAAAADXM/aoLDeN-D28o/s72-c/20090311084516%2521GEM_corn.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-5048998296546157918</id><published>2011-02-22T23:55:00.004-04:30</published><updated>2011-06-07T00:28:16.508-04:30</updated><title type='text'>PORN-CORN</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Continuación de "Bésame el Anón"&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/-g6BHQ4Rwj4A/TWSMpZxQ13I/AAAAAAAADP4/i8vvTyZGaWw/s400/DSC_3234-940-close-up-photo-popcorn.jpg" style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 266px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5576736881511552882" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“No soy el único que ha cambiado, ella también. Ella también me ha dejado de desear, necesita que otros hombres la hagan sentir viva, sentir que sigue existiendo y sigue siendo un mujerón, aunque las tetas se le hayan caído y la vagina ya le parezca un regaño. No ha sido la edad lo que nos ha cansado, ha sido el tiempo, el que todos los días veamos lo mismo, sintamos lo mismo y que “lo mismo” se vaya convirtiendo en un consuelo adictivo y mezquino para justificar que las ganas se nos han colado por el culo. Ella ya no es la misma pollita a la que deseaba manipular hasta llevármela a la cama. Yo ya no soy el mismo tipo interesante, de músculos jóvenes y otras chicas detrás de mí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No es su culpa…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tampoco es mía…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Entonces de quién? ¿Es realmente mala esta desazón que siento? Es decir, ¿soy una mala persona por no desearla tanto como antes? ¿O es que las cosas siempre han sido así y yo no he sabido adaptarme a cada etapa de una relación que tiene 15 años de aburrida costumbre?”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La tarde se escurría en chorros de nubes resecas y rosadas, rastrilladas hasta el horizonte donde se perdían en triste languidez, huyéndole a la oscuridad, encimada sobre las consciencias de una pareja a la que se le hacía ajena la idea de que la pasión se había convertido en algo diferente. Hermógenes reposaba echado en la hamaca, meciéndose casi entre arrullos, sumido en los efectos dopantes del desahucio y la desmotivación. Frente a él rechinó la puerta, arrancándolo del trance, alterándolo, abriéndole los ojos a sobremanera, sentándolo de culo en el suelo tras la sacudida tremenda que sus nervios causaron. Tibisai contuvo la risa y sus hijos huyeron al patio para no ofender a su padre con sus burlas. Hermógenes miró a su esposa, afligido, a punto de llorar. La miró con vergüenza, con la pena que causa mirar a la víctima ignorante del daño que se le hace. Ella lo entendió, lo tradujo con la amargura hirviendo en sus venas, no por dejar de ser atractiva para su esposo, sino porque ella también sentía lo mismo y, justamente esa tarde, lo había entendido por fin, cuando se acercó a aquel hombre de chaqueta, de buen porte, de lentes oscuros y palabras perfectas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“No es su culpa…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tampoco es mía… ¿entonces de quién?”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Dóndes-taban? –preguntó Hermógenes, sobándose las nalgas mientras movía su pesado cuerpo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- En casa de la vecina que nos había ofrecido el dulce de Anón… -contestó la otra, poco convencida de sus palabras, medio automatizada, pensando todavía en aquel hombre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Y? –inquirió con sequedad. El dolor en el culo producía una acidez imparcializada que atacaría a cualquiera por igual.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Bueno, no le ha quedado bien –siguió, todavía enajenada, sin prestar mucha atención a la mala gana de su esposo- Se le quemó y Tomasito no se aguantó la lengua, menos mal que Bárbara llegó, estaba que me moría de la desdicha.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La imagen de aquel hombre no encajaba dentro de esa casa en vías de derrumbe, era como una plancha de acero, pesada y gris, que flotaba sobre su mente, sin siquiera poder pasar por la puerta. La idea yuxtapuesta de ambos hombres le daba pena, pena de su esposo y, sobre todo, de ella misma, que traicionaba su consciencia, dedicando una retahíla de mentiras, ahora nuevas, para justificar el supuesto amor por su marido. Ella tomó asiento, cansada de tanto pensar y de trabajar en atender a dos planos, dos realidades: su marido hablándole de una cosa y su mente hablándole de otra. El sofá rechinó, hundiéndola y haciéndola sentir aún más pesada, más vieja, más chatarra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Te digo quesa mujé no sabe cociná –continuaba él, después de un lapso no escuchado, interrumpido por la abstracción de su esposa. Acomodó la amaca y volvió a echarse, hundiéndose más, pesándole la anterior escena estúpida de una sentada de culo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Con razón Tomás me dijo lo mismo… -reflexionó ella, sintiéndose el sarcasmo en las comisuras retraídas, soltando cierta mueca de sonrisa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Qué? –empezó a mecerse.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Me dijo lo mismo, que esa mujer no sabe cocinar –se acomodó el cabello, sopló hacia arriba intentando refrescarse la cara y espantar los pelitos molestos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No sé ná de lo que dices, mujé…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No tiene importancia. ¡Me ha pasado algo interesante hoy!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Qué jerá? –se sobaba la barriga.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Un hombre me ha dado esta tarjeta… -le mostró el trozo de cartulina, sacándolo medio arrugado de su bolsillo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- “Un hombre” –pensó él.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Parece ser un hombre de negocios, que busca un terreno para la producción de algo…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- “Producción… de negocios… tramposos” –seguía.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Me parece que es un buen tipo –agregó ella, sin querer decir todo lo que pensaba de él, para no apabullar a su esposo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Lo que tú digas, amor –apresuró él a decir, sin tener ánimos de pensar mucho, sin ganas de seguir planificando las maneras de cómo su familia surgiría económicamente. Sin querer se dejó embargar por el sentimiento de la derrota. Su esposa ya sabía diferenciar entre los hombres interesantes y los fracasados. Él antes bien pudo captar su atención y motivación, cuando era joven y tenía metas, ahora la vida lo sentaba en el banco de los que con el tiempo se anclaron en una etapa de la vida, cual poso de barro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tibisai quedó fría ante la dejadez de su esposo, quien en otros tiempos sería el primero y el último en tomar la palabra, en decidir, en planificar, allí tenía a su esposo, echado en una hamaca, meciéndose de un lado a otro, dejando que los minutos pasaran sin querer tomar ningún tipo de responsabilidad sobre su vida. Hermógenes se estaba dejando arrastrar como todas las personas que le han dejado a la vida la tarea de ver qué pasará con el destino.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-5048998296546157918?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/5048998296546157918/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=5048998296546157918&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5048998296546157918'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5048998296546157918'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2011/02/porn-corn.html' title='PORN-CORN'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-g6BHQ4Rwj4A/TWSMpZxQ13I/AAAAAAAADP4/i8vvTyZGaWw/s72-c/DSC_3234-940-close-up-photo-popcorn.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-4415208993946871270</id><published>2010-12-13T11:44:00.004-04:30</published><updated>2011-01-10T11:24:51.450-04:30</updated><title type='text'>"Bésame el Anón" última</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La vecina había comprado los once kilos, un tanto golpeada en el bolsillo, quejándose del precio, pero sin más remedio que pagarlo. No le quedó dinero ni para que le lavaran la cabeza en la peluquería, tenía una fiesta pautada para sus quince años, pero por lo visto el anón se lo había llevado todo. Hermógenes tuvo el placer de descargar el pedido en casa de la vecina, no era gran cosa, pero las ventas habían estado bajas. La compradora lo invitó a que probara el dulce que tendría listo dentro de dos días. Tomasito por su parte ya sabía lo que les esperaba, algo le decía que no probara aquella vaina.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Madre -dijo éste, una mañana de arepas fritas  para dos, porque Bárbara evitaba las frituras y el hombre de la casa había salido a llorar- esa vecina no sabe cocinar...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Cómo lo sabes? -lo  confrontó ella, esperando que su hijo pifiara.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No sé por qué lo sé, pero de alguna forma toy seguro deso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Ya deja de decir tonterías -contestó ella soltando una risita burlona, incrédula, asombrada de cómo algunos niños intentan llamar la atención, sacando conversación de  temas que no manejan.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No son tonterías. Ya verás -concluyó él, insultado, herido, yéndose a su cuarto, esperando a que anunciaran que la comida estaba servida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bárbara miró a su hermano de reojo, cargando a su hijo como quien carga un trapito para limpiar, dándole de comer sin ánimos, apretando los dientes para no quejarse, porque ese derecho  lo había perdido hace tiempo, cuando su edad e inexperiencia, más su sed de madurez, le cobraron las malas intenciones. Tomás contestó  a  su mirada dándole la espalda, no la soportaba. Había pasado poco más de un año para ese entonces, su hermana se había vuelto una amargada, su padre trabajaba más que nunca y su madre sonreía para no admitir que se desplomaba. Se echó en la cama, dejando caer los zapatos de talla mayor a la suya, cayendo sobre el suelo como un par de bloques polvorientos y llenos de barro, dejando a su alrededor una estela de tierra. Cerró los ojos y hundió la cabeza en la almohada, escuchando al bebé chupando el biberón.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hermógenes se había ido a hablar con su siembra, apelando a algo en lo que jamás creyó, acariciando la remota posibilidad de que el universo le respondiera para que las cosas volvieran a su lugar, para que todo se acomodara y poder vivir en paz. Cada día las compras eran menores y la nevera se sentía más ligera. La dulce promesa de un mejor futuro empezó y terminó con una cocina nueva, de esas que tienen encendedor eléctrico propio, un botoncito mágico que con una chispita lo hacía todo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Coñísimo, hijo e' puta... ¿hasta cuándo esta mamadera?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Tómala... -decía una voz interior, un antiguo amigo al que tenía tiempo sin escuchar, al menos desde que el dinero empezaba a brotar con más liquidez.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Pensé quemiría bien con esta vaina, pero no, se cagó... -golpeó un árbol.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Dale la vuelta... -siguió diciendo aquella voz, sobre un tema extraño como si no escuchara a las palabras de la conciencia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Una verga tan rica y se vende poco ¿por qué coño?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Tómala... -repetía.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Toma qué? -contestó él a su consciencia, aquella consciencia de fondo, una voz detrás de otra voz, una canción repetitiva que hacía de mantel transparente, un manto difícil de percibir, pero está ahí, hondeando en la oscuridad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Dale la vuelta...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Dale la vuelta?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En la oscuridad apareció la imagen desnuda de una chica joven y curvilínea, cálida y tímida, una que quizá haya visto en el mercado, pero de la cual no supo ubicar una relación. La imagen lo hizo sentir incómodo, contrario a la idea del hombre fiel, pero no pudo evitarlo. No fue algo que imaginara con malicia, simplemente es algo que su mente, su cuerpo estaba proyectando y no lo podía detener. Se sentía culpable, no por pensar en esa chica, no por desear menos a su esposa, sino por no definir su situación para consigo mismo, se sentía de manos atadas sin saber qué posición asumir. Quería ser infiel, quería ser fiel, las dos cosas al mismo tiempo... ¿se pueden?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A lo lejos la voz de su esposa llamaba su nombre, invitándolo a desayunar, pero no quiso hacer caso a ella, prefirió darse por desentendido y darse tiempo para pensar en soledad, ordenar sus ideas, su maraña de ideas. Sin darse cuenta estaba pensando en tres cosas al mismo tiempo, luego cuatro cosas y después, sin poder soportarlo, apretó los ojos y los puños con todas sus fuerzas, sin querer escuchar más esa voz molesta en el fondo de su cabeza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Tómala... dale la vuelta...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por fin los invitaron a probar el dulce de anón, o al menos el manjar que se había inventado la vecina, un "suculento" plato color caramelo y pastoso con cierto olor a ahumado que soltaba ese vapor de la comida caliente. Tomás y su madre accedieron a probarlo, aunque el primero sólo lo hizo por resignación, ya que su voluntad jalaba hacia el "no".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡Ay que rico! -disimuló Tibisai, apurada por retirar los trozos pegajosos de los dientes con su lengua, sonriendo con esfuerzo y achinando un ojo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Guacala... -dijo Tomás, sin soportar el sabor amargo del azúcar quemada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La vecina, humillada, sonrió cabizbaja, haciendo rulos con el cabello de puro nervios. Tibisai peló los ojos, alarmada por la honestidad de su hijo, idea que compartía, pero fue demasiada franqueza. Bárbara apareció en casa de la vecina, avisando su llegada con los llantos del bebé, el calorón no deja tranquilo a ningún crío. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Buenos días -dijo Bárbara cayendo en frío cuando se percató de la incomodidad entre los presentes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Buenos días Barbarita -contestó la vecina, conteniéndose de ofrecerle dulce.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡Hija! -se alarmó Tibisai, nombrándola como buscando refugio en ella, pidiéndole auxilio con esa mirada de "sácanos de aquí".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Mamá, mi papá está raro da'ver qué tiene -mintió ella captando por completo el mensaje en clave "madre" de Tibisai.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Claro hija... -titubeó un poco, tomó aire, pensó las palabras y por poco bailotea en la silla- Bueno vecina, gracias por la invitación. Luego me dices cómo lo hiciste para saber (creo que las cagué).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- A ustedes por venir, hija llévalos hasta la puerta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Afuera un hombre elegante y bien vestido, con lentes oscuros y zapatos negros pulidos, tal cual como pintan al demonio en la iglesia del pueblo, esperaba de pie en un cruce mirando su reloj, soportando el polvo y el arenal de las carreteras del campo. Llamó la atención de la familia, porque jamás habían visto un hombre de negocios por esos lados, era como ver una cosa exótica y peligrosa. Aún así, con todo y lo sospechoso del tipo, se atrevieron a acercarse un poco, como un trio de monos curiosos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Buen día -saludó el extraño, sonriendo debajo de aquellos lentes oscuros, los que brindaban un aire maligno a sus dientes pelados.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Saludos -respondió Tibisai, aún más curiosa entonces, soñando con un hombre de negocios que la rescatara de la regadera tapada, la nevera con escarcha, el suelo de cemento raso y el montón de trapos al que llama ropa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Son de por aquí? -inquirió el señor, pidiendo luego disculpas por una pregunta tan innecesaria.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Claro, tenemos nuestra casa por aquí cerca, cultivamos la tierra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Ah, ¿si? -se mostró muy interesado, haciendo una mueca con los labios y arrugando un tanto la frente a modo meditativo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Si, mi esposo se dedicó largo tiempo en obtener -ella intentaba hablar lo más elegante posible- anones, pero se nos echó a perder la vai... la cosecha.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Que mal, ¿cuentan ustedes con equipos suficientes para aprovechar todo el potencial de sus tierras? -se metió una mano en el bolsillo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Bueno, a decir verdad mi esposo trabaja con lo más básico... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡Entonces no se hable más! -la interrumpió, a toda prisa como quien consigue lo que tanto esperaba. Una mujer estúpida con tres bocas que alimentar (por lo que evidenciaban sus acompañantes) con un esposo humilde que quiera salir de abajo (como lo evidenciaba su miradera), dueños de tierra disponible para la siembra y el progreso- aquí tiene mi tarjeta, hable con su esposo y por teléfono podemos concertar un encuentro. Ustedes son afortunados al contar con una oportunidad para mejorar su siembra y su calidad de vida. Es sencillo, es un negocio en el que todos salen ganando sin ningún tipo de perjuicio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Todos se preguntaron ¿Qué es perjuicio?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Espero su llamada...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-4415208993946871270?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/4415208993946871270/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=4415208993946871270&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/4415208993946871270'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/4415208993946871270'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/12/besame-el-anon-ultima.html' title='&quot;Bésame el Anón&quot; última'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-9029667511339397466</id><published>2010-11-27T22:23:00.003-04:30</published><updated>2010-11-28T00:29:25.768-04:30</updated><title type='text'>"Bésame el Anón" 9na</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TPHhfCld7iI/AAAAAAAADOA/2Fn4aNCYyG0/s1600/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TPHhfCld7iI/AAAAAAAADOA/2Fn4aNCYyG0/s400/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5544460539656007202" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entonces ahí estaba Dalton, cagándola, dejando caer sus trozos tibios y olorosos, de extraño color y dudosa consistencia, abonando sin querer el futuro de una familia que se enterraba sola en la monotonía, en el temor, en el tabú. Los esposos sufrieron una especie de "Déjà vu", atrapados en una suerte de vórtice del tiempo, paralizándolos, crispándolos, llevando desde sus hombros a la punta de sus dedos una oleada de frío violenta, donde en el espacio flotaba "un letrero", una coincidencia graciosa que hizo a los dos lamentarse en voz alta "la estábamos cagando".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se miraron, sonrieron, contenían la risa, no podían, se tapaban las bocas, no lo soportaban, el estómago sufría cosquillas compulsivas, era demasiado para los dos y lo ridícula que es la vida. La gracia pudo más que sus voluntades, las carcajadas salieron casi a gritos, Dalton se asustó -el peor de los peos se le fue-. El viejo miró atrás con cara de gato mojado, aterrorizado. Tibisai y Hermógenes lo miraron, se callaron, se apenaron. Dalton empalideció. Los esposos se dieron vuelta y se marcharon, mientras que a sus espaldas se escuchaba la prisa con la que Dalton recogía toda su dignidad y su piel derretida. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La tarde transcurrió a punta de chácharas y planes para el porvenir, ideas para buenas ventas, estrategias, cantos que atrajeran clientes, caricias, sonrisas, picardías y más sonrisas. Por último vinieron los días de cosecha, cuando por fin la paciencia daba frutos, el regalo de Dios para aquellos que saben refugiarse en la calma y la constancia. La noche del último día de la colecta se fundieron en un beso extenso y público, sus hijos fueron testigos asqueados, ignorantes de las fuerzas de las hormonas y los sentimientos adictos a ellas. Trascurrieron tres años, las ventas de fruta prosperaba lentamente, tanto que desesperaba, pero insistieron, los otros comerciantes ya tenías chismes y rumoraban que esa fruta era venenosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una noche, en la que las hormonas parecieron alterarse por la luna Bárbara desde su habitación, apenas cuatro pareces con una cortina como puerta, precariamente privado, susceptible a cualquier perturbación de la tranquilidad nocturna, olía las ansias en el aire, el alboroto era casi audible. La cama de sus padres rechinaba y su corazón galopaba en pastos de curiosidad. Dalton, desde su pieza apartada, se imaginaba con la envidia consumiéndolo, aquel fuego que lamiera la cama y el jadeo de una mujer madura y palpitante, dueña de toda la pasión que una mujer es capaz de derrochar. A su edad no lo podía soportar, el recuerdo no era más que una tortura, un juego sadomasoquista, una práctica fatal que ponía su presión sanguínea a trabajar... a duras penas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La mocosa no se controló, puso ambos pies sobre el suelo, frío y penetrador, como una cuchillada, cada vez más soportable; dando paso tras paso, intentando que no le sonara ni un hueso, que no se escuchara ni su respiración. Sigilosamente alcanzó la única puerta en la casa. El viejo padrote miró la luna incompleta, miró la noche y varias caras invadieron su mente, los orgasmos de aquellas mujeres a las que hizo sentir deseadas, sus amantes, sus putas, sus novias, sus peroles. Paso a paso se fue acercando, huyéndole a Coqueto, un burro cuasi noctámbulo, cuasi vampiro, medio raro y necesitado, un pobre ser del que nadie se acuerda, sino para cargar vainas. La ventana, "gracias a Dios" estaba abierta y la acción sobre el colchón pasó a ser material para la audiencia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El milagro ocurrió, el muerto revivió tras varios intentos fallidos en el pasado. Dalton se sentía de nuevo poseído por aquel hombre joven, picarón y borracho. Bárbara miró a aquel viejo, chismoso, envidioso y devastado, le vio en los ojos la angustia, la tristeza y la sabrosura de quien disfruta de algo endemoniadamente placentero. La curiosidad de Bárbara alcanzó alturas jamás pensadas por ella, dejándose arrastrar por algo casi instintivo, algo que se dejaba afectar por la malicia, la manipulación; se dio la vuelta, abrió la puerta de entrada con extremo cuidado, parecía un fantasma en la oscuridad con su bata blanca y delgada, su piel blanquísima e inmaculada brillaba bajo la luz de la luna. Rodeó la casa odiando la tierra, los bichos y las plantas, llegó a su destino y delante de ella se masturbaba un viejo, un canoso que desde esta vista parecía un hombre completo y derrochador. El miedo y el frío la hicieron gemir, Dalton ahogó un grito tanto como pudo, apretando los pocos dientes que le restaban, volteando con furia y petrificándose al ver a la mocosa desvestirse.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bárbara se sentía reina, dueña de cierto control que más nadie tenía en ese rancho, la capacidad de atreverse a ser mala. Si lograba su cometido podría ganarle a sus amiguitas, podría contarles algo cierto sin que se burlaran de sus mentiras, tendría pruebas. la competencia había empezado, ella no aceptaría una derrota, a como diera lugar tendría que ganarse un puesto como una mujer respetable, intimidante y fuerte, aquel viejo que temblaba como gelatina frente a ella sería el objeto perfecto para lograr su meta. Él necesitaba atención, ella necesitaba poder. Nadie nunca más la amordazaría. Lastimosamente la erección de Dalton se perdió en el susto y la excitación de Bárbara venía desde las sombras, desde un lugar desconocido, una parte de su cuerpo que no sabía tocar, un lugar que por más que lo buscara no lo encontraba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡Vístase, carajita! -la reprendió Dalton con palabras casi muertas en el aire, casi mudas, abriendo de par en par cada uno de sus párpados, arrugando la frente que ya le parecía un papel, a punto de sudar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ella se acercó, desnuda entonces, hasta su oído, lo obligó por el brazo a doblarse y a alcanzarle la oreja.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Lo mismo que haces tú aquí -dijo con picardía, adueñándose del corazón, la consciencia y los nervios de Dalton.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡Eso no se hace...! -la intentó reprender en ese mismo tono casi mudo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Ellos si lo pueden hacer ¿por qué yo no? -volvió a obligarlo a doblarse.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Porque ellos son adultoj y tuna mocosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Pero soy igual que ellos, soy una mujer...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Erej una niña...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Eres un idiota, quieres y no te atreves. No eres un hombre...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Tas endemoniá' -se asustó, las palabras de esa niña parecían dichas por la boca de una mujer perversa, esa mirada no atendía a la inocencia de una infante.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bárbara se puso a recordar, a intentar imitar lo que antes había visto, a inventar con sus manos una forma de retorcer a Dalton aún más, mientras en el fondo los gemidos se hacían más fuertes y la cama rechinaba tan fuerte como los relinches de Coqueto. Sus manos llegaron al punto correcto y las piernas le temblaron al punto de un desmayo, se sentía débil, inestable, como si fuera a caerse en cualquier momento. La confusión se le dibujó en la cara y Dalton huyó por donde había llegado, sintiendo los pasos de Bárbara en su búsqueda. Ya dentro de su anexo pudo contemplar un pecho en pleno desarrollo, aún inmaduro pero notable, un cuerpo delgado y limpio, suave y angelical. Bárbara ya no era una mocosa de teticas planas, ahora podía darse el tupé de usar franelitas debajo de la bata de dormir, sin embargo su cuerpo le pedía la desnudez. Dalton sentía que se le venía el mundo abajo, esa chica se le estaba entregando, lo estaba embrujando con magia negra, sus pelitos intactos pedían con urgencia el estreno.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bárbara se rindió, lo insultó hasta más no poder, lo intentó todo, incluso llegó a lo que le pareció la cosa más rica del mundo, un tembleque delicioso que le arrugó la cara y le abrió la boca, la hizo gemir y retorcerse en el suelo. Volvió a su cuarto, donde la esperaba su Tomasito, haciéndose el dormido, pero espiando sus andanzas. Sin embargo, Tomás era aún bastante ingenuo como para pensar con malicia por delante, su vida aún se constituía de juegos, juguetes, amiguitos y retos absurdos de "quién puede más". Su curiosidad demostró que era algo hereditario y un día escuchó a Dalton, una mañana de divino clima, decirle a Bárbara al oído que la esperaba en su cuarto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hermógenes y Tibisai ignoraban por completo los secretos del viejo y la muchacha, desconocían la existencia de un feto gestándose en el vientre de su primogénita y mucho más despistados andaban cuando Coqueto dejó este mundo, asesinado por la soledad y el desamor, las malas jugadas de una dueña con la menstruación. El rancho estaba de luto y las ventas habían caído considerablemente, la vida volvió al aburrimiento aquel, despreciable y hediondo, con el valor agregado de que Dalton ya no comía caraotas a diario. La vida volvió al lugar cuando Tibisai descubrió que su hija estaba embarazada, el día en que no se dejó convencer por las excusas de su muchacha. Dalton había desaparecido y Hermógenes hervía de rabia, herido en su orgullo de padre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando el bebé nació, las pocas paredes, escamosas y desgarradas se llenaron de una luz celestial, las plantas respondían a la alegría familiar, aunque en el fondo se auguraban desgracias. Un almuerzo terminó en matarlos a todos cuando entre gritos e insultos, Tomás por fin tomó parte de un problema en la casa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Cállense to'os, por favor -pidió el muchacho con las manos empuñadas y trémulas sobre la mesa, haciendo bailar a los cubiertos que sobre el plato reposaban. Cuando logró tranquilizarse, respiró a fondo. Con esa bocanada de oxígeno pareció recobrar el bien color- Nadie aquí tiene moral pa' quejase.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nadie supo decir nada, la reacción del muchacho los congeló, los tomó por sorpresa donde nunca se imaginaron ser cogidos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Toiticos acá son unos monos, si van a hacé desastre de sus vidas, háganlo, pero déjenme comer en paz.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se guardó un largo silencio doloroso, el tiempo se les pasó a todos, el trabajo llamaba a la puerta con unos cuantos minutos de retraso. Hermógenes se levantó de la mesa casi de un salto, tomó las llaves de su lata de cuatro ruedas y sacó una anón de la nevera, evitándole la mirada a su hijo. Se dirigió hasta su esposa, la besó con un deje de pena, le pidió la bendición y que le besara el anón. Tibisai se fue a su cuarto con otro anón en la mano, dispuesta a no salir jamás de ese lugar, hasta que su mente volviera a ordenarse y sus ideas se aclararan. Tibisai se quedó sentada en la mesa, a punto de llorar con su hijo de frente, quien se levantó en silencio y se fue, desapareciendo en la distancia, un recorrido a pie que se le antojó eterno. Ella levantó los platos, los fregó, limpió el comedor y miró el reloj...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aún faltaban cinco horas para que su marido volviera, para tener la cena lista, para lavar y planchar, para acomodar, para ducharse y llevarle flores a Coqueto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya a lo lejos, Tomás hablaba consigo mismo en voz alta y lo consiguió una de las vecinas andando en bicicleta. La chica frenó levantando el polvo y la arena, sonrió ampliamente y se dirigió al chico:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿A cuánto tienen el anón, Tomasito? Mi madre quiere como once kilos pa' hacé dulce...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-9029667511339397466?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/9029667511339397466/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=9029667511339397466&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/9029667511339397466'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/9029667511339397466'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/11/besame-el-anon-9na.html' title='&quot;Bésame el Anón&quot; 9na'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TPHhfCld7iI/AAAAAAAADOA/2Fn4aNCYyG0/s72-c/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-6295524137935013510</id><published>2010-11-11T11:35:00.005-04:30</published><updated>2010-11-12T13:47:53.049-04:30</updated><title type='text'>"Bésame el Anón" 8va</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TNxE2Eik8tI/AAAAAAAADNw/qLmlirGMH4s/s1600/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TNxE2Eik8tI/AAAAAAAADNw/qLmlirGMH4s/s320/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5538377337481261778" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El orgasmo les vino como un calambre al olvido, un corrientazo que los zarandeó desde la uña del dedo chiquito del pie hasta la última cana, erizándoles la piel y ablandándoles el corazón, obligándolos a admitir, en silencio, la culpa que arrastraban. Supieron verse a los ojos y decirse algo que no salió de sus bocas, sino de su satisfacción materializada en gotas de sudor, sonrisas y una mueca de sorpresa. La intensidad nunca les había pegado tan bajo como esa vez, ante los ojos de un excitado burro que también reclamaba a gritos, o a rebuznos, la poca atención a sus necesidades sexuales.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ambos se hicieron espacio para recostarse y descansar, mirando al techo con la sábana rota de tanto brincar. Hermógenes echó sus brazos a los lados, cayendo el derecho sobre las tetas de Tibisai, mientras que ésta seguía toqueteándose "la loca", anonadada con esas pulsaciones casi extrañas que sintió, ese tembleque sabroso que la debilitaba y sumía en una rendición de caer tendida en la cama como una rana, gozosa de unas cuantas réplicas sísmicas, un vaivén exquisito que la tenía drogada y más turbada. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Quedaste loca, veldá?-preguntó él con la respiración agitada y el bigote bailando en la oscuridad. Ella no supo qué responder, se sentía cochina, pero extasiada. Su esposo entendió el silencio y siguió- Soes pa' que te sigas subiendo faldas con otros...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No empieces... -chistó ella con la voz casi apagada, medio gimiendo porque seguía en el afán, ahora más pausado, de estimularse hasta que se le murieran los sentidos. Sentía que tenía años que no probaba un dulce tan rico.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡DEJA E' HACERTE LA PAJA, MUJER! ¡Por el señor...!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡CÁLLATE!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡ESTÁN SINGANDO, ESTÁN SINGANDO! -volvió a gritar Solbiliagni.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡CÁLLATE TÚ TAMBIÉN, SAPA!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hermógenes volteó a verla soltando un bufido de molestia, ella respondió inflexible a su mirada, se sentía intocable, mirando a su esposo entonces convertido en un juego de siluetas en la oscuridad, avivado por el olor a hombre sudado y un pecho amplio respirando como un animal carnívoro agotado después de la cacería. En la cama aún habían movimientos, el cuerpo de Tibisai no se rendía, ella estaba aprendiendo, estaba totalmente asombrada de aquellos alcances orgásmicos que desconocía, sus senos bailaban en la penumbra y toda su piel, afeada por la edad, se tornaba señorial, respetable, provocativa. Tanto placer en una sola persona parecía egoísta y le generaba envidia al semental de al lado, quien se iba desinflando lentamente con una fuga de presión sanguínea, una relajación tan fuerte que le dolió en el alma perder la erección.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El par de muchachitos no tuvieron otra opción que despertar e irse a quejar al cuarto de sus padres. Tibisai los vio entrando como si todo transcurriera en cámara lenta, los cuatro piecitos intrusos se detuvieron justo antes de abrir la puerta con la voz de mando de su madre, quien sin miramientos los mandó a dormir tras un insulto "para que aprendan a ser grandes".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡Quiero dormir tranquila y tener mi privacidad, NOJODA! ¡Vayan a sus cuartos sin llorar, y se duermen CARAJO!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Así como llegaron se fueron, sin decir nada, sin siquiera hacer ruido, petrificados por ese regaño jamás antes visto en el vocabulario de su madre. Hermógenes de pronto se sintió al lado de una dictadora, una amazona que pretendía invadir su campo y su trono como macho alfa, pero de momento otro fue el sentimiento que lo invadió y se sintió orgulloso de poder confiar en la autoridad que derrochaba su mujer, así que le buscó los labios y se giró, apoyándose en su tronco y su codo derecho, mientras con su mano izquierda suplantaba la mano juguetona de su mujer.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Qué haces? - preguntó ella con molestia, como quien es interrumpido mientras caga. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Tomando lo que me pertenece -su voz fue más grave y apaciguó los ánimos de su esposa. Ella se dejó tomar y lanzó su mente al abandono, dejando nada más su cuerpo en modo manual. Permitió que el tren se le descarriara y apretó los labios. Él la sentía como una cumpleañera a la que se le regala la "desvirgación"-desfloración-. Retomó la palabra gracias a un arranque de confianza que no había sentido en años para con su esposa, la miró sin ver más que siluetas oscuras, pero sintiendo que la miraba a los ojos y habló- ¿Sabej qué?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Dime... -contestó ella sin muchas ganas, esperando que él se callara e hiciera bien su trabajo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Nos vamoj a hacé billetuos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿y cómo? -inquirió en tono desconfiado, prediciendo alguna de los planes desastrosos de su esposo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡Vamos a vender anón! -respondió Hermógenes, al fin aliviado por contar su secreto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Qué mierda es esa? -inquirió de nuevo, apoyándose sobre los codos y levantando el tórax de la cama, enfriando el momento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Ejuna fruta, chacha gafa...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡Ya empezaste! -soltó ella, cansada, a punto de una rabieta indeseada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡Sé lo que te digo, mujer! Son sabrosas, te voadar uno pa que lo pruevej...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Resulta y acontece que al día siguiente, por cosas de la vida, lor árboles de anones, a los cuales Hermógenes, llamaba "anoneros", dejaron caer un par de sus frutos, como jorungados por la mano de Dios. Estaban en su color más bonito, más vivo, y estaban tan blandos que de tan sólo cogerlos se desarmaban. Parecían una guanábana enana. Los esposos se sentaron en un par de piedras, más allá del pozo, donde amontonaban todos los guacales y enterraron los dedos en la fruta. Se les prendió en la nariz un olor dulzón y en la piel se les quedó una cremosidad blancuzca, que llevada a la boca parecía el sabor del cielo. Casi con desespero les fueron quitando uno a uno los trocitos de pulpa del fruto "que estaba bueno", extirpándoles la pepa, por supuesto (las semillas).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se miraron las caras los dos, se quedaron sin palabras, aquella fruta se vendía por si sola, tenía la publicidad perfecta para un pueblo de costumbres saldas y platos aburridos. El fruto auguraba adicción, parecía maná enviado por Dios. Echaron a ver, sin perder tiempo, cuán cargados estaban los árboles y vieron una lluvia de anones de todos los tamaños, algunos amenazando con suicidarse. Quedaron maravillados, tenían muchísimas palabras en la boca, pero prefirieron callar. Contaron los guacales y vieron que se estaba acabando el tiempo de buena cosecha. Se preguntaron por qué, cómo era posible que ante tanta austeridad aquello crecía y maduraba como un regalo de la tierra. De pronto salió Coqueto, rebuznando con la pinga afuera, excitado como siempre, "buscando pal monte", pero haciendo "stop" para cagarse entre los árboles.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hermógenes y Tibisai creyeron comprender, hasta que a lo lejos vieron algo moviéndose, un delincuente tal vez. La persona se movía lento y torpe, parecía agotada. Llevaba en la mano una pelota rosada que conforme a como fue acercándose, se fue aclarando. Resultó ser Dalton, con un rollo de papel higiénico en la mano y un paso apretado que dictaba que le "tocaban la puerta". Así fue como vieron al viejo amigo bajarse el pantalón y descubrir aquellas nalgas derretidas, agachándose con cuidado para no irse de culo al piso.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-6295524137935013510?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/6295524137935013510/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=6295524137935013510&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/6295524137935013510'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/6295524137935013510'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/11/besame-el-anon-7ma.html' title='&quot;Bésame el Anón&quot; 8va'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TNxE2Eik8tI/AAAAAAAADNw/qLmlirGMH4s/s72-c/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-6778478381012897341</id><published>2010-10-26T14:01:00.002-04:30</published><updated>2010-10-26T14:03:06.489-04:30</updated><title type='text'>“Bésame el Anón” 7ma parte</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TMce2tLLpGI/AAAAAAAADNY/pbMfzaFKoqo/s1600/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TMce2tLLpGI/AAAAAAAADNY/pbMfzaFKoqo/s320/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5532424592436208738" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La noche abrazó toda su cama, inundada de un silencio acusador, revuelta entre cargas de conciencia y miedo, sin una brizna de aire fresco, sin la comodidad para respirar sin ser notados. Allí estaban ellos, Tibisai y Hermógenes, debatiéndose entre un amor que se odiaba, un odio que se amaba, acartonados sin decir palabra, evitando cualquier movimiento para negar, en la cercanía más distante, la existencia uno del otro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traicionado, Hermógenes tomó partido de su ventaja, de ese alivio de doble cara de no ser él quien sucumbiera ante la seducción de terceros. Allí en su posición tenía la posibilidad de achacarle toda culpa a ella y proyectar así todas las ganas de serle infiel en el pasado, cuando su esposa engordó por el embarazo, cuando tocarla era chillar de angustia, cuando besarla era un llanto seguro, cuando su sensibilidad lo sacaba de sus cabales y le mataba la erección. No cerraba los ojos, la noche, en toda su oscuridad por ausencia de luna, parecía ahogarlos a los dos en la nada, donde los pensamientos parecen escucharse como dichos en voz alta, y aunque los labios permanezcan petrificados no hace falta pronunciar nada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tibisai, culpable, sentía ganas de decirle mil cosas, de hacerse valer, de justificar sus medios para la satisfacción del ego de una mujer que ya no se siente mujer. Allí, en su engarrotada posición fetal, hacía las veces de quien dormía los ojos abiertos, respirando a duras penas para no ser notada, odiando el fru-fru de sus cabellos con la almohada. Su conciencia pedía a gritos ser indemnizada, se sentía desnuda a todos lados que fuera al lado de su esposo a partir del “suceso”. Había un “no sé qué” en su piel que la incomodaba, sentía que no cuadraba dentro de su propio cuerpo, como un corcho que no corresponde a una botella. Su botella, medio vacía o medio llena, se sentía robada, dueña de un perfume que se evapora sin más remedio que resignarse al paso de los años y la pérdida de materia prima.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El colchón de pronto se vio invadido de movimientos cautelosos, medio rústicos, típicos de un hombre que no sabe disimular. Tibisai se hizo la desentendida, desempeñando lo mejor posible su papel de dormida. La sábana empezó a compartirse, se estiraba, la jalaban y en ello se filtraba la vaga esperanza de una reconciliación. Poco a poco los movimientos fueron aumentando, únicamente de parte de él, ella permanecía inmutable, avergonzada de sus pensamientos morbosos, propietarios de una imaginación poco envidiable, pero suficiente para estimularla. Sin embargo, algo más la perturbaba, la distancia psicológica que había entre ellos, la falta de contacto, ni siquiera un mísero roce. En la cama se gestaba una actividad individual que gritaba entre rebotes y rechines que “eso no era con ella”. Cuando volteó consiguió a un viejo amigo, jugando “al placer” en solitario, disfrutando de los mimos compasivos de un hombre que recordó lo que es disfrutar su imaginación, su morbo, sin ser objetivamente infiel, pero dándose la libertad de querer serlo sin culpas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fallecía entre los dos algún sentido medio existente de “unificación”, de “pareja”. Volvían tácitamente a ser dos extraños que comparten una cama no por gusto, sino por necesidad. Volvían a la antigüedad, a los tiempos de cavernícolas que no distinguen entre el placer y la privacidad, volvían a ser ajenos y eso a ella le dolía hasta la vagina, la cual era víctima de oleajes y maremotos, un flujo animal de deseo contenido que estaba a punto de romper el dique. La impotencia la tenía a ella vuelta loca, acalambrada, electrocutándose a base de remordimientos, deseos y una visón completa “del negocio de al lado”. NO PUDO MÁS, SE ESTABA ARRECHANDO, IBA A CONVERTIRSE EN UNA SOLBILIAGNI MÁS, sentía que al amanecer le daría una diarrea verbal salida del culo, las tetas y la que no nombran por pena a los demás, sintió que aquello afectaría a sus hijos, que despertaría amargada, que no cocinaría para nadie si a ella tampoco la miman.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tibisai necesitaba venganza, devolverle el favor, hacerle ver que ella no era gafa, que también sentía ganas y que era culpa de él el hecho de buscar menús en la calle. Lanzó la sábana a un lado, cual trapito al aire, se rompió la pantaleta y empezó a lanzarle a su esposo cucharadas de su propia medicina. Aquello se tornó un burdel de doble cabina, una cama compartida entre dos egoístas, dos carajitos que jugaban al “yo si puedo y tú no”, dos malcriados que reclamaban el olvido, las caricias extrañadas, esa pasión incinerante que los consumía en tiempos dorados de juventud y exploración. Estabas hartos de tener sexo entre ellos dos, se aburrieron. Ella no podía calarse más su hediondez y él no soportaba su frivolidad. No obstante, ese momento parecía diluir toda incomodidad, los hundió a los dos en piscinas diferentes, elucubrando propias fantasías y salpicando celos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No tan lejos, en la casita de al lado, Dalton se moría de nervios tan sólo de escuchar esa cama rechinar, Coqueto tampoco conciliaba el sueño y rebuznaba de pura cobardía, al parecer una serpiente le rozaba las patas, paseando en la oscuridad. Bárbara y Tomasito andaban rendidos, sumidos en un sueño cómplice y conveniente, ininterrumpidos hasta que Solbiliagni, atormentada por viejos recuerdos y asociaciones a los estímulos auditivos, soltó una de las suyas para completar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡ESTÁN SINGANDO! ¡ESTÁN SINGANDO!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los dos egoístas no pudieron evitar petrificarse ante tal denuncia, se miraron las caras, imaginándose los ojos pelados y los labios pálidos, porque la oscuridad no daba espacio a la evidencia. Estaban a punto de ebullición, no querían detenerse, ¡NO PODÍAN! Estaban en el proceso de caer en aquel agujero sin fondo, arrastrados por la inercia. Ignoraron la atención de la que eran objetos y no soportaron las ganas de vengarse aún más. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La venganza perfecta era demostrarse entre si que él era un caballo purasangre, un semental en potencia que no se deja afectar por la edad, un macho con pantalones bien puestos (o bien quitados, como sea). Ella también quería venganza, restregarle en la cara a su marido que aquella muñeca de veinte años aún vivía dentro de sus pieles estiradas, que aún podía tocar con aquella gracia de hechicera y volverse loca hasta gritar. Coqueto terminó en la ventana, atraído por las hormonas en acción y aquel rebuzne los crispó a los dos. El pobre animal salió corriendo, pavorido por el grito que soltó el par singón.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-6778478381012897341?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/6778478381012897341/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=6778478381012897341&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/6778478381012897341'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/6778478381012897341'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/10/besame-el-anon-7ma-parte.html' title='“Bésame el Anón” 7ma parte'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TMce2tLLpGI/AAAAAAAADNY/pbMfzaFKoqo/s72-c/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-1908241667030104581</id><published>2010-10-19T00:41:00.003-04:30</published><updated>2010-10-23T14:18:10.810-04:30</updated><title type='text'>"Bésame el Anón" 6ta</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TL0orqhQA2I/AAAAAAAADNI/IbRgojtVJYU/s1600/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TL0orqhQA2I/AAAAAAAADNI/IbRgojtVJYU/s400/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5529620648094073698" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tibisai soñaba, mejor dicho, se dejaba llevar por el morbo, fantaseaba con tocar a un hombre diferente a su esposo, uno que si cumpla los requisitos que todas sus hormonas gritaban. Hermógenes resultaba un buen hombre para ella, pero no pasaba de aquellos detalles personalísimos de compatibilidad de carácter e intereses. La parte sexual en sus vidas era como un galón agujerado que chorreaba cada vez más. Hermógenes no pasaba del misionero y el sesenta y… ¿te sabes el otro número? Ella ya se iba muriendo del aburrimiento, se sentía mecánica, programada para hacer lo mismo con exactitud despreciable, mientras se le resbalaban las ganas entre las piernas y embarraban el poco suelo sobre el cual su cordura y su deseo podían sostenerse. Su boca se derretía por otro bigote, sus rodillas le temblaban de sólo pensar en la posibilidad de un roce, un “Ay discúlpeme ¡Qué pena!” una de esas vergüenzas premeditadas que no pasan de más de tres segundos hasta que se convierten en miradas cómplices de un interés silencioso y escandaloso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hermógenes, sin embargo, era un conformista de mierda, uno de esos hombres que no cambian porque “perro viejo no aprende trucos nuevos”. Uno de esos que terminan al caer el sol y se echan hediondos en el mueble a esperar la cena, con las manos llenas de tierra y sudor, cantando boleros viejos o silbando las canciones nuevas. Tibisai no soportaba más el horrible resultado de la mezcla de los olores de Coqueto y las axilas híper-pobladas de su marido. En cambio Giuseppe despedía esencias nuevas todas las semanas, una especie de exploración sabrosa y tentadora de sensaciones suculentas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero nada comparado al olor penetrante con que volvía Bárbara al negocio, podrida a pescado, acompañada de esa amiguita extraña y sombría, silenciosa y de mirada macabra. Las dos carajitas iban y venían dejando un pestilente rastro a carnicería y pescadería, haciéndole publicidad a otros negocios de una forma medio repulsiva. La madre de la otra mocosita alzaba las manos, incrédula de que su hija se montaría en su auto con senda pestilencia, chillando a lo lejos y llevándose a su hija con un apretón animal en el brazo. Aquella brutalidad le dio a Bárbara una nueva perspectiva de su relación con sus padres, sintió que no debía dejarse tratar así y que tenía que reafirmar su posición en la familia, distanciándose de la inmadurez de su hermano y sosteniendo un puesto dentro de su casa donde nadie la gobernara, porque ella no se dejaría dominar, porque sentía que era dueña de la verdad. Y para hacerlo tenía que competir con su madre, tenía que ganarse la predilección de su padre, por lo que se comportaría desde ese entonces en delante de forma más dulce y probaría llamar la atención de alguien más, para poner en práctica sus nuevos conocimientos manipuladores.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dentro de ella, a pesar de su corta edad, se gestaba cierta curiosidad que sus padres reprimían y su rebeldía cobraba fuerza frente a la vergüenza de sus progenitores de admitir detalles de la sexualidad, de los cuales ella se sentía conciente. Tenía deseos de comprender por qué su madre se levantaba más la falda frente al tipo del negocio del lado, tenía deseos de comprender los gemidos nocturnos que la molestaban de cuando en cuando. Tantas preguntas y tan poca información la desconcentraban, jugar con sus amigas y conversar de temas tan desconocidos era sencillamente perturbador. Sus amigas hablaban de noviecitos en la escuela, discutían de cuál era más lindo, mientras que ella tenía que conformarse con creerle a las chicas del pueblo, las que lo saben todo, las que conocen de moda, las que se visten mejor, las que si tienen muñecas medio putas que son novias de todas las figuras de acción.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tomasito, por su parte jugaba a echarle la culpa a sus muñecos, mientras su hermana lo miraba con malos ojos, con una repulsión extraña, ignorando que su hermana lo tenía por tonto, pensando que él no sabía para qué servían esos muñecos en realidad, dedicándole un odio ridículo a su inocencia. A él no le hacía falta, mientras nadie le dijera a su compañerito de clases que él tenía sus muñecos, todo estaba bien. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya casi por terminar llegó Hermógenes, exhausto por la carretera caliente y polvorienta, por no haber dormido como hubiese querido, sin reponerse después de una noche de subidas y bajadas, de ejercicio pélvico. No obstante, ese cansancio lo satisfacía, lo llenaba de alegría viéndose en el espejo de Dalton, burlándose del tiempo por no matarle la virilidad, la erección que no tiene nada que envidiarle a Coqueto. Para su sorpresa su esposa corría a bajarse la falda y poner cara seria, concentrada, supuestamente, en captar cliente y vender toda la frutería. Entró en cólera cuando la sonrisa del desgraciado de Giuseppe tuvo que borrarse de golpe. Aparcó la camioneta, bajó los guacales que traía y lanzó la puerta tras sacar la llave. Tibisai se descomponía en un gesto de espanto y una estabilidad gelatinosa. Bárbara veía todo, contenta, creyendo cobrar su venganza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nadie dijo nada, Hermógenes le dio la espalda a la competencia, recogió lo que tenía que recoger, dando tiempo a Tibisai para desaparecer tras la camioneta junto con su hija.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dalton no podía evitarlo, esa tragadera de caraotas le tenía vuelto mierda el culo, ya no soportaba su estancia en su propia habitación. Incluso su almohada olía a diablos. Tuvo que abrir la ventana para ver si algo de ventilación le hacía el favor de despejar la vaina. Nadie lo mandó a hacerle caso a las recomendaciones de Natalia, la vecina de a dos cuadras.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Usté siguestando ricote, Dalton –le dijo la vecina, extasiada, masajeándose “la olvidada” sin podérselo creer, dos años atrás, cuando por fin lograron eludir las vigilancias de aquel marido cabrón- si comes maj caraotaj veraj ques bueno...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aquel recuerdo medio borroso de esa tarde gloriosa levantó muertos. El pantalón le jugaba bromas pesadas al pobre, aquello se despertaba y se dormía, se despertaba y se dormía, hasta que no lo soportó más y le dio a coger aires. El ruido de cauchos y tierra aplastada, de lo violento como llegaba a sus oídos le dio a entender que “habían llegado”, se tiró un peo estruendoso y se apuró en esconderse la vaina, cerrarse la cremallera y salir saludar. La mano usada consiguió la derecha de Hermógenes, con una mirada confusa tras darse cuenta del ambiente incómodo que se respiraba. Tibisai bajó sin decir nada, sin saludar siquiera y entró a la casa, saludó a su hijo y se encerró en su cuarto a rezar aves marías hasta que la saliva se le secara.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El colérico propinó con golpe a la pared, soltó un bufido salvaje y sintió el dolor en los nudillos segundos después de la descarga. Se acercó la mano a la cara para verse lo enrojecido, pero un olorcito por un momento lo distrajo de toda molestia, todo lo que lo ocupaba en ese instante era comprender de dónde veía ese olorcito a humedad humana. La madre de los gritos se oyó en el rancho y la única en participar fue Solbiliagni, perturbada porque la despertaran…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡Aaaaay, quiero mis pantaletas de vuelta!&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-1908241667030104581?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/1908241667030104581/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=1908241667030104581&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/1908241667030104581'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/1908241667030104581'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/10/besame-el-anon-6ta.html' title='&quot;Bésame el Anón&quot; 6ta'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TL0orqhQA2I/AAAAAAAADNI/IbRgojtVJYU/s72-c/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-3422458676500465159</id><published>2010-10-08T02:08:00.002-04:30</published><updated>2010-10-08T14:01:45.205-04:30</updated><title type='text'>"Bésame el Anón"  5ta parte</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TK68svcYZlI/AAAAAAAADMw/zRIC3SrbmWk/s1600/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TK68svcYZlI/AAAAAAAADMw/zRIC3SrbmWk/s320/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5525561269665949266" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“Vuelve la burra pal monte”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Llegó tu papá? –preguntó la maestra con los ojos envueltos en un brillo de princesas de Disney.&lt;br /&gt;- Si, tá en la dirección… -contestó el muchachito, escondiendo sus juguetes en el bolso.&lt;br /&gt;- ¡Qué bueno! Puedes esperar en el salón –sus manos temblaban un poco, como quien reprime gestos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermógenes encontró sus ojos con los ojos de la culona, intercambiaron cortesías y se dispusieron a hablar del rendimiento cada vez menor de Tomás en la escuela. “No hace las tareas, señor”. Su tono de voz era manipulador, seductor, pero de esas seducciones que no provocan ni lo más mínimo, porque se notan a leguas… bueno así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pus, yo he hablao’ con él, pero el pelmazo ese…&lt;br /&gt;- Sería bueno que al llegar a casa le pregunten si tiene algo qué hacer, pero a modo de motivación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El culo de la maestra parecía hablar por si solo, las caderas parecían bailarle, pero era una lipa traviesa que temblaba cuando ella reía. El par de nalgas se pusieron a hablar entonces, locas por ser vistas. ¡Y fueron vistas! Pero aquella tarde anterior llenó a Hermógenes de tanta satisfacción que no era tentador aquel maletón. A pesar de todo él era un hombre fiel, de buenos principios, aunque no podía evitar perder los ojos de vez en cuando, con el fru-fru de algunos tumbaos por ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nos toca ir al mercado hoy –dijo Tibisai, peinándole las greñas a Bárbara, haciéndola perder la cordura con cada jalón.&lt;br /&gt;- ¡Aaaaay! –chilló.&lt;br /&gt;- ¡Tú si eres quejona, muchacha!&lt;br /&gt;- ¡Yo no soy Coqueto!&lt;br /&gt;- ¡Vaya que no lo eres! –echó a reir la madre estilista, hundiendo el peine dentro de los alambres tiesos de su hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Tibisai había cierta alegría, algo la excitaba, pero en su mente nada tenía que ver con el pasado, con la tarde anterior de hijos lejos del peligro de encontrar a sus padres en pleno ejemplo de cómo llegaron ellos al mundo. Tibisai llevaba puesto el vestido verde que se pone contadas veces, el segundo atuendo preferido por ella. El primero era uno color rosado que usaba para momentos especiales. Su vestido bajaba hasta poco más de sus rodillas y dejaba entender perfectamente por qué Hermógenes se enamoró de ella. Una cadera pronunciada, la espalda inspirada en Venus y sus senos grandes, más no exagerados, eso es cosa de Solbiliagni. Por cierto, Dalton iba arando “la siembra secreta” con ayuda de Coqueto, mañoso animal que no quería dejarse llevar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y por qué tenemos que ir hoy, mamá? –preguntó Bárbara a modo de queja.&lt;br /&gt;- Porque tu papá tuvo que ir a la escuela de Tomasito…&lt;br /&gt;- ¿Vamos a vender?&lt;br /&gt;- Si, tenemos que vender las cosechas.&lt;br /&gt;- Qué fastidio…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Ya se va? –se le escapó la pregunta a la maestra, casi a súplicas pidiéndole que se quede un poco más para apreciar sus fuertes brazos y su bigotón cuasi vivo.&lt;br /&gt;- Puej, me creo que si…&lt;br /&gt;- Es una lástima –dijo acomodándose la franela por las axilas, intentando hacer notar un par de tetas hace mucho tiempo olvidadas por la codicia masculina.&lt;br /&gt;- Pero no tené que volvé por cosaj así… ese pelmazo tiene que aprendé.&lt;br /&gt;- Si lo ayudan en casa, se dará cuenta que necesita hacer sus deberes…&lt;br /&gt;- A mí nadie me yudó a hacé mis vainaj… tiene que hacese hombrecito… -se curzó de brazos, girando su cuerpo en dirección a la entrada, ya queriéndose ir, pero casa uno de sus gestos excitaban más a la acosadora. Su enfado era un afrodisíaco para ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más tarde, llegando al mercado del pueblo, Tibisai ya se pavoneaba frente a los otros comerciantes, especialmente para el señor Giuseppe, un tipo risueño y picarón, medio abusivo con las manos, pero mágico con sus ojos… mejor dicho, seductor. Tibisai tenía una fijación con los tipos barrigones, es algo que a ella le envía mensajes subliminales, pero Giuseppe no era barrigón, tenía más bien otro gancho en su imagen: una mata de pelo que se desbordaba fuera de su camisa holgada y desabotonada arriba, medio canoso, medio negro, con ese aire y olor a experiencia y trabajo que a Tibi la pone de puntas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por su parte Bárbara dentro de su inocencia manchada de algo prematuro y no prematuro -si es algo complicado, pero se medio entiende- era conciente de la conducta “saca-fiesta” de su madre, pero quién culpa a Tibisai por sentirse bien al ser admirada y piropeada, así es ella, así se siente dichosa a pesar de sufrir los estragos de dos partos naturales y dos lactancias estiradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mami, el señor Giuseppe testá mirando feo… -comentó Bárbara queriendo hacer gala de su conciencia, de sus palabras, a la vez que a lo lejos se daba cuenta que su amiguita –la más rara de sus compinches- también estaba en el mercado.&lt;br /&gt;- Barbarita, te he dicho que el chisme es malo –le dijo con cariño a modo de lección, pero más que una intención de enseñar buenos valores era más bien como una respuesta automática, viciada con la alegría de esa “mala noticia”. En el fondo fue casi como un halago el comentario de su hija, por lo que volteó a cerciorarse. Giuseppe le guiñó un ojo.&lt;br /&gt;- Pero má, si mi apá se entera le saca los dientes…&lt;br /&gt;- ¡Silencio Bárbara! –ahora si fue reprimenda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rabia en Bárbara afloró con un zapateo extraño, cuasi tap, un apretón de puños y un estremecimiento como escalofrío que la compara a una tetera echando vapor acaloradamente. Para distraerse fue a ver a su amiguita, despegándola de su mamá para irse a pasear juntas como de costumbre a ver los hediondos pescados del señor Tostón. Discutirían cuál se veía más fresco con la mala suerte de que ambas no tenían ni la más mínima idea de que al pescado bañado en sal no se juzga por si tiene ojos rojos o amarillos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-3422458676500465159?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/3422458676500465159/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=3422458676500465159&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/3422458676500465159'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/3422458676500465159'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/10/besame-el-anon-5ta-parte.html' title='&quot;Bésame el Anón&quot;  5ta parte'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TK68svcYZlI/AAAAAAAADMw/zRIC3SrbmWk/s72-c/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-6183304269173785896</id><published>2010-10-04T22:03:00.002-04:30</published><updated>2010-10-26T10:17:26.123-04:30</updated><title type='text'>"Bésame el Anón" 4ta</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TKqaMKwGymI/AAAAAAAADMg/1b6Dm4y1kD0/s1600/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TKqaMKwGymI/AAAAAAAADMg/1b6Dm4y1kD0/s320/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5524397426758568546" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Bueno, Tomasito, tienes que mejorar en clases, vale…&lt;br /&gt;- Si maestra, yo sé. Ejque me ‘a flojera…&lt;br /&gt;- ¡Nada de eso! ¿Qué hablé yo contigo? Que si seguías así ibas a repetir eso es bien chimbo…&lt;br /&gt;- Pero ejque… el señor Megatrón se la pasa peliando con Naruto…&lt;br /&gt;- Ya déjate de esos cuentos, tus muñecos no tienen nada que ver con tus tareas. Voy a tener que llamar a tu papá…&lt;br /&gt;- ¿Y me la pasa?&lt;br /&gt;- ¿Qué quieres decir? – en ese instante la profesora pareció recibir una puntada en el culo que la puso derechita, como cayendo en cuenta de algo.&lt;br /&gt;- Bueno, ejque usté lo llama sieeeempre a el… no quiere que mi mamá venga. A usté le gusta que venga mi pa’ ¿Cielto?&lt;br /&gt;- Ya basta, ¡respétame, Tomasito!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Y yo qué dije?” pensó el pobre carajito, intentando nada más hacer gala de su conciencia sobre las cosas. Aún así insistió en que todo era culpa de sus compañeros plásticos de aventuras. Se ganó un castigo con eso e inmediatamente, de forma oportunista, en su muñeca la profesora grapó un comunicado en el que pedía la presencia del padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡¿Otra vej, coño?! –espetó Hermógenes, fastidiado de tener que lidiar con la mongólica profesora aquella.&lt;br /&gt;- Ejque no me cree si le digo que Naruto y…&lt;br /&gt;- ¡Ya dejasa verga! Haga sus tareas y deje de jugar tanta mariquera…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomasito se sentó a llorar, arrancando hierbas de la tierra, degollando, casi con guadaña, las poquitas flores que adornaban escuetamente la entrada del fundo. Tibisai salió exaltada por sus silvestres adornitos, llevándose las manos a la cabeza y bamboleando el par de tetas que le guindaban debajo de la ropa, cual guerreras derrotadas por la edad y la mamadera. Su maternidad fue forzada…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y pa’ cuandos eso? –preguntó Hermógenes con fastidio a su hijo, sopesando la idea de que tendría que ausentarse del trabajo para asistir a las demandas escolares de su muchacho.&lt;br /&gt;- Aquí dice… -le enseñó el papelito grapado en su muñeca, como un brazalete de manualidades.&lt;br /&gt;- Puej… bueno, será… -se resignó con el semblante decaído, temiendo tener que enfrentarse a la mirada medio psicópata de la facilitadora maniática aquella, que cada cinco minutos se anda metiendo un potecito en la nariz para descongestionarla. Lo único que podía bucearse era el maletón exagerado de la maestra. Entiéndase como las nalgas, los glúteos, las posaderas.&lt;br /&gt;- ¿le digo que vas? –preguntó el muchachito casi como una súplica, pero más como un chantaje. Con esos ojos grandes y acuosos que indican que “si dices que no, me pongo a llorar”.&lt;br /&gt;- ¡Puej, claro, mocetón! No te dejaré morí…&lt;br /&gt;- ¡Gracia pa’! –aquel cuadro parecía la planificación para ir a un juego de pelota. Lo que ambos sabían en el fondo es que todo era una estupidez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De vuelta a la cocina, donde todo sucede, Solbiliagni empezaba a hablar sola, su monólogo defendía la teoría de que los penes deberían ser de colores. Tibisai iiba en cólera, pero su imaginación volaba lo suficiente como para dejarse atacar por la desidia y no detener a la bocona loca. Menos mal los muchachos retozaban afuera, mejor dicho, discutían, pero los adultos prefieren pensar que se la pasan de maravillas, para no complicarse tanto. Así pues, mientras Tibisai estiraba la masa para hacer cachapas, Solbiliagni hacía gala de toda su creatividad sexual, como si aquello fuera como hablar de flores y abejitas polinizadoras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es que ese doctor lo tenía como doblado…&lt;br /&gt;- ¡SOLBILIAGNI! ¡MIJITA, POR EL AMOR DE DIOS!&lt;br /&gt;- Doblado y grueso…&lt;br /&gt;- ¡AY CRISTO!&lt;br /&gt;- ¡Y llegaba todos los días!&lt;br /&gt;- ¡SOOOL!&lt;br /&gt;- Pero me decía que estaba bien, que no había problemas en usar bastón, que a la larga se acostumbra la gente…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel corazón moralista, de padres nuestros y aves marías daba tumbos asesinos en su pecho, encendiéndola tras una largo verano, una sequía más arrecha que la de un desierto, una falta tan latente de sexo, que sus poros ya no soltaban sudor, sino un concentrado de feromonas acosador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nariz de Hermógenes lo percibió, su esposa olía a estrés. Sus ojos también lo notaron, ella se frotaba mucho las costillas con las muñecas. Sus oídos lo notaron, fisgoneando detrás de la puerta, dizque vigilando a los carajitos; ella gemía de vaina audible cada vez que Solbiliagni soltaba una de las suyas. En el aire había culpa, había abandono y ambos cuerpos reclamaban atención. Pero qué coño, Tomasito todas las noches tiene pesadillas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Foj! ¡Foj! ¡Huele a peo! –se quejó a toda voz Hermógenes, entrando a la casa y alterando los nervios de su esposa, a la que se le derramó un poco de la mezcla para hacer cachapas-.&lt;br /&gt;- Dalton está en el baño –aclaró la sorprendida, retirando las manos con violencia para no quemarse.&lt;br /&gt;- ¡Dejae darle fijolej a ese hombre! –chilló, arrugando el bigote de esa forma tan infantil…&lt;br /&gt;- Jajajajaja no hables mucho que anoche se te escapó uno terrible.&lt;br /&gt;- Bueno, pero yo soy el hombre dejta casa –no pudo contener las risas, imaginándose a su esposa despertando y sufriendo.&lt;br /&gt;- Deberías pedirle a Dalton que después del almuerzo se lleve a los muchachos a pasear –propuso Tibisai, con un acceso de malicia que ardía en sus ojos, contagiándole la picardía al bigote de Hermógenes, haciéndolo bailar en dirección a ella, como quien indica algo con los labios. Ese gesto le arrancó a ella todo signo de cordura y control, se olvidó de la mirada omnipresente del Señor y se acomodó el sostén.&lt;br /&gt;- ¡Ya mijmitico se lo digo!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-6183304269173785896?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/6183304269173785896/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=6183304269173785896&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/6183304269173785896'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/6183304269173785896'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/10/besame-el-anon-4ta.html' title='&quot;Bésame el Anón&quot; 4ta'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TKqaMKwGymI/AAAAAAAADMg/1b6Dm4y1kD0/s72-c/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-1480158636896342467</id><published>2010-09-21T23:45:00.004-04:30</published><updated>2010-10-04T23:16:27.543-04:30</updated><title type='text'>"Bésame el Anón" 3ra</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TJmNA52z4PI/AAAAAAAADMQ/dLQ12Axlhz8/s1600/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TJmNA52z4PI/AAAAAAAADMQ/dLQ12Axlhz8/s320/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5519597864989483250" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nadie comprendió lo que significó “Naruto” viniendo de los labios de Tomasito, refiriéndome a los tres adultos sentados en la mesa, después de todo “el mundo nuevo” estaba hecho para carajitos, los adultos de verga usan celular. Parecía ser una de esas palabras que se inventan los niños que aún no saben pronunciar bien todas las palabras que salen de su pequeña mente exploradora. Tibisai no quería que siguieran hablando, le aterraba que su hija supiese “más de la cuenta” y que su esposo tenga que aceptar “semerenda” responsabilidad. Tremenda responsabilidad. ¿Alguien más en la casa? ¿Y Dónde carajo dormiría? Ella sabía que su esposo le ocultaba algo de su prima, como un detalle que aún no le explicaba, pero más importante que su verdadero apellido o algo así. Ese detalle la hacía temblar internamente, la molestaba de extremo a extremo, su casa estaba a punto de ser importunada por una extraña que quién sabe qué clase de mañas traería a la mesa y a los ojos de sus hijos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tas comiendo com’si fueraj a jaltalte el mundo –espetó Hermógenes viendo a su hijo regalarle bocados animales a su arepa.&lt;br /&gt;- ¿Crees que te’ntienda? –importuna bárbara, burlándose de su hermano.&lt;br /&gt;- Tienej una bocota, carajita… -se desanimó su padre sin quererle volver a alzarle la vos, se sentía culpable por haberse dirigido así hacia su hija anteriormente. Veía en ella el espíritu rebelde de su esposa cuando la conoció y le dolía reprender ese detalle.&lt;br /&gt;- La comi’a estuvo muy rica, señora Tibi –halagó Dalton, sonriéndole con esa sonrisa amarillenta y falta de dientes.&lt;br /&gt;- Gracias, señor Dalton. Hoy las arepas no se me quemaron como antier… -rió.&lt;br /&gt;- ¡Mor! –la llamó Hermógenes, refiriéndose a ella como “amor” en su forma especial, la manera que usa siempre que pretende convencerla.&lt;br /&gt;- Dime –contestó ella, retirando cosas de la mesa, con tono fastidiado como quien se espera algo predecible y despreciable.&lt;br /&gt;- ¿Ónde podemoj meté a Solbiliagni?&lt;br /&gt;- ¿Quién es Solbiliagni? –preguntó ella con escándalo, sorprendida por un nombre que nunca había escuchado.&lt;br /&gt;- Mi prima, mor… -explicó con desesperanza, viendo que se acercaba uno de esos sermones de ama de casa obsesiva.&lt;br /&gt;- Por los momentos puede dormir en el depósito –respondió por fin, con cierta frialdad, como quien pretende aleccionar algo muy serio- tú encárgate de acondicionar el lugar.&lt;br /&gt;- Ay coño… -se lamentó el pobre Hermógenes, casi entre dientes, con esa expresión de muchachito regañado, apretando los labios hasta dejarlos como una pequeñita “O” debajo de ese bigote, haciendo con éste una “U” y pronunciándole la papada. El resultado era un gesto medio suplicante y chantajista, pero inmutable, Tibisai, supo dejarle todo el peso a su marido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tan temido día llegó con un taxi viejísimo y feo, tosiendo humo y crujiendo mientras dos piernas lozanas y hermosas bajaban de él, veladas por una falta sencillita de flores rosadas y colores cremas de fondo. Un poco más arriba, bajo la mirada buceadora de Dalton, se alzaba hermosísima una cintura humilde, acompañada de un abdomen virginal, continuado por un par de pechos enormes que parecían desafiar la gravedad, cubiertos por el mismo vestido pobre y orgulloso que aún soltaba colores a pesar de la lavadera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando por fin sentía que “aquello” revivía el coñazo fue inevitable, se le escapó otro peo del susto cuando el rostro de la visitante salió al descubierto tras bajar su maleta medio roída. Más fue la impresión que la culpa que sintió por ver el rostro de la demencia. Un ojo desviado, labios entre abiertos, la mirada –si es que la tenía- se le perdía tras la sensación de que orbitaba en un mundo muy de ella, muy privado y poco comprendido por los que pueden razonar. Detrás de Dalton apareció Hermógenes, recibiendo a su prima con una alegría medio forzada, razón por la que se echó otro peo, esta vez porque sintió que él se daría cuenta del atrevimientos de sus ojos, pero Hermógenes pasó de largo y no fue más que una cuestión propia del cargo de conciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Solbiliagni! –la recibió Hermógenes con un abrazo no correspondido por otro, pero si por una sonrisa medio ensalivada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie sabía exactamente por qué Solbiliagni estuvo en una clínica, la cual nadie especifica por respeto, pero esa primera visión de su persona daba algunas luces sobre el tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No traje ropa interior –dijo la prima, como sumergida en su propio mundo, un sueño donde habla dormida, aunque tenga los ojos abiertos, totalmente ida, nada relacionada con lo que le decían.&lt;br /&gt;- ¿No trae…? –Pensó Dalton, cada vez más asustado de su propio morbo-&lt;br /&gt;- Ni me afeité –soltó risas ella.&lt;br /&gt;- ¡Ay, mi madre! –se le escaparon las palabras a Dalton y Hermógenes volteó a verlo con el ceño fruncido. Está demás decir que se le fue un cuarto peo…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-1480158636896342467?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/1480158636896342467/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=1480158636896342467&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/1480158636896342467'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/1480158636896342467'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/09/besame-el-anon-3da.html' title='&quot;Bésame el Anón&quot; 3ra'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TJmNA52z4PI/AAAAAAAADMQ/dLQ12Axlhz8/s72-c/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-9044018400177160881</id><published>2010-09-16T18:41:00.003-04:30</published><updated>2010-09-18T02:07:40.129-04:30</updated><title type='text'>"Bésame el Anón" 2da</title><content type='html'>Segunda Parte&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TJKlworCouI/AAAAAAAADLw/rgVo-nkc3F0/s1600/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TJKlworCouI/AAAAAAAADLw/rgVo-nkc3F0/s320/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517654748452528866" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quién toca? –preguntó Tibisai, corriendo a salvas los huevos revueltos, que se empezaban a chamuscar.&lt;br /&gt;- ¡Ej Alton! –Señaló Hermógenes, recibiendo a su amigo con un estrechón de manos y sonriéndole, moviendo el bigote como si éste hablara por él- ¡Oño hombre! Has llegao a tiempo, mi mujé está ciendo unas arepas sabrosaj…&lt;br /&gt;- ¡Ónchale! –levantó las cejas el recibido, pelando los ojos y soltando los dientes, entre los cuales faltaban los dos caninos superiores- Que noticia máj buena –ambos rieron como si la risa le borboteara dentro de los barrigones, par de inmensas lipas cerveceras que amenazan con destruir el equilibrio de los dos.&lt;br /&gt;- ¡Tomaj! ¡Bárbarita! ¡Vengan pa’ que se jarten unas arepaj! –la voz recia llegó hasta los oídos de su esposa, quien se hinchó de orgullo de escuchar todo ese poder masculino dominante. Ella se estremeció, empezó a moverse lentamente, haciendo de sus movimientos algo cadente o candente, algo que empezaba a llamar la atención del fisgón de Dalton.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A espaldas de ella Dalton la miraba como un perro hambriento recogiendo la lengua y moviendo la cola, sólo que en este caso era el culo gelatinoso el que se dejaba llevar por el ritmo de Tibisai. Ella medio tarareaba, medio bailaba, meneando su “maleta” de acá para allá, buscando un tenedor con simpática coreografía, para rescatar las arepas de aquel mar de aceite gimiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ahí tienej una silla –señaló Hermógenes detrás de Dalton, casi hablándole al oído, matándolo del susto, haciendo que sus canas se blanquearan más, dejando al pobre vejestorio crispado y medio aguado. Se le escapó un peo- Viejo cochino…&lt;br /&gt;- Ay señor Dalton, jajaja, descuide, aquí eso ya es costumbre, tiene que escuchar a Hermógenes cuando hago frijoles. ¡No me deja en paz!&lt;br /&gt;- Ya, mujé… -se sentía humillado, pero en el fondo algo le daba gracia.&lt;br /&gt;- Ay no te molestes, amor –soltó el tenedor a un lado de la cocina, ordenaba las arepas para irlas sirviendo- Lo digo para que el señor Dalton se sienta más cómodo –dejó las arepas en la mesa- Descuide, eso es la edad…&lt;br /&gt;- “¿La edad?” –pensó Dalton, ahora con una razón más para acongojarse, sintiendo la senectud como un elefante encima, un muro altísimo que lo separaba de antiguos placeres que volvían a llamarle a la puerta.&lt;br /&gt;- ¡Caraj! Ni que fuera fomia…&lt;br /&gt;- Momia, amor, se dice momia –lo corrigió sirviendo otro plato con los huevos revueltos y por otro lado la margarina.&lt;br /&gt;- Dije momia, Tibisai… –enfatizó Hermógenes, molesto por la corrección delante de la visita.&lt;br /&gt;- Pues yo escuché que dijiste “fomia” –buscaba el café y las tazas, aunque allí les llamaran pocillo.&lt;br /&gt;- Anda a verte loj oidoj mujé… -volteó los ojos y posó los brazos sobre el barrigón que saltaba sobre él como un buche.&lt;br /&gt;- Ese es el bigote, que a veces te hace sonar raro –tenía todo listo sobre la mesa- ¡NIÑOS!&lt;br /&gt;- ¡Por Jesú! Mujer, deja los gritoj –chilló su esposo.&lt;br /&gt;- Entonces llámalos tú y ahórrame el esfuerzo…&lt;br /&gt;- Va a empezá… -soltó un bufido y se le dio un sorbo al café que se estaba tomando, ahora frío y sabroso.&lt;br /&gt;- Traje noticias del pueblo –dijo por fin Dalton, pensando que un tema distinto distraería a los dos peleones.&lt;br /&gt;- ¡Vomita puej! –se emocionó Hermógenes, sonriendo otra vez, casi sonriendo con el bigote, porque de verga se le ven los dientes. Tibisai lo miró feo.&lt;br /&gt;- Su tío le ha mandao a decir que su prima ya salió de la clínica –contó Dalton, sabiendo que era una noticia no tan buena o al menos poco esperada.&lt;br /&gt;- ¡Carajo! –Se exaltó Tibisai, sin darse cuenta que pensó en voz alta- Per… perdón –puso cara de carajita regañada.&lt;br /&gt;- ¿Y qué maj te dijo? –inquirió Hermógenes, interesado en saber el futuro de su prima.&lt;br /&gt;- Pues me ha pedio que te dijera que se vá a mudá pa’ la quintica que tiene por donde tu abuela y que no se pué llevá a la china.&lt;br /&gt;- ¡¿Y?!  -Hermógenes empezaba a preocuparse.&lt;br /&gt;- Que… que te…&lt;br /&gt;- ¡AY, DALTON, DILO! –se sobresaltó Tibisai de nuevo, con las manos apretadas en alto, a nivel de su pecho, llenándose la ropa de margarina- perdón…&lt;br /&gt;- Que te teníaj que quedá con la china…&lt;br /&gt;- ¿En serio es china? –preguntó Tibisai, ahora extrañada, como quien no entiende un chiste.&lt;br /&gt;- No mija –contestó con amargura su esposo, mirándola como a una completa boba- china es una pelaita…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus hijos llegaron, listos, con las manos lavadas y las bocas hechas agua, como un par de pichoncitos con los picos abiertos y las alitas desplumadas. Todos se sentaron a comer pero en la mesa reinaba un silencio incómodo, interrumpido de vez en cuando por las inoportunas preguntas de Tomasito, ahora preguntando cómo es que Coqueto no tiene novia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Deberían traele una coqueta –decía el niño, jugando a la picardía, probando qué tan lejos le permitían sus padres llegar.&lt;br /&gt;- Ese bruto no deja viva a las potranquitas –comentó Hermógenes, picándole un ojo a Tibisai, sonriéndole con la mirada, llamándola, excitándola. Ella dejó de masticar su comida, tuvo que respirar profundo para soportar la ruborización.&lt;br /&gt;- ¡Qué cosas dices!&lt;br /&gt;- Yo sé por qué lo dice –agregó Bárbara, haciendo un gesto exagerado de convicción. Aseverando con la cabeza como si se le fuera a partir el cuello.&lt;br /&gt;- ¡Usté se calla carajita! –saltó a reprenderla su padre, totalmente asustado, impactado. Ahí fue donde Tomasito aprendió los límites de sus padres, todo el juego valía para sus dos padres y para nadie más, entre otros era tabú. Barbarita lo aprendió aún más.&lt;br /&gt;- Su tío me ha dicho que busque a la china en estos díaj –dijo Dalton como poseido, un poco perdido en el plato de comida, otro poco perdido en sus pensamientos.&lt;br /&gt;- ¡Ay carajo! –se lamentó Hermógenes, alarmando a su esposa.&lt;br /&gt;- ¿Viene una china pa’ cá? –preguntó Tomasito, sin dejar a Dalton explicarle.&lt;br /&gt;- No, en reali…&lt;br /&gt;- Prefiero a loj de Naruto –siguió diciendo Tomasito, hablando en mandarín para los adultos.&lt;br /&gt;- Aja si, como sea –los cortó a todos Tibisai, enteramente aterrada…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-9044018400177160881?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/9044018400177160881/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=9044018400177160881&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/9044018400177160881'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/9044018400177160881'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/09/besame-el-anon-2da.html' title='&quot;Bésame el Anón&quot; 2da'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TJKlworCouI/AAAAAAAADLw/rgVo-nkc3F0/s72-c/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-5491877794009131584</id><published>2010-09-13T16:56:00.003-04:30</published><updated>2010-09-14T18:14:23.643-04:30</updated><title type='text'>Bésame el Anón - 1ra parte</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TI6XOPtyKNI/AAAAAAAADLA/vXlN1Xp1aY8/s1600/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TI6XOPtyKNI/AAAAAAAADLA/vXlN1Xp1aY8/s320/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5516512864567961810" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La familia Rodríguez es una familia como cualquiera, sencilla, caótica, medio aburrida, medio loca, arrebatada de vez en cuando, de peos libres y eructos inocentes. Ellos están acostumbrados al monte, los bichos, las lámparas de kerosén y el abono natural, regalo bendito del buen Coqueto, nombre de cariño que le dieron al pobre burro que tienen casi dentro de su hogar dulce hogar. Están compuestos por el señor Hermógenes Rodríguez, un hombre nacido y criado en el campo, que no tiene problemas para orinar donde sea, en una esquinita cualquiera, sacudirse la cosa y seguir tomando cervezas, saludando con la mano esa con la que se… Bueno, entre otras cosas, es un señor de modales aceptables, pero fuera de su casa, tiene buen humor y un curioso gusto por los condimentos fuertes, así como por el picante de bachaco culón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su esposa, la señora Tibisai de Rodríguez, prefiere seguir usando su apellido de soltera –Meier, aunque muchos la confundan con “Mier”-. Es una mujer de aspecto sencillo, humilde, pero de una moral enorme, como si un Golem resguardara su conciencia, librándola de todo mal, rezando padres nuestros todas las veces que le sea posible para lavar sus culpas diarias, un secreto que sólo ella conoce, una especie de fantasía que no comparte ni con su esposo. Es curiosa, por no decir chismosa, pero no raya en la intromisión. Posee gran sazón para cocinar y su aditivo predilecto es el adobo con sal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre los dos engendraron dos monstruitos, uno que ahora tiene ocho años y otra que aprendió que los escotes atraen más la atención de los que apenas aprenden para lo que les sirve la erección. Ella tiene 12, pero su mente vuela más que la de un viejo viagrero que pretende recuperar la virilidad que algún tiempo pavoneó en su juventud. El muchachito tiene dos muñecos que prácticamente tuvieran vida propia si los llevaran  a las oficinas del registro civil, son los culpables de todo. Lleva el segundo grado de la escuelita a al que asiste con tareas acumuladas como expedientes fríos, pero por alguna razón el piojo consigue persuadir a la maestra. Para no pelarme el nombre les digo de una vez que es Tomás, comúnmente conocido como Tomacito el malandro más joven de toda Tierra Alta Gracia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niña, prematura por demás, se llama Bárbara, nombre que quedó fijo y obligatorio en la mente de su madre desde aquella vez que leyó “Doña Bárbara”. Ella no tiene dos muñecos como amigos, pero se gasta una junta de mala muerte, de esas que asustan al tocar el timbre, un trío de niñas que se hacen llamar “emo”, aunque una de ellas es otra cosa, pero aún nadie sabe qué es. Algunos vecinos sospechan que no es de este mundo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro miembro de la familia, aunque no es lo por sangre, es el señor Dalton, también conocido como Don Alton, porque a todos se les olvida que el apellido no tiene nada que ver con ser alto, pero irónicamente éste señor, de cincuenta y siete años es el más alto de por ahí, ni buscando en todos los campos en todas sus hectáreas ni porque lo lleven al circo nuevo y lo coloquen al lado de las jirafas. Él trabaja cobrando las “tasas de ayuda colectiva”, una especie de cuenta común entre los vecinos, que han acordado para hacer arreglos y reparos en los caminos y cercados. También se encarga de vigilar “La Casona de Tibisai”, el campo al que casi se ha mudado, compartiendo la mesa con la familia Rodríguez, sus berrinches, los malos ratos y toda la bendición de una familia unida a pesar del caos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Rodríguez venden frutas en el mercado del pueblo, a seis kilómetros de “La Casona” y todos los soles y todas las lunas están dedicados a cuidar de sus cultivos, su tesoro más preciado, aunque ahora la promesa de un futuro próspero reposa sobre unos árboles extraños que celosamente ha atendido Hermógenes. Ha sido así desde que llegó del terminal, cuando viajó con la excusa de que eran asuntos de negocio. Aún cuando Tibisai no se tragó el cuento, el muy atrevido viajó, gastando el dinero que no tenía, que consiguió prestado, para apostarlo todo a una nueva opción comestible que no era conocida por “Tierra Alta Gracia”, sus alrededores y más allá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Amén mijo, amén! –exclamó Tibisai con desconfianza y fastidio, escuchando los proyectos de su esposo acalorado.&lt;br /&gt;- Ya vaja ver, los voy a lleva a pasea a la cueva el guácharo cuando tenga esos riales…&lt;br /&gt;- ¿Y no se te ocurre un lugar más bonito? –preguntó ella, aburrida de las ideas de Hermógenes-&lt;br /&gt;- ¡Bueno! ¿Y tú qué cres? ¿Qué vamo a anda mal gastando rial como la gente rica?&lt;br /&gt;- Pues se me ocurre un centro comercial, ver tiendas, así no sea para comprar nada… -agregó moldeando las arepas con las manos, dando golpecitos casi como aplausos, mientras vigilaba con ojos de águila los juegos lodosos de Tomás.&lt;br /&gt;- Naaaj –lanzó una mano con desdén- Esaj cosas son pa’ gente fofa. A mí me han recomendao un jotel por las afueraj de aquí, se llama “La Eternidad”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tibisai se sonrojó como si le hubiese explotado un pote de rubor encima, incluso su pecho abotonó la sangre y la dejó ver a través de su blanquísima piel, cuidada a base de interminables cremas de esas que se piden por catálogo. Seguidamente peló los ojos, reprendiendo con la mirada la credulidad de su marido y siguió “aplaudiendo” las arepas y ahogándolas en el sartén inundado de aceite vegetal. De pronto entró llorando Bárbara, a toda velocidad, con la cara sumergida en sus manos, chillando que la dejaran en paz y detrás de ella fueron quedando sus amigas, ralentizando el paso para no irrumpir en la casa ni siquiera rozar la puerta. Tibisai echó una mirada asesina y las tres mocosas salieron corriendo como almas que lleva el diablo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Los hombres son unos perros! –soltó casi a gritos la muchacha, brincando a la cama y dejando a sus padres atónitos, medio preocupados.&lt;br /&gt;- Cosa de carajita… -puntualizó Hermógenes antes de que su esposa lo mandara a hacer algo, sorbiendo el café y metiendo su gran bigote en el líquido caliente, aún echando vapor, colándosele por la nariz y quemándole la lengua de un latigazo. Arrugó la cara y apretó los labios, dejándolos chiquitos y pálidos. Tibisai soltó una risita, divirtiéndose con el rostro de su esposo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La última arepa cayó al fondo amarillento del aceite, los huevos revueltos estaban por quemarse, Don Alton llamó a la puerta y el bufido fue inevitable de parte de Hermógenes, levantándose de su silla medio rota y arrastrando los pies.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-5491877794009131584?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/5491877794009131584/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=5491877794009131584&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5491877794009131584'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5491877794009131584'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/09/besame-el-anon-1ra-parte.html' title='Bésame el Anón - 1ra parte'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TI6XOPtyKNI/AAAAAAAADLA/vXlN1Xp1aY8/s72-c/3744482757_fbbe5405fb_z.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-8863291106493300568</id><published>2010-09-11T00:59:00.004-04:30</published><updated>2010-09-12T16:00:37.699-04:30</updated><title type='text'>"Su piel en la oscuridad" FINAL</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TIsUC8G12gI/AAAAAAAADKo/Bn90QQmIfp0/s1600/Copia+de+39808063.4ZgRzjSc.DarkMan.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 298px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TIsUC8G12gI/AAAAAAAADKo/Bn90QQmIfp0/s400/Copia+de+39808063.4ZgRzjSc.DarkMan.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5515524209372420610" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La curiosidad es un gusto que a veces se paga caro, a mí me costó mis ojos y mucho más que eso. Comprometió mis sentimientos y lanzó mi corazón a un vacío inescrutable más a una dependencia total a mis sentidos restantes. Viví intranquilo muchos años, desestimándome hasta el punto de sentirme inservible. Me sentía como un saltamontes al que le quitan las patas más grandes, arrastrándome por donde otros alcanzan grandes alturas, pidiendo limosnas en corazones ajenos, aceptando cualquier roce afectivo sin chistar. La pobre valoración que me daba era otra forma lastimera de compasión y mientras detesté que otros sintieran lástima por mí, yo era el primero en sentir tan desagradable cosa. Me di cuenta de que yo era el grillete en mis piernas cuando Fátima me obligó a decir la verdad; entonces sentí que mis propias murallas me tapeaban y mis inseguridades me mantenían allí, preso de mi ceguera, pero no la de los ojos, sino la más peligrosa, la ceguera en mi corazón, en mi conciencia, en mi autoestima, la idea enfermiza de conformarme con migajas por creer imposible recibir más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el tiempo dejé de ser un simple muchacho de mandados en el restaurante y pasé a ser asistente de cocina. El negocio fue captando clientela calurosamente, era un progreso efervescente y prometedor, donde la pieza clave, según Marta, era yo. Aún no comprendo cómo es que mi trabajo allí generó un cambio tan significativo, pero el chef no es capaz de servir un plato sin que yo hubiera aprobado la calidad de lo que se prepara en la cocina. Se fían muchísimo de mi olfato y mi gusto, soy su catador oficial, por así decirlo; y además de haber obtenido un puesto dentro del restaurante también mi paga creció, con lo que puedo darle gustos a Mota, la única grieta en mi cochinito de ahorros hasta entonces. Por mi compañera fiel gasto todo el dinero que necesite para sus cuidados y alimentación, mientras que voy ahorrando poco a poco para mi independencia. Ahorro porque en la ceguera no me importa lo estético tanto como a muchos ni lo material. El celular que tengo es uno que hace años no se usa, pero funciona a la perfección, excepto porque se le descarga la batería en siete horas, aunque no me hace falta más. Puedo vestirme con la misma ropa y nadie me dice nada, porque saben que soy ciego, más ignoran que sé que estoy repitiendo la pinta, porque ahora tengo más control sobre mi imagen personal. Es liado, pero aprendes a identificar cada prenda de ropa y si se te hace difícil le guindas un “identificador”, como le llamo yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi vida mejoró cuando pude ahuyentar los fantasmas que me atormentaban, cuando hice a un lado las necesidades necias y empecé a “visualizar” mis prioridades, que fueron calma, organización, ocupación y más actividad social. A esto último hay que agregar que ahora doy charlas en un instituto para ciegos, ayudando a mis muchachos a aceptarse y sacar todo el provecho que puedan de su condición. Sin embargo, aunque aparentemente todo marchaba bien para mí y para la gorda de Mota, porque engordó bastante, aún soportaba el escozor de una herida que permanecía abierta y se iba infectando en silencio. Nunca pude sacarme de la cabeza a Eleonor desde aquella vez que me quedé esperándola varias horas en el parque. Ese día supuse que no quería verme, aunque me parecía una tontería después, pero en su momento lo sentí tan real que lo padecí hasta el punto de perder todo contacto con ella, creyendo que la distancia y una vida nueva eran las mejores elecciones. Quería separarme por completo de mi pasado, ese que se pintaba con una inicial monstruosa –D- y que seguía con un apellido confuso –E-. Diego fue necesario en mi vida para darme cuenta de muchas cosas, pero pensar en Eleonor no me aclaraba nada, mientras muy dentro la requería con urgencia para tener una de esas conversaciones que me refrescaban, que me halagaban cuando la escuchaba reír o soltar ese bufido único de ella las veces que no estaba de acuerdo con lo que le decía. Mi amiga se fue, mi compañera desapareció incluso del mercado y en su vez estaba una señora de actitud pesada, oliendo a monte y sudor, proveniente del campo. Comprar especias pasó a ser trabajo de alguien más, pues me atormentaba ir personalmente, hasta que un día escuché que ella había vuelto tras casi dos años de ausencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que tomé un taxi, pues mi corazón me empujaba cada vez más de prisa, mientras mis nervios me contenían en el camino, diciéndome que me diera vuelta. No sabía qué decirle, varias noches practiqué varias introducciones, pero por más vueltas que le diera a la idea, me sentía un completo tonto, sin excusas para saludarla y pretender que todo seguía igual.  Mota me acompañó después de que casi le suplico al chofer que la aceptara en el auto, haciendo acopio de todo mi poder manipulador y confieso que me valí de mi invidencia para convencerlo. Al bajarme del taxi extendí mi bastón y en el camino varias voces pronunciaron mi nombre con alegría o sorpresa, pero ninguna como la de Eleonor, quien se quedó en silencio cuando me acerqué hasta su &lt;span style="font-style: italic;"&gt;stand&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hace mucho tiempo que no vengo por acá a comprar especias –dije a modo de improvisación, sin esperar a que respondiera pues su mudez me acribillaba contra una pared de culpa y recriminación. Sentí que sería fusilado con palabras de rencor y preguntas, porque en el fondo sé que quien se alejó fui yo, cuando ella más me necesitaba.&lt;br /&gt;Ella mantuvo el silencio y yo me iba quedando sin palabras, sosteniendo el bastón como la primera vez que me habló, con las dos manos en el extremo superior.&lt;br /&gt;- El chico que ahora hace las compras del restaurante me dijo que habías vuelto y… vine a verte.&lt;br /&gt;- Pensé que no te volvería a ver –dijo ella, casi inaudible, dolida, pero con un deje de emoción.&lt;br /&gt;- Pensé lo mismo –temblaba, me daba miedo lo siguiente que dijera, no sabía qué esperar, si su aceptación o su rechazo, algo en mi cuerpo y en mi mente decía que el cariño que nos teníamos estaba invadido de confusión.&lt;br /&gt;- ¿Por qué desapareciste? –su pregunta me cayó encima como mil kilos de presión.&lt;br /&gt;- Fui ese día al parque y te esperé por horas. Nunca llegaste…&lt;br /&gt;- Te llamé varias veces –me interrumpió ella, lavándose la culpa y restregándome la estupidez en la cara- tu teléfono me mandaba al buzón de voz todas las veces. No fui porque pensé que no irías, un presentimiento me dijo que no fuera.&lt;br /&gt;- Un presentimiento me dijo que no te buscara de nuevo –contrapunteé, pero mis palabras se deslizaban fuera de mi boca sabiendo que carecían de lógica, para mi error no había justificación alguna, excepto la ridiculez humana- No sé si lo que hice estuvo bien, pero en el fondo siento que esta distancia fue justo lo que nos hacía falta…&lt;br /&gt;- Habla por ti –me apuñaló, pero ella tenía razón, yo estaba siendo egoísta y quería maquillar mis errores con beneficios bilaterales inexistentes- no sabes cuántas ganas tenía de hablar contigo ese día. Me sentía tan mal que estuve a punto de ir a la clínica a cometer un pecado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus palabras enviaron una oleada de horror que me sacudió en el momento y me crispó. Naturalmente sólo pude preguntar, temiendo que mi curiosidad apareciera en un mal momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Estaba embarazada y no se lo había dicho a mi madre pues estaba aterrada. La única persona en la que pensé fuiste tú, no se me ocurría nadie más. Necesitaba sacarme el miedo y no te tuve allí para eso.&lt;br /&gt;- yo…&lt;br /&gt;- Iba en camino a la clínica –me cortó- cuando recordé que eres ciego y me pregunté a mí misma si yo lo estaba siendo también. El padre de mi hijo se dio a la fuga cuando se lo dije, de hecho me dijo que ese hijo no es suyo y cortó la llamada. Pensé que si cometía ese delito la vida más adelante me lo cobraría y le temo demasiado a Dios…&lt;br /&gt;- Hiciste bien –no supe decir otra cosa, sino esa. Me sentía estúpido, pero fue lo único reconfortante que pudo salir de mi garganta congestionada de emociones.&lt;br /&gt;- Mi madre se echó a llorar cuando se lo dije –continuó ella, como si defendiera un monólogo sin interrupciones, una función única que no debía ser desperdiciada, una función que tenía planificada hace mucho tiempo- Ella me dijo que no teníamos cómo alimentar otra boca, pero aquí estoy, aquí estamos. Nos la hemos arreglado para que funcione, gracias a Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Gracias a Dios” dijo ella y al escucharlo no pude evitar pensar “Gracias a Dios aparecieron el club de lectura, Fátima, Diego, Mota y tú” ¿Debí haberla nombrado primero a ella?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y Cómo se llama? –pregunté, pensando que aplanaría mi camino de vuelta a su aceptación.&lt;br /&gt;-  Se llama Di… -Antes de que acabara de decirlo sonreí con sarcasmo, pensando que la vida si sabe jugarse bromas pesadas y mi mueca la detuvo, interrumpiendo sus palabras con dolor.&lt;br /&gt;- Perdona, es que Diego es un nombre que me trae recuerdos…&lt;br /&gt;- No se llama Diego, se llama Diomar… -me corrigió con molestia.&lt;br /&gt;- Perdona, creo que estoy predispuesto con algunas cosas todavía.&lt;br /&gt;- No importa. ¿Te gusta ese nombre? –Su tono cambió a uno que denotaba duda y diversión, como quien sonríe por pena.&lt;br /&gt;- Me parece un buen nombre…&lt;br /&gt;- Es así porque Dios me enseñó a amar lo que a veces no aceptamos. ¿Lo entiendes? Dios, Amar, Diomar…&lt;br /&gt;- Si –sonreí y escuché un “jum” de su boca como quien asienta con cansancio.&lt;br /&gt;- ¿Lleva nada más tu apellido? –al momento me di cuenta que la pregunta era hiriente, pero se me escapó.&lt;br /&gt;- No, aún no lo he registrado, me siento una mala madre por eso, pero aún guardo la esperanza de que Pancho lo reconozca.&lt;br /&gt;- ¿Y si no?&lt;br /&gt;- Pues me tocará responder que si, que lleva mi apellido nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se me ocurrió ofrecerle mi apellido, pero me pareció imprudente. Callé y ambos guardamos ese silencio incómodo que dice entre líneas que ambos pensamos cosas diferentes. Al rato escuché el quejido de un bebé que se despierta y ella pasó a consolarlo con susurros, mi corazón dio un brinco y ella me preguntó si quería conocerlo, en ese momento supe que nuestra amistad reanudaba sus andanzas y sentí que la alegría me invadía. Acepté. En mis manos estaba un bebé medio dormido, ignorante de lo complejo que es la vida y lo complicados que somos los humanos. Sostuve un ser inocente, hermoso y ligero, sin culpas, sin penas, sin mayor preocupación que el descanso, la alimentación y resguardo del abrazo de su madre, como yo muchas veces necesité las caricias de mi mamá, esas que tanto recuerdo de aquel accidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su piel, blanda y suave, estaba dándome amor sin querer, sin chillar, totalmente cómodo conmigo, aceptándome porque no tenía conceptos de ceguera o visibilidad, enteramente libre de prejuicios, de dudas y miedos. Su piel en la oscuridad era algo reconfortante, la promesa de un bello futuro, posiblemente una excelente persona, alguien a quien pueda el mundo enseñar que más allá de las apariencias hay que escuchar para saber interpretar, hay que sentir para poder opinar, hay que oler y saborear para entender que incluso dentro del sabor más amargo se halla el remedio para la enfermedad, que nuestros problemas son sólo la otra cara de una misma moneda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eché a llorar sin darme cuenta, avergonzado de mí mismo y mis tontos pesares, preocupado por el futuro y la salud de ese bebé que usaba sus deditos para tocarme la barbilla sin afeitar. Supe en ese momento que ese es el amor de Dios, el amor que ignora los errores que cometimos y que nos refugia sin saber si somos homosexuales, madres solteras por error, violadores o curiosos sin remedio. El amor de Dios llegó a mí con su piel en la oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente Eleonor me besó una tarde, tomados de manos, en el parque, conversando como siempre, necesitándonos como nunca, paseando a Diomar en el coche que compré con algo de mis ahorros. Me dijo que fui el único hombre que no la buscó y aceptó por su cuerpo ni por si es bella o fea, simplemente estuve con ella porque me sentía bien y ese bienestar fue mutuo. Mi apellido pasó a ser herencia de Diomar y mis manos desnudas dieron lugar a un anillo en un dedo anular. Ahora tengo una familia, una esposa que me trata como a un hombre ordinario, sin más tratos especiales que ciertas indicaciones; tengo un hijo que no lleva mi sangre, pero lleva, a su cortísima edad de pocas palabras, el orgullo de decir que su padre es el dueño de un restaurante, de esa forma especial en que los niños dicen las cosas que sólo los padres saben traducir -en realidad sigo siendo asistente de cocina, pero uno muy importante-; y tengo a Mota, ya envejecida, lenta y cansada, pero con el mismo amor de siempre, posando su hocico sobre mis manos para que la saque a pasear.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-8863291106493300568?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/8863291106493300568/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=8863291106493300568&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/8863291106493300568'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/8863291106493300568'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/09/su-piel-en-la-oscuridad-final.html' title='&quot;Su piel en la oscuridad&quot; FINAL'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/TIsUC8G12gI/AAAAAAAADKo/Bn90QQmIfp0/s72-c/Copia+de+39808063.4ZgRzjSc.DarkMan.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-8053395426631847570</id><published>2010-09-07T23:00:00.001-04:30</published><updated>2010-09-08T16:50:14.892-04:30</updated><title type='text'>"Su piel en la oscuridad" XIII</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Llegué al parque cerca del medio día, tenía hambre y sed, pero a pesar de la acidez estomacal y la impaciencia, sentía la necesidad de aguardar a que llegara, aunque el clima empezaba a enviarme señales de humedad. La espera se hacía larga, Mota también se inquietaba, la gente pasaba frente a mí como abejas, incontables y cada paso que sentía cerca aceleraba mi corazón, pensando que posiblemente sería ella, pero dejándome colgando tras pasar de largo. Empezaba a sudar y a sentirme mal, sentía frío cuando una niña se detuvo al lado del banco en el que me senté para preguntarme la hora. Me di cuenta que sin siquiera desayunar me había ido a su encuentro y a esas alturas el abandono era la única realidad. Estuve allí por horas, sin saber a dónde ir, sin pensar que en el restaurante preguntarían por mí y mi ausencia seguramente me descontaría un día no laborado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé cómo pasaron tantas horas esperando ni cómo el tiempo transcurrió insensiblemente, mi teléfono se hallaba descargado y todas las llamadas caían directamente al buzón de voz. Intenté una llamada, pero recordé que la batería estaba muerta, por lo que me levanté y desfallecieron mis piernas. Tenía fiebre y aún así, aunque mi cuerpo enviaba alertas, mi mente parecía suspendida, con órdenes estrictas de sostener la correa de Mota con fuerza y al mismo tiempo mi bastón de la misma manera, para poder levantarme del sueño y empezar a caminar de vuelta al apartamento con los pasos contados y los cruces calculados. Fue como transportarme instantáneamente de un lugar a otro, pues en la oscuridad la distancia no es visible y sólo el cansancio me muestra qué tan lejos he llegado cada día. En la oscuridad la enfermedad no me arrastra, no puedo dejar que así sea. Mientras que algunos pueden dejar de caminar por un dolor en una rodilla, yo me veo obligado a avanzar y mi cuerpo sabe eso mejor que yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llamar el ascensor para llegar al fin al apartamento una voz me detuvo, las puertas de la máquina se cerraron y el sonido que marca cada piso alcanzado marcaba ya el primero, dejando en claro que me quedé abajo, volteando para recibir a la persona que me llamó. Fátima me alcanzó y me vio con mal semblante, acarició mi rostro y posó sus manos sobre mi cuello, me diagnosticó una fiebre hirviente, me quitó a mota y el bastón, tomó mi mano y me arrastró hasta el otro ascensor, enfadada, preocupada, con la respiración agitada. Me dijo que había pasado toda la mañana buscándome e intentando, sin frutos que contestara mi celular. Me llevó al apartamento de la manera en que años atrás jamás me hubiera permitido, volviendo a la dependencia, a la incapacidad. Me lanzó en la cama y me dio a tomar una pastilla junto con un vaso con agua, me dijo que descansara y que al despertar le pidiera disculpas a la señora Marta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ese tipo, que te llevó a su casa estuvo llamando aquí –me dijo, su voz venía desde la puerta de la habitación. Su tono de voz me decía que algo la molestaba, la preocupaba.&lt;br /&gt;- Me ha traído de vuelta, quizá quería saber si había llegado bien –contesté, omitiendo palabras para no mentir, pues en el fondo sentía ganas de decir lo que había sucedido, pero sabía que no era lo mejor.&lt;br /&gt;- Pues me ha pedido que te diga que le devuelvas la llamada –apuntó con severidad.&lt;br /&gt;- Gracias… -bajé la cabeza, acariciaba a Mota con lentitud entre las orejas.&lt;br /&gt;- La forma en que haces cariños a Mota es la misma de cuando estás nervioso o confundido. Estás pensando en algo y no me lo quieres decir ¿ha sucedido algo que yo deba saber?&lt;br /&gt;- Por Dios, Fátima –disimulé molestarme- ¿No crees que si hubiese pasado algo malo ya te lo habría dicho? Eres la única persona a la que cuento todas mis cosas, eres como mi espejo.&lt;br /&gt;- Precisamente, te conozco mejor que nadie, mucho más que tus padres. –Se acercó a mí, pues ella sabe que es una forma infalible de ablandarme- Sé que algo te acongoja y no me lo quieres decir. Hoy no has ido a trabajar, Marta me preguntó por ti, le dije que te sentías mal y que se te había olvidado avisarle. Te has ido no sé a dónde y vuelves con fiebre sin haber desayunado por lo menos. ¡Dejaste tu billetera aquí y ni siquiera cargas un centavo! ¿Qué está pasando contigo?&lt;br /&gt;- Esa es la misma pregunta que todos los días me hago…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mota sintió la tensión que se gestaba en mi habitación, Fátima estaba de pie frente a mí, oliendo a calle, irradiando el calor que había cogido en la calle, preocupada por mí; y sé que sólo quería ayudarme, pero en mi posición “ayuda” era una palabra que sólo Dios sabía definir, porque para todos los lados lo que veía venir era acusaciones, ignorancia, la oportunidad perfecta para sentirme aún más incomprendido, haciendo del silencio mi único escudo, pues la verdad, dicha en voz alta, parecía más aberrante que mis propios sueños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Sabías que ese a tal Diego le gustan los hombres? –preguntó de pronto, paralizándome, quitándome la última bocanada de aire de los pulmones, como si me arrebataran las sábanas al dormir. Mota terminó de irse del cuarto, mis lentes se me deslizaban y yo no hacía nada para reubicarlos bien, mis ojos iban quedando al descubierto, lo blancuzco de mi realidad iba saliendo a flote y lo que antes era borroso y confuso en ese momento se convirtió en un desastre de escombros y polvo, tras el derrumbe de la única muralla que me brindaba seguridad.&lt;br /&gt;- N-no… no lo sabía –el tartamudeo parecía burlarse de mí y mi frágil conciencia.&lt;br /&gt;- Hace tiempo, cuando empezaste a ir al club de lectura, lo supe de la boca de la recepcionista. Supuestamente ese tipo se había ido al extranjero tras quedar irresoluta una demanda en su contra en la que se denunciaba el abuso sexual a un menor de edad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus palabras me atravesaban como dagas, el destino se pintaba más amable que de costumbre, el aire volvía a mis pulmones y el alivio de salir “ileso” me iba rescatando lentamente después de quedar lapidado en mis propios escombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No sé qué ocurrió en la casa de ese tipo estando tú allá –continuó ella, hiriéndome aún más, a pesar de estarme sacando, piedra tras piedra, de aquel derrumbe- pero si ese hombre te hizo daño necesito que me lo digas. Necesito que me digas la verdad.&lt;br /&gt;- No sucedió nada lamentable –dije, temblando, sin poder contener la impotencia. Las dudas fueron tomando forma de lágrimas y una sensación de suciedad se fue apoderando de mi conciencia.&lt;br /&gt;- No hace falta que me lo digas todo, sé que no es cómodo. No te juzgaré si sientes algo por un hombre, pero es urgente y necesario que te alejes de ese tal Daniel…&lt;br /&gt;- Diego –la corregí.&lt;br /&gt;- El nombre es lo de menos –me atajó, como cortándome la lengua y todas las ganas de opinar- No eres el primer caso de invidencia que trato, pero eres el más especial para mí por razones que desconozco. Aprendí a quererte y sentirte como parte de mi familia. Casi siento que puedo leerte la mente, sé que te inquieta tu sexualidad, tus sentimientos, que quieres enamorarte, que necesitas vivir lo que es eso, pero no te equivoques, no te dejes llevar por la primera mano que te extiendan. Ese tipo es un buen manipulador y tú eras el blanco perfecto. Ten paciencia, con el tiempo conseguirás alguien que te quiera de verdad.&lt;br /&gt;- ¿Tiempo? ¿TIEMPO? Me estás pidiendo que tenga más paciencia de la que mi inseguridad puede darme. –Mis palabras salían escupidas con amargura, el hambre aumentaba mi frustración y las ganas latentes de mi cuerpo para desmayarse me iban consumiendo- ¿QUIÉN CARAJO SE VA A INTERESAR EN UN CIEGO? ¿QUIÉN VA A HACERME SENTIR VIVO? ¿CUÁNTO TIEMPO TENDRÉ QUE ESPERAR PARA QUE ESO SUCEDA? ¡Maldita sea el tiempo y la lástima que sienten por mí!&lt;br /&gt;- YO NO SIENTO LÁSTIMA POR TI PORQUE SEAS CIEGO… -mi corazón cayó como una piedra hasta mis plexo solar- siento lástima por el hecho de que te rindas… y al mismo tiempo siento compasión e impotencia, porque no sé cómo hacerte sentir mejor, porque no te puedo asegurar cuándo encontrarás la persona que tanto esperas.&lt;br /&gt;- ¡No vengas con palabras bonitas, Fátima! Tú no has tenido sueños lascivos en los que siempre eres un niño mientras que las otras personas son maduras, atractivas, completas. Tú no sientes asco de tu propia imaginación, el morbo despreciable que me despierta día a día con ganas de quitarme la cabeza. Tú no te sientes mal porque puedes verte al espejo, puedes mirar y disfrutar de las personas, puedes compartir sin limitaciones con tus amigos, puedes amar a tus familiares sin ir olvidando cómo lucían. Puedes coquetear si te da la gana, puedes vestirte sola y saber si te ves bien o no, puedes sentirte segura de ti misma porque puedes constatar lo que tu mente desea. Yo tengo que conformarme con imaginar y la imaginación se me está apagando.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-8053395426631847570?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/8053395426631847570/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=8053395426631847570&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/8053395426631847570'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/8053395426631847570'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/09/su-piel-en-la-oscuridad-xiii.html' title='&quot;Su piel en la oscuridad&quot; XIII'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-4984896715299602953</id><published>2010-08-30T02:13:00.000-04:30</published><updated>2010-08-30T02:41:12.500-04:30</updated><title type='text'>"Su piel en la oscuridad" XII</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sentí sueño pasadas como dos horas y me prestó su cama, diciendo que dormiría en el sofá, pero sentía su presencia a pocos pasos, vigilándome sin poderse alejar, cazando el mejor momento para volver a atacarme como un vampiro en la noche, sediento. Le dije que no necesitaba que esperara a que durmiera y se sorprendió, sentándose de nuevo en la cama, instalándose para hablar, pero no contuvo las manos y yo dejé de luchar por protegerme, mi cuerpo estaba loco, no controlaba nada de mí, ni siquiera mis pensamientos. Dejé que continuara y sentía miedo, temía arrepentirme una vez que no hubiera vuelta atrás. Tenía tantos sentimientos dándome manotazos y tomando mi cordura a pedazos, mi piel empezó a electrocutarse como en esos sueños y con ella se fue soltando la ropa, se fue por completo mi lógica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él me guiaba en la oscuridad, enseñándome nuevos lugares, sensaciones que no había sentido antes, revivió toda la curiosidad que se vio censurada aquella vez que fui sorprendido por mi padre. Correspondí sus estímulos, pero me sentía estúpido repitiendo todo lo que me hacía. Aumentamos la velocidad, los músculos se tensaban, sentí su calor sobre mí y respiraba profundo para soportar la locura que me poseía, hasta que sus labios por fin tocaron los míos y me embargó una oleada de calma y miedo que me emocionó, preguntándome qué pasaría después de todo eso, deseando que no fuera el primero y último beso que mis labios recibieran, raspándose su barba como un sepillo que me hacía moverme al compás de sus agites.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis piernas parecían desaparecer en la cama, la sensación de ligereza y de electricidad me brindaban cierto hormigueo que me inducía a la rendición, hasta que intentó lo que debería suceder entre un hombre y una mujer naturalmente por la vía que no era. De pronto me paralicé y conmigo se petrificó él también, sabíamos que no podíamos hacer eso, al menos yo no podía. Me confundí tanto que eché mi cabeza a un lado y respiré, mientras que él se retiraba hasta el baño, perdiendo yo la erección, cubriéndome con la sábana, asqueado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dijo que podría llevarme a mi apartamento en ese mismo momento si yo así lo quería, pero sería estúpido tomar carretera a esas horas. Su voz denotaba frustración, pero más que eso fastidio. Me sentí, de momento, un objeto, la forma más fácil que él consiguió para obtener placer, quizá el morbo de seducir a un inocente. Me llené de rabia, las manos me temblaban empuñadas debajo de la sábana, desnudo, utilizado. Recordé entonces la vez en que Eleonor, sentada conmigo en un banco del parque se echó a llorar, contándome que se enteró de que había quedado embarazada por culpa de una noche de esas, ilusionada con que se preñó de amor, hasta que el responsable huyó ese mismo día, después de que lo llamara para darle la noticia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentí que algo me conectaba a ella, algo nos colocaba en iguales condiciones, obsesionados ambos por ser amados, por miedo a la soledad, cargando con nosotros esa mala compañera, quejumbrosos. Amaneció y Diego cumplió con llevarme hasta mi apartamento, donde Mota me recibió con tanta alegría que me puse a llorar, aún sintiendo sus manos deslizarse por mi cuerpo, cuando él ya no estaba. Fátima me preguntó qué había pasado; le dije que me sentía mal por Mota, que me daba pena pensar que lo condenaron a cuidar a alguien que no quiere cuidarse a si mismo. Fátima me hizo tomar asiento y me dijo que me imaginara la cosa más bella que pudiera. Pensé en el abrazo de mi madre y sé que ella lo predeciría, así que me abrazó y me dijo que la cosa más bella sobre el planeta es el amor y que éste empieza cuando necesitamos algo para sentirnos bien. Seguidamente me hizo pensar qué sería lo que quisiera hacer más; le dije que desearía conversar con mi amiga Eleonor porque ella siempre me escucha y me toma de la mano con mucho cariño. Ahí soltó una risa y me dijo que amarse a si mismo es cuidar de esos intereses que te anclan a esta vida, amarse a si mismo es darse valor aunque los demás no nos lo den. Pensé en Diego, en su vil deseo egoísta de satisfacción y al mismo tiempo Eleonor ocupaba un puesto en mi mente, porque no me exigía que estuviera a su lado, sino que me hacía entender que lo necesitaba, que lo disfrutaba, no se aprovechaba de mí, sino que me brindaba una alegría silenciosa que gota a gota fue formando esa misma necesidad en mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dormí un rato más, pues me sentía cansado y al despertar llamé a Eleonor, citándola de nuevo al parque, insistiendo para que aceptara, pues no estaba de ánimos, andaba derrotada. Le dije que ambos lo necesitábamos, el teléfono quedó colgando en un silencio meditabundo y cedió. Concretamos la cita para vernos en la tarde del día siguiente mientras yo sentía que estaba a punto de darme cuenta de algo que ignoré todo ese tiempo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-4984896715299602953?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/4984896715299602953/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=4984896715299602953&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/4984896715299602953'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/4984896715299602953'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/08/su-piel-en-la-oscuridad-xii.html' title='&quot;Su piel en la oscuridad&quot; XII'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-5098304188256915624</id><published>2010-08-16T19:05:00.001-04:30</published><updated>2010-08-17T01:38:41.752-04:30</updated><title type='text'>"Su piel en la oscuridad" XI</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mis nervios estaban diluyendo los efectos del alcohol, mis amigos reían borrachos, contentos por la ocasión, escupiendo carcajadas a causa de chistes tontos, mientras me imaginaba a Mota, sentado frente a la puerta esperándome, sin entender por qué me fui sin él fuera de lo acostumbrado. Mi cuerpo no respondía correctamente a mis deseos, mi torpeza nublaba mi mente y bloqueaba todo lo que había aprendido para defenderme solo, prácticamente volví al pasado, cuando dependía de una mano guía para poder caminar. La mano que me sostuvo todo ese tiempo estaba tibia y me tomaba con fuerza, como quien reclama un premio. Diego me llevaba con cierta prisa, Atila hizo que su auto pitara, seguramente con un control, sonó seguidamente un golpe ahogado dentro de sus puertas y con eso Carmen y Cecilia entraron, lanzando las puertas al cerrarlas, riéndose de otro chiste barato y malo de esos que te llegan al celular si envías un mensaje con un código.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi mente nadaba en dudas y en esas mismas interrogantes flotaba una inquietud, una insatisfacción extraña que por un lado disfrutaba de lo que sucedía, pero por otro me hacía sentir incómodo. No fue así como me imaginé que el tan esperado “acercamiento” llegaría. Tenía deseos de que fuera más sutil, más lento, tímido quizá. Lo que obtuve fue distinto, fue directo, tajante, el hombre que despertaba en mí llamaradas estaba despertando más miedo que alegría. Luego sonó el auto de Diego, me montaron en el asiento copiloto y Miriam se dispuso atrás. Incluso dejé mi bastón y me sentía desarmado, tampoco llevaba mi billetera y no recuerdo dónde llevaba el celular, pero a la mañana siguiente apareció tirado en el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una hora en carretera nos tomó para llegar hasta mi ciudad natal, pensé en mis padres, en si estarían pensando en mí también, me olvidé de mota, de mi bastón y de pronto también de mis progenitores, cuando la voz de Diego despedía a Miriam, quien se bajó del carro despidiéndose de mí repetidas veces hasta que conseguí caer en cuenta y corresponderle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Todo bien? –me preguntó ella, asomada por la ventana de mi lado, entrando por ahí un aire más caliente que invadía mi rostro y hacía contraste con mis manos heladas.&lt;br /&gt;- Si, si –dije titubeando- es el alcohol creo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella echó a reír mientras caminaba hasta su residencia y Diego subió el vidrio que me separaba y al mismo tiempo me conectaba con la realidad, aquel encierro en su auto era como viajar de nuevo en uno de esos sueños olvidados, donde mi figura era una mancha en el espacio o un niño avergonzado e impotente, un sueño donde yo no era más que un testigo queriendo ser protagonista, sólo que ahora yo era el protagonista y mi cuerpo reaccionaba a estímulos reales, pero otra vez me perdí en la confusión, preguntándome si en realidad yo era apuesto o no, qué veía la gente en mí, cómo soy. Antiguos miedos tocaron mi puerta y el reproductor de música echó a andar, brindándonos jazz, a modo de música para ambientar aquel momento que parecía detenernos en el espacio-tiempo, metidos en una nave espacial que respeta las señales de tránsito rumbo a la luna, mientras su mano derecha acariciaba mi pierna como diciendo que todo iba a estar bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos a su casa en dos minutos, las calles estaban despejadas y andar en carro era como volar. Me dio la bienvenida a su “humilde hogar”. Me sentía como un ciervo en temporada de caza, estaba entrando en su territorio, donde tendría todo el control, sus manos alcanzaron las mías y empezó a hablarme en un tono más bajo, como una suerte de voz romántica que pretendía desnudar mi alma diciendo “verdades”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cuando te vi en la biblioteca, sentado con tu perro al lado y tus lentes oscuros puestos me dolió pensar que fueras ciego –me dijo, sosteniéndome casi como los protagonistas de las películas cuando piden matrimonio. No sabía qué decir ni qué pensar, muchas ideas se me venían a la mente- porque algo me decía que eras especial y que tenía que conocerte, me acerqué a ti y tu cuerpo me enseñó lo que tus labios no pronunciaban.&lt;br /&gt;- ¿Qué palabras eran esas? –pregunté, totalmente confundido, hablando por hablar, sin terminar de sentirme cómodo, todo era nuevo, perturbador. Yo quería encajar en aquel momento, pero Diego me abordó con tal despreocupación que sólo logró que me nublara.&lt;br /&gt;- Palabras que no deben ser pronunciadas, que se guardan para participar en un juego donde el silencio es el dado y las miradas las fichas con las que nos acercamos a la meta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus palabras parecían premeditadas, tenía buena labia, perfectas para un discurso improvisado, pero aquello no era más que circo de títeres con voces dobladas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me parece que si, no todo tiene que ser dicho, en el silencio mantienen su magia.&lt;br /&gt;- ¡Exacto! Tú y yo hemos compartir poco –“muy poco” pensé-, pero la atracción que existe entre tú y yo es inevitable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me sentía como víctima de las ventas telefónicas, de esas que te ofrecen mil maravillas y paquetes súper-económicos de vacaciones, todo parecía muy bonito para ser cierto, honesto. De la nada sus manos siguieron tocándome, intentando traspasar la barrera de la ropa, acariciándome por debajo de las mangas de mi franela, me susurraba cosas como “Me gustas mucho”. Eran tantas señales juntas que colapsaban mi entendimiento. No hubo tiempo para sentir si de verdad necesitábamos esas caricias, simplemente llegaron, o él las inició, como si por largo tiempo lo estuviéramos esperando. Si lo esperaba, mi cuerpo reaccionaba pero mi mente estaba en otro lado, intentando aceptar todo, pero no, no podía aceptarlo, estaba mal, no era como lo esperaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Siéntete cómodo ya vuelvo –me dijo, sonando a sarcasmo ante mi completa incomodidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron pocos minutos hasta que volvió, me dijo que pasara al cuarto, que se fumaría un cigarrillo. Me condujo hasta el lugar y el olor a gas del encendedor llegó a mí junto con el sonido de la rosca que libera la chispa. El humo continuó y sus zapatos cayeron al suelo con descuido, tirándolos fuera de la cama sobre la que me senté en una esquina. Sin embargo él me empujaba a relajarme y yo me contenía, queriendo, pero sin poder. Se quitó la camisa, disculpándose conmigo, pero con toda la intensión de provocarme. Caí sin culpa en la tentación y mi pantalón delató mi excitación, despertando una sonrisa -casi audible- en Diego junto con unas palabras de consuelo, invitándome a no sentir pena “de lo normal”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó a hablarme de sus defectos, impurezas falsas que no le pertenecían, mintiéndome para hacerme sentir mejor, fingiendo ser torpe cuando se enamora y olvidar los nombres con facilidad. Me dijo que no ocultara mi erección con la almohada, que no había nada mal con eso y tomó mi mano, mostrándome que él también era víctima de la piel. Cual quemadura accidental retiré mi mano con violencia y me puse de pie, él también se levantó haciendo rechinar la madera con un sonido ahogado y el silencio nos amordazó. Intentó quitarme los lentes y le pedí que me los dejara, respetó esa petición pero avanzó hacia mi ropa, pensando tal vez que el vino me haría una presa fácil, pero mi voluntad se resistía. La incomodidad pasó a tomarnos a los dos y para disimular me ofreció un vaso con agua, el cual acepté. Mi corazón latía con fuerza y mis manos no dejaban de acariciar el cristal, jugando con la humedad que se filtraba por el mismo para canalizar la ansiedad.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-5098304188256915624?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/5098304188256915624/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=5098304188256915624&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5098304188256915624'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5098304188256915624'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/08/su-piel-en-la-oscuridad-xi.html' title='&quot;Su piel en la oscuridad&quot; XI'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-2007297171976447949</id><published>2010-07-30T03:07:00.001-04:30</published><updated>2010-07-30T19:24:03.341-04:30</updated><title type='text'>"Su piel en la oscuridad" X</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me volví un experto con las compras en el mercado, un sitio inusual por cierto, ya que liga a la ciudad con los barrios, es la viva huella del crecimiento poblacional y la invasión de tecnologías, la típica división absurda entre la clase pobre y la clase alta-media que conviven como vecinos bajo la idea de dos mundos separados, cuando en realidad son uno solo. Prácticamente todos los vendedores me conocen ahora y no hay día que no me saluden casi a gritos, mientras paso lentamente “barriendo” la zona con mi bastón, buscando obstáculos en el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin darme cuenta he ido cambiando el mundo a mi alrededor, sin quererlo siquiera. En el mercado los pasillos son más limpios ahora, ya que los vendedores procuran tenerlos limpios para mí. Si antes me sentía un poco solo, ahora no tengo ni tiempo ni lugar para sentirlo, mis rutas son las mismas, en cuatro lugares siempre me pueden encontrar. El apartamento, la cocina del restaurante de Marta, el mercado y el parque. Sin embargo, una pequeñita braza seguía molestándome debajo de la ropa, debajo de la piel, una mínima molestia que permanecía en mi zapato, por así decirlo, como la piedra que no quiere salir. Antes no me lo explicaba, no sabía cuál era la fuente de la insatisfacción. No lo supe hasta que recibí la llamada de Amanda, diciéndome que después de aquél día, en que la llamé, quedó picada, con las ganas de verme y que por eso había acordado con el resto del grupo de lectura irme a visitar, para aprovechar y llevarme su más última adquisición: otro libro adaptado al sistema braille de lectura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡te va a encantar! –me dijo casi excitada, sin poder contener la emoción, quizá por sentirse generosa por el regalo y merecedora de las todas las bendiciones que la vida le pudiera dar a las personas así.&lt;br /&gt;- ¿Cuál es el libro? –pregunté, esperando que no fuera otro de esos libros de época donde los cantos y la redacción heroica son el noventa por ciento del contenido.&lt;br /&gt;- ¡No te lo voy a decir! –Risas- ¿No te das cuenta de que es una sorpresa? No lo sería si te lo digo.&lt;br /&gt;- Por supuesto, -dejé caer una mueca de resignación, relajando los hombros y exhalando. – Pero dime al menos quiénes vendrán.&lt;br /&gt;- Esa es otra sorpresa –dijo conteniendo la risa con esas pequeñas bocanadas de aire que se le escapan a las personas cuando tienen todas las carcajadas embotelladas en la boca haciendo pucheros de gozo- Sólo sé que te vas a alegrar mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día tan esperado llegó, Mota parecía advertido y se dispuso a esperar en la puerta, sentado con toda la serenidad que lo caracteriza cuando estoy presente, una vez que había escuchado el timbre del ascensor al abrir. No le permití ladridos, dejé el sillón y me quedé de pie delante de él. El timbre de mi apartamento sonó y se escuchaban unos cuantos “Shhh”, una especie de susurros que indican silencio, a lo que respondieron varias voces que murieron en el aire, ahogadas por respiraciones agitadas, carcajadas aguantadas y alguno que otro sonido en el suelo por sus pies. Mota se levantó meneando la cola, la cual choca contra sus piernas traseras, mi bastón midió la distancia entre mí y la puerta y mi mano alcanzó el pomo siguiendo la pequeña brecha entre el marco y la puerta. Cuando la puerta encontró mi pecho gritaron “¡Sorpresa!” desde el otro lado. Varias voces al mismo tiempo me confundían pero la más chillona de todas era indiscutiblemente la de Amanda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No les cuento lo que pasó después con todos los detalles porque es fácil imaginar lo que sucede cuando te sorprenden con una fiesta sorpresa, por ejemplo, todos se te acercan, te abrazan, te felicitan o te dicen algo motivador, te dan obsequios y todo lo demás es predecible. Lo que no es predecible es que alguien huela peculiarmente y se note su presencia por sobre las demás, como un enorme anuncio amarillo y rojo en la distancia, como un concierto de rock al lado de un monasterio budista. El perfume era fuerte, era como una enorme ola chocando en mi rostro sin piedad, arrastrando vestigios de un naufragio olvidado, o casi en el olvido. Uno a uno me fueron estrechando los visitantes. Miriam, Atila, Carmen y Cecilia fueron entrando al apartamento rápidamente, pero alguien seguía respirando del otro lado, quizá sonriendo con picardía y gozo, sosteniendo en manos el regalo, porque nadie me dio nada al pasar, más que palabras de buena impresión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El olor me era conocido, pero mi mente estaba nublada, era poco común lo que allí pasaba, sé que la idea de fondo era que me sorprendieran, pero no salía de mi estupefacción hasta que Amanda, al parecer la que llevaba cierto rol de líder- dijo su nombre y lo invitaba a pasar de una buena vez y darme el regalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Diego? –pregunté sin mucha intención, dándome cuenta de que las palabras se me escapaban, las dudas se reanudaban y por mis piernas subía una corriente de algo extraño, lleno de emoción y miedo.&lt;br /&gt;- ¿Esperabas a alguien más? –me respondió él con su voz áspera e inundando mis fosas nasales de nuevo con su olor, como si mi cuerpo necesitara esa nueva bocanada de información para poderlo asimilar, devolviéndome las sensaciones de su cara en mis manos, de sus manos en las mías, de su cercanía conmigo y sus palabras lentas e incisivas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su cuerpo no movió ni un dedo, pero su mente estaba penetrando todo mi espacio personal, todo yo parecía invadido por su aura y mi carne reaccionaba a eso, se me erizaron los vellos en los brazos y en la nuca. La cúspide fue un paso, una simple pisada que lo adelantó unos centímetros a mí. Fue un paso rechinante de esos que tanto me despertaban, arrancándome de mis pesadillas y sumergiéndome en otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sé que reconoces mis pasos y por eso uso los mismos zapatos hoy –dijo con cierto coge en sus palabras, un poco de ansiedad se le filtraba entre sílabas y sus manos alcanzaron las mías, dándome un libro envuelto en papel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomé el libro con las manos sudando, mi cuerpo parecía actuar independiente a mis órdenes, Mota se distraía con la visita dentro y el marco de la puerta era lo único que me separaba de aquella presencia que parecía aplastarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Toma bien el libro, debajo de tu ombligo –me dijo Diego, rozando sus labios en mi oreja izquierda, haciéndome sentir que mis lentes oscuros se quebrarían y mi ropa desaparecería- para que no noten el pantalón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus palabras me dolieron y me tuve asco por un momento, sin poder responderme cuándo mi pene pasó a estar erecto. La vergüenza ahora bajaba por mis hombros, descendía por mi plexo solar, continuaba por mis muslos y ya en los pies amenazaba con desplomarme. Respirar me costaba, sentía que todos ya se habían dado cuenta, pero según se comportaban el mensaje era otro: estaban felicites d estar allí y sólo querían conversar, tomar tragos y develar por fin cuál era el libro. De buenas a primeras abrí el regalo para distraer sus miradas y evitar a toda costa que miraran mi cremallera levantada, al menos hasta que la presión sanguínea mermara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Drácula” de Bram Stoker fue mi regalo, un libro también viejísimo, pero esta vez un poco más refrescante, nada épico, simplemente ficción, exquisita ficción que hizo puentes para mi mente poder conectarse con otro mundo, lleno de formas y personalidades nuevas, todo un mundo abstracto con todas esas descripciones que me obligaban a preguntar una y otra vez “qué significa tal y tal cosa”. Extrañamente, las historias que pasan por las yemas de mis dedos tienen cierta relación indirecta con mis vivencias, estableciendo una relación entre mis “entonces” con la ficción. Cuando leo parece ser que leyera entre líneas una suerte metafórica de mi biografía nunca publicada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día se convirtió en noche, entre risas, chismes, cuentos que iban y venían, anécdotas más que todo, nervios, sudor, la presencia de Diego que me ahogaba y los monólogos de Amanda que parecían no acabar, hasta que saltaba Atila a contarnos las travesuras de su sobrina, para entonces su casi-hija. El vino hizo efecto en la tercera ronda y mis venas no soportaban más dosis de masoquismo, era mi primera borrachera, destinada a apartar mis miedos y soltar un poco mi lengua sin tanta represión. Lo que continuó menos mal que nadie lo recuerda, al menos eso dicen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo si lo recuerdo todo, no sé por qué, no quisiera recordarlo, pero el hecho es que si, y aún permanece fresca en mi mente la sensación de su mano derecha tomando mi izquierda, sentado a mi lado, acariciando con el pulgar el reverso de mi mano, jugueteando con los tendones marcados debajo de mi piel, con mis nudillos, con mis uñas y con mis emociones. ¿Cuál sería su excusa al amanecer? ¿Alcohol? Era despiadada la vida conmigo, echaba al azar todo mi destino y por el inodoro se iba alguien dando vueltas en ese torbellino asqueroso de agua y restos, sin darme cuenta quién. Olvidaba a alguien importante y allanaban ese espacio sin piedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi cuerpo reaccionó, mi mente se bloqueó, todos reían como drogados, sin razón alguna para reír, pero algo que no sé qué era los mantenía pelando los dientes y soltando carcajadas por varios minutos, que casi confundo con burlas malvadas. Diego se levantó y jaló de mi, conduciéndome hasta la puerta y después el ascensor, su voz decía cosas que no entendía, mis temores, mis pesadillas parecían tomar cuerpo y su olor a sobriedad me irritaba, me molestaba, me hacía sentir manipulado, pero en el fondo me gustaba, sentía que todas mis sospechas eran ciertas y en algo me calmaba. Aún así el futuro próximo me aterraba hasta los huesos, su voz llamando a los demás parecía darle fin al sufrimiento, pero cuando me di cuenta de que estaba entre todos mis visitantes, apretados en el ascensor, era demasiado tarde para desear volver. Fátima estaba enterada de que me iría con ellos y sólo Dios sabía qué pasaría con nosotros.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-2007297171976447949?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/2007297171976447949/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=2007297171976447949&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/2007297171976447949'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/2007297171976447949'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/07/su-piel-en-la-oscuridad-x.html' title='&quot;Su piel en la oscuridad&quot; X'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-5215833788707215720</id><published>2010-07-18T23:24:00.002-04:30</published><updated>2010-07-25T18:30:51.658-04:30</updated><title type='text'>"Su piel en la oscuridad" IX</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No podía pensar en más nada que no fuera él y mi obsesiva curiosidad hacia los nuevos sentimientos y las nuevas sensaciones que su piel descubrió para mí. Me estaba volviendo loco sin darme cuenta, metido en el silencio y en la oscuridad creciente de mi ceguera. Mota se daba cuenta de ello, se la pasaba melancólico pidiéndome caricias rozándome el hocico en mis manos laxas, sin voluntad para moverse y corresponder al cariño incondicional de él. Me dejé de afeitar y la poca luz de sol que tocaba mi piel era única y exclusivamente cuando llevaba la basura afuera. Mi padre dejó de aconsejarme que buscara empleo, nos molestábamos y discutíamos a razón de eso, mi madre nunca intervino, sufuriendo, sintiendo más lástima que otra cosa por mí. Lástima es lo último que quiero de las personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso me enviaron a la casa de mi maestra cuando ella nos llamó para decirnos que se mudaba. Vino por mí una tarde, despertándome sin mesura, zarandeándome como si sacudiera la ropa recién lavada, completamente enfurecida, frustrada por el poco progreso que mostraba, después de haber sido una promesa para mi familia, y especialmente para mí. Empacaron mis cosas como si de una evacuación de emergencia se tratara, parecía a las historias que leía donde alguien es buscado para matarlo y se muda para escapar. Recuerdo que respiraba hondo mientras el taxi roncaba, acelerando para que el motor no se apagara. Yo cargaba mis lentes oscuros, mi bastón doblado a la mitad y la mano de mi maestra apretándome mi mano izquierda como diciendo que todo estaría bien. No hice más que guardar silencio, pensando que se quedaba en esa ciudad la única luz que veía al final del túnel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me costó mucho adaptarme al apartamento al que nos mudamos, lo que me costó fue adaptarme a la ciudad, donde la gente abunda como hormigas en guerra y caminan todas a tropel, pero sin formaciones, cada quien de narices en sus propios asuntos, apurados para no llegar tarde al trabajo o para coger el autobús del mediodía, las horas más fuertes de la ciudad. Sin esperar que pasaran muchos días Fátima hizo varias llamadas telefónicas, todas guiadas por lo que encontraba en los clasificados, las cuales terminaban siempre en discusiones y amenazas de hacer que la ley les haga reflexionar por discriminar a un ciego. Lo próximo fue más suave: llamar a amigos que me dieran cualquier empleo de cuarta, tan sólo para empezar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consiguió que me dieran un puesto de “ayudante” en un restaurante. Marta, una amiga de mi maestra, es dueña de un restaurante no muy concurrido pero de buena clientela, tiene un sobrino que es invidente al igual que yo y supo entender mi necesidad, por lo que, incluso aceptando que no tenía puesto para alguien más, abrió un espacio pequeño para colaborar conmigo. Yo sentía que pedía limosna, que mi vida dependía de la buena voluntad de alguien que se condoliera por mi situación, pero una madrugada pensaba en Dios y lo complejas que hace las cosas; me di cuenta que era un oportunidad, por lástima o lo que sea, era una ventana para respirar y mirar mejor mis posibilidades. Aunque, siendo honestos, la realidad es que para un ciego, que no destaca en nada, cualquier empleo es mejor que estar siempre en casa. Mejor dicho, en el apartamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mota llegó a los cuatro días al apartamento, enloqueció al verme, no dejaba de lamerme las manos y chillar, con ese llanto canino que se parece al rechinar de una reja o un columpio. Cuando por fin se calmó pude acariciarlo de nuevo, como antes, quizá refrescado por el aire nuevo de la ciudad. También motivado por mi nuevo empleo, a dos días de empezar. Mis amigos llamaban a veces para saber cómo me iba, y sólo uno fue a visitarme. Las chicas del club de lectura de la biblioteca me enviaron un regalo con Fátima –tres libros en braille- y una carta anexa, en la que me deseaban éxito en mi “nueva vida”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Nueva vida? Si, tal vez sea eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis padres todos los días, a toda hora estaban pendientes de mí, en especial mi madre, que las primeras veces no podía dejar de llorar, se le cortaba la voz a penas me escuchaba y en el fondo la voz de mi padre intentaba calmarla. Fátima sonreía cuando yo hacía una mueca que siempre hago con los labios al preocuparme, y soltaba un bufido de alegría, de esos que parecen anteceder una carcajada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya a punto de cumplir mis veinticinco, a pocas semanas, obtuve mi empleo como “ayudante”. Marta me llevaba al mercado con ella y me pedía que tocara las verduras y frutas. Me ponía a oler el pan, los granos, las especias. Cada cosa destellaba en mi mente como si lanzaran brochazos sobre un lienzo negro que no se ve en la oscuridad. Cada trazo de pintura era algo violento, lleno de olores nuevos, incluso un olor muy típico de ese mercado. Olor a pollos y carne cruda. Mi jefa me hacía cargar las bolas y todo, absolutamente todo lo que comprara me lo daba a tocar y oler, esperando que me grabara cada característica que describiera el buen estado del producto. El sitio vivía repleto de voces y cánticos, cada vendedor tenía su propia publicidad cantada, los olores iban y venían, desde el perfume más dulce hasta el pescado más hediondo. Lo único malo era tener que dejar a Mota en el apartamento, no soportaba pensar que se quedaría solo, sentado frente a la puerta, chillando y rogando para que regresara. Era imposible llevármelo al mercado en el auto de Marta o llevarlo al restaurante para que me acompañara mientras pelaba papas o mientras fregaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La quinta vez que fui al mercado, esta vez solo, conocí a Eleonor, la chica que vendía las especias en bolsitas plásticas, siempre dispuestas en quinientos gramos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Para qué los lentes? –me preguntó ella mientras paseaba mi nariz entre el comino y el ajo molido.&lt;br /&gt;- Para que no vean mis ojos –contesté sin dejar de oler las bolsitas.&lt;br /&gt;- ¿Y qué con eso? –insistió, con cierto aire de rebeldía.&lt;br /&gt;- No es agradable para muchos ver mis ojos blancuzcos –argumenté, dejando a un lado las bolsas y apoyando mis manos sobre el bastón, para denotar más seriedad-, me imagino que parezco un muerto viviente y eso les asusta.&lt;br /&gt;- ¡No digas esas cosas! –se alteró, dolida, intentando ser cordial conmigo para ganarse mi afecto, queriendo disipar mis inseguridades.&lt;br /&gt;- Es lo mismo a que una mujer se pinte el cabello, o se lo planche. Más aún, es parecido a cuando se maquilan para fingir que no son feas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eleonor, parecía incómodo con lo que dije, por el silencio que guardó, pero al mismo tiempo era un espacio de reflexión, aún así me percaté de que se sentía aludida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pues, yo me maquillo, no por ser fea… -apuntó en su defensa.&lt;br /&gt;- Menos mal que no lo he dicho, creo que ya sabes que no puedo ver, así que no lo sé, no me consta.&lt;br /&gt;- Pues algo debes poder ver en las personas, no pareces nuevo en… -sus palabras de alguna forma me incomodaron, no sé por qué.&lt;br /&gt;- Si, no soy ciego desde ayer –la interrumpí con cierta molestia en mi voz, cosa que ella notó y ahogó sus palabras con pena-, puedo captar otras cualidades en las personas, más allá de las estéticas.&lt;br /&gt;- ¿Cómo? –inquirió con la curiosidad de un niño.&lt;br /&gt;- Pues su voz, su cercanía, su olor, los sonidos que haga con las cosas, su forma de caminar. Cualquier detalle que pueda percibir me ayuda a hacerme una idea de las personas.&lt;br /&gt;- ¿Y de mí qué piensas? –siguió preguntando, un tanto divertida, otro tanto dudosa.&lt;br /&gt;- No lo sé explicar, lo que si te puedo decir es que tengo una hora para hacer las compras y necesito un poco de aniz, comino, orégano, onoto…&lt;br /&gt;- Ya sé, necesitas de todo un poco, -me interrumpió, levantándose de su taburete de madera y haciéndolo rechinar- la señora Marta siempre compra lo mismo.&lt;br /&gt;- Perfecto, gracias –dije cuando recibí las cosas que buscaba y había terminado de pagar la cantidad exacta.&lt;br /&gt;- ¿Cuándo vuelves? –me preguntó, despertando ahora en mí la curiosidad, porque alguien nuevo por fin demostraba deseos de conocerme después de la mudansa.&lt;br /&gt;- Pronto, la señora Marta no se cansa de enviarme acá al mercado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eleonor alargó su mano derecha, rozando mis dedos medio apretados sobre el tope del bastón, dándome claras señales de la famosa cortesía del estrechón de manos. Correspondí su gesto y seguido a eso me dijo su nombre más un “mucho gusto”. Su apretón fue más fuerte de lo normal en las mujeres promedio, su seguridad era bastante firme, su firmeza y sus convicciones parecían reptar entre mis dedos y despertar lo que creía dormido cuando abandoné mi casa y me resigné a más nunca volver a ver a Diego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde ese día, volví varias veces al mercado aún sin tener la necesidad de acercarme a ese lugar. Mi parada obligatoria era el puesto de especias y mis conversaciones con ella eran especiales, no muy intelectuales, pero bastante humanas y hermosas. Poco a poco me fui haciendo un hábito que sin querer terminó en llamadas telefónicas y una salida al parque. Inesperadamente un día Eleonor echó a llorar y desde esa vez nuestros lazos se estrecharon más.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-5215833788707215720?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/5215833788707215720/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=5215833788707215720&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5215833788707215720'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5215833788707215720'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/07/su-piel-en-la-oscuridad-ix.html' title='&quot;Su piel en la oscuridad&quot; IX'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-4797470737117584061</id><published>2010-07-10T05:48:00.002-04:30</published><updated>2010-08-17T17:30:51.269-04:30</updated><title type='text'>"Su piel en la oscuridad" VIII</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un día dejé de escuchar los rechinantes pasos que me despertaban, los fantasmas se habían esfumado y parecía más molesto el hecho qde ue no estuvieran. Me había acostumbrado, de hecho, poco a poco fui perdiendo las pesadillas, mi alma se andaba tranquilizando, quizá resignada a lo que me acongojaría de por vida. Dejé de ver niños, dejé de ver personas desnudas, más nunca desperté con las sábanas húmedas por el sudor. Me pareció extraño e inquietante, pero al mismo tiempo era tranquilizador pensar que no tendría que volver a lidiar con esas cosas. Sin embargo, el recuerdo de Diego me invadió y pensé que todo aquel silencio era una señal, quizá un aviso de que ya era hora de buscarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi madre estaba preocupada por mí; pasé días enteros en los que casi por suerte me animaba a probar bocado, me encerré en las lecturas y los desvaríos de un caballero que a leguas vaticinaba luchas con molinos de viento. Me aburrí de Don Quijote y su penoso compañero Sancho Panza, pero era el único texto nuevo que me habían dado, no tenía otro para escapar de esa historia, era difícil que me consiguieran un texto y lo pasaran al braille. El último texto que conseguí lo compró uno de mis amigos por Internet, donde todo parece fácil de encontrar. Después que me deshice de Don Quijote fue que volví a sentir el sol en mi piel, como una lamida ardiente, pellizcando mis brazos y mi cara. Mi padre me había obligado, prácticamente, a que lo acompañara para reparar su carro, un cacharro de veinte años de antigüedad que a estas alturas ya se considera reliquia. Yo sólo giraba la llave y pisaba el acelerador cuando él me lo pedía, del resto, me quedaba escuchar cómo le crujían las piezas y el goteo de aceite y agua que no parecía terminar. Esa tarde fue que decidí volver a la biblioteca. No sin antes hablar con mi padre, por algo importante que él tenía que decirme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Verás hijo –empezó él, con tono tranquilo, ese tono que empleaba cuando yo era un niño y quería chantajearme para que me portara bien- tu madre pasó los cuarenta, casi pisa los cincuenta. Y yo pues…&lt;br /&gt;- Ya pasaste los cincuenta y cinco –terminé por él, agarrándome del volante del carro, totalmente aburrido.&lt;br /&gt;- Exacto. Todas las cosas que has necesitado te las hemos podido dar, gracias a Dios, pero nuestra vida no es eterna. Qué más quisiera yo que estar para ti siempre que lo necesites. Desgraciadamente todos nacemos…&lt;br /&gt;- crecemos, tenemos hijos, los criamos, envejecemos y fallecemos, eso ya me lo has dicho.&lt;br /&gt;- Si, y en vista de que ya eres un hombre que asombrosamente, para ser invidente, te desenvuelves bien solo, considero importante que empieces a buscarte un sustento propio. Esta siempre será tu casa, pero por lo menos trabaja para que puedas pagar tus cosas cuando nosotros ya no podamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus palabras tocaron un botón dentro de mí que no sabía que existía. Seguramente alguna que otra vez llegué a pensar que me tocaría trabajar, pero siendo ciego no me imaginé qué clase de labor tendría. Además, de principio sabía que no sería pan comido obtener un empleo. Sin hermanos, sin hijos, sin pareja, sin tíos ni primos, no cabía la excusa de depender de mi familia. El botón accionó un par de ideas, u opciones, que me crisparon, una visión aún más negativa de mi existencia. Trabajar en lo que sea o convertirme de plano en un parásito humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me fui con la inquietud hasta la biblioteca, Mota me acompañaba como siempre, pero de mala gana. Tuve que interrumpirle su siesta. Hacía frío, la tarde estaba húmeda y el aire iba cargado de mensajes de lluvia, con esa brisa pesada y fresca con que las nubes se anuncian al caer la temperatura. Lamenté haber dejado mi chaqueta en casa, por la prisa y la emoción de poder encontrarme a Diego, para por fin darle respuesta a mis dudas, o aclarar definitivamente que todo era mi confusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta parecía cerrada, no la pude abrir, el lugar carecía de vida humana, todo estaba apagado hasta que una voz, venida desde debajo, al pie de las escaleras, pronunció mi nombre con alta voz. Era la suplente de la encargada de la biblioteca. Pidiendo disculpas, porque tuvo que ausentarse y cerrar la biblioteca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Perdona…&lt;br /&gt;- Está bien, ¿Sabes dónde están las chicas del club de lectura? –pregunté, tomando bien a Mota por la correa, limitando su espacio, para que no olisqueara a la chica.&lt;br /&gt;- Pues ayer estuvieron acá, ¿Se te olvida que los miércoles y viernes son los días en que ustedes se reúnen?&lt;br /&gt;- (¿Miércoles y viernes?) –Pensé, totalmente tomado fuera de lugar- ¿Y qué día es hoy?&lt;br /&gt;- Sábado, de verdad lamento que no estén acá, pero si quieres puedes llamar a una de las chicas, tengo su número anotado por algún lado.&lt;br /&gt;- Perfecto, me parece bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sentí estúpido un buen rato, mientras la paciencia se me agotaba, esperando a que la suplente pasara página tras página de su libreta de anotaciones, un completo desastre de papeles por lo que pude oír. Hasta que al fin dio con el número y me lo leyó. De todas formas me dio un papel con los dígitos escritos, por si los olvidaba. Para mi fortuna, los nombres y los números son las últimas cosas que olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conseguí un teléfono público. Marqué los números guiándome por la tecla del número 5, que siempre tiene un pequeño relieve como una pestaña o un bultito con forma de punto. La línea repicó tres veces, con lentitud de siglos, hasta que la voz de Amanda contestó, dando las buenas tardes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Amanda? –pregunté.&lt;br /&gt;- Si, ella habla, ¿con quién hablo yo? ¿Morocho?&lt;br /&gt;- No, no soy “el morocho”, es Pablo.&lt;br /&gt;- ¡Ay Pablo, disculpa! Tienes la voz idéntica a mi cuñado. Me sorprende escucharte ¿Cómo estás? ¿A qué debo tu llamada?&lt;br /&gt;- Bien gracias, llamaba para preguntarte si…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto me pregunté ¿Qué rayos hago llamando a Amanda? ¿Cuál era el motivo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bien gracias, llamaba para preguntarte si se reunirían este próximo miércoles en la biblioteca.&lt;br /&gt;- Claro, vamos por el capítulo quinto de Don Quijote, te confieso que me he leído ese libro tres veces y esta es mi cuarta –risas-&lt;br /&gt;- Jeje me parece bien, imagino que te gusta mucho –dije, disimulando, cuando la verdad me provocaba colgar.&lt;br /&gt;- Pues si, es exquisito…&lt;br /&gt;- ¿sabes que Diego irá también?&lt;br /&gt;- Pues no lo sé, pero si escuché a alguien decir que volvió a Europa. Lo que no sé es si se fue por unos días o si volvía a su casa.&lt;br /&gt;- ¿A su casa?&lt;br /&gt;- Si, ¿recuerdas que te dijimos que él vivió un tiempo en Europa?&lt;br /&gt;- Por supuesto, es que no me lo esperaba…&lt;br /&gt;- ¿Se hicieron amigos tú y él?&lt;br /&gt;- No, no, no –me puse nervioso, Mota, bostezaba, los carros pitaban, la noticia me tenía inquieto y triste- sólo que me pareció un tipo bastante interesante por eso de haber vivido afuera y todo aquello, como yo nunca he viajado…&lt;br /&gt;- Que pena de verdad.&lt;br /&gt;- Si…&lt;br /&gt;- Bueno Pablo, te voy a dejar porque tengo que salir, voy a que me arreglen las greñas, cuando quieras puedes venir conmigo y así te distraes.&lt;br /&gt;- Está bien, gracias, lo tendré presente. Que tengas feliz tarde.&lt;br /&gt;- Igual tú, precioso. Chao.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Precioso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mota casi se echaba al piso cuando colgué el teléfono y eché a andar, por poco jalándolo como un trapo amarrado a una cuerda. Nos pusimos en marcha y honestamente no pensé en otra cosa que no fuera él.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-4797470737117584061?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/4797470737117584061/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=4797470737117584061&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/4797470737117584061'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/4797470737117584061'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/07/su-piel-en-la-oscuridad-viii.html' title='&quot;Su piel en la oscuridad&quot; VIII'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-7278190853690803978</id><published>2010-07-04T01:25:00.004-04:30</published><updated>2010-08-17T17:29:48.922-04:30</updated><title type='text'>"Su piel en la oscuridad" VII</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En mi piel se reproducía una y otra vez la sensación de sus manos cálidas, en mis dedos quedó grabado su rostro cuadrado de quijada larga con barba espesa y los labios palpitando en mis yemas, como si pronunciara mi nombre dentro del silencio. Mis pensamientos se enredaban en una maraña de dudas y goces, recuerdos que me alteraban, que me inducían a desplomarme, soltar el bastón, dejar todo a un lado y echarme a llorar, totalmente confundido, sumergido en un mar de curiosidades que apuntaban a conocer más a ese hombre, temiendo a admitir que empezaba a gustarme algo que para la mayoría de las personas es tabú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro de mí estaba la explicación adecuada, en mi lengua me quemaban las palabras necesarias, pero sentía demasiado miedo para decirlas o susurrarlas. Yo era conciente de lo que me estaba sucediendo, aunque mi voluntad se rehusara a admitirlo. Aún así pasaron muchos días después de haberlo conocido en la biblioteca, durante los cuales escuché los mismos pasos al despertar, cobrando fuerza, como si se acercaran a mis oídos, avisándole a mi corazón que una batalla se acercaba, que pronto lo tendría cerca, tan cerca como para hacerme temblar al oír su voz, materializando mis miedos inexplicables de un hombre que apareció después de una predicción, o varias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún me cuestiono por qué despertó mi interés, por qué un hombre, por qué sus pasos suenan idénticos a los que me despiertan con la frente sudada y las sábanas húmedas. Pensarlo era un martirio, mientras más lo hacía, más lejos me sentía de cualquier asomo de tranquilidad, cada día sentía ganas de volvérmelo a encontrar, muy a pesar de mis miedos, para seguir tanteando en la oscuridad hasta conseguir sus manos, así una vez más las guiaría hasta su rostro y, como si detuvieran el tiempo, yo podría sentirme seguro y aceptado, tan cerca de su cuerpo que no habría lugar a refugios y escudos mentales, penetrando una zona donde lo más visible son nuestras debilidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, de volverlo a “ver”, temía caer en un círculo vicioso, una especie de trampa, quizá armada por mi mente confundida, una mente llena de necesidades afectivas, llena de carencias y de la esperanza de que alguien pudiera estrecharme hasta su calor y hacerme sentir en casa, seguro, donde las cosas malas no suceden y las angustias no existen, donde los niños no tienen cuerpo de hombre ni erecciones culposas y deseos reprimidos de exploración sexual, en cambio habría consuelo, una voz suave que me dice que todo está bien. Tal cual como cuando mi madre me tomó entre sus brazos mientras mis ojos parecían arder en fuego, alejando todo el dolor y el temor de quedarme ciego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos amigos de cuando estudiábamos en la escuela iban a mi casa, llevándome regalos como el último que recibí, un disco compacto de música clásica y otro con música electrónica “para que descubra el mundo nocturno de la ciudad” según decía la nota que le anexaron y que mi padre leyó. Nos reímos un buen rato, pues yo no sé bailar y en aquel momento la música electrónica era perturbadora, pero al mismo tiempo sus notas me transformaban, como si todas mis células vibraran y mientras más volumen ponía, más frenético mi cuerpo estaba, fuera de toda la paz y el fundamento de una orquesta sinfónica. Fue divertido descubrir esa clase de música, mientras ellos me aupaban, también divertidos por mis movimientos torpes. Mis amigos hablaban de sus aventuras, de la vez cuando casi los atrapa la policía orinando en una plaza, de cuando uno de ellos se emborrachó tanto que vomitó hasta la cena del día anterior. Reían y jamás lo decían, pero sé que al igual que yo, pensaban, quizá con lástima, que esa clase de vivencias difícilmente las podría tener yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más que un amigo que sale con ellos a divertirse, yo sería una carga. Igualmente pasa con sus aventuras amorosas; me hablaban de chicas hermosas y de lo terrible que son algunas mujeres. Me decían que algún día una espléndida mujer se fijaría en mí, me conocería bien y se enamoraría de mis otros atributos, muy a pesar de no poder ver, o tal vez tendría mi propio harem y reíamos, concientes de lo tonto que es fantasear con varias mujeres a la vez; por cierto que hace poco me di cuenta que muchos hombres sueñan con eso, con tener para si dos o más mujeres que los hagan sentir los hombres más hombres, los más suertudos y atractivos. Por mi parte, mis fantasías o, mejor dicho, mis sueños, apuntan a otros horizontes, donde una especie de cristal invisible me separaba de todos los placeres carnales y emocionales, no porque me esté prohibido, sino porque lo veo difícil...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comparando mi vida con la de mis amigos podría decir que es aburrida, que vivo en un encierro sobreprotector que no me permite conocer el mundo con toda su complejidad, no obstante, aunque la vida me haya quitado mucho, también me ha dado mucho. El problema es saber entonces sacar provecho de toda la recompensa de estar ciego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es por las limitadas oportunidades que tenía de experimentar el amor y la comunicación del cuerpo, que era tan tentadora la existencia de Diego en mi vida. Es por eso que era aterrador su recuerdo, por lo que me intrigaba las consecuencias de si decidía darme la oportunidad de conocerlo y de corroborar si sus intenciones conmigo eran más que amistosas. A final de cuentas, para amargura y desdén míos, todo lo que me atormentaba era producto de mis inquietudes, porque él jamás dio una verdadera prueba de interés afectivo para conmigo, todo lo que yo estaba sufriendo era producto de mi mente y de las enormes ganas que tenía por hacer que el amor de alguien callara mis llamados de atención.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-7278190853690803978?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/7278190853690803978/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=7278190853690803978&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/7278190853690803978'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/7278190853690803978'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/07/su-piel-en-la-oscuridad-vii.html' title='&quot;Su piel en la oscuridad&quot; VII'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-8322704885650642529</id><published>2010-06-04T23:11:00.004-04:30</published><updated>2010-09-15T00:14:47.104-04:30</updated><title type='text'>"Su piel en la oscuridad" VI</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Puedo distinguir la forma de caminar de cada persona, es como la voz de cada uno de nosotros, sólo que hay que prestar más atención, hay que reconocer si arrastra o levanta los pies, a qué velocidad se desplaza, qué tan duro se apoya con el talón y qué clase de calzado utiliza. Algunas personas fluctúan en su manera de caminar, a veces tambaleantes, otras veces rectos como disparados. Los olores también sirven para hacerme una idea de la persona que se acerque a mí, pero sin duda es la voz la que me termina de completar el cuadro y de esa manera reconozco a las personas, aunque no siempre atino, algunas oportunidades las personas están tristes o desanimadas y cambian radicalmente algunas características que me sirven de apoyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estando afuera de la biblioteca con Mota sentía que mi corazón intentaba abrir mi pecho, a mi mente venían las imágenes de los sueños, tantas veces que ya era aburrido ver siempre lo mismo, de hecho mis sueños no eran muy variados, siempre eran tres o dos, me obsesioné con la angustia de intentar crear una imagen de mi adultez, con la idea de experimentar en mi cuerpo nuevas sensaciones, para no envidiarle las novias a mis amigos, cada vez que me presentaban una diferente, siendo totalmente capaces de atraer una chica, conseguir un trabajo, salir al cine con los compañeros. Todas esas inquietudes encerraban el poco contenido de mis sueños, casi por completo aislado del mundo, leyendo historias en mi cuarto, antes de que Mota llegara a mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quién sería esa persona de idéntico andar? ¿Quién era el poseedor de mis alucinaciones? Repasé una y otra vez las posibilidades de que dos personas pudieran coincidir en un modo de caminar y en un estilo de calzado, pero me parecía absurdo pensar que era viable la idea. Sin embargo, al mismo tiempo era aún más absurdo creer que al despertar oyera pasos fantasmas. Ese hombre podría haber estado en mi casa ¿Podría? Ningún extraño ha estado en casa en horas tempranas, ni siquiera familiares o amigos de la familia. ¿Entonces estaría enloqueciendo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mi lado Mota esperaba sentada, estábamos a unos pocos metros del local, escogiendo entre irme o volver al sitio, tomar mi asiento de nuevo e intentar conocer a esa persona que, de haberme estado buscando, me consiguió, me alteró y me hizo recordar a todas esas personas desnudas, bailando en esa coreografía sudada y gimiente. La experiencia me hizo volver a esos días en que odiaba mi aspecto infantil en contraste con mi cuerpo maduro de veinticuatro años. Mota empezaba a impacientarse por mi culpa, tenía que guardar la compostura o la perra terminaría asustada y podía ser peligroso para mí andar en la calle con una guía distraída. Respiré hondo y escuché las bisagras de la puerta crujiendo de nuevo, temí que se tratara del mismo hombre, pero el taconeo suave que surgió desde el marco de la entrada me tranquilizó y dediqué una sonrisa, haciendo que mis pómulos tocaran la montura de mis lentes oscuros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Sucede algo? –me preguntó ella, una compañera de lectura.&lt;br /&gt;- Tenía un dolor de cabeza horrible –mentí, tratando de sonar lo más natural posible- pero creo que el aire fresco me ha sentado bien.&lt;br /&gt;- ¿Seguro? –insistió.&lt;br /&gt;- Si, seguro. Gracias por preocuparte.&lt;br /&gt;- Queríamos presentarte a Diego, un miembro del grupo que ha vuelto de su viaje a Europa, vivió allá unos años y vino a visitarnos para contarnos sus anécdotas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Diego? ¿Se llama Diego?” Fue lo que pensé, pero después una pregunta más interesante se me ocurrió, sin exteriorizarla, bajando la cabeza y poniéndome a pensar, dejando a la chica en espera como si el tiempo para mí se congelara. ¿Por qué yo había escuchado esos pasos años atrás? ¿Sería alguna señal, algún tipo de aviso en el pasado de que me encontraría con esta persona? ¿Coincidencia o no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te siento extraño, no eres distante, algo te está pasando… -dijo ella, dolida por mi ensimismamiento.&lt;br /&gt;- Te prometo que si me llego a sentir mal te lo diré, -contesté en todo afable, sonriéndole para que me creyera- por ahora creo que me hará bien un café.&lt;br /&gt;- Entonces vayamos todos al cafetín para hablar con más soltura –dijo a modo de sugerencia, sin darse cuenta que mi tormento estaba allá adentro, que tenía mil interrogantes en mi cabeza y que no entendía por qué, justo cuando todo estaba en orden en mi vida, mi mundo empezaba a oscurecer aún más.&lt;br /&gt;- Me parece estupendo –disimulé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprendí a reconocer rostros por medio del tacto, pero no todas las personas acceden a ello, de hecho reconozco que a la mayoría le es molesto porque pensarán que me la paso acariciando a Mota y después, sin ninguna medida de higiene, todo lo demás, cosa que no siempre es cierta. Así tuve que hacer cuado me hallé frente a frente con “Diego”, el fantasma de mis sueños interrumpidos, auspiciado por la chica aquella, quien lo presentó para mí, haciéndome estirar la mano para no dejar la cortesía a un lado. En ese instante sentí que se abrían un millón de puertas y ventanas y mi sosegado mundo se inundaba de intranquilidad, experimentando un calor humano tan nuevo y diferente, tan dispuesto, educado y sensible, que no pude evitar adorar ese roce, a pesar de provenir de alguien de mi mismo sexo. Fue un choque de emociones para mí; por primera vez, alguien que no fuera mi madre ni Fátima me tocaba con tanto cariño y delicadeza, tratándome con gentileza, como si yo fuera alguna pieza frágil, requiriendo extremos cuidados, sin rayar en el miedo o el asco, cosa que sucedía a menudo con las personas que pretendían ser corteses conmigo, pero que en el fondo estaban nerviosas, dudosas de cómo comportarse ante un ciego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando sus manos abrazaron las mías, como un político que intenta ganarse la buena fe de sus posibles electores, sentí que chispeaban mis poros, como en mis sueños, despertando mis sentidos, haciendo que todo el mundo palpitara y respirara, incluso las paredes, como si el planeta entero convulsionara sincronizadamente, generando ondas expansivas de placer, de un deseo inmenso de obtener más, de volver a rozar las yemas de sus dedos, sus palmas y las arrugas en ella. De la nada, se convirtió en un cuerpo que no tenía reservas para mí, que se brindaba a si mismo para que mis manos exploraran su propia oscuridad y tanteara lo que en el fondo es. Además, la cercanía de nuestros cuerpos no daba lugar a recelos, fue algo muy íntimo a pesar de lo público, él dejó que mi curiosidad entrara dentro de su rango de espacio personal, así como yo también dejé que se aproximara, pues para mí es una muestra hermosa de confianza, donde no hay que alzar el tono de voz para ser escuchado, basta con susurrar para entenderse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que nuestro estrechón de manos se extendió más de lo normal, pues las demás personas guardaron silencio, esperando que nuestra presentación terminara, pero en el fondo esas sensaciones iban y venían como olas en marea alta, rompiendo sobre mis miedos, mis prejuicios, espumeando sobre mis orillas, dejando ansias de entender por qué un extraño se comportaba de esa manera conmigo. Quizá no me entenderán porque la mayoría no aprende a reconocer los pequeños gestos, los más sutiles, pero acá, en la oscuridad, hasta el más mínimo respiro significa algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No soporté las ansias de conocerlo, le pregunté si le molestaba que tocara su rostro. Accedió y cerró los ojos, conduciendo mis manos con las suyas, de una forma tibia y delicada, haciendo sentir a mi piel querida, hasta que mis dedos llegaron a su cabeza, invadida de un cabello corto y seco, cortados hasta el punto en que parecía un puerco espín, luego llegué a su frente, donde sus cejas mostraban calma, sus músculos estaban relajados, excepto sus labios y pómulos, tensos en una sonrisa honesta, debajo de un bigote grueso que le daba a toda su amabilidad un aspecto más áspero, pero había otra palabra en mi mente que me costaba decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era algo más que gentil, era algo que comprometía todo lo que hasta los momentos me habían enseñado mis padres y la vida, pero que encajaba con lo que leía en uno que otro artículo. No quise admitir que estaba confundido, aparté mis manos con dolor, con miedo, me alejé de él y por eso él tomó aire con fuerza, quizá incómodo por mi reacción, quizá compartiendo mis temores. Dije que me sentía mal, tomé mi bastón con fuerza, le di órdenes a Mota y me despedí, con el miedo de que ahora esos pasos matutinos que no correspondían a nadie volvieran de la muerte para atormentarme de nuevo, ahora con más razón.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-8322704885650642529?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/8322704885650642529/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=8322704885650642529&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/8322704885650642529'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/8322704885650642529'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/06/su-piel-en-la-oscuridad-vi.html' title='&quot;Su piel en la oscuridad&quot; VI'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-270645125102004876</id><published>2010-06-01T22:22:00.002-04:30</published><updated>2010-09-15T00:01:26.550-04:30</updated><title type='text'>"Su piel en la oscuridad" V</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tuve más noches de sudor y palpitaciones, despertándome con una insoportable erección vergonzosa, los días transcurrían con lentitud, sumido en largas horas de meditación, pensando en mil y una cosas, intentando preveer el futuro, imaginándome cómo serían las cosas con el pasar de los años, en qué clase de persona me convertiría y si aún en mi invidencia podía alcanzar metas como las de cualquier muchacho joven que intenta sobresalir, pero no podía apartar de mi cabeza esos pensamientos, los que madrugada tras madrugada me hacían odiar las imágenes en mis sueños, siempre mostrándome un niño púber, apenas de metro cincuenta, que ni siquiera veía cerca los quince años, mientras que mi cuerpo, al tacto, me enviaba otras señales, signos de crecimiento y desarrollo. Intenté agregarle un bigote grueso a ese niño, pero el cuadro era grotesco y ridículo, quise agregarle vellos corporales al infante y terminaba asqueándome de mi imaginación, me sentía sucio y pervertido. No me quedó de otra que desistir de la idea y disponerme a leer un libro en braille, por enésima vez, para despejar un poco esos pensamientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de esas mañanas molestas sentí de nuevo los pasos de mi padre, como si me espiara, pero eran distintos, más vigorosos y más rápidos. Eran pasos más largos y me daba cuenta porque el sonido se alejaba rápido, como si huyera de mis oídos y por más que llamé a mi padre a mi voz no respondía. Pensé que me estaba volviendo loco y que esas pesadillas estaban afectando mi cerebro. Me levantaba de mi cama tan rápido como podía y buscaba mi bastón tanteando la mesa de noche que tenía a mi izquierda. Andaba descalzo hasta el cuarto de mis padres y escuchaba los ronquidos de mi madre, por lo que daba unos golpecitos en la puerta, para despertarla. En seguida la cama rechinaba y sus pies tocaban el suelo, llegando hasta a mí, disparada, tocándome los brazos, casi llorando, buscando alguna herida, de esos daños viejos que me hacía cuando era un ciego errante y me chocaba con todo. Sus apretones cesaban y luego se relajaba, sentándose en el borde de la cama y preguntándome qué quería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Escuché unos pasos –le dije una vez, apoyándome sobre la puerta de espalda, girando la cara en dirección a  mi cuarto- pensé que era papá, pero no eran sus pasos, rechinaban como las botas de papá…&lt;br /&gt;- Ha de haber sido una pesadilla –me contestó con pereza, sabiendo que no era la única vez que me pasaba...&lt;br /&gt;- No lo fue. ¿Dónde está papá? –pregunté inútilmente porque escuchaba sus respiros desde la cama, evidentemente aún durmiendo.&lt;br /&gt;- Está aquí, durmiendo…&lt;br /&gt;- Si, ya me di cuenta. Perdóname por despertarte, me preocupé.&lt;br /&gt;- Está bien, voy a revisar la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo parecía resultado de mi imaginación, era posible, pero podía jurar que los pasos eran nítidos. ¿Quién le creería a un ciego, ocioso, sin más distracción que historias en relieves leídas por mis dedos? Repetidas veces escuché ese rechinar fugaz varias mañanas, pero eran pocas las ocasiones, la última vez que me desperté así tomé mi bastón, lo había dejado armado la noche anterior, y lo agité en el aire con fuerza, intentando golpear lo que fuera que hiciera esos ruidos. No conseguí nada más que cansancio, prácticamente corrí por toda la casa blandiéndolo por todos los rincones, confiado de que no se me escaparía, pero una vez más me sentí estúpido frente a los ojos de mis padres que decidieron hablar con Fátima, cuya deducción no paró de ridiculizarme, diciendo que quizá necesitaba aire fresco, un oficio, un trabajo, algo que me ocupara el mayor tiempo posible, antes de que mi imaginación empezara a crear fantasmas en la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue así como llegó a mis manos el regalo que Fátima tenía para mí. Dijo que yo estaba listo, que había aprendido en pocos meses a defenderme en la casa y que ya podía comenzar a explorar más la calle, pero para ello necesitaba un guía, cuyo olor me traía recuerdos de la infancia, cuando tuve mi primera mascota, un dálmata que mis padres regalaron apenas empezó a destrozar todo. Esta vez obtuve una correa y con ella otro canino, un Golden, cuyo nombre tuve que aceptar y respetar, a pesar de que no me gustaba y de no habérselo puesto yo como uno acostumbra a hacer al conseguir un perro nuevo. Su nombre es Mota, una perra auxiliar muy bien entrenada que, entre otras cosas, me ayudaría a cruzar las calles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por un buen tiempo los sueños lascivos se esfumaron, los pasos matutinos igualmente desaparecieron, toda mi atención estaba en conocer a mi nueva amiga, en acostumbrarme a su maña de colocar su hocico húmedo en mi mano para pedirme comida y que cuando quiere ir a hacer su necesidades o pasear, agarra la correa entre sus dientes y hace que tintinee la campanita que de ella cuelga. Es una compañera fiel, no es molesta, siempre la tengo cerca de los pies, tan tranquila que me da paz. Es el regalo más grande que me han dado y es algo que jamás podré agradecerle lo suficiente a mi maestra, quien se despidió de mí relativamente, diciendo que ya no me hacía falta, que tenía que empezar mi independencia en otra escala, en una más autosuficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con Mota a mi lado las visitas en mi casa aumentaron, gané nuevos amigos en un club de lectura al que me uní en una biblioteca pública de la ciudad, donde mi corazón se detuvo un día de esos en que iba a discutir sobre “La Iliada”  de Homero. Estábamos hablando de la parte en que Héctor huye por la puerta ante la presencia de Aquileo, justo en ese momento la puerta de la biblioteca se abrió y distrajo a algunos con el crujir de las bisagras gastadas, sonido que se hundió en los pasos rechinantes que había oído antes, al despertar de mis sueños lujuriosos, ahora abriéndose paso al entrar. La encargada del lugar dio los buenos días, yo dejé mis hojas sobre mis piernas e intenté distinguir algún sonido que me dijera que estaba equivocado, que sólo eran fantasmas del pasado, producto de mi mente, pero esos pasos se acercaron, veloces como un león feroz, rugiéndole a mi corazón, ablandándome la carne, desgarrando mis nervios hasta que por fin pudo paralizarme cuando escuché la voz perteneciente al recién llegado. Dedicó un saludo casi en susurros a los presentes y tomó un asiento a mi lado. Me aferré tan fuerte como pude a mi bastón y Mota colocó su hocico sobre mis manos temblorosas, preocupada por mí. No sabía qué hacer, qué decir, pensaba que disimular y seguir leyendo sería lo mejor, pero en mi cabeza nadaban miles de Aquileos, terrores que, a pesar de los lentes oscuros que guardaban mis ojos perdidos, amenazaban con descubrirme y dejarme indefenso. Mota ladró como si entendiera mi miedo, dándome una excusa para abandonar el lugar, pedí disculpas y eché a andar, cuidando que no se notara que mis piernas andaban gelatinosas y empezaba a sudar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-270645125102004876?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/270645125102004876/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=270645125102004876&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/270645125102004876'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/270645125102004876'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/06/su-piel-en-la-oscuridad-v.html' title='&quot;Su piel en la oscuridad&quot; V'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-5809711928286989819</id><published>2010-05-19T00:39:00.002-04:30</published><updated>2010-08-17T17:00:48.198-04:30</updated><title type='text'>"Su piel en la oscuridad" IV</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Casi a diario recibía visitas de amigos y familiares, una que otra vez mi maestra iba a entregarme material de estudio en braille, tomaba mis manos y con delicadeza deslizaba mis dedos sobre las páginas llenas de relieves que aprendí a interpretar. Me llevaba las noticias, me tenía al tanto de todo, de las cosas buenas y las malas, de las interminables disputas políticas, de los sucesos lamentables, de los avances científicos y otras cosas más. Siempre me amargaba la tarde diciendo que me tenía una sorpresa, pero que debería esperar unos cuantos meses más, porque el regalo aún era pequeño. Yo me alteraba, ansioso de saber qué cosa era, estiraba las manos y cuando ella las alcanzaba con las suyas yo apretaba fuerte, pero se zafaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tienes que aprender a ser paciente –me decía ella- en la oscuridad la calma tiene que ser tus ojos.&lt;br /&gt;- ¿Cómo quieres que esté tranquilo si me emocionas de esa manera? –le respondía siempre.&lt;br /&gt;- Tendrás que sacar calma de donde no la tengas, mi estimado –sentenciaba con una serenidad escalofriante, casi susurrándomelo al oído, sabiendo que me aterraba su misterio en mi oscuridad, imponiéndose como dueña de mi mundo, capaz de destruirlo cuantas veces quiera, acelerando mi corazón y sembrando en mi mente deseos desesperados de saciar mi curiosidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi maestra sabía como jugar conmigo, cómo enojarme, cómo calmarme y detrás de ella mi madre iba aprendiendo, siempre presente, en silencio, sufriendo, quizá deseando que ese accidente en el taller de fotografía jamás hubiese ocurrido y poder ser una madre normal con un hijo normal. Sé que no es anormal ser ciego, pero por así decirlo... En vista de que mi madre parecía cada día más cansada, menos viva, menos humana y más una esclava, busqué las manos de mi maestra y la llevé hasta la entrada de la casa, tomé las llaves de mi bolsillo y palpé una por una las piezas de metal hasta hallar la llave correcta, toqué la reja y busqué la hendidura para girarla, luego tomar el pomo y abrir la puerta. Mi maestra quedó maravillada, lo percibí en su silencio observador, estaba viéndome hacer lo que ella quería desde un principio, que hiciera las cosas yo solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tomé de nuevo de las manos, que es mi manera de decirle que se trata de algo serio, y me le acerqué para no tener que hablar en tono alto. A menos de un codo de distancia le dije que por favor me ayudara a hacer cosas cotidianas, tareas que en la sencillez me parecían difíciles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Hasta que por fin te interesas en independizarte!&lt;br /&gt;- No me regañe, por favor –le rogué- si me va a ayudar, solo hágalo; no soporto más a mis padres con sus ánimos caídos y sus pasos cada vez más pesados, hartos de la rutina de tener que cuidar de mí.&lt;br /&gt;-Descuida, pronto estarás tú cuidando de ellos. Lo primero que tendremos que hacer es reacomodar todo en tu casa y tendrás que memorizar dónde está cada cosa, no es fácil, te llevará unas cuantas semanas adecuarte, pero lo lograrás si guardas la calma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entramos a la casa una vez más, reunimos a mis padres para hablarles y nos sentamos todos en la sala, se respiraba un aire tenso, lleno de calor meridiano y se escuchaban respiraciones ansiosas, más el zapateo rapidito de mi padre, típico de su impaciencia. Mi maestra empezó a soltar palabras, dando vueltas y enmarcándolo todo entre humor y un preámbulo apaciguador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Menos mal ustedes son padres de un solo hijo, imagínense cómo hubiese sido si tuvieran que lidiar con las adolescencias de varios, cada uno con sus propias inquietudes y necesidades.&lt;br /&gt;- Pues si –secundó mi padre, cesando su zapateo lentamente.&lt;br /&gt;- ¡Claaaro! –Se animó mi maestra- pero bueno, Dios sabe por qué hace las cosas; les ha dado este hijo maravilloso que dentro de su silencio es un ser espectacular. Hoy se ha atrevido a pedirme algo muy importante –en ese momento mi corazón saltó de miedo, penoso de lo que podría seguir diciendo-, me ha pedido, después de cinco años de larga espera, que lo ayude a independizarse. ¡Y no se asusten! Me refiero a que quiere aprender a hacer las cosas por si solo en otro nivel, un nivel donde usted, madre, no tenga que lavarle la ropa ni plancharle los pantalones. Y usted, padre, no tendrá que llevarlo a todos lados. Podrán ayudarlo, pero tendrá que ser menos, así les sea difícil verlo equivocarse varias veces, es parte del proceso.&lt;br /&gt;- Pero, señora Fátima, -chistó mi madre en tono lastimero, rompiéndome el corazón- ¿Cómo puede mi hijo hacerse cargo de si mismo?&lt;br /&gt;- No, no, no. No lo subestime señora, él no es un inválido. Es ciego, eso si, pero eso no le impide hacer sus propias tareas, ya puede leer, ya se ubica en la casa y en algunos sitios más, hace cosas que no creíamos posibles, como presentir el cambio climático más rápido que nosotros al sentir la humedad en el aire. Tiene que tener confianza en su hijo, mientras ustedes lo sigan tratando como inválido más daño le harán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi pobre madre echó a llorar, avergonzada, refugiada en los brazos de mi padre que la palmeaba suavemente, diciéndole que se calmara, aterrada por el futuro, ignorante de lo que yo era capaz, en el fondo sintiéndose culpable de mi enfermiza dependencia, dolida en el alma de las cadenas que arrastraba consigo, intentando ser responsable conmigo, pero ahora aceptando que había sido totalmente lo contrario, negligente al llevarme la comida a la cama, al mal acostumbrarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- A partir de hoy –continuó mi maestra- necesito mucha más voluntad de su parte, muchísima colaboración, pero desde otra perspectiva. A partir de hoy dejarán de hacerle favores a su hijo en lo posible, sólo podrán indicarle la ubicación de cada cosa y él tendrá que colaborar con las tareas del hogar. Al principio puede ser un poco aparatoso, pero con el tiempo será más fluido.&lt;br /&gt;- Imagino que tendremos que tener una ubicación estable para cada cosa en casa –comentó mi padre, conciente de lo que vendría.&lt;br /&gt;- ¡Exacto! –Aseveró Fátima- Mañana volveré con mi ayudante y todos nosotros planificaremos la ubicación estratégica de cada cosa. Esto, más que ser un motivo de lágrimas, es motivo de alegría, su hijo podrá ser mucho más libre, además de que hoy ha dado un paso importantísimo para él, demostrando signos de estar madurando como persona y créanme que eso es invaluable. En este mundo muchas personas tenemos todos los sentidos intactos y una salud envidiable, pero dentro de nuestras inmensas posibilidades somos inválidos que nos quejamos y nos cuesta madurar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente llegó mi maestra con su ayudante, quien me saludó con un estrechón de manos tímido, al parecer poco acostumbrado a tratar con personas invidentes., seguramente un novato Cuando toqué las manos de mi maestra me llevé una sorpresa, que no era la que ella me tenía guardada desde un principio. En sus manos sostenía un bastón armable, fácil de extender y desarmar. Desde esa mañana supe que mi mundo cambiaría drásticamente y que los tiempos de moretones y rasguños volverían, pero encaré lo incierto con gusto, porque sabía que después de todas las abolladuras había una vida bendita que extirparía del alma de mis padres tanta esclavitud.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-5809711928286989819?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/5809711928286989819/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=5809711928286989819&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5809711928286989819'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5809711928286989819'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/05/su-piel-en-la-oscuridad-iv.html' title='&quot;Su piel en la oscuridad&quot; IV'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-3723030087965592855</id><published>2010-05-12T02:38:00.005-04:30</published><updated>2010-08-16T18:39:57.677-04:30</updated><title type='text'>"Su piel en la oscuridad" III</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi cuerpo cambiaba sigilosamente en la negrura, en mis labios conseguí palabras acumuladas, que no permití pronunciar, conocidas desde otras bocas entre conversaciones “de adultos”. Mi curiosidad fue en aumento, atraída por placeres ajenos, mientras todo mi ser palpitaba solo, despertándome en madrugadas, inyectándome deseos animales, haciéndome sudar. Era conciente de la figura de una mujer madura, conocía cada atributo y sus funciones, sin embargo en mis sueños se desenvolvían historias grotescas, escenas divinas, llenas de sensaciones nuevas, impulsos en mi piel como mil tambores retumbando en mi pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema de mis delirios era yo, porque en mis sueños se incluían personas maduras, desnudas, hermosas, deseables, excitantes, pero siempre había alguien a oscuras, una figura manchada, borrosa o aparecía como un niño, infértil, inmaduro y morboso, por hacerse parte del acto, a sabiendas de que corporalmente no era apto para aquello, pero en el fondo se dejaba arrastrar por una fuerza natural, una bomba de tiempo impredecible que explotaba en los peores momentos, o en los mejores, ya no lo sé calificar. Me da miedo y al mismo tiempo me brinda mayores ganas de vivir y explorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me creció un bigote escueto, mi voz desfallecía de vez en cuando, mis músculos se tensaban, luego mis piernas se poblaron de vellosidades y con todo eso mi genital empezaba a adoptar autonomía y rebeldía totales, sin importarle mi voluntad, arrebatado por las ganas de interactuar, de conocer las fuerzas que podría ejercer sobre algo más, un no-sé-qué que me daba demasiada curiosidad. Todo en mi mente transcurría al ritmo de una de esas películas escondidas, prohibidas para el público menor de edad, dueñas de mis fantasías escapadas, a la espera de la soledad más permisiva para entonces atreverme a otear eso que las personas codician tanto en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mis viajes inconcientes mis impulsos me llevaban a un paraíso, planicies llenas de césped, flores, arroyos, enmarcadas con montañas y salpicadas de árboles gentiles, cómplices del aroma a feromonas, sudor, calor humano y fluido corporal, disfrutando de una luz bendita, de esa que hace a todo brillar, bajo un cielo limpio y otro aroma, esta vez natural, un olor a tierra húmeda y verdor. Cuando reparaba en el lugar en el que “me encontraba” me daba cuenta de que había muchas personas desnudas, sin pudor, bailando una especie de coreografía jadeante, con los ojos cerrados, con los ojos abiertos, los cabellos ondeando y las piernas nadando en un mar de alertas, descargas eléctricas que llegaban a mí sin culpa, que me hacían revolver las sábanas, odiando el desconocimiento propio, siempre pensándome como un niño, aprisionado en una despreciable figura infantil que no podía crecer, que no sabía cómo sería crecer, sin referencia alguna de este cuerpo transformado, que sufría erecciones culposas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba confundido, deseando saber qué desear, conciente de que pronto maduraría y que me convertiría en el hombre que soy hoy; mientras tanto mis amantes de en sueños se saciaban  de éxtasis, sin remordimientos, sin asco, sin impotencia, sin miedo a que de pronto alguien mirara mi intimidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inevitablemente, como temía que algún día sucedería, mis miedos se materializaron una mañana calurosa y húmeda, yo enredado en mis sábanas, aferrado a la almohada, conteniendo el espaldar de la cama para que no rechinara, sin poder tolerar el dolor que mi erección me causaba por dormir boca abajo. Presté atención a los sonidos, me detuve un minuto a escuchar mi alrededor, el silencio era amortiguador, sólo se respiraba soledad y lo aproveché. No soporté tanta ignorancia, mi cuerpo pedía ser explorado a gritos, rasgándome la voluntad, rogándome la rendición para dejarme tocar por mis propias manos. Volví a viajar a aquel paraíso medio pecaminoso, magnético y escondido, aún estando despierto, aún estando dormido, y me pude liberar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la puerta de mi cuarto de pronto se cerró con violencia, arrancándome brutalmente de mi trance, del rechinar de la cama. Súbitamente se detuvo mi corazón y mi último respiro fue tan profundo que no parecía ser posible soltar la impresión, bajándome la tensión, haciéndome embrutecer en la nulidad. Oí pasos seguidamente de eso, que correspondían a mi padre...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo pensaba que estaba solo, que todos se habían ido a misa o a trabajar, en la oscuridad pierdes la noción del tiempo, a pesar de que a veces preguntes el día y la fecha. Al final, después de todo, el sueño me jugó una mala pasada, me hizo actuar sin medir las consecuencias, me hizo buscar el placer sin miedo. No sé hasta el día de hoy qué tanto vio mi padre, pero desde entonces jamás he podido volverme a masturbar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-3723030087965592855?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/3723030087965592855/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=3723030087965592855&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/3723030087965592855'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/3723030087965592855'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/05/su-piel-en-la-oscuridad-iii.html' title='&quot;Su piel en la oscuridad&quot; III'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-5033221591176533066</id><published>2010-05-10T01:13:00.002-04:30</published><updated>2010-08-16T18:33:15.329-04:30</updated><title type='text'>"Su piel en la oscuridad" II</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S-edT9xyBGI/AAAAAAAADHM/zIQAVxl3dXg/s1600/Copia+de+39808063.4ZgRzjSc.DarkMan.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 200px; height: 149px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S-edT9xyBGI/AAAAAAAADHM/zIQAVxl3dXg/s200/Copia+de+39808063.4ZgRzjSc.DarkMan.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5469513238791193698" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Escuché la voz de mi madre una vez más, había transcurrido cerca de dos horas en las que había desordenado el depósito, el estante movió consigo un montón de cosas, algunas se estabilizaron, otras cayeron, entre las cuales estaba el envase que destapé, vertiendo sobre el metal aquel líquido fatal, la sentencia  de la vida que me condenó a estar ciego por lo que me restaba de existencia. Un chorro de ese líquido dio a parar sobre mi cabeza y unos hilos del mismo surcaron mi frente, serpenteando entre mis cejas y alertando a mi cuerpo que tenía que limpiarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi error fue llevarme las manos a la cara y enjugar aquello sobre mis ojos. En ese instante sentí un ardor bestial, que me arrebató la nitidez de las imágenes, y mientras más parpadeaba, desesperado, asustado, más se intensificaba mi sufrimiento, como si intentaran quemar mis ojos y los pincharan sin compasión con una aguja. Eché a llorar desmedidamente, tropezándome con las cosas a mi alrededor, sacudiéndome como un loco y a continuación una vez más surgió entre la confusión la voz de mi madre, ahora alterada por haberme escuchado, buscando en el local de mi tío sin hallarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando finalmente mi madre me encontró me tomó entre sus brazos, colocando una de sus manos sobre mi cabeza y susurrando que todo estaría bien, diciendo otras cosas tan rápido que no recuerdo, estaba desesperada, seguramente al verme empapado de un líquido pestilente y corrosivo, como el ácido, gritándole a mi padre quien llegó corriendo a nosotros, seguido de los pasos de las demás personas, entre comentarios de sorpresa y preocupación. Me llevaron al hospital y limpiaron mi rostro, el doctor probó mi visión con una linterna pequeña, el examen me torturaba, me asustaba y confundía más, haciéndome olvidar ciertas partes de la experiencia. Todo parecía nublado, como filtrado por un cristal que no dejaba ver más que siluetas borrosas y colores difuminados, mientras que poco a poco se iban destiñendo las cosas. Dejaron caer unas gotas en mis ojos y detrás de mí, afuera del consultorio, se escucharon los lamentos de mi madre, mientras el médico les hablaba a mis padres, conversación que no escuché. Estuve vendado poco tiempo, pocos días, no sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando me libraron de las vendas, mi madre respiraba agitadamente y mi padre la abrazaba, colocando un brazo sobre mi hombro y el otro alrededor de la cintura de mi madre. Yo abracé de la misma forma a mi padre, asustado, sintiendo cómo la presión sobre mi rostro disminuía por cada vuelta al vendaje. Estuve libre unos segundos después en que sentí que parpadeaba con libertad, una libertad que se hizo conciente y que me hacía notar que la noche no había acabado, a pesar de saber que estábamos a punto de desayunar. En mi mente, durante todo ese tiempo, lo único que se gestaba era la repetición continua de la sensación del abrazo consolador de mi madre, dentro del depósito del taller de fotografía de mi tío. Ella abrazaba todo mi desespero y me aliviaba, ayudándome a soportar todo el dolor que mi travesura llevó como consecuencia. Fue un momento que jamás olvidaré, a pesar de las imágenes borrosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tropezaba constantemente, cada día era una herida nueva, mi cuerpo no toleraba más golpes, todo movimiento me hacía sentir cada músculo maltratado. Mis padres sufrieron todas las veces que vieron impotentes mis caídas, paralizados, escuchándome llorar, detenidos por las órdenes de mi maestra. Poco a poco aprendí a contar los pasos y memorizarlos, mi cuerpo se habituaba a las distancias lentamente, pero funcionaba, comprendí dónde y cuándo debía cruzar y le perdí un poco el miedo a esta oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es extraño, es como vivir en un mundo egoísta y terriblemente oscuro, lleno de sensaciones intensificadas, entre las cuales el sonido remplaza en gran parte la carencia de imágenes. Te conviertes, sin querer, en una especie de pantalla táctil, susceptible a cualquier contacto, el más mínimo roce despierta la piel, eriza los vellos, alerta a los poros y lleva a mi mente miles de referencias posibles que tengo que conjugar con el olor que perciba, la temperatura en el ambiente, los sonidos según los que sean y según su cercanía, o según como sepan sus besos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin Embargo, así como ganas el desarrollo de otros sentidos, pierdes la noción de la realidad, al menos si ya estabas acostumbrado a colores y formas. La realidad se vuelve abstracta, va perdiendo sentido imaginar cómo serán las cosas, por mucho que te las describan, ni siquiera los dedos pueden darme una imagen completa de algo, al menos se vuelve un par de estímulos, exquisitos y electrizantes. He comprendido que la pérdida de vista trae consigo ventajas, por ejemplo la pérdida del concepto de la fealdad, esa definición no existe para mi mundo, un lugar, una dimensión donde no existe lo hermoso y lo horrible, sino lo grato, lo cómodo, lo gentil. Lo estético tiene un concepto distinto para mí y mis sentidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las personas creen que porque no puedo ver sus rostros no me fijo si mienten o si dirigen hacia mí un mensaje de sarcasmo, creen que no sé si se burlan o no, que no me doy cuenta de cuando me hablan con lástima –cosa que me molesta- o cuando me tratan como una persona con retrazo mental. Muy al contrario, sus voces, el sonido de sus movimientos y su proximidad me lo dicen todo, cada paso es un nivel distinto de confianza o comodidad, y a mi me encanta la proximidad, me fascina que alguien respire cerca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la invidencia pierdes muchísimos prejuicios y al mismo tiempo ganas muchos otros miedos, te das oportunidad de prestarle atención a otras cosas que con los ojos perfectos no tomas en cuenta. Es inevitable sentirse especial en este lugar en el que me encuentro, o mejor dicho, en esta situación. Te sientes especial porque disfrutas algo que seguramente nadie más, en condiciones normales, puede apreciar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-5033221591176533066?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/5033221591176533066/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=5033221591176533066&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5033221591176533066'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5033221591176533066'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/05/su-piel-en-la-oscuridad-ii_10.html' title='&quot;Su piel en la oscuridad&quot; II'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S-edT9xyBGI/AAAAAAAADHM/zIQAVxl3dXg/s72-c/Copia+de+39808063.4ZgRzjSc.DarkMan.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-5854099304108091761</id><published>2010-05-03T20:17:00.004-04:30</published><updated>2010-08-16T18:24:27.418-04:30</updated><title type='text'>Su piel en la oscuridad</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;1ra Parte&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S99yCWF8jCI/AAAAAAAADGs/2w1Eia_UqMI/s1600/Copia+de+39808063.4ZgRzjSc.DarkMan.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 298px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S99yCWF8jCI/AAAAAAAADGs/2w1Eia_UqMI/s400/Copia+de+39808063.4ZgRzjSc.DarkMan.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5467213857266895906" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De todas las cosas que me han pasado en esta vida, la mejor de todas, lo digo sin retractarme, fue quedarme ciego. Por supuesto que en un principio no fue fácil, apenas cruzaba el hermoso umbral de la pubertad, deslumbrado por todas las cosas nuevas, las chicas en desarrollo, mi propio cuerpo sufriendo cambios, me costó aceptarlo, me costó decir que soy ciego. Mi mundo, tal cual lo conocían mis inexpertos ojos, de la nada, de un mal movimiento, en un segundo que me pareció eterno, cambió y dejó todo a oscuras, anuló toda visión de las formas, sus colores y el espacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Perdí mis estudios, perdí el apetito, todos los días parecían una noche en lo más recóndito de una cueva jamás explorada, llena de ruidos y voces, el taconeo de mi madre al acercarse, haciéndose más fuertes los sonidos, deprimiéndome, apretándome el pecho, anudándome la garganta, empuñando mi estómago, doliéndome en la cercanía, porque yo sabía que ella estaba ahí, en algún lugar al que no sabía mirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se aproximaba, decía mi nombre sin terminarlo, se contenía para no llorar, respiraba varias veces y culminaba tocándome, acariciándome con sus dedos tibios y suaves, recorriendo mi piel y arrancándome de una pesadilla, devolviéndome a un estado de ensoñación, de protección, alejándome de todos mis miedos, el paralizante temor a la oscuridad cada vez que me disponía a caminar en la penumbra. Al comienzo me trataban como un inválido, bastaba que yo llamara a alguien y estirara la mano para obtener, relativamente, todo lo que yo quisiera, incluso trasladarme de un lugar a otro, así sólo fuera ponerme de pie; pero en mi mundo inocente, muy en el fondo mi alma sabía que no estaba bien que las cosas siguieran así, me daba terror pensar en esa dependencia el resto de mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentía el calor en mi rostro, llamaba a mi madre, estiraba el brazo, yo sabía que estaba amaneciendo, pero no era consciente de la hora exacta, sino que cada etapa del día tiene características particulares como la frescura de los aromas por la mañana, entonces entendía que el sol estaba saliendo. Aún así, a pesar de haber perdido mi vista, en mis sueños si restaban muchos colores, formas, personas sonrientes y mi propia imagen, volando sobre extensiones infinitas de agua cristalina y casta, invadida en su totalidad por tonos celestes, flotando entre oleajes tranquilos y a la merced de un sol bondadoso, que tersaba mi piel y le daba brillo a todo. Por encima se abría el cielo, inalcanzable por más alto que volara, a veces solo, otras acompañado por muchachos y muchachas, todos púberes, vírgenes, felices como querubines, riendo, felices por la onírica libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lentamente el horizonte se iba encendiendo, alzándose detrás de él una luz dorada que me dolía en los ojos, como la vez en que todo se apagó, cuando las luces abandonaron mi horizonte, mi océano y mi cielo. Al menos tuve la dicha de haber experimentado los colores, lo hermoso y lo estéticamente horroroso, pude ver a mis padres, a mis amigos e incluso mi propia imagen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Perdí la vista en un taller de fotografía, mi tío Samuel -un amigo de la familia al que llamo así- inauguraba su nueva inversión y mi curiosidad me costó caro, inmensamente caro. Pasé un tiempo considerable en aquel lugar, tarde o temprano, más temprano que otra cosa, alguien iría a buscarme y podría al desnudo toda mi desobediencia. Todos los que fueron a compartir la alegría de mi tío estaban inmersos en esas conversaciones de adultos que me aburrían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los olores eran nuevos, las cosas en el depósito encerraban misterios, un mar de posibles historias, propósitos y demás utilidades que captaron por entero mi interés. Mis manos fueron a socorrerlas, a darle justificación a la existencia de todas esas cosas, nos necesitábamos los unos a los otros, estaban necesitadas de mi ignorancia, me llamaban como la más cruel tentación. Sin embargo algo en mí, una parte no conciente, presentía que eso sería un error. Mi padre me había dicho que no tocara nada y sus palabras retumbaban en mi cabeza, pero pudo más la curiosidad. Fue entonces que conseguí un envase que estaba fuera de mi alcance y trepé. De ahí provenía un olor extraño, nivel a nivel me fui acercando a lo más alto del estante, aferrándome a lo que podía para no caerme. Destapé el envase y una especie de picor lamió mi rostro, asaltando mis fosas nasales, congestionando mi nariz con una sensación nueva y molesta, descubriendo para mí otra gama de efectos. Y entonces lo inevitable ocurrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una voz femenina llamaba mi nombre y expuso todo mi temor a ser tomado por sorpresa, incumpliendo las órdenes de mi padre. Resbalé al bajar y aquel estante se estremeció; junto con mi mano abusadora el envase vaciló…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-5854099304108091761?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/5854099304108091761/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=5854099304108091761&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5854099304108091761'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5854099304108091761'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/05/su-piel-en-la-oscuridad.html' title='Su piel en la oscuridad'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S99yCWF8jCI/AAAAAAAADGs/2w1Eia_UqMI/s72-c/Copia+de+39808063.4ZgRzjSc.DarkMan.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-3068759111006198301</id><published>2010-04-27T15:03:00.000-04:30</published><updated>2010-04-27T15:44:15.082-04:30</updated><title type='text'>Lianza (final)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Si, si, si; el apartamento que tengo fue el mismo en el que un día llegué preguntando por el alquiler de una habitación. Y hablando de eso, aún me parece ayer los momentos en que encontraba a Michael viendo sus fotos familiares a escondidas en su cuarto. Luego la gente dice que no tenía su corazón [risas]. Parte de su cuadro también tenía retratos al óleo de su madre y su padre, que un buen tiempo fue minero,  así que Michael, el pintor de la gran ciudad, un tiempo fue miembro de una familia pobre y humilde, azotada por los vientos de miseria que para aquellos tiempos se respiraban y sugestionada por la costumbre machista que era regla en toda sociedad de aquellos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que más pesar me da es que Michael haya decidido irse tan rápido, apenas me estaba empezando a dar cuenta de su calidad como humano cuando su enfermedad y su terquedad lo terminaron por debilitar. Mira, allá aún hay frascos de linaza, después de todos estos años, que no son muchos, apenas son seis, pero pareciera que han pasado como treinta, no sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor que atendió aquél día a Michael, me contó que el paciente testarudo le había pedido que lo matara con una inyección para acabar con todo eso. Le había dicho que él jamás había sido un hombre de rogar ni de llorar ante nadie, que nunca ha sido de vacilar ante una decisión y que tampoco tendría intenciones de retractarse de querer morirse. No dejaré que esta pendeja enfermedad me doblegue, doctor —dijo Michael.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Curioso es que Michael siempre quiso ser el de la primera y última palabra, nunca dejó que alguien protestara, ni siquiera yo cuando me aumentaba el costo del alquiler. Sus ojos penetrantes y su actitud recta e inflexible, intimidaban a cualquiera y lo obligaba a ceder. Michael, me imagino que siempre disfrutó de someter a los demás, de ser el hombre fuerte y tosco, de palabra inquebrantable y de ley irrefutable; me supongo que se divirtió yendo en contra de la sociedad y siendo un promiscuo desde el pensamiento —porque el viejo este no se perdía la minifalda de ninguna vecina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la final, Michael no se dejó vencer nunca por la vida, siempre era él quien debía ganar y así fue al final, por acuerdo de los cuatro —Mario, Michael, la mamá de Michael y yo— se logró convencer a la junta de la clínica que se le aplicara la fulana inyección, con la condición de que se hiciera ante entidades legales y con una carta de acuerdo y decisión de parte de Michael. Todo sucedió rápido a medida que los respiros, de los que presenciábamos su muerte, se ralentizaran. Pronto Michael “murió” y dejó un apartamento con pintura regada en toda la sala, un hijo con ansias de ser hijo, unos nietos que nunca conocieron al dueño de su regalo —su herencia—, y un curioso inquilino interesado en el misterio de un personaje peculiar, que aparentando estar en contra, siempre estuvo a favor de la “Linaza” en la sociedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No digo que haya sido un embajador de la paz, porque sus improperios mañaneros nunca lo demostraron, pero si fue el autor de una de las mejores obras que jamás haya yo presenciado: sus palabras sabias e indirectas, cosa que me recordaba a los maestros de artes marciales que mostraban por televisión con sus metáforas y lecciones de coexistencia y vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Michael nunca fue rencoroso, ni un amargado porque haya tenido una vida bastante precoz y alocada, sino porque se dio cuenta a última hora de que lo que terminó sabiendo de viejo —que perdonar nos hace grandes, así como si fuéramos linaza— en vez de saberlo de joven para disfrutar de otra vida que no quiso aceptar después. En conclusión: Michael es Michael.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo por mi parte me dedico a disfrutar de mi esposa, con todo y sus quejas madrugadoras sobre su embarazo, cosa que siempre me recordará el vasito de agua de Michael, disfruto de mi hija y de la otra que viene en camino...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-3068759111006198301?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/3068759111006198301/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=3068759111006198301&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/3068759111006198301'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/3068759111006198301'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/04/lianza-final.html' title='Lianza (final)'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-3257754557600468447</id><published>2010-04-26T00:23:00.001-04:30</published><updated>2010-04-27T15:49:36.629-04:30</updated><title type='text'>Linaza (3ra)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su cuadro —no me cansaré de decirlo [Risas]— de dos por dos metros, me parecía una exageración y un insulto al buen gusto, pero para Michael era la obra del siglo, era algo sin igual en toda la historia del arte. Su cuadro era una especie de collage, tenía de todo un poco; tenía criaturas, pedazos de paisajes, personas, cosas abstractas, figuras geométricas, colores y más colores, formas alocadas en espiral y unas cuantas cosas más. Tiene todos mis sentimientos inmersos en esas pinceladas —me explicó él. Me dijo que mientras me contara, yo tenía que limpiar la linaza que derramé y recoger los fragmentos de vidrio —así lo hice. Me dijo que no sabía si toda su vida estaría reflejada en ese cuadro, pero que al menos si estabas allí sus últimos momentos vividos, que todo lo que estuviese sintiendo en esos días, tenía la obligación y el compromiso consigo mismo de plasmarlo de inmediato en ese cuadro. Por esta última razón entendí que saliera menos de casa en esos tiempos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuadro de Michael tenía una Virgen María muy bien pintada y demasiado expresiva, casi viva. También reflejaba su parte paternal con tres columpios que pintó agarrados de un brazo, no de un árbol o un soporte. No diría que su arte se pudiera comparar con el de Salvador Dalí, por aquello de que coloca cosas locas en sus obras; sino como un arte muy propio, muy a su estilo y bastante simbólico. Ahora, si pudieran ver ese cuadro sería espléndido, pero lo considero muy difícil, ya se lo han llevado. Tendrían que verlo porque es muy curioso que el centro del lienzo, exactamente el centro, como si estuviese medido, está en blanco —era como un círculo mal trazado por la intervención de otras partes pintadas en el lienzo. Lo único que contenía ese centro era su firma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Pero por qué usas tanta linaza si tan sólo utilizas tres frascos? —le pregunté recordando que le rompí un frasco de linaza y se lo debía porque así me lo dijo él. Me contestó que la linaza, fuera de ser muy útil, era como su amuleto, su recordatorio, su influencia, motivación e inspiración —muchas cualidades para algo tan sencillo como lo es un aceite. La linaza me hace sentir que renazco todos los días —fue lo que me dijo mientras yo pensaba que él consumía linaza y que eso podría tener algún efecto alucinógeno, para ser claros, yo pensaba que con eso se drogaba [risas].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la linaza si simbolizaba bastante. La linaza —me decía él— es un diluente y cada vez que limpio mis pinceles del óleo, siento como si les removiera algún mal sentimiento o pensamiento mío; es como si la pintura fuera el pecado y la linaza el perdón. Mucho antes de que comenzara a pintar, Michael se consiguió con un hombre, también pintor, que le dijo que todos sus materiales e instrumentos de trabajo serían importantes, pero que lo indispensable es el borrador. Así, cuando usas acuarela, témpera, pintura acrílica, chimó y cualquiera otro tipo de pintura fácil de disolver, el agua es tu material fundamental y que sin ella no podrías trabajar. Si usas óleo, la linaza sería el diluyente, si usas lápiz pues tendrías que tener una goma de borrar, y así, cada técnica tiene algo que lo deba borrar aunque sea un poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así como es también la sociedad, —seguía Michael explicándome— hay quienes corrigen o castigan conductas. En la pintura, el juez, el policía, el sacerdote, vendría siendo la linaza. Así como en la vida se cometen errores, así también existe algunas cosas que ayudan a enmendarlo; y si pintando al óleo te equivocas, no importa mucho, puedes pintar encima de lo que ya habías hecho cuando se seque,—seguía él— siempre y cuando mantengas tus pinceles limpios para que puedas trabajar sin ensuciar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces recordé la linaza en el suelo, salpicada y aceitosa y vi allí mi error cometido, mientras que lo trataba de enmendar al limpiarla. La ventaja fue... [risas] que le dejé el piso lustroso a Michael. La sabiduría de Michael era un poco flexible, aunque a veces se mostraba dura. Pero jamás se me olvidará que siempre existirá un frasco de linaza dispuesto a perdonarme, así me lo hizo ver el irascible personaje del cual siempre estaré agradecido por esa enseñanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cómo no sentirme agradecido con éste loco asocial, medio machista y radical, si es a él que le debo mi hija, mi esposa y el apartamento en el que vivo hoy. Pues si, se lo debo a él, así como Mario le debe su empleo, porque luego de que Michael muriera le habían despedido de su trabajo por ineficacia —me contó Mario que la mezquina relación que llevaba con su padre le estaba afectando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Julio de hace cinco años, Silvia, aún nosotros siendo novios, tuvo una aventura con un hombre que conoció en la fiesta de graduación de la promoción de Ingenieros. Yo pensaba ese día en que me enteré, que jamás la perdonaría —en aquellos días claro. Pero luego de que me acordara de sabio Michael, no pude evitar perdonarla; es decir, ¿a dónde llegaría todo por un error que cualquiera comete? Entonces Michael, aún después de muerto me enseñaba, me mostró que parte de la comunicación humana se comprende por el perdón, esa linaza que nos ayuda a retomar fuerzas y tratar de pintar mejor, más bello o peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamás escucharás si tu oídos están llenos amarga predisposición —leía yo en un libro que me compré, de esos libros en donde el autor asume un papel de sabelotodo y pretenden subirte el ánimo con una terapia de crecimiento personal. Yo por mi parte comprendí que el crecimiento, lejos de ser personal, es... no colectivo... no sé cómo llamarlo,  pero es como que si el crecimiento espiritual también tiene que ver con recocer que otros también existen, y si yo existo entonces cometo errores, y si otros existen serán iguales que yo... aunque nos la pasemos diciendo que todos somos diferentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, las relaciones humanas aún son un poco complicadas para mí, un adulto con una vida, si se le puede decir así, hecha: con trabajo, una carrera en progreso, una familia, una vivienda, una relación amorosa estable, una relación sexual sana y también estable. Tengo lo que yo, como ser común y corriente, necesita para estar bien —a mi parecer. Eso sin contar que estoy bien conmigo mismo pues no he hecho nada de lo que me arrepienta ni tampoco he dejado nada sin cumplir, a excepción de una última pregunta que le querría hacer a Michael si aún estuviera vivo: “¿Por qué siempre se empeñó en negar al mundo”?. Una vez más, la muerte terminó siendo algo relativo: aún latían partes de Michael en mí, en mi vida y en las vidas de a quienes afectó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y recuerdo que fui a ver el cuadro de Michael a una escuela de arte de la ciudad y me topé con Mario, quien me invitó a hablar con el director y dueño de aquel edificio de cinco pisos, dedicado única y exclusivamente a la enseñanza del arte. El dueño me decía que esa si era una obra del neto arte; me decía que la visión del mundo de Michael era bastante compleja y que la resumía en momentos emotivos o asociativos como suele funcionar nuestra memoria y nuestros sueños,  tal cual había pintado su cuadro: como se los describí, era un cuadro que daba la impresión de Collage, como si muchísimas fotos de su vida fuesen agrupadas y te cargaran de la emoción que él no sabía expresar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Eso si es arte! —exclamaba con expresa emoción el señor Patricio— él sabía cómo expresar las emociones humanas tales y como son, complicadas y locamente conjugadas. Me explicó el director, luego de presentarme a su esposa Isabela, que ese cuadro era lo mejor que le podía haber sucedido a su escuela, porque gracias a esa obra, muchos de sus estudiantes se han sentido inspirados en un movimiento que llamarían “Humanisismo” , llamado así,  porque sería un arte dedicado a expresar los sentimientos humanos y sus vivencias desde una forma abstracta y al mismo tiempo real... en fin... se inventaron un nombre todo raro que creo no haber recordado bien... como que era Humani-realismo, realismo... una cosa así ¡tú entiendes! [Risas].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego la esposa de Patricio, Isabela, me explicó cómo llegó ese milagro —el cuadro— hasta la escuela de arte. Luego de la lectura del testamento que dejó Michael, luego de que a mí me dejara el apartamento y las cosas encontradas en él, culminó dejándole sus ahorros a sus nietos y el cuadro a su hijo, pero con la condición de que le buscara un lugar dónde dejarlo que no fuera su casa o en su oficina. Mario decidió, después de conocer a un primo de Patricio, y por ende, luego a él, donar el cuadro a su escuela, pero no sabía si dejarlo sin nombre o colocarle un nombre a la obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mario me tuvo dos días con ese fastidio de encontrarle un nombre al cuadro que tampoco fuera “Michael” porque con la firma de él bastaba para saber su autor. Entonces se me ocurrió llamarle “Linaza” porque él se libraba de sus pesadumbres pintando en ese gigantesco cuadro. A Mario le encantó la idea aunque quiso agregarle el “con”, de manera que se quedó de la siguiente forma: “Con Linaza”, de Michael R. Por cierto, luego de que Mario donara el cuadro, el director le propuso ser miembro de los accionistas de la Academia Mayor de Arte, donde cada mes tenían exposiciones y ventas de obras de los alumnos con más experiencia. Así que además de dejarle un cuadro de dos por dos metros, Michael le dejó a su hijo el empleo que le hacía falta.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-3257754557600468447?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/3257754557600468447/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=3257754557600468447&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/3257754557600468447'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/3257754557600468447'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/04/linaza-3da.html' title='Linaza (3ra)'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-5194349245843079834</id><published>2010-04-23T00:48:00.000-04:30</published><updated>2010-04-23T00:49:12.755-04:30</updated><title type='text'>Linaza (2da)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La verdad es que Michael no será el mejor ejemplo de padre, pero al menos tenía respuestas de ser tal y de alguna forma aceptar que lo era. Aunque me contó una mañana, mientras pintaba —una de las tres oportunidades en las que me hablaba al día— que nunca había querido ser padre. Me dijo que desde niño sentía ese rechazo hacia tener hijos. Comprendí el por qué de eso cuando mucho antes de aquel día, conocí a la mamá de Michael, una señora lúcida de ochenticuatro años. Ella me contó que de niño, Michael, siempre fue callado y rencoroso. Me hablaba con anhelo sobre aquellos días en que el padre de Michael —ahora difunto— le pegaba por cualquier cosa que hiciera mal o a medias, que siempre le recordaba qué tan mal hacía las cosas y que le decía que no servía de mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comprendí entonces, el noble corazón del sabio Michael. Creo que él no quería repetir el patrón con los hijos que tuviera. Pero jamás habrías sabido si pudiste haber mejorado con tus hijos y hacer otra historia —le decía yo a Michael mientras pintaba una tarde, mucho antes de que su hijo me pidiera que le escribiera sobre su padre. En fin, podemos ver cómo la falta de comunicación marcó la vida de nuestro pintor amargado y la de su hijo Mario, además de que se entiende que también repercute en los nietos de Michael y luego lo hará en sus bisnietos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, dejen que tome agua, que no estoy acostumbrado a hablar tanto. Bien, para que conozcan más de Michael,  les contaré sobre su día a día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era gracioso lo parecidas que me resultaban las cartas que le dirigía a Mario, porque me tocaba explicar que Michael se levantaba con sus improperios de todos los días y con sus dolencias que lo hacían caminar entrecortando los pasos y cojeando de la cama al baño; le tenía que describir uno a uno sus medicamentos y sus actividades normales de todos los días, y que hasta el sol de hoy no consigo entender cómo la rutina no lo aburrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera de las cartas la recuerdo claramente. En esa carta yo le decía a Mario cómo se levantaba, con sus dolores y todo eso. Le decía que sus baños se extendían hasta la media hora y que salía sin pudor ni vergüenza, desnudo hasta la sala a contestar el teléfono si ahí llamaban, chorreando agua por toda la sala y maltratando a las pobres mujeres de la compañía telefónica que lo llamaban para cobrarle la factura vencida, advirtiéndole de que le cortarían la línea —a la final nunca la cortaban porque yo terminaba pagando la deuda ya que me interesaba que el teléfono sirviera. Yo le decía en la carta a Mario, que su padre no desayunaba más que un par de panes integrales con jamón y queso y una gran taza de café, llena hasta el borde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía que especificar en el escrito que luego de ver el amanecer con atención y larga observación, Michael se dedicaba un par de horas a pintar, sin haberse cepillado, ni bañado ni desayunado. Me levanto con ideas y no puedo dejarlas irse —se explicaba Michael. Le escribí a Mario que tenía que comprarle las fulanas pastillas y estas otras pastillas, más un suplemento tal porque tenía una cosa en tal lugar y eso le causaba unos dolores o unos síntomas así y que el doctor le recomendó tomarse todo eso a unas tantas horas de diferencia... y todos esos detalles aburridos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que nunca me atreví a contarle al hijo de Michael fue acerca de cuando me regañó su padre, el miércoles de esa primera semana de correspondencia. Mario había llamado y como Michael atendió, me llamó para que atendiese a su hijo, aunque pude notar un poco de arrepentimiento en su mirada cuando me entregó el teléfono inalámbrico. El caso es que ese día, después de que Mario colgara, tocaron el timbre y me tocó abrir la puerta: era mi novia, Silvia, que fue a visitarme. De inmediato nos dirigimos a “mi” cuarto y Michael con mucho disimulo de su risa, nos regañó diciendo que a su casa nadie la contamina de sexo, que las únicas con derecho a tenerlo eran las paredes [Risas]. Silvia se sintió incómoda pero la relajé un poco tomándola por la espalda y encaminándola a mi cuarto diciéndole que no le prestara atención al vejestorio aquel. Me volteé y miré a Michael, el cual estaba muerto de la risa, mostrando la falta de tres dientes en su dentadura —los dos colmillos de arriba y un incisivo de abajo. Cuando Michael reparó en que yo lo miraba asumió una seriedad de hielo y al cerrar la puerta de nuevo escuché un ahogo de su risa incontrolable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo luchaba con una duda muy difícil de despejar: ¿cómo tratar a Michael...? ¿Como el gracioso inoportuno o el amargado asocial? Jamás le encontré una respuesta, ni siquiera el día de su muerte, pues murió con una ligera sonrisa en su cara y un poco de baba colgaba de la comisura derecha de su boca. O sea, Michael era un hombre bastante volátil, pero así como podía resultar amargado también podía resultar divertido con sus bromas indirectas y secas. A la final, terminé adoptando la idea de que Michael era Michael.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los únicos momentos en que Michael era serio en un cien por ciento, hasta el punto tal de que si le quitaba la concentración me insultaba y me soltaba golpes que no eran nada ligeros, eran los momentos en que se dedicaba a pintar su gran cuadro de dos por dos metros, y que por cierto fue su último trabajo como pintor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablando de ese fulano cuadro, recuerdo cómo casi se gastaba todo el alquiler en frascos de linaza. Yo diría sin exagerar que tenía como treinta frascos enteros, llenos y sin destapar y aún así compraba más. [Risas] Un día no soportaba la “Ley del Hielo” (Michael me ignoraba) que me tenía aplicada Michael y para que me pudiera responder tuve que aventar uno de esos tantos frascos de linaza contra el suelo. Él se volteó y al mirar al suelo lo que yo había roto, puso una cara de mil demonios y luego dirigió ese gesto hacia mí. Falta que me encañones con un arma para que consigas que te responda  — dijo él retomando la calma. Se volteó para seguir pintando y de su boca salieron palabras que, no sé por qué, aún hoy retumban en mi mente: Está bien, hablemos —y mientras lo decía, dejaba su tabla de mezclar pinturas y su pincel a un lado, en el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dio la ligera impresión, aquel día en que le rompí el frasco de linaza, de que él había cedido porque mi actitud había sido la de un niño; y ligado a eso no pude evitar sentirme como un hijo de él,  creo que eso explica la relación de confianza no explícita que existía entre Michael y yo. Y pudo haberlo hecho con su hijo también, pero nunca intentó decirle a Mario algo más que los “buenos días”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, luego de que él apartara sus materiales e instrumentos de trabajo, se sentó en la mesa y encendió un habano,  haciendo ese característico gesto con la boca como si fuera un pez. ¿De qué quieres hablar? —fue lo que me dijo soltando humo por la boca y la nariz-. Acerca de lo que haces, de lo que pintas —le contesté-. Michael siempre fue celoso con sus proyectos o ideas, jamás me consultó nada y su decisión siempre fue la primera y la última —un machista en potencia [Risas]. El hecho es que me dijo sin ninguna clase de tacto, que eso no me incumbía a mí. Pero ya deben saber cómo soy: cuando me antojo, me antojo. Entonces puse la cara de curiosidad que pongo desde que tengo memoria de mi infancia y Michael no esperó a que yo dijese algo y me dijo todo lo que correspondía a su pintura.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-5194349245843079834?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/5194349245843079834/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=5194349245843079834&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5194349245843079834'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5194349245843079834'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/04/linaza-2da.html' title='Linaza (2da)'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-7226105446532326796</id><published>2010-04-19T20:11:00.005-04:30</published><updated>2010-04-19T21:15:12.829-04:30</updated><title type='text'>Linaza (1ra)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Revolviendo algunas historias, por no decir papeles porque todo mi trabajo está en digital, me he topado con este relato de nueve páginas, en formato estandar word. Esta historia estuvo destinada a un concurso de literatura iberoamericano o algo así, ya no recuerdo, el cual evidentemente no gané, pero al menos me quedó la experiencia y junto con ella, releyendo un poco, se me viene a la mente la extraña certeza de que yo antes escribía mejor. No sé si alegrarme o preocuparme, pero en fin, acá les dejo con una de las posible cuatro partes de "Linaza", una historia sobre el perdón.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: rgb(204, 153, 51);font-size:130%;" &gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;LINAZA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S80HERgcsUI/AAAAAAAADF8/ss2MAsdZVLM/s1600/aceite2.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 252px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S80HERgcsUI/AAAAAAAADF8/ss2MAsdZVLM/s320/aceite2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5462029693070651714" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Qué imprescindibles pueden llegar a ser las relaciones humanas, en cuanto al corazón se refiere. El internet, los celulares, la correspondencia, la televisión, la música, el teatro, la radio, el entretenimiento callejero o de circo, el exhibicionismo, y muchas otras formas de expresión como el arte, son explotadas día a día en un frenético afán de ser escuchados, observados y entendidos; ya sea para llamar la atención, para conseguir pareja, para conseguir amigos o para satisfacer alguna necesidad mal llamada “necedad”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, el caso del que les tengo que hablar se invierte, deja de ser normal. La razón de esto es que algunas personas, me imagino que muy pocas, en vez de buscar ser vistas, prefieren pasar desapercibidas, ya sea porque viven en el mundo de las “sombras” o los mal llamados “bajos mundos” o por otra necedad; en fin, son sus vidas y ellos deciden qué hacer con ella, eso no me compete. El caso es que, Michael, el hombre del cual les contaré, era uno de esos tantos que prefieren no ser vistos ni reconocidos, a excepción de un par de casos en donde socializar es inevitable: naturaleza humana, cortesía o compromiso tácito de responder a quien te pregunta algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por qué hablo de la necesidad de comunicación de las personas se preguntarán; porque es necesario que les diga esto para que más o menos entiendan la personalidad de Michael, la forma de ser tan tajante y radical que poseía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vine a involucrarme en la vida de este hombre cuando me alquiló una habitación en el que era su apartamento; más tarde me entraría aún más en su cotidianidad, cuando su hijo me pidiera que por favor le mandara cartas semanales en donde hable sobre su padre: ¿cómo sigue?, ¿cómo está, qué ha hecho?, ¿a dónde va y a donde ha dejado de ir?; todo, todo lo que hiciera. Sólo alcancé a enviarle tres cartas,  y se sobrentiende que fueron tres semanas, en las que Michael sufrió mucho sin poder quejarse con nadie, aunque a veces me insultaba a gritos para desahogar su dolor en un par de improperios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo más cómico de la arraigada actitud asocial de Michael, es que él hablaba como ninguno entre las personas que para aquel entonces yo conocía. Él no es que usara palabras complicadas o rebuscadas, sino que hablaba con profundidad, aunque a veces me molestaba que hablara en un tono triste o depresivo. No sé, en realidad, mucho del tiempo se lo pasaba con una actitud resentida en contra de la sociedad. Michael siempre fue descortés, nunca me dio las gracias por cualquier vaso de agua que le llevara a su cama cuando el dolor en la espalda lo postraba. ¡Ah!, Michael tenía sesenta y siete años, de los cuales su último año compartí con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi paciencia con ese hombre siempre tuvo que ser infinita, nunca pude permitirme sentir las ganas de ahorcarlo por fastidioso y terco, pero admito que ganas no me faltaron de echarle su molesto vaso de agua de todas las noches en la cara, y decirle que dejara de manipularme con su enfermedad. Michael sufrió de cáncer. Sin embargo, yo entendía que él lo hacía para tener una excusa para tratarme, así sea para llamarme “mocoso tonto”, porque así se refería él hacia los jóvenes, comprendiendo por jóvenes a personas de treinta años para abajo. Él decía que todos los jóvenes eran criaturas ignorantes, impulsivas, tontas, ciegas y necias. Recuerdo que una vez le pregunté muy sumisamente, mientras él pintaba su gigantesco cuadro de dos por dos metros a mis espaldas, que si él decía esas cosas sobre los jóvenes porque de alguna manera se reflejaba en eso. De él sólo obtuve silencio, y entendí que sí; que cuando criticaba a los jóvenes él se veía reflejado en ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Los jóvenes no entienden la repercusión de sus acciones porque aún no han experimentado el producto de sus cosechas, que vienen a afectarlos luego, en la vejez” —decía él. Así comprendí lo que decía cuando lo asocié a una tarde en el parque, en donde él me contó un poco sobre su vida a petición repetitiva mía (tuve que pedírselo varios días e insistirle tres veces al día porque deprimía estar en ese apartamento sin hablar de nada). Me dijo que de joven, una noche en la que se aventuró a beber licor sin control, tuvo un romance con una chica llamada Miranda, y producto de eso nació su hijo Mario, del cuál contaba, siempre que lo recordaba, que había nacido producto de un error.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo siempre le dije que su hijo Mario no era un error porque error sería que naciera de la nada, pero como nació de una relación, entonces tiene un por qué. Simple uso de la ley de “acción y reacción” o “causa y efecto”. La tarde en que le dije eso sonrió por primera vez ante mis ojos, pero con sarcasmo. “Error, porque no estaba entre mis planes de vida” —fue lo último que me dijo esa tarde mientras caminaba con las manos agarradas atrás. Se pasó el resto de la tarde sin hablar nada, sino mirando al sol caer y admirando los colores que surgieran por el crepúsculo; espectáculo natural con el cual siempre se identificó a partir de que le diagnosticaran el cáncer —eso fue lo que me aclaró después, porque le diagnosticaron tal padecimiento mucho antes de que yo viviera en su apartamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa tarde... no, me equivoco, ya era de noche. Esa noche, me tocó escribir la primera carta a su hijo, quien lo iba a visitar una o dos veces al mes. Las visitas que le hacía eran muy incómodas porque jamás de los jamases se hablaban, a pesar de que su hijo siempre lo saludara con respeto y dirigiéndose todas las veces a “Sr. Michael” —nunca lo escuché llamarlo papá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No siendo mi padre, me dolió escuchar de boca de su hijo que cuando se conocieron por primera vez, hace pocos años, —me contó él que tenía treintinueve años para ese entonces y ahora tiene cuarentiuno— Michael le había dicho con carácter inflexible que de ese momento en adelante se dirigiera a él como si se dirigiera a un vecino, no como a su papá. Entonces, como les decía, Michael  jamás le dedico un “Dios te bendiga” ni un “hola ¿cómo estás?”, se limitaba a verlo a los ojos cuando le abría la puerta luego de que tocara el timbre dos veces —y por cierto sus ojos y sus expresiones eran idénticos. Creo que eso era lo que Michael siempre buscaba en los ojos de su hijo, y que por eso, le dedicaba una mirada de obstinado a Mario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mario esperaba a que le abrieran mirando al piso, mostrando su evidente pérdida de cabello en, si se puede llamar así, el tope de la cabeza; luego subía la mirada y mostraba un par de entradas un poco pronunciadas y tres arrugas en su frente, que aligeraba cuando su expresión facial se relajaba al ver a su padre aún sano. No vi, ni una vez, que el hijo de Michael lo mirara con desprecio, al contrario, en sus conversaciones inexistentes, casi mentales, había aires de admiración mutua, aunque nunca se lo dijeran entre ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que Mario iba a visitarlo llevaba tres bolsas o una, y cuando entraba al apartamento se acercaba con discreción a la mesa a dejarlas. Uno a uno sacaba los artículos de la bolsa y los iba acomodando a un lado de la mesa mientras los nombraba para que su padre escuchara lo que le había llevado. La última vez que lo hizo le había llevado una caja de habanos que tanto le gustaban a Michael, —fumador activo— también llevó un jabón aromático, unas cuantas cosas de cocina como leche en polvo, café y azúcar, y por último, un medicamento para los dolores que le dije, por medio de una carta, que le hacía falta a su padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sorprendió el hecho de que aunque nunca habían tenido un acercamiento digno de un padre con su hijo, a Mario no le faltaban detalles para con Michael. Le debo mi existencia, no quiere decir mi crianza, sino mi existencia —me decía Mario, un domingo por la noche. Así entendí por qué él era tan detallista con su irascible padre. Si fuese yo, jamás me hubiese acercado a un ser tan desconsiderado, pero Mario me dejó una bella reflexión sobre el perdón. Actualmente Mario tiene dos hijos y está casado con una puertorriqueña morena, tienen ya como quince años de casados. Creo que eso fue lo que me dijo la mamá de Mario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin que así eran todas las visitas de Mario, casi silenciosas. Pero faltó destacar un auténtico gesto del compromiso instintivo de ser padre. Recuerdo con alegría los gestos indirectos que tenía Michael para con Mario. Cada vez que su hijo lo visitaba, —que era siempre un día sábado— Michael preparaba café con leche y le extendía una taza llena hasta el borde de esa caliente bebida mañanera, con delicadeza, sin dejar que sus manos le temblaran, aunque se notaba que sus nervios estremecían su cuerpo por dentro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-7226105446532326796?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/7226105446532326796/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=7226105446532326796&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/7226105446532326796'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/7226105446532326796'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/04/linaza-1ra.html' title='Linaza (1ra)'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S80HERgcsUI/AAAAAAAADF8/ss2MAsdZVLM/s72-c/aceite2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-5705601383019313842</id><published>2010-04-17T12:24:00.001-04:30</published><updated>2010-04-17T12:26:49.235-04:30</updated><title type='text'>Como mil agujas (2da Parte)</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S8noMsrO0xI/AAAAAAAADFk/tLaeK5Z2H4E/s1600/layer_blood1_white.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 250px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S8noMsrO0xI/AAAAAAAADFk/tLaeK5Z2H4E/s400/layer_blood1_white.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5461151328011997970" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La manilla dejó de agitarse, mi corazón permanecía en vilo, mis ojos no podían despejarse de la pieza de metal, en cualquier momento sucedería algo más. Ya algunos compañeros estaban cerca de la ventana, intentando desesperadamente abrirlas, pero en vano, todas estaban selladas, incluso llegaron a romper vidrios y cuando habían roto como el quinto la puerta volvió a estremecerse. Todos volteamos a ver, con ese mismo gemido colectivo, yo no soportaba más, cubrí mi cabeza sobre el pupitre con mis brazos y aguardé a que sucediera lo mejor, pero no pude dejar de ver hacia la puerta. De ahí nadie tenía escapatoria, lo mejor era quedarse quietos y apostar a que los asesinos no te tomaran en cuenta, no provocarlos para ver si corrías con la suerte de quedar vivo. Una última patada terminó de abrir la puerta y frente a nosotros se alzaba un chico más o menos alto, flaco, con la apariencia de un debilucho, con una franela por máscara, lentes oscuros y ropa sucia; detrás de el aguardaba otro muchacho con la misma clase de apariencia, sosteniendo un arma semiautomática, apuntando al piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El clamor surgió, la angustia, el miedo, el terror terminó de apoderarse de nosotros. Los invasores preguntaban por alguien que allí no estudiaba y nos exigían que le dijéramos donde estaba esa supuesta persona. Nadie sabía, le decíamos que no conocíamos a esa persona, que seguramente estudia en otro turno del día. Pero era estúpido. Empezó a obligar a que se pusieran de pies algunos. El primero fue Reinaldo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue honesto y contestó que no sabía, pero no se puso de pie, por esa simple razón le dispararon en la cabeza y salpicaron a la chica de atrás, desmayándose en el acto. Lloraban, suplicaban, chillaban, yo seguía refugiado entre mis brazos, rogando al cielo que no me dijeran nada por estar de primero. Mataron a un segundo, con la misma pregunta, pero esta vez si se puso de pie, sólo que cayó al suelo, tropezando con pupitres, sillas y las piernas de otros muchachos. Un tercero y un cuarto nos estaban desquiciando entonces. Una quinta víctima, una de las chicas que siempre van arregladas, de esas que son guapas, a quien mataron por placer, lamentándose entre risas por haber liquidado “algo tan lindo”. En ese momento Victoria echó a correr, cegada, llevada por el pánico y sin llegar siquiera a la mitad del salón la alcanzaron con una bala que le entró por el pecho y salió por la espalda, alcanzando el hombro derecho de otro compañero detrás de ella. En cada disparo los gritos se intensificaban. En cada disparo yo sentía que moría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bastó con que subiera la cabeza un poco para que me apuntaran a mí. “Póngase de pie” me dijeron, alzando el brazo que sostenía el arma hacia mí, directo al corazón. “¿Usted sabe dónde coño está Gabo?”. Mi mandíbula recuerdo que temblaba sin control alguno, yo sudaba y las palabras no me salían, se amontonaban en mi garganta viendo cómo uno de ellos, el desarmado, abandonaba el salón, dejándome con el asesino al frente, repitiéndome la pregunta “por última vez”. “No sé quién es esa persona”, fue lo que dije, el tipo me miró de arriba abajo, sosteniendo el arma en forma horizontal. Yo sabía que me dispararían como a todos los que hicieron ponerse de pie. Así cerré los ojos y escuché que apretó el gatillo de golpe, sin dejarme contar hasta tres y tomar aire. Se oyó algo así como el sonido amortiguado de un yesquero, no sé; lo que sí noté es que seguía vivo, que mi corazón latía como un demente, que mi respiración continuaba desbocada y que sudaba más que nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Maldición” soltó el asesino y me atinó un golpe con la culata del arma en la cabeza, tumbándome sobre mi pupitre del dolor. El tipo viendo que se había quedado sin balas tomó una navaja de su cinturón, sin soltar su arma anterior, y nos amenazó enseñándonos el filo del objeto. Cualquiera que se atreviera a ser héroe esa noche no lo contaba. Al salón volvió el otro hombre, aparentemente más joven, casi corriendo y perdiendo los lentes por accidente, describiendo sus ojos y un lunar que nadie más en este mundo tiene, sino un primo segundo mío. El tipo dijo que habían llamado a la policía, que tenían que irse y volver otro día, pero como recuerdo arrojaron una botella que al reventar hizo del suelo un charco en llamas, luego otra que calló a los pies desnudos de una chica, después otra más que encendió la espalda de un muchacho que había echado a correr por el pasillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los gritos, el calor, el olor a sangre y a humo penetraban mi cabeza, generándome un dolor indescriptible. Quedamos atrapados en la universidad, con la única salida restringida por el fuego, lamiendo el suelo y las paredes, consumiendo papeles, bolsos y unos cuantos cuerpos que en el piso descansaban, sin vida. Un chico corría y chocaba contra todo, con el rostro encendido en fuego, la ropa negra la piel medio pelada de tanto darse con las manos. Mi única opción fue subir las escaleras, aunque sé que el humo sube y el fuego se extiende, pero tenía que conseguir algún escape. Detrás de mí corrieron los pocos que quedaban bien, huyendo de las súplicas del chico incendiado. Los salones estaban desastrosos, algunos incluso dejaron sus pertenencias. Todas las ventanas estaban selladas, ninguna daba la posibilidad de escapar. Íbamos de un lado a otro, ahogándonos con el humo que no dejaba de subir, hasta que pensé en la oficina de coordinación y entramos buscando las ventanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomé la silla del escritorio y la arrojé sobre el ventanal, dejándonos el suelo sobre el que caeríamos, lleno de vidrio y con una silla en el medio. Terminé de romper el vidrio con mis zapatos y todos nos preguntábamos mentalmente si podríamos soportar esa altura, que a pesar de no ser de cinco pisos, para ser apenas el primero, después de la planta baja, estaba demasiado alto como para pretender caer sanos como unos gatos. Unos pocos saltaron sin pensarlo dos veces, estaban al borde. Lo que vi no me gustó nada. Se fracturaron cada hueso que fuera posible, uno de ellos se rompió asquerosamente una de las piernas y pude ver lo blancuzco de su estructura ósea. Nuevos gritos, nuevos chillidos. Miré para atrás, estábamos indecisos, caeríamos sobre ellos. Miré abajo, soltando lágrimas, sin saber qué hacer y de pronto caí, alguien me había empujado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Perdí uno de mis pies en la caída, el vidrio me lo destrozó. Sentí tanto dolor que no eran suficientes todos mis gritos y no importaba que me retorciera, eran como mil agujas penetrando mis huesos desde la planta. Ahora ya camino, pero aún sigo en terapia psicológica. Lo que se dice es que eran antiguos estudiantes reprobados de la universidad, incursos en la delincuencia, que aprovecharon la oportunidad de cobrarle una deuda a un vendedor de drogas para vengarse de la facultad. La policía sé que está detrás de todo eso, en cuanto a las drogas se refiere, porque los ladrones y traficantes les pagan para que no los encarcelen. Aún así, al día siguiente, aparecieron los supuestos responsables detenidos, reseñados en el periódico, entre los cuales jamás vi el rostro de mi primo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-5705601383019313842?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/5705601383019313842/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=5705601383019313842&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5705601383019313842'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5705601383019313842'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/04/como-mil-agujas-2da-parte.html' title='Como mil agujas (2da Parte)'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S8noMsrO0xI/AAAAAAAADFk/tLaeK5Z2H4E/s72-c/layer_blood1_white.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-3659908801369053997</id><published>2010-04-15T01:39:00.001-04:30</published><updated>2010-04-15T01:47:42.058-04:30</updated><title type='text'>Como mil agujas (1ra Parte)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right; color: rgb(255, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;"Sangre, tragedia y un delito pasional"&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S8avWhjNgaI/AAAAAAAADFQ/zhx-4uUY08o/s1600/layer_blood1_white.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 250px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S8avWhjNgaI/AAAAAAAADFQ/zhx-4uUY08o/s400/layer_blood1_white.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5460244399731343778" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La policía vino y nos interrogó a todos los que quedamos, pero fue algo estúpido de su parte, todos estábamos vueltos locos, paranoicos, con los ojos desorbitados u otros con los ojos cerrados hasta más no poder, los gritos los tenía clavados en la mente, el llanto aún hacía eco en mis pensamientos, no podía alejar esos recuerdos de mí, estaban ahí, reteniéndome en el pasado sin dejarme salir. No comía, no bebía ni una sola gota de agua, estuve así por varios días, tragando casi sin masticar, cucharada tras cucharada en las manos de mi madre y de mi hermana, tal cual un bebé. Aprendí a defenderme por mí mismo, otra vez, tiempo después, cuando por fin volví a la realidad, cuando dejé de soñar con los mismos chillidos, con ese olor putrefacto y el calor que me mordía la piel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando me tocó a mí rendir declaraciones no hablé, estaba sumido en un mundo de terror, un infierno que de sólo pensarlo reproduce todo el miedo que sentí en aquella noche, acelerando mi corazón, haciéndome sentir ese bajón de temperatura que provoca las alteraciones de la tensión, oprimiendo mi estómago y obligándome a repetir como un demente, una y otra vez, que todo había pasado, que ya todo está bien, para poder calmarme y no entrar en pánico nuevamente. Cuando por fin me dispuse a hablar no dejé de llorar toda la sesión, había reprimido todas mis emociones durante un buen tiempo. La muerte nunca la vi tan cerca y tan posible como esa vez, frente a frente, rozando mi cara, sentado en la primera fila como acostumbraba. Ya ni siquiera le temo a ciertos peligros, porque habiendo superado éste, son pocas las cosas que me resultan pavorosas. No quiere decir que ya no sienta temor, pero al menos ya experimenté la muerte de cerca y eso genera cierto alivio, no lo sé explicar. Simplemente ya no le temes tanto a la muerte y te vuelves indiferente con algunas cosas en la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No volví a pisar ese sitio durante dos años y eso me costó un retraso considerable en los estudios. No es para menos. Nunca pude hablar con los policías y el detective que llevaba el caso, mi versión de los hechos llegó a ellos porque accedí a que las grabaciones de mi psicólogo les fueran entregadas en una copia. No me atrevo aún a hablar con ellos, porque sé quién era uno de los asesinos y se rumora que la policía estaba metida en eso, todo a causa de varias hipótesis, varias historias sostenidas por diferentes personas que terminaban por quitarle sentido a todo, si aquello fue una locura, las versiones lo son más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran las seis y veinte cuando llegué a la universidad, estaba entrando tarde. Temí no poder entrar a la clase, pero para mi suerte la profesora estaba de buen humor y me permitió pasar. Tomé asiento en uno de los puestos delanteros, el único que quedaba libre; para aquel entonces estábamos a mitad del semestre y cada quien tenía un puesto tácitamente asignado o marcado. Todos estaban ubicados como de costumbre, era un día normal. La clase se desarrolló como siempre, algunos intervinieron, otros sólo molestaban, la profesora amenazaba con dejar la clase por indisciplina, pero eran tiempos de fútbol y pues eran inevitables los comentarios, los chistes y las riñas deportivas entre alumnos. Para cuando llegó el momento de la segunda clase todos estábamos más o menos aburridos, queriendo salir a ver el partido que estaba a punto de terminar. Un par de muchachos escuchaban en la radio, gracias a sus celulares, como iba el juego, soltando alaridos, aplaudiendo y gritando el gol, aprovechando que el profesor aún no llegaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron muchos minutos, más de media hora; el profesor seguía sin llegar, las conversaciones eran de tono más elevado y pensar era prácticamente imposible con el bullicio, el ruido de los pupitres al ser arrimados, las risas, el acondicionador de aire que le faltaba una reparación. Yo me aburrí tanto que, disimuladamente, me sacaba los mocos, jugando con un trozo seco que luchaba por pegarse a mi nariz. Cada quien, cada grupo, hablaba de cosas diferentes, yo me seguía hurgando la fosa nasal, hasta que escuchamos unas pocas personas correr por el pasillo, como en una especie de estampida ridícula. Nos callamos, escuchamos atentamente, era un comportamiento automático, incluso sentí que me asustaba mientras el silencio volvía y así mismo nos calmábamos cuando, seguramente, pensábamos que eran algunos fanáticos escapando de clases para celebrar la victoria de su equipo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bullicio y el desorden regresaron, como un mercado en pleno domingo por la mañana. En el pasillo se escuchaban algunas personas hablando, como preocupadas, asustadas por algo, pero entre la bulla y mis trozos secos en la nariz no logré comprender ni le presté mucha atención. Yo escuchaba más que los demás, puesto a que estaba de primero, sin hablar, totalmente distraído con mis mocos, quizá colocando cara de idiota o retrasado mental. Todo se mimetizaba perfectamente con un ambiente de tensión deportiva. Me cansé de no poder sacar el trozo verde, me dispuse a descansar mis brazos y mi frente sobre el pupitre, ladeando la cabeza hacia la izquierda, reposándola sobre mi oreja y a su vez sobre mis brazos. Lo que vi a continuación, a través de unos espacios que tiene la puerta en la parte de abajo, fueron varias personas corriendo, varias piernas pasando fugaces, a todo pulmón, mientras decían groserías en tono de miedo y exaltación. Decían “¡Mierda, tenemos que irnos! ¡Corre idiota corre!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El silencio se volvió a apoderar del salón, todos prestaban atención a la creciente escaramuza que por los pasillos huía. Uno de mis compañeros, Betancourt, se acercó a la puerta para abrirla y ver qué pasaba. No había olor a quemado, no había un temblor, posiblemente alguna persona se había desmayado y la llevaban de urgencia o qué sé yo. Al menos así pensaba antes del disparo. Betancourt se echó hacia atrás de un salto, recogiendo los brazos para proteger su pecho con un acto reflejo, en el salón se escuchó una especie de gemido colectivo que me indujo al miedo, empezaban a decir “Ay Dios mío” algunas chicas, otros repetían groserías. Cuando volví a ver los espacios o respiraderos, como se llamen, de la puerta vi dos pies en el suelo, apenas las puntas, con los talones hacia arriba, habiendo caído alguien allí mismo por el impacto de la bala. Todo fue tan de repente que perdía detalle de ciertas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera surgieron gritos tan desgarradores que sentí los podía oír como a pocos centímetros de mí, todos nos mirábamos unos a los otros y de pronto volcamos nuestra atención hacia la puerta. La manilla luchaba por girarse, estaba medio atorada, nosotros estábamos sin aliento, respirando como caballos de carreras, cada sonido parecía cobrar intensidad, nuestros sentidos se agudizaron, la sangre me hervía. La persona que intentaba entrar no podía, así que empezaron a darle patadas, golpes que me hacían encogerme de hombros cada vez que estremecían la madera. Las chicas empezaron a llorar, se escucharon otros disparos, más gritos, llantos, súplicas. Algunos pupitres arañaban el suelo, las sillas también, y cada vez que escuchábamos aquello una detonación lo acompañaba, como si pidieran a los demás que se pusieran de pie únicamente para fusilarlos. Fue entonces que el resto de los salones, que imagino estaban a salvo, se dieron cuenta que aquello eran disparos y un montón de estudiantes bajaron las escaleras del segundo piso, ahora si como una horda de animales, haciendo vibrar el suelo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-3659908801369053997?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/3659908801369053997/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=3659908801369053997&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/3659908801369053997'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/3659908801369053997'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/04/como-mil-agujas-1ra-parte.html' title='Como mil agujas (1ra Parte)'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S8avWhjNgaI/AAAAAAAADFQ/zhx-4uUY08o/s72-c/layer_blood1_white.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-5217774756694831941</id><published>2010-04-13T00:53:00.004-04:30</published><updated>2011-01-12T14:13:02.148-04:30</updated><title type='text'>Inicios de una maldición</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);font-size:85%;"&gt;"Sangre, tragedia y un delito pasional"&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;a href="http://oceanosurreal.blogspot.com/2009/05/detras-de-diario-de-una-victima.html"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;"Diario de una víctima" (historia alternativa)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S8QBE1tLtNI/AAAAAAAADFI/JZXyG1cbbIk/s1600/Electric_chair_Sing_Sing.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 304px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S8QBE1tLtNI/AAAAAAAADFI/JZXyG1cbbIk/s400/Electric_chair_Sing_Sing.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5459489830927578322" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hace tiempo, creo que en mil setecientos cuarenta o un año más tarde, era de noche y mis amigos y yo estábamos jugando en el patio trasero del vecindario cuando mi padre llegó a casa con siete amigos. Eran tres mujeres y cinco hombres, entre ellos mi papá. Me dio curiosidad porque no había nada planificado en casa que yo supiera, así que dejé a mis amigos y los seguí hasta la casa. Tenían una actitud extraña y uno de ellos llevaba consigo un bolso de cuero. Subí y entré a la casa por la puerta de atrás para llegar primero y busqué a mi mamá con la mirada en la cocina para ver si la encontraba y para que me explicara a qué se debía la reunión. Ese día mi mamá había ido al velorio de un amigo de su familia materna y seguía sin llegar, a pesar de que ya era de noche. Así que el único al que podía recurrir era mi padre, pero me di cuenta que empezaba a cubrir las ventanas, cerrar la puerta, bloqueándola con la cadena del seguro y apagó dos velas, dejando únicamente la lámpara moribunda que amenazaba con apagarse sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El comportamiento silencioso y vigilante de las ocho personas me dio miedo, me decía que estaban ocultando algo y que mi presencia allí no era deseada, nadie debería estar allí, así que me escondí detrás de la pared que separaba la sala de la cocina. Mi padre parecía muy nervioso y pensé que se debía a que mi madre podía llegar en cualquier momento, así que no perdieron tiempo y de la bolsa de cuero sacaron una tabla con letras grabadas y una especie de lupa extraña, se sentaron alrededor una mesa vieja que mi mamá usaba para sentarse a hacer bordados y sobre ella colocaron la tabla con la lupa. Me estaba asustando, sentía un mal presentimiento de todo eso, me arrodillé para opacar un poco el frío y agazapado escuché que pedían silencio y concentración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerraron los ojos y respiraban profundo, el aire se hacía pesado, el frío aumentó, tomé la posición fetal y los brazos de los adultos en el juego empezaron a moverse lentamente, acompañando cada uno con un dedo al señalador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Hay alguien con nosotros? –Preguntaron, abriendo la sesión- ¿Hay un espíritu ahí? ¿Eres un espíritu bueno o malo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escuché cómo el viento soplaba, generaba un silbido horroroso, también escuché los vidrios agrietarse como hojas secas al rasgarse, las cortinas volaban y un mar de sombras se sumió sobre toda la casa, dejando todo tan oscuro como el cielo si no tuviera estrellas. La visión era poca, sólo podían verse las siluetas de las personas. El señalador se movía con mayor velocidad, aquello parecía manipulado por la mano de alguien pero todos abrieron los ojos sorprendidos por lo que sucedía, sin podérselo creer, mirándose entre ellos. Fueron pronunciando letra por letra a medida que aquella cosa las señalaba. Cuando estuvieron a punto de completar el nombre uno de ellos gritó que no se les ocurriera pronunciar ese nombre. Los vi muy asustados, yo ni siquiera comprendía qué hacían. Entonces el señalador empezó a moverse con violencia de un extremo al otro de la mesa y mi padre se levantó de un salto, dijo totalmente alterado que tenían que detener eso, los demás abandonaron el señalador, lo soltaron y aquella pieza seguía moviéndose sola, frenética, danzando por todo el tablero con locura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi papá echó a correr en mi dirección, tumbando unas cuantas cosas en su camino, alocado, buscando fuego para encender las velas seguramente, pues la oscuridad era fantasmal. Uno de sus pies pateó una de mis piernas por accidente, no me había visto, así que bajó la mirada soltando un grito de profundo miedo y los demás miraron hacia él con los brazos engarrotados y las cabezas ladeadas, temblando como muñequitos. Por la mirada de mi padre pensé que me había reconocido, que ese miedo paralizador era un efecto de haberse sentido descubierto, pero me di cuenta de que no, cuando vi bien sus ojos no me estaba mirando a mí sino al vacío, agitándose como si fuera a vomitar, cubriendo su abdomen con sus manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas cosas empezaron a caer solas, los invitados de mi padre luchaban por recuperar el control de sus cuerpos, gritando que por favor los soltara, pero yo no vi que otras personas los retuvieran, le estaban gritando a algo que yo no veía. Segundos después cayeron al suelo, arrastrándose involuntariamente hacia la mesa, colocando una mano cada uno sobre el tablero. Mi padre se acercó hasta uno de los hombres y de su pantalón tomó una daga o algo así, con lo que pinchó el dedo de cada uno de los allí encontrados, incluso el dedo índice de él mismo, arrancándole gritos de dolor a cada uno de ellos, mientras por la ventana pude ver que se acercaban algunos vecinos, adelantados por las lámparas que sostenían al nivel de sus cabezas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ocho sangraron sobre la mesa y pronunciaron palabras que ojalá yo pudiera olvidar, palabras dichas al unísono, estremeciendo todo mi cuerpo y dando la impresión de que toda la casa retumbaba como los latidos de un corazón. Me asusté tanto que solté un lamento, uno que llamó la atención de los ocho endemoniados, poseídos por el mal, actuando como animales en cacería, gateando lentamente hacia mí, apeándose poco a poco con expresiones desquiciadas. El vidrio de las ventanas terminó por estallar y grité, grité tan fuerte que los detuve del asombro y a la puerta tocaron los vecinos y llamaron con preocupación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corrí hacia la puerta por donde entré a la casa, la que conecta la cocina con el exterior, y detrás de mí venían los poseídos. Corrí con una velocidad que jamás había experimentado en los juegos con mis amigos, mirando atrás varias veces, viendo que se acercaban a paso vencedor. Detrás de nosotros corrían los vecinos con escopetas, lámparas y garrotes. La luna me seguía a todos lados al igual que los adultos, la noche cubría por completo mi cuerpo con su manto de estrellas y su silencio profundo y frío. No podía seguir corriendo, mis piernas parecían encendidas en fuego, sentía un calor tremendo en mis venas. Me di cuenta que estaba corriendo solo, ya no se escuchaban otros pasos pero cuando volteé estaban ellos allí a unos cuantos metros de distancia, agrupados, mirándome con sus cuerpos rectos y sumidos en las sombras, dándome a entender que me deseaban y que como fuera me capturarían. Estaban jugando conmigo, dejando que me agotara para luego convertirme en un despojo de sangre y huesos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hice ademán de volver a correr pero no se movieron así que pensé que era un juego muy macabro que había terminado, sin embargo mi cuerpo de desplomó contra el piso tras un jalón que le dieron a mis piernas, una fuera ejercida de la nada que me arrastraba en la tierra y me acercaba a ellos, yo gritaba, ellos empezaban a sonreír. Sus manos acariciaban con anticipo la victoria, alargándose en mi dirección para hacerse conmigo, algo invisible me seguía arrastrando y mi garganta se secó de golpe, llevándome a toser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me taparon la boca, me rodearon con ojos de canibalismo, sus manos empezaban a desnudarme y a quemarme, estaban como prendidos en fiebre, la más alta que jamás yo haya sentido. Uno de ellos tomaba la daga y yo le gritaba a mi padre que me salvara pero era estúpido el esfuerzo, él era uno de los que me sostenía los brazos. Se alzó la daga más arriba que sus cabezas y justo al bajar escuché gritos de parte de los vecinos, pretendiendo ahuyentar a mis captores; éstos terminaron corriendo, dejándome adolorido, cansado y quemado en las partes del cuerpo que más me apretaron con sus manos, yo eché a llorar descontroladamente y una de las vecinas me cargó entre sus brazos mientras que los hombres corrieron siguiendo a los ocho malditos, dispuestos a matarlos. Tres de los siete hombres que fueron en la búsqueda no volvieron jamás.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-5217774756694831941?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/5217774756694831941/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=5217774756694831941&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5217774756694831941'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/5217774756694831941'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/04/inicios-de-una-maldicion.html' title='Inicios de una maldición'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S8QBE1tLtNI/AAAAAAAADFI/JZXyG1cbbIk/s72-c/Electric_chair_Sing_Sing.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-1599134653411347605</id><published>2010-04-11T23:44:00.003-04:30</published><updated>2011-07-16T20:59:46.363-04:30</updated><title type='text'>Sobredosis (2da Parte)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;"Sangre, tragedia y un delito pasional"&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S8KilkDfq2I/AAAAAAAADE4/Ji-30lqfabs/s1600/conducir-noche.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 205px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S8KilkDfq2I/AAAAAAAADE4/Ji-30lqfabs/s400/conducir-noche.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5459104464543656802" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su novia nos acompañó, trayendo consigo su linterna y una bolsa de dátiles. Me dio las gracias por ayudarlo a acostarse y le dije que no había nada que agradecer, era como mi hermano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es como mi hermano y tengo que cuidarlo.&lt;br /&gt;- De todas formas gracias.&lt;br /&gt;- Está bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví con Daniel y su cita, Antonieta, mi amigo se reía solo, tenía algo en mente y me lo dijo al oído después. Estaba también hasta la madre de alcohol, pero antes de acostarse quería jugarle una broma a los chicos, se había llevado consigo una serpiente de goma, muy realista por cierto. La buscó y me la enseñó, diciéndome que valdría la pena escuchar los gritos de Mónica al despertar. Esperamos un buen rato, dando tiempo a que se durmieran. Yo estaba algo emocionado con la “brillante idea”, pues bueno, eran vacaciones ¡y qué coño! Quería reírme de alguien esa vez, para no ser el único objeto de burla, pero en el fondo sabía que no sería tan buena la experiencia, a la final terminaríamos incómodos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daniel se acercó como la pantera rosa, en silencio, a la carpa de los muchachos, de los cuales no esperábamos encontrarlos teniendo sexo, porque Christian estaba tan borracho que su sangre ya debía tener otro color. Más temí por la pobre Mónica, porque el otro ni cuenta se daría. Poco a poco se fue acercando Daniel, sin hacer ruido, descalzo, conteniendo la risa y dando pasos igualmente tambaleantes, Antonieta esperaba conmigo desde la otra carpa. Fue abriendo lentamente la carpa, intentando no despertarlos, iba ya por la mitad del proceso y Mónica echó a gritar como una loca histérica. Gritaba “¡Un ladrón, un ladrón!” Varias personas voltearon a vernos, algunas linternas nos apuntaron como venados siendo cazados. Antonieta soltó unas cuantas risas y el interés colectivo en nosotros se perdió de golpe, con algunos comentarios de molestia y otros de humor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Si las cagas, muchacha! –chistó Daniel, riendo un poco, terminando de abrir la carpa y echándose al piso- Nojoda, me cagaste la vaina…&lt;br /&gt;- Es suficiente –dije, tomando a Daniel por un hombro, invitándolo a levantarse y olvidar esa tontería. Después de todo mi presentimiento tenía sentido.&lt;br /&gt;- ¡No hagan esto vale! –chilló Mónica, casi llorando, pero más que por el susto, por la pena, se dio cuenta de las linternas y la alerta pública.&lt;br /&gt;- Es que más nunca lo haré –dijo Daniel, desencantado por no poder dar su sorpresa- lo arruinaste todo. ¡Pero míralo! –terminó de decir, cambiando el tema, entonces sorprendido por Christian, riéndose de su borrachera- jajaja está tan bebio que ni siquiera escuchó. Verga yo con esos gritos tuyos, mínimo me da una verga...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antonieta reía, Daniel reía, a mí me hacía gracia la situación, pero no tanto como para reír a carcajadas. Daniel empezó a agitarle una pierna a Christian, intentando despertarlo, para seguir jodiéndole la paciencia, decía “¡Marico estás más borracho que puta con orgasmos múltiples!” la gente alrededor reía. Todo se volvió divertido, pude soltar carcajadas, esperaba que algunos de los chicos de esos se asomara y me viera, me distraje un momento y en un momento todo cambió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mónica dijo “un segundo”, pidiendo un poco de silencio y atención. Christian solía roncar en cualquier posición que lo pusieras a dormir. De pronto guardamos silencio, la situación parecía no tener mucha importancia, estaba borracho y más nada, hasta que Mónica se agitó y empezó a cachetear a Christian, desesperada, repitiendo varias veces “¡No respira, no respira!” nos quedamos paralizados, estábamos aún en proceso de asimilar la situación, Antonieta me apretó el brazo izquierdo, se respiraba tensión. Daniel sin perder mucho tiempo sacó a Mónica de la carpa y empezó a manipular el cuerpo de Christian para conseguir alguna reacción, pero se dio la vuelta, me pidió ayuda y lo sacamos de ahí. Mónica abrió la camioneta con las llaves que le dio Daniel y se llevaba las manos a la cabeza, alborotándose el cabello del desespero sin saber qué hacer. De la carpa de nuestros nuevos amigos salió la cabeza del tipo, escondiéndose detrás de una toalla, preguntando qué había pasado, a lo que contestó Antonieta. El tipo se metió a su carpa, la misma se estaba sacudiendo. Al rato salió y llevó a Antonieta y a su chica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la camioneta montamos a Christian atrás con Mónica, y yo entré corriendo al asiento del copiloto, temiendo lo peor, dudoso porque mi amigo era un hombre joven. Mónica iba llorando, Daniel luchaba contra los efectos del alcohol para parecer controlado, pero el llanto de la chica, la falta de respiración y la alarmita del vehículo de cuando está una puerta mal cerrada lo estaban volviendo loco. Arrancamos como soplados por un huracán, dejando polvo detrás, dejando a Antonieta en manos del “vecino” y su novia. La carretera parecía la boca de un lobo, pero por suerte solitaria. Mi amigo pudo acelerar tanto como pudo, yo sentía que me hundiría en el asiento, Mónica intentaba darle en el pecho a Christian para que recuperara los latidos del corazón, decía que se estaba poniendo frío, pero era muy rápido para eso, estaba delirando, completamente loca, desesperada, llorando, diciéndole al cuerpo de nuestro amigo que no se fuera, que despertara, que no la dejara. Daniel iba viendo hacia atrás varias veces, yo le pedía que por favor sólo mirara hacia delante, que volteara únicamente cuando llegáramos a Santa Elena, pero no me hacía caso, se le aguaban los ojos en el camino y cada vez que volteaba le daba más golpecitos de impaciencia al volante, invocaba a Dios, decía “Dios mío” tantas veces como Mónica pedía que se apurara. Detrás de nosotros aparecieron dos luces diabólicas, volando casi a nuestra misma velocidad, bailando en la oscuridad y aclarando un poco más el camino pues tenían mayor alcance.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó un momento en que nos hacía cambio de luces, luego empezó a hacer señales más rápidas y en eso sonó el celular de Daniel, que no reaccionaba al hecho. Yo contesté. Para cuando escuché la voz de Antonieta fue tarde, Daniel Miraba a Mónica por el retrovisor interno, pidiéndole casi a gritos que se callara, estaba enervado, alterado. Sólo alcancé a escuchar “cuidado con…” Miré al frente y tomé aire de la impresión, mi pecho se infló de golpe, Mónica gritó tan duro que sentí que hacía eco en mi cabeza, Daniel frenó tanto que el carro se volcó, el ruido era ensordecedor, ninguno de nosotros llevaba puesto el cinturón de seguridad, todo daba vueltas, todo era ruido, nuestras mentes estaban en blanco, yo me sentí un muñequito en una lavadora. Estaba aterrado, no sentía dolor a las dos vueltas. Sonaron huesos resquebrajarse, no supe en quién pensar, por quién preocuparme, sólo respondía a mi propia seguridad hasta que no recuerdo qué más pasó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me contó Antonieta que el auto quedó como si arrugaras un papel en tus manos, que nos encontraron inconscientes, yo tenía la cabeza rota por el vidrio y el tablero, con la frente bañada en sangre, hasta los ojos y la nariz. Un solo hilo de sangre llegó hasta mi quijada y goteaba hasta la ventana, porque quedamos de lado. Daniel Se había fracturado unas cuantas costillas, la clavícula derecha, la pierna izquierda y el brazo, estaba echado hacia mí, con los brazos colgando, la boca partida y unos pocos dientes faltantes, dejando el volante ensangrentado. Mónica estaba pisada por el auto, con medio cuerpo fuera de la ventana –estaba dentro del auto de la cadera para abajo, y afuera, sobre la tierra y la hierba seca, desde la cadera para arriba, rota por todos lados porque supuestamente el auto se corrió un poco y la arrastró sobre la tierra, raspándole la cara y los brazos. Ella se rompió el cuello y parecía un títere tirado en el suelo, sin mucha sangre, pero con bastante tierra en las heridas. Nuestro amigo Christian murió, no pudimos hacer nada por él. Decían que sufrió un coma etílico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella mañana en el hospital, desperté preguntando por mis amigos, seguro de que Christian, Mónica y Daniel estaban vivos, porque ellos me hablaron y me dijeron que todo estaba bien, que así debían suceder las cosas, estaban siendo llamados. El doctor dijo que es parte del proceso traumático alucinar o tener sueños y pesadillas muy vívidas. Pero insisto en que fueron ellos tres los que me hablaron, sonriendo, felices, cómodos, satisfechos como si nada hubiese pasado y la celebración continuara. Lo que sucedió es que había un hueco, un desnivel en el asfalto del cual no nos percatamos y Antonieta llamaba para decir que el “vecino” le dijo que nos advirtiera que había visto temprano una cosa así en el camino, que tuviéramos cuidado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-1599134653411347605?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/1599134653411347605/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=1599134653411347605&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/1599134653411347605'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/1599134653411347605'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/04/sobredosis-2da-parte.html' title='Sobredosis (2da Parte)'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S8KilkDfq2I/AAAAAAAADE4/Ji-30lqfabs/s72-c/conducir-noche.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-7890827056580900837</id><published>2010-04-10T16:16:00.003-04:30</published><updated>2010-04-13T01:01:11.701-04:30</updated><title type='text'>Sobredosis (1ra Parte)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;"Sangre, tragedia y un delito pasional"&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S8DpWMNYzTI/AAAAAAAADEw/vSOo0RquCAs/s1600/conducir-noche.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 205px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S8DpWMNYzTI/AAAAAAAADEw/vSOo0RquCAs/s400/conducir-noche.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5458619315816811826" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mónica, Antonieta, Christian, Daniel y yo nos fuimos a la Gran Sanaba en semana santa el año pasado. El presidente extendió los días feriados y eso nos dio oportunidad para irnos por un buen tiempo. Fuimos con la camioneta del padre de Daniel, íbamos incómodos casi que con las maletas en las piernas, pues no nos daba abasto el poco espacio que había. Teníamos de todo, hornillas pequeñas con pequeñas bombonas de gas, dulces, atún, pasta, harina, salsas, como cinco garrafas grandes de agua mineral, más algunas tabletas de esas que se echan para poder beber el agua no potable. Ya hasta me siento como mi hermano Juancito con las palabras rebuscadas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Potable… Qué coño, agua para beber…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, llevamos un verguero para comer y, por supuesto, no nos faltó el licor, casi nos llevamos la licorería completa, ¡porque para beber estamos mandaos! Esa pobre camioneta de verga anduvo, íbamos tan full que teníamos que abrir las ventanas para sentir algo de fresco, pero ¡Nooo mano! El calor era horrendo. Esa verga parecía un horno por la tarde, menos mal que nos fuimos a las cuatro y a mitad de camino el sol se fue pal coño, yo me estaba asando. Las chicas se quejaban de que el viento las despeinaba y nosotros no le hicimos caso, porque ¡o sea!, si vas de viaje a rustiquear no te vas a poner con mariqueras, menos si eres consciente que vamos pal monte. Es que, bueno… son mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi fuimos seis personas, tres pa tres, pero a mí me enfriaron el guarapo a última hora. La chica se dio cuenta de que no quería nada serio, de que estaba “experimentando”. Bueno, mentira no era, porque le juego al otro bando, como dicen mis amigos, ya sabes, no me gustan los jugueticos de una mujer, pero somos buenos amigos, hermanos de toda la vida, desde la escuela y no me iban a echar el carro. Les dije que no iba a incomodarnos y que intentaría llevar una chica, porque no es que me rechacen, nunca lo han hecho, pero no les gusta la vaina, “¿dos tipos juntos?” Es lo que me dicen siempre. Por eso decidí llevar a una conocida, pero no sé qué pasó ahí que la fiesta se me apagó. Estábamos contentos porque pensamos que iba a intentarlo, además llevamos tres carpas buenas, tú entiendes. Pero bueh…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El trayecto nos llevó ocho horas, Daniel maneja como un morrocoy desmayao. Cuando por fin llegamos, nos bajamos suspirando del alivio, teníamos las piernas dormidísimas, nos queríamos echar un baño, sin importar que la noche cayó y que el agua del riachuelo debía estar bien fría. Se nos hizo un culo armar las carpas con tanta oscuridad, las linternas no ayudaban mucho, las mujeres tampoco ayudaban mucho, estaban ocupadas buscando el jabón. Ese día dormimos mal, teníamos las expectativas a mil y no hicimos más nada que llegar y echarnos a roncar. Me acosté solo en mi carpa, pensando en unos chicos que vi que acampaban cerca de nosotros, eran apuestos. Christian se jugaba conmigo y se burlaba, me repetía una y otra vez que ese “guevo” está hecho para las “catalinas”, que fuera serio. Me molesté por la insistencia de Christian, le di la espalda y entré en mi carpa con la pena en la cara, no hallaba dónde esconderme para huir de las miradas de la gente que escuchó la gracia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al otro día nos fuimos a ver uno de los siete saltos, nos costó una bola llegar al sitio, andábamos perdidos en ese sitio y mientras más preguntábamos más nos perdíamos, hasta que conseguimos a alguien que nos dijo que lo siguiéramos, que también se dirigía al sitio. ¡Fue arrechísimo! Parecía un cuento esa vaina, Mónica no dejaba de decirnos que posáramos aquí y allá, de una forma y de la otra, en grupo y otras fotos en individual. Me sacaba la piedra esa vaina, yo quería distraerme, ver todo aquello y ella no dejaba de tirarle fotos a las más ridículas. Antonieta no se despegaba de Daniel ni un segundo, era un chicle, no nos dejaba jugarnos con nuestro amigo, toda verga tenía que ser consultada con ella, si le dábamos un cerveza ella tenía que supervisar la dosis, nojoda. Honestamente Antonieta es una ladilla humana, en todo está metida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente con la que fuimos hasta los saltos era bien chévere, un tipo como de cuarenta y su mujer como de veintisiete si mal no recuerdo. Nadie preguntó, pero era obvia la chuleadera crónica que destilaba esa niña, o sea, hasta yo la podría pasarla por la paila, pero el de los riales era el tipo aquel, no yo. Jajajaja, por ahí un amigo me dijo que no crea que las mujeres únicamente ven el dinero, y bueno, admito que “como todo es relativo”, como dice mi hermanito, hay de todo y para todos y no todas las mujeres buscan dinero. Ponte a pelar bolas para que veas jajajaja, sólo una masoquista mantiene a un zángano. Como sea, la pareja era bien chévere y nos la llevamos bien, todo era risa y risa. Eran de Caracas y se habían echado un buen viajecito en carretera, si nada más de allá a Puerto Ordaz son como diez horas, imagínate para allá para la Gran Sabana. Mínimo tuvieron que haber hecho dos paradas y una de ellas para dormir. No me creo ese cuento de que se fueron de una, o sea, ni porque me crezcan las bolas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se nos hizo tarde sin darnos cuenta, tuvimos que volver a nuestras carpas casi corriendo. Como ya habíamos comido algo por ahí, en mitad del camino, unos cuantos panes con salsas y atún, decidimos sentarnos en la oscuridad a tomar. El tipo encendió una lámpara de campo bien fina, su chama se cambió y se puso unos pantaloncitos tan cortos que se le veía el alma. Mis amigos voltearon a verla, por supuesto, no era de esperar menos, y Mónica y Antonieta se dieron cuenta. Se molestaron, claro. Terminamos tomando, jugando un juego de palabras, algo así como un contrapunteo y el que respondiera lento o si se quedaba en blanco sin saber qué contestar, debía beber un trago de ron seco, de un solo trago. Era divertido, Christian perdía a propósito, sólo para tomarse toda la vaina él solo. Las chicas parecían inhibidas, dispuestas a todos, los hombres estabas más resbalosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos empezaban a asumir posiciones más cercanas, el grupo ya no parecía un grupo, sino unas cuantas parejas en un bar clandestino. Yo no bebí tanto, porque no es lo mío, en cierta forma era interesante verlos a todos ceder ante los encantos de la piel. Los primeros en irse a “dormir”, fue la pareja que conocimos allá, más contentos que cuando los vimos por primera vez, a sabiendas de que la fiesta apenas empezaba, todos estábamos conscientes de eso, pero nadie comentó nada. Tenemos esa mala costumbre ¿Cierto? Si es algo tan natural, común, simple y vulgar, que todos los días y en todo momento ocurre, de todas las formas, aún así lo ocultamos. Creo que eso lo hace atractivo, tentador. Bueno, mis amigos, las chicas y yo nos quedamos bebiendo, Christian bebía a sobremanera, su chica, Mónica, estaba despreocupada, acostumbrada a que él bebiera como un pez, resignada a su hábito. Yo me preocupo por mis amigos, pero por mucho que uno les de consejos, insistir demasiado se vuelve cansador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se escuchó la cremallera de la carpa vecina, la gente empezaba a irse a dormir, era tarde y de nuevo habíamos perdido la noción del paso del tiempo entre tantas risas, comentarios, cuentos, bromas y la bebedera. Miré mi reloj, forzando la vista, el alcohol me hacía efecto, dije que me iría a dormir, pero Daniel me pidió que resistiera un poco, que teníamos que acabarnos la botella, Christian lo apoyó. Llegué al punto de sentirme como fuera de lugar, completamente aburrido, entonces desinteresado de todo aquello. Me quedé sólo para hacerles compañía, pero mis pensamientos estaban en otro lado, pensaba en aquellos chicos que vi. Era un grupo de cuatro muchachos, lo que me hizo pensar que quizá también eran homosexuales. Pensé una y mil razones para acercármeles, excusas razonables para sacarles un saludo, pero me sentí tan desesperado de pronto, buscando lo que no se me había perdido, que dije dentro de mí “¡Qué mierda!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron como dos horas, no sé cómo, me distraje con las estrellas, me había acostado en la tierra, sin pena alguna, sin temor de algún bicho, mi mente seguía orbitando. Insisto en que fue culpa del alcohol, pero no fue malo, disfruté mi nebulosa sensación. Decidí erguirme un poco y sentarme de piernas cruzadas, para “volver al grupo” y luego sentí que me tocaban la espalda, con debilidad, con torpeza. Mi amigo Christian hacía eso todas las veces que quería que lo ayudara, pero sólo bajo su borrachera, en otra situación jamás me tocaría para pedirme un favor. Le pregunté que qué quería y me dijo casi entre dientes, casi inaudible, que lo ayudara para llegar a su carpa, que tenía sueño. Sus párpados caídos, su tambaleo, su estúpido estado de embriaguez me hizo sentir pena por él y la mala imagen que le estaba dando a Mónica delante de nosotros. Sé que ella se sentía peor que yo. Lo tomé de un brazo y lo jalé para que se pusiera de pie. Tambaleaba, decía que todo le daba vueltas, que se había emborrachado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Verga marico! –me decía con la lengua casi afuera, haciendo esa voz ridícula, haciéndosele hoyuelos en los cachetes.&lt;br /&gt;- ¿Qué? –le pregunté con sequedad.&lt;br /&gt;- Me emborrachhhé –dijo, riéndose después.&lt;br /&gt;- De eso me puedo dar cuenta…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-7890827056580900837?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/7890827056580900837/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=7890827056580900837&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/7890827056580900837'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/7890827056580900837'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/04/monica-antonieta-christian-daniel-y-yo.html' title='Sobredosis (1ra Parte)'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S8DpWMNYzTI/AAAAAAAADEw/vSOo0RquCAs/s72-c/conducir-noche.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-8264532672487941715</id><published>2010-04-08T23:55:00.002-04:30</published><updated>2010-04-13T01:01:44.751-04:30</updated><title type='text'>Mi querida flor (2da parte)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;"Sangre, tragedia y un delito pasional"&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S76skM06S0I/AAAAAAAADEY/J2h-wvB0kpc/s1600/infanciahoy.com_3912_8122009_suicidio.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S76skM06S0I/AAAAAAAADEY/J2h-wvB0kpc/s400/infanciahoy.com_3912_8122009_suicidio.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5457989536338037570" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me di cuenta de que no había visto a mi hija y lo asocié al llanto que escuché, así que le grité que pronto estaría lista la comida, en menos de media hora, de nuevo para animarla, ya que se la pasaba callada, al menos yo le hablaba para ver si lograba hacer que me dijera algo. Cuando por fin caigo en cuenta de lo que estoy haciendo, cuando estuve conciente de que picaba el pavo, me percaté de que el cuchillo que usaba era más pequeño que el que tengo para picar las carnes, así que busqué con la mirada el más grande, pero no estaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra vez escuché los sollozos, el cuchillo no estaba, mi hija no me contestaba, no la había visto, era normal que llorara a veces pues la depresión no la dejaba tranquila, parecía un alma en pena mi pobre hija. Mi corazón se aceleró, mis músculos se tensaron, mis piernas por un segundo no reaccionaron, sentí que respiraba profundo pero con prisa. ¡Tenía que ver a mi hija, algo me daba miedo, algo que no comprendía, que no terminaba de darle nombre en mi cabeza! “Falta un cuchillo”, pensé, “falta el grande”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminé rápido hasta el cuarto de mi hija y a medida que me acercaba el llanto cobraba fuerza, pero con ese efecto amortiguado de un cuarto cerrado, grité el nombre de mi hija. Dije “¡Fabiana! Hija ¿Por qué lloras? ¡Ábreme la puerta, por favor!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me respondía, seguía llorando, yo no podía dejar de pensar en el cuchillo y ella llorando, no podía pensar en esa palabra, yo sabía que algo ocurría, que esa palabra definiría perfectamente la situación, pero mi mente no lo aceptaba, estaba muy nervioso como para razonar. Tomé el pomo de la puerta y la agité tanto como pude, pero tenía el seguro pasado, me desesperé y ella chillaba, casi arranco la cosa esa de la puerta, mis manos sudaban. En mi mente había un montón de palabras, de situaciones, de suposiciones horrendas, no me atrevía a decirlas, no sabía si cometería un error, pero no controlaba mis acciones, empecé a volverme loco, le di patadas a la maldita puerta que no abría, más bien rompí la madera, pero no lo suficiente como para ver qué hacía ella en el cuarto. Y gritaba su nombre como mil veces, le pedía que me hablara, tenía las manos mojadas, llena de esa baba que deja la carne descongelada en las manos al manipularla, me lanzaba contra la puerta, hasta que me di cuenta que la espalda de mi hija estaba contra la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecé a llorar, a darle puñetazos a la madera, me sentí tan impotente, pegué la frente de la puerta y ella esbozó unas palabras que me mataron, mi corazón se detuvo cuando la escuché decir entre llantos y resoplidos “Pa-papá, lo siento, ya no puedo más”. Un sonido metálico salió del suelo, era el cuchillo al rozar el filo contra la cerámica, mi hija lo estaba recogiendo del suelo y yo grité que no lo hiciera, le supliqué, lloré más, tomé el pomo y lo arranqué con una fuerza desquiciada, todo mi cuerpo temblaba, estaba por darme un infarto. ¡Hija, yo te amo, yo te necesito, eres todo para mí, no tienes que hacerlo! ¡Me dejarás solo, mi amor! ¡YO TE AMO, HIJA! ¡COÑO, MI FLOR, MI QUERIDA FLOR, NO ME HAGAS ESTO!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Grité tanto que a veces desfallecía mi voz y se me ahogaban las palabras en la garganta, mi estómago me dolía de tanta opresión que sentía, mi pecho retumbaba. De pronto sentí que era mejor romper la puerta con ella abajo, herirla un poco con lo que sucediera, pero no dejar que se cortara. Así que una patada animal terminó de derribar la puerta, mis manos rompían la poca madera que obstaculizaba mi vista, abrí prácticamente una ventana en la puerta y en el suelo estaba mi hija tumbada, con las muñecas cortadas y algunos trozos de madera en su cabello. Grité de puro miedo, intenté que me mirara pero estaba pálida y desmayada, en el suelo había mucha sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La recogí del suelo, haciéndome daño con la madera en el abdomen, apoyado sobre el hueco de la puerta para poder jalarla, sentí que me estaba muriendo, no recordaba dónde había dejado las llaves del auto. Me estaba volviendo loco, miraba a todos lados sin saber qué hacer. Lloraba del desespero, grité el nombre del vecino, pero no obtuve respuesta. Corrí hasta la entrada con mi hija en brazos, sangrando, con los ojos hinchados y estaba medio desnuda, sentía que se me estaba yendo y le preguntaba a Dios con rabia por qué me la quitaba a ella también. Mi vecino me consiguió afuera, intentando abrir el auto, corrió hacia mí y tomó a mi hija, mirándonos con ojos de sorpresa y miedo, se quitó su franela y con ella apretó las muñecas de mi hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegamos al hospital el doctor me dijo que había pocas posibilidades. Me desplomé, mi vecino me tomó, casi en el suelo, la gente me miraba con lástima, no podía dejar de llorar. Una llamada entraba en mi celular pero no contesté, mi vecino lo hizo por mí y explicó con reservas mi situación. Me ofrecieron agua con azúcar, café, pero no tenía cabeza para nada, sólo quería ver a mi hija, golpeé a un enfermero que me trataba como a un idiota, creyendo que me calmaría en una situación así. Nos separaron, me hicieron esperar afuera, mi vecino me decía que había posibilidades de que se salvara, después de todo sangró mucho pero lograron una transfusión de último momento. Miré a Daniel, estaba allí en pijamas, sin su franela, descalzo, mirándome de esa forma tan desconsolante. Eché a llorar otra vez, no me lo podía creer. Dios estaba siendo muy duro conmigo.&lt;br /&gt;Casi de noche me despertaron, era mi hermana con el maquillaje corrido y los ojos rojos. Cuando la vi me desesperé de nuevo, sentía que todo era asquerosamente cierto. Mi pecho y mi estómago estaban bajo una insana opresión y mis brazos y piernas tan ligeros y ajenos como los de un inválido. No había comido me sentía débil, lloré sin botar lágrimas pues no me quedaban más y mi hermana me acarició, con una sonrisa dulce, arrulladora como la de una madre consolando a su hijo caído, me sentí niño de nuevo, por un momento dejé de pensar y sus palabras me dieron vida de nuevo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ella está bien, lo peor ha pasado”…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces guardo con llave todos los cuchillos de la casa y cosas a fines, y he quitado todos los cerrojos de las puertas, incluyendo el baño. Al menos hasta el día en que yo sienta que hemos superado la muerte de mi esposa, especialmente ella.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-8264532672487941715?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/8264532672487941715/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=8264532672487941715&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/8264532672487941715'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/8264532672487941715'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/04/mi-querida-flor-2da-parte.html' title='Mi querida flor (2da parte)'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S76skM06S0I/AAAAAAAADEY/J2h-wvB0kpc/s72-c/infanciahoy.com_3912_8122009_suicidio.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-6695750811051430181</id><published>2010-04-07T12:01:00.006-04:30</published><updated>2010-04-18T14:39:50.241-04:30</updated><title type='text'>Mi querida flor (1ra parte)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;"Sangre, tragedia y un delito pasional"&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S7y2S7tkHrI/AAAAAAAADEA/fU1YXpTVjbg/s1600/infanciahoy.com_3912_8122009_suicidio.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S7y2S7tkHrI/AAAAAAAADEA/fU1YXpTVjbg/s400/infanciahoy.com_3912_8122009_suicidio.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5457437284848901810" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi esposa murió hace cuatro meses, la mataron para quitarle el carro. Como era propio de ella, imagino que se resistió, no dio lugar a negociaciones, ni a súplicas ni al miedo, la muerte no era un motivo de terror para ella, acostumbrada a cuerpos muertos por montón, a veces uno encima de otro, con moscas pululando alrededor. El asco era una cuestión diaria para su trabajo en la morgue y los delincuentes eran otra cosa frecuente, así que por eso pienso que se resistió. Le dispararon tres veces en el pecho y murió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi hija sufrió mucho su pérdida, lloró ese día hasta quedarse dormida, eran muy apegadas, eran cuerpo y alma, una sin la otra no sabía hacer nada. Cuando Fabiana se iba de campamento con los grupos de niños exploradores, mi esposa pasaba una hora pensando en qué cocinar. Siempre terminaba haciendo más comida de la necesaria y paulatinamente fui engordando, por no dejarle la comida fría en el refrigerador. Iban todas las mañanas juntas hasta el liceo, caminando porque no queda muy lejos y mi hija era la única privilegiada en gozar el lado más afable de mi esposa, pues siempre fue una mujer callada y reservada. No era de esas mujeres que ríen y llaman la atención, al contrario, hacía una mueca de sonrisa, se le achinaban los ojos un tanto y se encogía de hombros como una niña apenada. Cómo la extraño…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su trabajo cubría parte de sus tardes y sus noches, se la pasaba ocupada, siempre revisando papeles, informes médicos, informes forenses, atendiendo llamadas de trabajo, en contacto constante con policías, detectives y todo ese mundo. Yo disfrutaba de ella cuando me despertaba a media noche, hundiendo su lado de la cama y brindándome su calor por sobre su piel refrescada por las duchas urgentes que se daba cada vez que llegaba a la casa, sino se acostaría oliendo a formol. Usaba ese perfume suave que me inducía ternura, olía a flores y desde que la conocí ese era su perfume predilecto. En su mesa de arreglarse, a la que llamaba “peinadora”, tenía como siete frascos de otros perfumes, pero ninguno como el que ella usaba, los demás permanecían llenos casi sin usar, únicamente usaba otro un tanto más fuerte para las salidas importantes, porque decía que eso la daba un poco más de carácter frente a personas desconocidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre me reprochó el hecho de que yo no usara colonias ni cosas por el estilo, pero bueno, ella era la que se preocupaba por oler bien, yo no, yo no trabajaba con muertos ni con alcohol isopropílico y formol. Tenía otra costumbre, una que me encantaba, una que disfrutaban mucho mis manos: dormía desnuda y cuando mi hija no estaba en casa permanecía así, toda para mí, para mis ojos, para mis manos, para mi boca. Ella no conocía de pudor, simplemente era sencilla, callada, pero satisfacía todas mis necesidades como hombre, me atendía, me complacía, me regañaba cuando era necesario, me exigía una que otra reparación en la casa, pero jamás me fastidió con algo innecesario. Era simplemente perfecta, aunque no me gustara su café negro y cargado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de su partida mi hija perdió su año escolar prácticamente, pero no la he presionado, es cuestión de un proceso del que pronto saldremos. Y aunque Fabiana nunca ha sido una alumna de veinte puntos, ni destacada en ningún aspecto del colegio, pasaba sus materias y sonreía como una niña normal disfrutando de la etapa más hermosa y delicada de la vida, su adolescencia. Yo la sigo viendo como una niña, aunque se moleste y me diga que ya es adolescente, aunque ella insista porque vea que le han crecido senos y a lo mejor vello público, para mí será siempre mi bebé. Lamentablemente, mi niña ha cambiado drásticamente, ahora no sonríe, ahora no me besa en la mejilla con ese amor, con esa entrega y dicha, simplemente me esquiva la mirada y se encierra en su cuarto, a pesar de que le he quitado todas las cerraduras a las puertas de la casa después de lo que sucedió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue una tarde en que casi me iba al trabajo de vuelta, ya habiendo pasado el intermedio para el almuerzo, pues me toca ahora encargarme de ella; no ha sido fácil. Entré a la casa como de costumbre, llamándola por su nombre con felicidad, para ver si la animo, pero no me respondió. Pensé que estaría en la ducha y no me habría escuchado, pero no sonaba el agua contra la cerámica, ni siquiera estaba el baño ocupado, toda la casa estaba silenciosa y me pareció extraño. El televisor de la sala estaba encendido, sintonizado en un canal de esos que ponen música, lo apagué y me dirigí a cocinar rápidamente, creyendo que estaba dormida y no la quise molestar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí la nevera, tomé las cosas que necesitaba para cocinar el pavo, porque he descubierto que el pavo que venden en bandeja se cocina rápido, saqué el condimento de la despensa, tomé la tabla para picar cosas y un cuchillo, que lo tomé de una pieza de madera que sostiene varios. Algo me faltaba, pero no le di importancia, estaba ocupado, demasiado apurado como para pensar en tonterías. “Después me acordaré”, pensé. Mientras picaba las piezas de pavo me acordaba de mi esposa, de la rapidez con la que hacía las cosas de la casa y sentí nostalgia, picaba la carne más lento de cómo suelo hacerlo. Estaba enterrado en mis pensamientos, recordando cómo mi esposa sazonaba la comida, hasta que escuché unos sollozos ahogados, como llegando desde muy lejos. El detalle me despabiló y volví a mi velocidad habitual, tampoco le di importancia a eso, “seguramente es una vecina”, dije en voz alta, hablando conmigo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me di cuenta de que no había visto a mi hija y lo asocié al llanto que escuché, así que le grité que pronto estaría lista la comida, en menos de media hora, de nuevo para animarla, ya que se la pasaba callada, al menos yo le hablaba para ver si lograba hacer que me dijera algo. Cuando por fin caigo en cuenta de lo que estoy haciendo, cuando estuve conciente de que picaba el pavo, me percaté de que el cuchillo que usaba era más pequeño que el que tengo para picar las carnes, así que busqué con la mirada el más grande, pero no estaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra vez escuché los sollozos, el cuchillo no estaba, mi hija no me contestaba, no la había visto, era normal que llorara a veces pues la depresión no la dejaba tranquila, parecía un alma en pena mi pobre hija. Mi corazón se aceleró, mis músculos se tensaron, mis piernas por un segundo no reaccionaron, sentí que respiraba profundo pero con prisa. ¡Tenía que ver a mi hija, algo me daba miedo, algo que no comprendía, que no terminaba de darle nombre en mi cabeza! “Falta un cuchillo”, pensé, “falta el grande”.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-6695750811051430181?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/6695750811051430181/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=6695750811051430181&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/6695750811051430181'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/6695750811051430181'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/04/mi-querida-flor.html' title='Mi querida flor (1ra parte)'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S7y2S7tkHrI/AAAAAAAADEA/fU1YXpTVjbg/s72-c/infanciahoy.com_3912_8122009_suicidio.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-7777960045684634678</id><published>2010-04-05T17:35:00.004-04:30</published><updated>2010-04-13T01:02:27.763-04:30</updated><title type='text'>A mis pies</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;"Sangre, tragedia y un delito pasional"&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S7pip9NGN2I/AAAAAAAADDw/9j4cGGNITYk/s1600/%40400-080131-4980-Autorretrato+azul.JPG"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 316px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S7pip9NGN2I/AAAAAAAADDw/9j4cGGNITYk/s400/%40400-080131-4980-Autorretrato+azul.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5456782371456431970" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Era un sábado a pleno medio día, el calor se hacía con mi cuerpo, mi ropa se pegaba a mi piel, era momento de volver al trabajo. Había comido arroz, pollo y algo más que no recuerdo, lavé todo lo que ensucié, dejé la cocina en orden, me sentía tranquilo, era un día normal, un ir y venir como todos los días, apurado, comiendo como animal, tragando sin poder masticar con gusto, bebiendo sin respirar, arreglando los papeles en mi maletín, viejo, rayado y medio destartalado, con grapas en las correas para que no se terminen de soltar. Miré mi reloj y maldije; era tarde ya, esa supuesta hora de descanso me estaba dando más problemas de lo normal. Ni siquiera era descanso para mí, pues no tengo quien me cocine o me ayude de vez en cuando, todo lo hago yo, todo lo pago yo, todo lo busco, todo lo resuelvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi soledad es envidiable, pues tengo todo lo que necesito, a pesar de que mi carro es una lata con tos ferina, que cada dos por tres me anda dando dolores de cabeza, como una patada en las bolas cada vez que me doy cuenta que le he pagado al mecánico más de lo que hace. Ese coño no arregla nada jamás. Siento que cada vez mi auto termina peor y mi billetera llorando por un poco de dinero y piedad. Fuera de eso, tengo un trabajo estable, posiblemente me den mañana mi aumento o me asciendan si Dios quiere, de esa manera venderé este despojo de auto y pagaré a crédito uno que tengo en la mira en el concesionario, donde trabaja mi amigo Juan. No me es problema ser soltero y sin compromiso, al contrario, lo he sabido apreciar. Sin mujer quien me chupe el salario estoy mejor por los momentos, pues el cortejo sale costoso hoy dìa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es sexo a lo que me refiero, no pretendo ganarme eso con cenas, invitaciones al cine y esas tonterías, sino que realmente salir a pasear es una invitación segura a gastar dinero más de lo que debo. Además, sabiendo que las relaciones son complejas y delicadas, me da picada de culo pensar que tengo que lidiar con esas vainas. Las mujeres hoy día están muy exigentes y los cachos son otras de las cosas más seguras con las que te puedes topar. Como ese pobre hombre. Se lo buscó creo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, había terminado de alistarme, de comer y todo eso, tomé mis llaves, mi maletín, mi chaqueta y salí rogando al cielo que el auto no se pusiera a molestar. Abrí la puerta del auto, con un ligero golpe en la parte de abajo, porque sino no abre, me senté, tiré la puerta, porque sino no cierra, e introduje la llave. La giré, el carro gruñó, parecía estar de buenas esa tarde, pisé un poco el acelerador, pero entonces un tembleque de la chatarra esa me demostró que no era mi mejor día. Se iba ahogando el motor, como un catarro haciendo gárgaras, el tembleque cesó y con él calló el motor. Se me había apagado la cosa esa, pero lo intenté una vez más. Giré la llave, pisé un poco el acelerador, insistí para que no se diera por vencido el desgraciado aparato, pero ¡qué va! Aquello había fallecido, sin siquiera una semana de haberlo sacado del taller.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi rabia no era normal, el calor me sacaba de quicio, el tiempo se me iba agotando y si llegaba tarde sería raro que me subieran de puesto. No perdí tiempo y fui hasta la parada de autobuses, con el sol encima de mí burlándose de mi poca suerte. La parada de autobuses estaba solitaria, con unos cuantos papeles viejos, quemados, empolvados y arrancados en el techo de resguardo; me senté para esperar y como tres minutos después apareció un muchacho, de pinta normal, esa pinta que tienen todos los adolescentes vagos. Iba con una apariencia desaliñada, con cara de preocupación o de miedo, veía a todos lados y no dejaba de revisar el celular. En cuanto me miró pareció sentirse mejor, más cómodo, más seguro. Aunque yo bien pude haberme asustado, porque su aspecto era como de un delincuente en pleno entrenamiento, nervioso en su primer robo. Por suerte era un ciudadano más, posiblemente sin antecedentes penales, pero creo que eso no es consuelo, ahora bien se puede desconfiar de todos, incluso aquel que se vista de hábitos y que cargue una biblia debajo de la axila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico me preguntó la hora, pues supuestamente su teléfono se había quedado sin carga en la batería. Me asusté, no pretendí mostrar mi reloj de plata, así que inventé cualquier horario, guiándome por la última vez que revisé el reloj. Me dio las gracias y se inclinó hacia delante, con ese gesto que busca ver si algo o alguien viene, en dirección hacia la avenida, seguramente estaba en las mismas que yo: esperando el bendito autobús que no llegaba. El chico se achicharraba bajo el sol, sudaba más de lo normal, lo veía nervioso y ya su estado me empezaba a alterar. Empezamos a parecernos un par de ventiladores, yo miraba qué tanto el chico volteaba de un lado al otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo lejos un auto Dodge, negro y de vidrios tan ahumados como la noche más oscura fue frenando lentamente hasta detenerse frente a nosotros. No era un taxi como para justificar el hecho, así que me puse alerta y tomé mi maleta entre mis brazos, resguardando mi pecho. El vidrio de la parte de atrás fue bajando y me pareció que lo hacía en cámara lenta, como esos efectos en las películas de acción cuando los protagonistas esquivan balas. El muchacho se había petrificado, sus piernas pretendían correr pero temblaba como un perro mojado. Del auto un rostro moreno surgió como de entre las sombras, con lentes oscuros, dando las buenas tardes. El sitio estaba solo, yo me sentía vulnerable, deseaba que el semáforo de atrás diera verde para que pasaran algunos autos y entre ellos, por milagro, algún taxi que me salvara de aquella incomodidad. Pero el tiempo iba tan lento como podía, el calor aumentaba con mi respiración agitada. Algo no andaba bien. Fue entonces que el hombre del auto habló.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Está mal, muy mal que te cojas las mujeres de uno –dijo con tono de sermón y advertencia.&lt;br /&gt;- ¡Yo te lo puedo explicar! –chilló el muchacho de aspecto, agitándose como una gelatina, el pobre estaba mojado, se había orinado.&lt;br /&gt;- Pues es muy tarde, papi –contestó el hombre, sonriendo macabramente.&lt;br /&gt;- Por favor, yo te…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El silencio de apoderó de mí y el pobre gelatinas, lo único que pensé fue en lanzarme al suelo cuando aquella cosa destelló bajo la luz del sol, apenas asomándose por la ventana, apuntando hacia el muchacho sin darle tiempo siquiera de girar, de moverse, echar a correr o decir algo más. Un disparo bastó, un estruendo que continuó en un sonido amortiguado como de madera, fue cuestión de un segundo, momento en el que sentí algunas gotas tibias sobre mi rostro, no comprendía el momento, porque no estaba lloviendo, pero cuando me di cuenta de que su cuerpo se desplomó sobre el suelo, pesado y aún con algunos espasmos, creando su propia laguna de sangre debajo de su cabeza, rozando una mejilla y los labios del entonces difunto, entré en pánico. Toqué mi rostro con los dedos y vi colores a mi alrededor del asco y el desmayo que estuvo a punto de darme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré el auto que aún seguía ahí, mi corazón trepó a mi garganta, mis manos sudaban y parecían perder sangre, palideciendo, la tensión me jugó una treta de subidas y bajadas, yo no había tenido tiempo siquiera de lanzarme al suelo y aquel hombre abandonó su sonrisa, asumiendo una seriedad sepulcral, obstinado de aquella situación, quizá acostumbrado a cobrarse vidas. El tipo giró su rostro hacia mí, con esos lentes inmensos, subió un dedo índice en mi dirección y me dijo que más me valía a mí llamar a una ambulancia. El vidrio subió de nuevo y los platos cromados de las ruedas empezaron a girar, llevándose consigo el Dodge y a su asesino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerca de mí estaba el cuerpo inerte del muchacho, bebiendo su propio líquido vital, no a propósito claro; mis dedos marcaban los números equivocados, no podía sostener el celular, no podía dejar de mirar, traumado, el disparo en su cabeza, un simple agujero, por donde quizá todos sus años de vida, sus anhelos, sus recuerdos, sus deseos, sus miedos y demás cosas, se desbordaban a mis pies.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-7777960045684634678?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/7777960045684634678/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=7777960045684634678&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/7777960045684634678'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/7777960045684634678'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/04/mis-pies.html' title='A mis pies'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S7pip9NGN2I/AAAAAAAADDw/9j4cGGNITYk/s72-c/%40400-080131-4980-Autorretrato+azul.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-7256948319132280967</id><published>2010-04-02T16:17:00.001-04:30</published><updated>2010-04-02T16:25:58.749-04:30</updated><title type='text'>Repuesto Express (2da Parte)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);font-size:85%;" &gt;Sangre, tragedia y un delito pasional&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S7ZZxtzD2SI/AAAAAAAADDE/piRvLn4Vie0/s1600/arma.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 294px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S7ZZxtzD2SI/AAAAAAAADDE/piRvLn4Vie0/s400/arma.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5455646709248153890" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El tipo alto se puso guantes quirúrgicos, la inyección ya había sido administrada, un delantal cubría la ropa del hombre y me tuve que terminar de agachar cuando la mirada del tipo de la pistola pasó por donde yo me escondía. Él se había quedado de pie, frente a toda esa situación, haciendo de vigía, mientras que el otro sostenía en sus manos un bisturí. El metal tocó suavemente la piel desnuda de la chica, a quien sólo le habían quitado la blusa, el brillo del utensilio se deslizó desde lo más bajo de las costillas hasta un poco más abajo, permitiendo que la sangre se asomara y goteara. Me llevé las manos a la boca para no vomitar, sintiendo esas arcadas en la papada que son tan detestables como estimuladoras, el olor a humedad nocturna me terminaba de inducir las nauseas y los brazos y piernas caídos de la muchacha me hacían pensar cosas asquerosas. A mi mente venía la idea del filo del bisturí cortando la piel, pasando por la grasa blanca y rosada a causa de la sangre, abriéndose paso entre todo el tejido que pudiera interponerse, sin respetar en lo más mínimo la anatomía humana y destrozando cuantos músculos y nervios se encontraran. Pero el hombre que hacía eso tampoco era un ignorante del asunto, su concentración y su seguridad era la de alguien con experiencia en el asunto, tal vez un médico o un enfermero con un mal salario en búsqueda de un dinero fácil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sangre seguía brotando, como una fuente profundamente roja y tibia, la mesa goteaba más sangre y en el suelo se empezaba a hacer un charco, un gato husmeaba y olisqueaba el asunto, para colmo de mi repugnancia, y un olor a humo de cigarrillo llegó a mí con violencia. El otro hombre empezó a fumar sin que yo me diera cuenta. Unos cuantos comentarios se hicieron entre ellos, las manos del “cirujano” ya tanteaban en el interior de la chica, sacando a duras penas un órgano oscuro que no se dejaba extraer. En vista de su trabajo mal calculado tomó de nuevo el bisturí y cortó un poco más, abriendo la boquilla por la cual debía salir lo que parecía un riñón. Sufrí deseando que al menos se dignara a limpiar su cuerpo con un trapo, pero a él eso no le importó. La dejó desangrarse al antojo de su cuerpo, su único interés era terminar de cortar la cosa blanda, y cuando el metal empezaba a desligar los tejidos un sonidito familiar cortó el silencio súbitamente, matándome en el sitio, descontrolando mi corazón, activando mis nervios como por efecto de una explosión, a la que también reaccionaron los dos hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me podía levantar o me verían, tan rápido como pude apagué el celular, era uno de mis amigos, seguramente llamando para preguntarme dónde estaba. Tragué saliva con dificultad, prácticamente era hombre muerto si no conseguía evadir sus ojos y llegar al carro sin que me vieran. Pequé la cabeza del suelo, cerré los ojos, aún cuando sabía que no sería bueno hacerlo, pero estaba tan nervioso que pensé que sería lo mejor. Guardaría silencio y esperaría a que le perdieran interés a lo ocurrido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo frío tocó mi nuca, descubierta por mi posición fetal, y me hizo abrir los ojos, respirar más rápido y temblar. Empecé a repasar las mil y una cosas que pudieron haber sido, pero nada tiene forma circular, como un tubo sobre mi piel, que sea frío y que se mantenga recto sobre mí sin haberse caído en caso de que fuera por efecto de la gravedad. Sin mucha demora escuché la respiración de alguien más, arriba de mí. Miré al lado de donde sentí que venía la presencia y un par de botas parecieron hablar hasta que por fin vi la cara de mi captor, cuando me ordenó ponerme de pie con las manos sobre la cabeza. Me llevó hasta donde su compañero, quien me miró con ojos de sorpresa y me dedicó una sonrisa letal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Así que estabas espiando, bichito… -dijo el tipo del bisturí, con el órgano en manos, dispuesto a colocarlo en una cava pequeña, medio llena con hielo. Yo sólo guardé silencio, intentaba estar calmado, pero en el fondo quería desplomarme en el piso y suplicar por mi vida, porque lo cierto era que de allí no saldría vivo.&lt;br /&gt;- ¿Nos venías siguiendo, idota maricón? –me preguntó el otro, apuntándome a la sien, mientras yo cerraba los ojos de nuevo.&lt;br /&gt;- Claro que nos venía siguiendo –respondió el “cirujano” por mí- ese auto que salió después de nosotros de la puta discoteca. La próxima vez seamos más cuidadosos. Dile al “negro”, que me cogeré a su madre con una zanahoria en su boca la próxima vez que permita que nos persigan. Llama al doctor y dile que ya le tenemos su pedido –ordenó mientras sonaba el látex al quitarse los guantes, ese sonido que se asocia a que nos lincharán con una goma elástica.&lt;br /&gt;- ¿Y qué hacemos con este sapo? –preguntó el otro, mientras no pude contener un bufido de desespero.&lt;br /&gt;- Pues vamos a ver qué parte de él nos sirve…&lt;br /&gt;- ¿Aló, doctor? Ya le tenemos su…  un momento –se excusó el chico de la pistola, para decirle algo al tipo alto- quítale el celular y mira si llamó a alguien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus manos revisaron mis bolsillos hasta que dieron con mis llaves y mi celular, ambas cosas me las quitó e hizo un chasquido con la lengua de esos que reprochan los errores de los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tenemos aquí su pedido –retomó su conversación el otro tipo- y parece que por suerte le conseguimos un repuesto express. Bueno, se lo explico después, ahora dígame dónde nos dará el dinero.&lt;br /&gt;- Te enviaron un mensaje, niño –me dijo el hombre alto, yo no paraba de temblar, básicamente yo estaba esperando a que me anestesiaran y me cortaran como a la chica, a quien no me atreví a mirar en todo el proceso para no vomitar- dice que “dónde estás” ¿Qué quieres que le responda? ¿Qué te fuiste a hacer “la lipo”? –Risas- Parece que dejaste a alguien esperando. ¿Quién es? ¿Tu novio? ¡Eeeso, mami, tienes parejita!&lt;br /&gt;- Jajajaja ¡Eres un perro, esa estuvo buena! –aupó el otro.&lt;br /&gt;- Mira – me dijo el tipo del zarcillo, casi en el oído- mira esta preciosura morirse con todo el glamour del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no me atreví a abrir los ojos, me digné a esperar un tiro en la frente o una inyección que no me permitiera sentir nada. Pero el hombre insistió, impaciente y molesto, así que miré lo que él quería. La mesa seguía goteando, la sangre parecía empezarse a secar por los bordes, en el suelo ya se podía chapotear y la palidez de su rostro era fantasmal. Sentí lástima por ella, bien me la podía imaginar yendo conmigo a cenar, acariciándome, dejándome protegerla o besándome, pero entre tanta sangre, un bisturí manchado, unos guantes tirados sobre el pecho de la entonces fallecida, ese olor a hierro que brotaba de la sangre y el gato lamiendo lo poco que podía de un hilo rojo que se había colado hasta afuera, me fue demasiado. Era mucho para mí y mi poca tolerancia al asco. Tan vez si la chica no hubiese bailado no se hubiera desangrado tanto, pero…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello parecía un matadero, donde pronto despellejarían el cadáver, no soporté las arcadas, a pesar de que aguanté dos intentos de regurgitar, y en un juego de subidas y bajadas del líquido de mi estómago mi boca se abrió sola y dejó salir un chorro amarillento tan largo que pensé que nunca acabaría. El tipo alto me miró con asco y diversión y mi cuerpo vaciló un poco, estuve a punto de caerme, pero me sostuve del mesón, tocando por accidente un borde de sangre que no se dignaba a gotear por el filo de concreto.  Ambos hombres disfrutaban mis nauseas, yo estaba muy asustado, vi en las manos del otro tipo otra jeringa y otra ampolla, no estaba listo para morir. Tuve la sensación de que vomitaría otra vez y se apartaron de mí, uno más que el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El de la pistola pasó la jeringa a manos del “cirujano”, quien me hablaba como se le hablan a los bebés para que coman su papilla, jugando al avioncito, pero yo ni era un bebé ni me pedía que abriera la boca, sino que me quedara quieto o me disparaban, “mejor es perder un riñón que perder la vida” me dijeron. Pero yo los había visto y no dentro de la confusión de una discoteca, sino directamente, con buena luz, con todos los detalles de sus rostros y podía delatarlos, por lo que supe que no se darían el lujo de dejarme vivo. Me abandonarían después de haberme drenado toda la sangre como a la chica y mis amigos se enterarían al día siguiente en las noticias de sucesos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La aguja se acercaba a mí, yo respiraba como un animal desbocado, apretaba mis puños para soportar todo aquello, podía sentir el filo de la aguja penetrando mi piel sin haberla tocado de verdad, se me hicieron agua los ojos, los cerré, pero algo tenía a mi favor. No estuve atado, se confiaron de mi temor y de una pistola, así que abrí los ojos rápidamente y empujé la jeringa hasta la pierna del cirujano, quien soltó un alarido seguido de una maldición. Empujé al tipo a modo de escudo y el otro soltó un disparo, sin atinarme, volví a empujar al cirujano y tropezó cayendo sobre su amigo. Pateé la mano del otro y lo despojé del arma, mandándola tan lejos como podía de un puntapié.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iba a correr cuando me tomaron de uno de los pies y caí al suelo de frente, amortiguando la caída con mis manos. Le pateé  la cara al desgraciado, tan duro como pude, para que me diera tiempo de correr y en el trayecto pateé de nuevo el arma hasta que la perdí de vista y llegué al carro. Me di cuenta de que no tenía las llaves conmigo, ni mi celular, pensé en irme de todas maneras y coger un taxi, pero me conseguirían si les dejaba mis cosas. El hombre del vaso se había puesto de pie y con dificultades, tal vez algún dolor en la pierna izquierda, vino hacia mí dispuesto a matarte, mientras yo busqué desesperadamente la pistola en la oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pude hallarla y se me lanzó encima, golpeándome la cabeza contra el suelo un par de veces, presionando mi pecho contra algo que me causaba un intenso dolor. No era una piedra, pues tenía forma de “L”. Me percaté de que era el arma e intenté tomarla como pude, no recuerdo esos segundos, sólo sé que miré a un lado y el tipo alto se arrastraba sin poder usar una pierna, buscando una pared para poder apearse, y el otro lo tenía encima, intentando darme la vuelta para golpearme en la cara. Justo al voltear se me escapó un disparo, el gato escapó y el cirujano gritó que me quitara el arma. El otro tomó mi muñeca e intentó golpear mi mano contra el suelo para que soltara la pistola. También hice fuerza y le disparé en un hombro de alguna manera. Gritó de dolor y su agarre se debilitó, me zafé y al ponerme de pie vi que el tipo alto buscaba su arma entre sus cosas. No lo pensé dos veces, uno de los dos moriría de cualquier manera y ese no quería ser yo. Disparé en su dirección y cayó, también liberando sangre como un cerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corrí y busqué mis cosas, que vi en la mesa donde estaba la caja de herramientas, más bien caja de utensilios médicos. Tomé mi celular y mis llaves, dándome cuenta de que mis manos estaban manchadas de sangre, al igual que mi ropa. El primer herido me decía que se las pagaría, que algún día me encontraría y me mataría. La chica seguía laxa sobre el mesón de concreto, entonces más pálida que antes, más muerta. En el momento no me acordaba de lo tanto que me gustaba cuando estaba viva, de mis deseos por conocerla. En esos segundos lo único que pensaba era en escapar y mientras me iba el hombre herido en el hombro me decía lo mismo, que me mataría algún día. Yo me le acerqué, con un instinto asesino que nació en mí derepente, le dije que no lo creía y disparé de nuevo, esta vez en la cabeza. Terminó de desplomarse como un borracho dormido y desactivé el seguro de mi auto con el control de las llaves.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le devolví la llamada a mi amigo, hablándole en tono severo y respirando hondo, le pedí que se fueran en un taxi porque yo no podría pasarlos buscando. Me pidió explicaciones y a pesar de que evadí la respuesta, necesitaba decirle a alguien, desahogarme, liberarme del miedo que me carcomía por dentro y esos dos muertos que para siempre cargaré conmigo, si es que murieron. Eché a llorar por teléfono, mi amigo pareció salir de su borrachera y empezó a tomarme en serio. Me dijo que me quedara donde estaba pues así me era peligroso manejar, estando nervioso, pero le dije que me buscara en mi casa porque estaba loco por irme de ese horrendo sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy por hoy sueño casi todas las noches con la misma chica. Sueño que estamos en un parque natural, comiendo sándwiches y bebiendo jugo, y cuando está a punto de besarme se queja de que algo le duele debajo de las costillas y empieza a sangrar. Todas esas veces me despierto sudando y no puedo retomar el sueño al menos que me tome las pastillas para dormir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-7256948319132280967?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/7256948319132280967/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=7256948319132280967&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/7256948319132280967'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/7256948319132280967'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/04/repuesto-express-2da-parte.html' title='Repuesto Express (2da Parte)'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S7ZZxtzD2SI/AAAAAAAADDE/piRvLn4Vie0/s72-c/arma.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-2541605155057381031</id><published>2010-04-01T14:37:00.000-04:30</published><updated>2010-04-01T14:41:44.353-04:30</updated><title type='text'>Repuesto Express (1ra Parte)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);font-size:85%;" &gt;Sangre, tragedia y un delito pasional&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S7Tvu08E7hI/AAAAAAAADCM/fBWBHAlQsvU/s1600/arma.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 294px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S7Tvu08E7hI/AAAAAAAADCM/fBWBHAlQsvU/s400/arma.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5455248636416159250" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Había una chica bailando en la discoteca a la que no podía dejar de mirar, era hermosa, sensual, parecía estar sola pero su soledad era una multitud en si misma, ella se hacía compañía con sus pasos, sus curvas, sus manos al aire y su cabello suelto. Mis amigos me codeaban y se reían de mí, me alentaban a acercármele; pero una chica como ella dudo que fuera sola, por eso les dije a mis amigos que no me atrevería porque seguramente andaba con su novio. Roberto bebió de su vaso, mirándome con una sonrisa burlona y me dijo que nada me importaba si había otro hombre merodeándola, yo nada haría con él al menos que yo fuera marica. Me molesté, le dije que yo no quería salir de allí con la boca rota y un ojo morado. Volvieron a reírse de mí, “cualquier cosa te apoyamos”, dijo mi amigo, con un brazo montado sobre la nuca y los hombros de una chica a la que llevó con nosotros, supongo que lo hizo para hacerse ver rudo delante de la ingenua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me di cuenta que me había distraído y volví a buscar a la chica con la mirada, pero no la conseguí, así que me puse de puntas para ganar un poco de altura y buscarla, pero fue inútil, luego de unos segundos su rostro apareció ante mí, un par de metros más cerca, pero aún lejos, bailando con los ojos cerrados, extasiada por la música electrónica, moviéndose al ritmo de los sonidos bajos, ese golpeteo que retumba en el pecho por los altos desiveles. Me alegré de verla aún sola, apostando por la posibilidad de que correspondiera mi mirada y nos quedáramos viendo uno al otro por unos cuantos segundos, suficiente como para demostrar mi interés y poder acercarme, hasta bailar con ella, conocer su nombre, decirle el mío, intercambiar números telefónicos y hasta volverla a ver en otra ocasión. De cierta forma yo estaba nervioso, a la expectativa de que la suerte esa vez estuviera conmigo y no con mis amigos, que parecen conseguir mujeres por las páginas amarillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sitio estaba oscuro así que vernos mutuamente estaba medio difícil, aunado a que mi triste altura no me destaca entre la multitud, el humo, el ruido y los otros prospectos más comerciales, de esos que van al gimnasio, se inflan y no tienen muchos temas de conversación. Se puede decir que soy un “nerd”, como dicen mis amigos, pero no lo definiría así. Soy la clase de hombres que consiguen su punto fuerte en el conocimiento y no en la apariencia. Como sea, mientras la miraba, me preguntaba si una chica así se interesaría en mí, me asustaba el hecho de que le hiciera poca gracia mis brutos pasos de baile. En cierta forma la sentí inalcanzable para mí, pero he ahí el reto ¿No?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis amigos siguieron tomando, de vez en cuando comentando entre ellos el tema de mi timidez, riéndose, llevados por el alcohol, la nicotina y el constante flirteo con chicas desconocidas. Yo continuaba admirándola, de vez en cuando interrumpido por la silueta de alguna persona entrometida; claro, lo hacían ignorando mi situación, pero me molestaba. La volví a perder de vista mientras tomaba un poco de mi cerveza y cuando la volví a encontrar bailaba con un hombre alto, blanco, robusto, calvo y con un zarcillo de brillante en una de sus orejas, ya no recuerdo cuál. Respiré hondo por desconsuelo, sabía que no estaba sola, pero entonces otro hombre apareció, bailándole por detrás, llevando sus manos hasta su cadera. Los dos parecían jugar con la chica, como si fuesen dos de mis amigos conociendo de la forma más perra a una belleza solitaria, dispuestos a llevársela consigo. Lo pensé, imaginé que fueran extraños queriendo llevársela, quizá para tener sexo, pero la idea me hizo temer un poco por ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De la mano “del hombre de atrás” surgió un vaso que, a juzgar por el cuidado con el que bailaba para no derramarlo, pude notar que estaba casi lleno de alguna bebida, líquido que no tardó en llegar a los labios de la chica, quien se apoderó del vaso y siguió bailando con toda normalidad. Yo no confiaría en ningún desconocido como para aceptarle algo, pero también pensé en que pudieran ser sus acompañantes, amigos, novio y amigo, un hermano, como sea. Esa otra idea me calmó un poco y alejó un tanto la paranoia. Las luces de colores chillones iban y venían con los movimientos de una serpiente enloquecida, como almas paseándose entre la gente, y el titilar de una luz blanca daba un efecto robótico en la multitud. Sentí que tantos efectos me mareaban pero volví en mí cuando vi que la chica si parecía perturbada, débil y preocupada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me puse alerta, mis ojos quedaron fijos en la situación, evaluando el comportamiento de los dos hombres que parecían decirle algo de manera lasciva, sonriendo, mirándose entre ellos como un par de cómplices. Estuve por llamar al portero o al tipo de seguridad, pero pensé que si estaba malinterpretándolo todo, yo podía meterme en un lío, así que les dije a mis amigos que me esperaran, que cualquier cosa los llamaba. Ellos soltaron risas y aullidos de celebración, aupando que por fin me haya decidido a buscar a la chica, supuestamente según ellos. Los ignoré y me abrí paso entre la gente para alcanzar a los dos hombres y a la chica, que se estaban yendo en ese momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente bailaba, me rozaba, me golpeaba, las luces me mareaban, ese efecto robótico, como si parpadearas rápido y constantemente, como imágenes entrecortadas me estaba dando dolor de cabeza, no acostumbraba a ir a discotecas, así que intenté no pensar en los efectos de todo el coctel de cosas, ni siquiera en la picazón que me causaba el humo y el frío en los ojos. Cuando por fin salieron del lugar pude ver luz, de los postes, de los autos, de algunos edificios, pude respirar y aliviar mi malestar, pero no despegar la mirada de aquellos tipos extraños, quienes se montaban en un carro conducido por un tercero, un Elantra plateado de vidrios ahumados, y que llevaban casi a rastras a la chica, habiéndose excusando con el portero de que la pobre había bebido demasiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomé mi auto, consciente de que mis amigos me tendrían que esperar de todas maneras, al menos que pagaran taxis, porque yo soy prácticamente el chofer de todos mis amigos. No encendí las luces para evitar levantar sospechas, esperé a que ellos arrancaran y un par de segundos después los seguí, guiándome por las luces rojas del auto. Tomaron un cruce que se conecta con una avenida principal, así que tomé un atajo velozmente para conseguirlos más adelante, de igual forma no había ningún cruce antes de la conexión en la que esperaba volverlos a ver, de esa forma no se darían cuenta de mi persecución. Los seguí hasta unos edificios que no recordaba que estuvieran allí, ese tipo de construcciones viejas de grandes dimensiones, colindando con otros edificios, donde la gente guinda la ropa en las ventanas y da la idea de estar en un barrio cuando sigues estando en la ciudad. Su auto se detuvo en una calle cerrada, yo me detuve una calle antes para que no me vieran. Me escondí entre las sombras de un árbol enorme con una rama medio caída que me hacía un gran favor al disimular mi presencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me bajé y pude ver a la chica en brazos del tipo alto, con el cuerpo laxo, como muerta, pero respiraba, así que supuse la habían drogado fuertemente. Se bajaron del auto únicamente los dos tipos anteriores, el otro, el del vaso, iba mirando a todos lados, ahora con una chaqueta puesta y su mano por encima de ella, a nivel del ombligo, reposando sobre algo que hacía bulto en su ropa. Imaginé que era una pistola. Me asusté, me estaba metiendo una situación peligrosa, pero esa chica me interesaba, de momento no sabía si lo que hacía estaba bien o mal, simplemente deseaba saber qué harían con ella y llamar a la policía, pero debía cerciorarme de que no cometería un error al llamar. El Elantra arrancó, casi silenciosamente, y me dio oportunidad de seguir a los hombres, yo miraba a todos lados, me sentía observado, tenía mucho miedo, pero al mismo tiempo la adrenalina me impulsaba a continuar. Terminaron de llegar a un patio techado, algo así como un porche, pero pequeño, encendieron una luz y acostaron a la chica en una especie de mesa de concreto mal hecha, medio inclinada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supe que eso no estaba bien desde un principio, pero dado a lo próximo que estaba yo de ellos, si usaba el celular se darían cuenta de mí, porque las desgraciadas teclas del aparato suenan cada vez que las oprimes. Me vivía quejando de que mi antiguo celular sonaba muy bajo y ahora esto otro parecía un infierno, la idea de que me escucharan y me dispararan me ponía la piel de gallina, así que permanecí agachado, mirando de reojo lo que hacían, escondido detrás de un muro bajo. Sacaron una caja de herramientas, de allí tomaron una jeringa y una ampolla; en cuestión de un par de movimientos la inyectadota soltó un chorrito escueto por la punta, dando pruebas de que no quedaba aire dentro. Quise echar a correr y llamar a la policía, pero cuando estuve por hacerlo me percaté de que la luz de la calle empezaba a atenuarse, hasta el punto en que me quedé completamente a oscuras, con una sola fuente de luz, titilante como en la discoteca y de intervalos apagada, proveniente de un poste dañado, al que odiaré toda mi vida. La gente de allí era conciente de lo que allí sucedía, algo me decía que tantas luces apagadas, de repente, era señal de que se estaban escondiendo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-2541605155057381031?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/2541605155057381031/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=2541605155057381031&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/2541605155057381031'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/2541605155057381031'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/04/repuesto-express-1ra-parte.html' title='Repuesto Express (1ra Parte)'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S7Tvu08E7hI/AAAAAAAADCM/fBWBHAlQsvU/s72-c/arma.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-1621568362833375879</id><published>2010-03-30T18:01:00.002-04:30</published><updated>2010-04-02T16:14:14.467-04:30</updated><title type='text'>"No es dulce, es amarga"</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Anteriormente me burlé del amor, luego del sexo y en ambas ocasiones toqué diferentes vértices de los dos temas, esta vez me dedico al suspenso, al horror humano de aceptar que entre nosotros caminan asesinos, que la muerte es lo único seguro en la vida y al miedo de perder a ciertas personas a las que queremos. De esta manera, doy apertura a mi nueva exploración literaria "Sangre, tragedia y un delito pasional", donde no pretendo hacer humor de lo bizarro,ni siquiera comedia negra, sino tocar ese delgado hilo que separa la cotidianidad del desastre, esa fracción de segundo donde todo lo que está bien puede pasar a estar mal, muy mal.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);font-size:85%;" &gt;Sangre, tragedia y un delito pasional&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;"No es dulce, es amarga"&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S7J9elI_NsI/AAAAAAAADB0/r63RnQp-w0k/s1600/untitledcorp.bmp"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 168px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S7J9elI_NsI/AAAAAAAADB0/r63RnQp-w0k/s320/untitledcorp.bmp" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5454560063018448578" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El amor se ha vuelto para mí una entrega total, catorce años de abnegación sin chistar, un sin fin de madrugadas clavada en las hornillas a fuego lento, noches enteras de reflexión y resignación, placer efímero y egoísta, dejando que él sacie su necesidad sin pensar en mí, en los miles de orgasmos que no sentí ni sentiré, en la dicha de ser amada por completo, tal cual soy, aún joven, aún viva, aún llena de energía para malgastarla en alguien a quien ciegamente decidí amar, sin importar lo poco o mucho que me de a cambio, sin recriminar su indiferencia, desapego, desatención y sus mentiras. Prácticamente yo soy la única que ha sabido amar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cotidianidad se ha llevado consigo mi voluntad, mis deseos de superación, mi libertad, mi feminidad. Me ha traído, arrastrándome, hasta el borde del desespero, de la impotencia, la decepción y al sentido oscuro del sacrificio. He dado todo lo que he podido en nombre de algo que la humanidad persigue sin sentido alguno, que busca sin saber qué buscar, que desea sin saber qué se siente en realidad. El matrimonio, visto desde mi cristal, no es más que un par de esposas, amarres bien ajustados que cortan la circulación, que condenan mi espíritu a la más cruel realidad: es una apuesta que la minoría gana y la mayoría pierde una y otra vez, sólo que en mi caso he perdido una única y última vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo conocí por medio de un amigo, eran compañeros de estudios de la universidad y sus ojos me dijeron que era un buen amante, un luchador y el protector que todas deseamos encontrar. Si mal no calculo, como tres años después, lo vuelvo a ver en un banco, cuando me dispuse a hacer una diligencia. Me saludó, lo saludé, nos miramos a los ojos deseándonos sin disimular, mirando de arriba abajo, derribando la muralla que separa mi persona de los demás, destruyendo toda protección y permitiendo que sus respiraciones surcaran mi cuello, mi cabello, mi pecho, mis piernas. Fue la noche que conocí el placer carnal y me deslumbró aquella sensación de ligereza y poder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sentí más mujer, me sentí segura, diva, una guerrera cabalgando sobre los demás, mirando por sobre mis hombros, dándome un puesto sobre las demás al lado del hombre que en la cama me prometió fidelidad. Fue un pacto tácito, fue lenguaje corporal, fueron sus manos sobre mí, sus ojos mirándome entre sueños, su boca reposando cerca de los pechos que jamás alimentaron ningún resultado de mi amor por él. Fue su silencio, su reposo al lado de mi cuerpo, luego de mi inauguración sexual, lo que me dio esa sensación de que en el futuro el sería quien me contara las primeras canas y quien compartiría mi cama hasta el punto de que cada lado de la misma contendría dos olores distintos; el olor a un hombre pasional del lado izquierdo y el olor de una mujer dichosa, nutrida, fértil y delicada del otro lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han pasado catorce años, casi exactos, desde aquel día, y por supuesto nada es igual ya, todo ha cambiado un doscientos por ciento. Sus llaves tintineaban cada vez que llegaba a casa, justo antes de que la cerradura de la puerta sonara, sus botas rechinaban en la cerámica y mi corazón ralentizaba un tanto su andar. Su presencia significaba esclavitud, ropa que planchar, comida que calentar, lavadoras que atender y una que otra limpieza, porque la mayoría de las cosas se mantenían limpias. Es lo único que tenía de bueno: mantiene todo en orden y en pulcritud. Pero así como también significaba mi prisión, también significaba mi tortura, su tortura, la sentencia de Dios sobre los dos, de que no tendríamos un hijo jamás, naturalmente al menos. Nunca se dispuso a hablar conmigo de la adopción, pues dentro de su moral eso no tenía cabida, pero dentro de mi desespero, sin mirar siquiera esa estupidez de la cultura, la educación y lo que pensarían los demás, era una opción tan factible, tan esperanzadora, que sería capaz de adoptar cualquier niño, sea como sea, negrito, blanquito, morenito. Incluso sin importar las enfermedades con que viniera. Yo estaba dispuesta a ser madre como sea, pero él no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su miedo a la vida, su vacío sentido de la paternidad sé que lo martilló y atormentó toda la vida, pero eso no justificaba lo que me hizo, aunque comprendo las razones. Yo dejé de ser la chica interesante, mística, de ojos juguetones, de cuerpo indescubierto, de profundidades desconocidas, me convertí en ama de casa, una sirvienta mejor dicho, y perdí todo interés por atender mi banalidad. Mi cuerpo también se transformó un poco, aunque no engordé ni perdí mi figura jamás. Aún así, él no supo valorar mi entrega, mi amor incondicional, mi indiferencia al hecho de que él tuviera más rasgos de vejez que yo. Pero en los hombres la vejez no es una cuestión tan mal vista como en las mujeres, ni siquiera los asuntos competentes a la plasticidad. Un hombre puede ser gordo, feo, canoso, calvo o estar en pleno proceso de calvicie, pero lo que vemos las mujeres no es tanto eso, aunque si, sino aquello que supone la estabilidad de nuestros intereses: el dinero. Así sea para asegurarnos únicamente la calidad de vida de nuestros hijos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamás le pedí regalos costosos, ni siquiera un regalo que no fuera su amor, sus míseras atenciones. Yo era un robot para la casa y él un triste visitante, que llegaba sonriendo y quejándose del trabajo, una combinación poco entendible hasta que una tarde, llegando del laboratorio clínico me di cuenta de lo que sus sonrisas decían entre líneas: “me estoy acostando con otras mujeres, mientras tú derrochas tu energía y tiempo en mí, me siento cómodo, ya te conquisté, ya me aburres, ahora conquistaré alguien más que despierte mi interés”. Me tapé la boca, mis ojos enrojecieron en pocos segundos, las lágrimas se colaban entre mis dedos, mi cuerpo temblaba, aquello no lo podía aceptar, no era posible, parecía una pesadilla muy mala, la peor de todas. Tenía que haber un error, pero me rectificaron que no, aún cuando volví al sitio e insistí varias veces. La chica me dijo que lo sentía, que de verdad era una lástima, pero que podía recomendarme un buen doctor que trataba a pacientes con VIH/SIDA, que han obtenido buenos resultados y que logran una buena calidad de vida dentro de lo que cabe considerar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que volví a casa a llorar tanto como pude, para no dejar que él me viera y me escuchara llorando, preferí que ignorara todo, incluso pretendí decirle que me sentía mejor, que mis mareos eran cuestión de la hemoglobina, pero de pronto un sentimiento de odio me ahorcó, ahogándome hasta que mis pensamientos no pudieron ser otros que los de venganza. Me sentí tan frustrada, engañada, tan usada, tan nada, que nada me importó, y no hay peor situación que esa: que nada te importe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No esperé mucho, fui por el veneno de ratas, lo esperé. Las llaves sonaron, la puerta se abrió en pocos segundos, sus botas de trabajo rechinaron y su sonrisa aumentó cuando lme vio esperándolo desnuda con dos copas de vino en mis manos. No se resistió, se echó el vino a la garganta de un trago, se iba quitando el primer botón cuando sus ojos saltaron hacia mí, sus manos se engarrotaron y su cuerpo se tumbó con una serie de convulsiones asquerosas que me desquiciaron. No soporté verlo morir como un animal sarnoso, así que le di la espalda hasta que los sonidos dejaron de atormentarme, y el suelo se sentía un tanto tibio a su alrededor. No dijo una última palabra, nuestro silencio fue así como una conversación o más bien la peor discusión que hayamos tenido jamás. Imagino que él se dio cuenta de que su bebida tenía un sabor inusual. Y no se trataba de la marca del vino, ni de los años que tenía guardado, sino de aquel regalo, mi grito de libertad, mi desahogo, toda mi represión contenida en una explosión de veneno amargo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque la venganza no es dulce, es amarga, tan amarga como esta copa de cristal que quedó para mí, para callar mi dolor y cortar de una buena vez este proceso de autodestrucción biológica que su engaño me contagió.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-1621568362833375879?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/1621568362833375879/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=1621568362833375879&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/1621568362833375879'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/1621568362833375879'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/03/no-es-dulce-es-amarga.html' title='&quot;No es dulce, es amarga&quot;'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S7J9elI_NsI/AAAAAAAADB0/r63RnQp-w0k/s72-c/untitledcorp.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-8716384063680125152</id><published>2010-03-24T16:20:00.001-04:30</published><updated>2010-04-05T18:45:11.498-04:30</updated><title type='text'>Tanto y nada VII (final)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Ya vuelve a tu casa, Miguel –dijo Karina, dirigiéndose a su amigo con severidad, cansada de que él tomara su casa para prostíbulo, para hacer desastre y desarreglar las sábanas cada vez que ella salía a trabajar.&lt;br /&gt;- ¿Karina? –se confundió él, no comprendía la actitud de su amiga.&lt;br /&gt;- No hagas esto más largo. Te irá peor en casa mientras más te distancies, afronta tus problemas como un hombre y da la cara –limpiaba la mesa, acababan de almorzar.&lt;br /&gt;- No quiero volver a casa –contestó él, con aires de tristeza y reflexión.&lt;br /&gt;- ¿Y qué harás? –lo miró con reproche, por encima de su hombro, girando un poco hacia atrás, dejando las cosas en el fregadero- ¿Dejarás la universidad y te pondrás a trabajar, cobrando un sueldo mínimo que ni te alcanza para pagar un maldito alquiler?&lt;br /&gt;- No lo sé, no… yo… -tartamudeó, calló, por un momento se dio cuenta que no sabía qué hacía con su vida, había malgastado un mes entero de su vida en sexo, vagancia y más sexo. Estaba al borde de placer efímero y personas fantasmas. Sin embargo, de alguna forma no podía dejar de necesitarlo.&lt;br /&gt;- Tienes que madurar, Miguel –Sentenció ella, girando el grifo, dejando el agua salir con un chorro grosero de la misma, salpicando y obteniendo el desprecio de Karina. –“esta mierda de fregadero es una ladilla” –pensó.&lt;br /&gt;- ¿Me puedo ir mañana? –rogó, reflejando los nervios en sus manos, dándole infinitas vueltas a un papel en la mesa.&lt;br /&gt;- No, te vas hoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus corazones se encontraron, se aislaron, se pelearon, sucedía que ambos estaban hartos de sus existencias vacías, faltas de otra motivación que no sea la promiscuidad. Ninguno soportaba al otro, de alguna manera deseaban que el otro desapareciera, para poder tener sexo sin esperar la ausencia de uno de los dos. Uno por placer, otra por necesidad. Uno porque por fin se sentía libre, pero esclavo de sus deseos, y otra porque no quería irse, seguiría consiguiendo envoltorios de preservativos en el baño si el chico no se iba. Por mucho que fueran amigos, no podían convivir juntos, un mes ya era demasiado. Ya había más ropa tirada en el suelo, ya había que cocinar más, limpiar más, buscar más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De cierta forma, en el aire había un mensaje: “este es un adiós definitivo”. Ese sería el último día que podrían recordar de amistad. Ella se mudaría, porque su familia debió ya enterarse de su asqueroso oficio, él se graduaría y se quedaría en la ciudad, tanteando, entre un abanico extenso de pretendientes inestables, la idea utópica del amor. Ella se conseguiría un viejo en sus últimas, adinerado y sin herederos, lo mataría con un orgasmo mega espectacular, moriría en paz el pobre, y Miguel se quedaría acá, tratando de convencer a su pareja de que al menos una vez se dejara penetrar, pero no, la pareja sería obtusa y finiquitaría la relación con la excusa más barata de todas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puede ser que jamás se vuelvan a conseguir, porque una mudanza basta para que las distancias se vuelvan metros, kilómetros, millas y leguas, todas juntas, como un muro gigantesco entre dos personas, pero aún le quedarán los celulares y el recurso del destino o la suerte. Después de todo, ellos eran los únicos que sabían compartir sus vacíos emocionales, no se reclamaban nada, no se pedían nada a cambio, no se rechazaban por sus hábitos sexuales, no se discriminaban ni por ser puta, ni por ser homosexual. Después de todo el sexo no es nada, es tan sólo la desesperación humana hecha poesía, carne, calor, sudor y un orgasmo pasajero. Apenas es una droga, como un estúpido cigarrillo, legal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero de nada sirve, siempre será lo mismo, siempre será una relación acelerada, un beso en la primera cita, sexo en la segunda, un sentido de pertenencia prematuro, sin siquiera llegar a los tres meses de relación, a un tiempo prudente para conocerse. Cuando sea tarde se darán cuenta que están solos, porque la gente ya no sabe conocerse, sólo busca la satisfacción de sus propias motivaciones: el miedo, la desesperación, sus vacíos emocionales. Siempre será un amor escondido, porque dos hombres de la mano en la calle, dentro de una sociedad retrazada mental, es una herejía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero de nada sirve, siempre será lo mismo, siempre será una relación de mentiras, de trabajos ficticios, sin poder decir el verdadero: soy meretriz. Todos los días una llamada al celular de un desconocido, una dependencia enferma del don de fingir placer, mantener el cuerpo lo más joven y provocativo posible, millones de cremas para toda parte del cuerpo, incluso para el culo. Su cuerpo no será un templo, será un bien público de uso secreto. Se tendría que buscar un trabajo pero… ¡un segundo! Nunca obtuvo su título de universidad. A prostituirse hasta que se gradúe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dos tomaron malas decisiones, o mejor dicho, la misma mala decisión: hacer que su felicidad dependa de su cuerpo, de su atractivo, de la opinión pública, del sexo, de las apariencias, del secreto, de la represión. Tanto sexo, tanta búsqueda de amor, tanto ocultar cosas, tantas máscaras gastadas del excesivo uso. ¿Para qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para nada…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-8716384063680125152?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/8716384063680125152/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=8716384063680125152&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/8716384063680125152'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/8716384063680125152'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/03/tanto-y-nada-vii-final.html' title='Tanto y nada VII (final)'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-1343991837515727460</id><published>2010-03-21T22:01:00.000-04:30</published><updated>2010-03-23T02:01:49.050-04:30</updated><title type='text'>Tanto y nada VI</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El cuarto olía a ropa sucia, tirada y amontonada, ese olorcito a humedad y sudor, a polvo y cartón; el acondicionador de aire lo empeoraba todo, hacía frío y hacía calor, sus corazones latían fuerte, sus mentes colapsaban de preocupación, cada uno estaba sumido en su propio sudor, en su propio mundo, acostados en la cama sin saber qué hacer, soportando el abrigo exagerado del edredón, el picor de esa tela, el frufrú de sus piernas sin saber cómo expresar su ansiedad, su incomodidad, su descontrol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que no lo soportaron más y decidieron bañarse y salir para distraer sus mentes, disipar los malos pensamientos y dejar que el alcohol hiciera su trabajo. Pero ambos estaban concientes de que el alcohol no hace olvidar, no hace perdonar, no tiene ninguna propiedad de ese estilo, lo único que hace es liberar nuestra pena por un rato, es como un receso, un aire fresco y mareador, envuelto en un vaso plástico medio largo, relleno con hielo, jugo de naranja y vodka. Llegaron en un taxi, que iba mandado como por el diablo, lo conducía un muchacho joven y sin miedo al riesgo, que se abría paso entre los carros de una manera casi mágica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cómo entraremos? –preguntó Miguel, ante la vista de bastantes personas haciendo fila, esperando que el portero diera su aprobación y los pasara casi haciéndolos sentir privilegiados, pero todos saben que es una tontería, cuestión de espacio.&lt;br /&gt;- Descuida, yo de eso me encargo –respondió ella con toda seguridad, disimulando entre maquillaje, postura y una sonrisa discreta, todo el dolor que sentía en el corazón, recordando una  otra vez el rostro incrédulo de su hermano.&lt;br /&gt;- ¿Estás segura? –insistió él, nervioso, ansioso, una actitud propia de muchachos “de casa, sin experiencia en la vida nocturna”.&lt;br /&gt;- Si, Miguel –contestó Karina con desdén.&lt;br /&gt;- Está bien –terminó él con cierto dolor, quedó como un bobo delante del taxista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajaron del vehículo y algunos miraron el cuerpo deseable de Karina. No se le notaba ni una pizca de intervención médica encima. Era algo así como una diosa caminando entre discípulas, todas exageradas en maquillaje, en vestimenta. Sin embargo, ella no iba recargada, sino al contrario, iba tan sencilla como elegante, sensual y exclusiva. Parecía una figura de arte a metros de distancia, intocable, intacta, perfecta. Karina dedicó una mirada de “soy yo” al chico de la puerta, un gorila de un metro noventa y músculos inflados. Su actitud era pedante, pero al mismo tiempo destilaba complicidad con el portero, una costumbre entre ellos dos para hacerle ver a los demás que ella era importante y que pasaba sin importar qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente quedó anonadada, naturalmente otras mujeres pensarían mal de ella, viéndole los senos redondos y firmes, deseando que se le desinflaran, lo que ellas no sabían es que son naturales, simplemente nunca dejaba de usar sostén, sólo para dormir terminaba completamente desnuda, pero jamás dejó que la gravedad le estirara la piel. Como sea, terminaron entrando, bajo la envidia de otros hombres, pensando en Miguel como en un flacucho maricón no digno de “senda mujer”, todos ignorantes de la realidad, de que eran grandes amigos, así como los glúteos de la chica entonces cotizada. Los glúteos si son trabajados -con ejercicios-.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta negra se abrió de par en par, de la mano de otros dos gorilas, el humo escapó con desespero, las luces allanaron sus ojos, la gente se mezclaba con el ruido de los zapatos, la música, el “botador de humo” o como sea que se llame esa máquina horrible, los vasos, el licor al caer entre los cubitos de hielo, las risas, las palabras y sus propios pensamientos. Todo junto parecía un coctel sobrecargado de cosas innecesarias, mejor hubiese sido tener el local para ellos solos, pero en el fondo algo les seguía incomodando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No estaban allí para estar solos, porque no es un sitio para estarlo, entonces era evidente que querían compañía. Karina buscaba un hombre heterosexual y, claro, Miguel buscaba igualmente un hombre pero homosexual. ¿Por qué? ¿Por qué sus ojos buscaban a alguien, por qué necesitaban compañía? ¿No podían simplemente disfrutar la compañía uno del otro y bailar? No, no se trataba de diversión, ambos iban por la vida impulsados por una cosa enorme, disfrazada de nada, de negro, de vacía. Los dos fueron allí para llenar un vacío emocional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entraron, con ínfulas de superioridad, porque ante los demás todos tenemos que hacernos sentir importantes, valederos, triunfantes. Nadie quiere admitir sus sentimientos porque, si no, no es atractivo, a la gente le atrae los que triunfan, porque son buenas fuentes de alimento, son buenos focos de aprendizaje y un medio “imperdible” para superarnos. Los perdedores no son atractivos, no tienen nada qué aportar, no se les puede sacar provecho, por eso todos fingimos ser “ganadores”, los únicos que no fingen son los reales vencedores, no les hace falta o ya se cansaron de demostrarlo. Igualmente ellos hicieron presencia, entre tanta gente, humo, ruido y luces, con pie de reyes, acercándose a la barra y pidiendo un trago de vodka, intercambiando miradas con extraños, rechazando otras miradas, ignorando a unos cuantos y siempre en una constante tarea de aparentar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te está mirando aquel hombre de allá –gritó y señaló Miguel, dirigiéndose a su amiga justo en la oreja, casi pegándose de su piel, pues es la única forma de comunicarse entre tanto estruendo.&lt;br /&gt;- ¡Que mire! –contestó ella, de la misma forma, ahora hablándole “en el oído” a él- Si se acerca es otra cosa… no le prestes importancia a la gente…&lt;br /&gt;- ¿Quéee?&lt;br /&gt;- Quee, noo, lee, preestes, importaanciaa, aa laa gentee.&lt;br /&gt;- Ah “okei”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bailaron, cerraron los ojos, el alcohol subía por las mejillas, los cuerpos se aligeraban, los problemas seguían ahí, pero parecían tener menos importancia, la gente desaparecía entre la bulla, la música electrónica aumentaba sus efectos narcóticos y los sonidos bajos vibraban en sus cuerpos por entero, sus corazones latían fuerte, estaban felices de llevar sus cuerpos al abuso, al extremo, porque los hacía sentir vivos, dueños de su vida, su destino. Todo aquello los hacía sentir grandes personas, maestros del disfraz y el camuflaje. Dentro de poco pensarían en soltar más sus cuerpos, en no darle importancia a la opinión pública y mandar al carajo los paradigmas. Fue imposible no dejarse limitar por los paradigmas. En cuanto se dieron cuenta de que estaban tomando mucho vuelo, aminoraron la marcha y volvieron al lado de la barra donde todo era seguro y su juego de “personas interesantes” podía continuar, entre tragos, miradas, un ritmo suave en el cuerpo que acompañaba la música y una que otra sonrisa burlona, para tentar a los posibles peces a morder el anzuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Despertaron juntos, no uno al otro, sino unos con los otros, la alarma se encendió en sus pechos, los ojos se abrieron más de lo normal, el aroma a lubricante, látex, sudor y sábanas sucias inundó su mente y las ideas surgieron de golpe, hiriendo en lo más profundo a su moral, su seguridad. Se miraron a las caras, se dieron cuenta de que ambos tenían miedo, que no sabían donde estaban. Miraron a sus acompañantes, tres personas dormidas, casi muertas, sintieron sus cuerpos abusados, cansados, pero dentro de ellos una sensación gigante de libertad, de poder, de dominio se destapó. Rieron en silencio y se vistieron en un parpadear. Lo que no previeron es que se volvió vicio y no fue la última vez.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-1343991837515727460?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/1343991837515727460/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=1343991837515727460&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/1343991837515727460'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/1343991837515727460'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/03/tanto-y-nada-vi.html' title='Tanto y nada VI'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-8723419770569289078</id><published>2010-03-15T01:53:00.000-04:30</published><updated>2010-03-18T00:21:04.950-04:30</updated><title type='text'>Tanto y nada V</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡Por Dios, mírate esos ojos hinchados! Deja de llorar Miguel&lt;br /&gt;- No me pidas eso –chilló el otro, resoplando.&lt;br /&gt;- ¡Pero eres un hombre! Asume las consecuencias de tus actos. Ya todo pasará, tus padres pasarán el trauma, tú también, quedarán algunas incomodidades, pero no es para morirse. Todas las familias tienen sus problemas.&lt;br /&gt;- No todas –refutó con tristeza y reflexión.&lt;br /&gt;- Ay no me jodas, Miguel –ella se dio la espalda y terminó de abrir la puerta para que su amigo entrara, sabiendo que él estaba en uno de esos estados ánimos autodestructivos en donde nada tiene solución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel entró, con los hombros bajos, tal cual un perro regañado, envidiando la libertad de su amiga, pero sabiendo que ella no era tan libre como su soltería e independencia lo dictaba. Era esclava del sexo. Ambos sabían sus vidas mutuamente a la perfección, tenían consigo cada secreto que el otro podía contar, eran como dos vasos de cristal llenos de agua turbia, pero transparentes, uno para el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo el anexo estaba hecho un desastre, parecía el lugar de un hombre soltero apenas salido de la adolescencia. La ropa interior regada, faldas, blusas, franelas, sandalias  y un par de botas en el medio, siempre en el medio, porque no había mucho lugar para donde coger, el camino siempre era el mismo, el obstáculo también era el mismo. Ella no le dio importancia a lo que su desorden decía de ella, ante su amigo no tenía nada que ocultar. De igual forma él sabía que dentro de poco a ella le tocaría trabajar y él se quedaría ahí seguro, tranquilo porque sus padres de todas formas saben dónde está. Amigos de toda la vida al fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Trabajas hoy cierto? –inquirió el, deseando un si como respuesta.&lt;br /&gt;- Todos los días trabajo, querido… -respondió ella con fastidio, con ese tono que dice “si, lastimosamente me toca hacerlo”. Mientras tanto ella se iba vistiendo con los senos al aire, desprovista de cualquier clase de pudor, porque estaba conciente de que eso a él no le excitaba.&lt;br /&gt;- ¿Quieres que haga café para cuando vuelvas? –se sentó en una orilla de la cama, más calmado, todo el lugar, muy diferente a casa le distraía, no tenía cabeza para sufrir en esos momentos, lo que imperaba era la necesidad de adaptación.&lt;br /&gt;- ¡Ni loca! –Soltó un bufido de cansancio- si tomo una taza de café no dormiré, aunque ya no me hace tanto efecto. – Se colocaba el sostén- Prefiero un baso de leche tibia, agua o nada. Cuando llego lo que quiero hacer es dormir.&lt;br /&gt;- Me imagino… -apoyó él, en todo de “no sé lo que se siente, pero debe ser agotador”.&lt;br /&gt;- Ten cuidado de no llamar la atención de las viejas de mis vecinas- advirtió Karina- lo más probable es que digan que estoy saliendo contigo y que por fin traigo un hombre a mi casa, pero entonces dirán que soy más puta aún y que no debo traer a hombres extraños a este lugar.&lt;br /&gt;- Descuida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que ella se marchó con unos cuantos números telefónicos y la dirección de los tres lugares que visitaría esa noche, resignada, con la mente en blanco sin pensar en nada, porque eso es parte del oficio. No pensar es la mejor aspirina de todas. Mientras eso Miguel no supo lidiar con la soledad, marcó al número de su novio y lo invitó al lugar. En menos de media hora la puerta sonó, arrancándolo de golpe de la cama de su amiga, abriendo la puerta con ansiedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel le contó a Carlos todo lo que había pasado, el otro por su parte hizo las veces de comprenderlo y acompañarlo en su preocupación intentando calmarlo con caricias, palabras de aliento y, precisamente hablando de aliento, las caricias los llevaron a otro nivel de complicidad, uno que no habían alcanzado antes, nunca en su mes y medio de relación. Todo estaba a punto de volverse prematuro, efímero, volátil y carnal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno tuvo que ceder, resignarse al dolor de hacerlo a la romana, forma que también tuvo que adoptar ella, con un cliente adentrado en los cincuenta, desesperado por sentirse aún potencial. Los gemidos de dolor y placer llegaron, las pareces no lo callaron, un vecino escuchó y casi a puntillas se escapó de su esposa, una de las chismosas para atreverse a tocar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No pude evitar escuchar –dijo detrás de la puerta, a sabiendas de que el par de gemidos que venían de arriba eran masculinos.&lt;br /&gt;- Disculpe se ha equivocado –contestó Carlos con el corazón en la boca, mirando a Miguel con cara de no saber qué hacer.&lt;br /&gt;- Insisto…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta de abrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Karina visitó su segundo cliente, esta vez un hombre joven, de treinta y un años de edad, bien vestido, medio casual, con una sonrisa espeluznantemente atractiva, un chico apuesto a pesar de una cicatriz en la mejilla. Detrás de él otra chica sonreía y para sorpresa de ella no era recepcionista, ni servidumbre ni una chica que pasaba por ahí, esa otra mujer reposaba en la cama del cuarto de hotel, apenas vestida, con tres trapos que de vaina cubrían el pudor. No era nueva la situación, pero tampoco grata. Ellos habían comenzado la fiesta antes de que ella llegara, pero aún así había lugar para sus servicios. Eran novios y todo aquello era simple diversión de pareja, así que ella era la tercera, la metiche, la invitada, la usada. Una vez más traspapeló las cosas y calló su conciencia, su mente únicamente pensaba en las maneras de generar placer más demandadas por los clientes, su moral se había ido de paseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A diferencia de la moral del vecino, que llegó de la nada, desesperado por un poco de libertad, de morbo y placer. Tanto esperar por ese momento, en el que interrumpiera sin poderse contener, como para dejarlo volar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel abrió los ojos a sobre manera y se cubrió, la desnudez jamás había sido tan incómoda y entonces aún más con la presencia de un tercero, un desconocido, un viejo morboso, un hombre medio calvo, panzón, sin afeitarse y con la lengua casi afuera. Una bestia inmunda que pretendía anexarse al placer. Carlos lo miró con complicidad, con ojos de quien invita a disfrutar sin miedo, Miguel en el fondo admitía que los largos ratos en el baño incluían orgías imaginarias, pero la realidad era mucho más perturbadora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es irónico que al hablar de la vida de las personas sea inevitable hablar de sexo, de lo sucio, de lo rechazado, de lo inmoral, de “lo que no se debe contar”. Pero es la verdad, hablarte de ellos sin desnudarlos completamente sería hablarte de un disfraz o de un agua demasiado filtrada como para brindarle beneficios a nuestra conciencia. ¿Qué hacían todos ellos allí? ¿Por qué tres hombres en una misma cama? ¿Por qué dos mujeres y un rey, disfrutando de lo inmoral?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos disfrutó, el vecino también, pero Miguel no supo hacer otra cosa que reaccionar sin deleitarse, estaba en shock, aún cuestionándose si todo aquello era verdad, si era admisible la nueva imagen de un hombre a quien había visto muchas veces al lado de su esposa, a quien había oído decir más de diez veces que estaba casado. Le pareció una aberración, un orgasmo mal habido, placer ajeno, mientras aquella señora descanba crédula, feliz de que su marido aún esté en casa, temerosa de que una mujer más atractiva se robe los ojos de su amado. ¿Amado? ¿Y si en realidad ella también sueña con otros hombres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que es igual no es trampa, así que pudo eyacular sin culpa, pero tampoco con goce. Aquello lo hacía sólo por él, porque la osadía de Carlos le costó la relación. Terminaron ese mismo día, Miguel no aguantó el asco, el miedo, la confusión, lo nuevo. Carlos se marchó con su caja de preservativos, recién comprada, recién abierta. Karina volvió a casa desgarrada, llorando a cántaros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué te pasó? –preguntó asustado, preocupado por la salud de su amiga, ella tardó en contestarle, aún vestida, distando de su normalidad, pues lo acostumbrado es que se desnudaba apenas entrada a casa.&lt;br /&gt;- Tuve que hacer tres visitas hoy –dijo ella, forzando las palabras, pero hallando consuelo en decirlas- el tercer hombre…&lt;br /&gt;- ¡¿Qué te pasó?! –se alteró él, inmediatamente pensando en llamar a la policía, como una posibilidad, pero pronto caería en cuenta que ni eso podría solucionarlo. ¿Quién protege a las prostitutas?&lt;br /&gt;- El tercer hombre me esperaba en un hotel –terminó ella de decir, con pequeños intervalos de resoplidos, llantinas y secado de lágrimas-, fui puntual, todo transcurría normal hasta que abrió la puerta. Lo normal es que algunos clientes nunca dicen sus nombres, por seguridad o por cualquier otra razón –secó otras lágrimas, echó a llorar de nuevo, sólo que esa vez no se pudo contener y lloró aún más, refugiándose en el pecho de Miguel.&lt;br /&gt;- ¡Pero dime!&lt;br /&gt;- ¡Era mi hermano! –Dijo ahogando las palabras en la piel de su amigo- Miguel, cuando abrió la puerta me congelé, me asusté toda, sentí que me caería al suelo, pero corrí y volví en un taxi. Sé que me reconoció porque nos miramos unos segundos. Yo no me lo podía creer. Gritó mi nombre, Miguel. Era mi hermano….&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-8723419770569289078?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/8723419770569289078/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=8723419770569289078&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/8723419770569289078'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/8723419770569289078'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/03/tanto-y-nada-v.html' title='Tanto y nada V'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-9111952060496868168</id><published>2010-03-01T23:28:00.000-04:30</published><updated>2010-03-02T02:21:57.015-04:30</updated><title type='text'>Tanto y nada IV</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No le digas a mi papá por favor –pidió él, conteniendo las lágrimas, pero con inmensas ganas de llorar, por vergüenza, tristeza, miedo.&lt;br /&gt;- Por supuesto que no le diré –contestó su madre, secándose las lágrimas con una servilleta, destrozada hasta el fondo, temerosa de lo peor, de que la gente rechace a su hijo, de que se contagie de una enfermedad de transmisión sexual, de que su hijo sufra.&lt;br /&gt;- Perdóname mamá, tenía miedo de decírtelo –arrancó a llorar más, ya tenía enrojecidos los ojos, la nariz y las mejillas, sentía una gran opresión sobre su pecho, como si el corazón no le cupiera y al mismo tiempo un vacío, un dolor en la boca del estómago que lo hacía inclinarse hacia delante, por su mente pasaban muchas cosas, suposiciones del futuro próximo y todo era fatalista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La distancia entre madre e hijo era considerable, cada uno arrecostado de una pared distinta en el cuarto de Miguel, soportando, como puñaladas en el pecho, cada vez que vibraba el celular, cada uno pensando desde su propia realidad, calibrando los efectos de ese nuevo conflicto sobres sus existencias y de cómo tendrían que lidiar ahora con el secreto, no para muchos, no aquellos que han pasado por la piel de Miguel y aquellos “que todo lo saben” esa clase de personas que sacian su sed con la crítica y el cotorreo sobre asuntos ajenos a su competencia. La señora no hacía más que pensar en el futuro, en que tarde o temprano su marido se daría cuenta de que su hijo gusta de los hombres y que aquello podría culminar en la ruptura de los lazos afectivos. Otra vez una de esas puñaladas, ese dolor, esa predicción destructiva que todo lo veía destruido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel reposaba sobre su cama y la pared con la que colindaba dicho mueble, sus hombros caían sobre su pecho y su cabeza estaba baja, como si el techo lo tuviera sobre la espalda, totalmente derrotado, con todas sus defensas y mentiras abajo, con veintitrés años, si es que se pueden contar todos los de la infancia, viviendo una farsa frente a sus seres queridos, no por culpa de él, ni por culpa de ellos tampoco, sino por aquel manto invisible de moral y prejuicios creados por la sociedad. Es culpa de todos, y eso a ambos los llenaba de amargura, entonces no lloraban por sentirse tristes, sino por amargura, por miedo a enfrentarse a la realidad, miedo a ser honestos, aún cuando es una virtud que la mayoría de la gente demanda, pero que no saben apreciar o dar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Yo quiero que seas honesto conmigo siempre, pero cómo admito que no he sido así para contigo por miedo a que mi imperfección te cause un daño y eso me cause otro a mí” Así siempre hemos pensado todos en nuestras mentes, nadie es completamente veraz en sus palabras, siempre hay una brecha de contradicción y eso está bien pues somos humanos, pero en ciertos momentos las emociones nos ciegan y las cosas no las vemos así. Así como aquella señora no vio a Miguel con ojos de comprensión, sino con ojos de miedo, molestia e indignación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Indignación? –Piensa él en voz alta- ¿indignados porque soy un ser humano con gustos diferentes? A mí me indignaría que me rechacen por ser diferente. ¿Qué es digno y qué no, mamá? –la miró con ojos suplicantes.&lt;br /&gt;- ¿Desde cuándo sientes esa desviación? –pregunta su madre, enfrascada en su propio mundo, sin escucharlo, porque no lo quería escuchar, ni siquiera para atender a sus respuestas. Ella estaba dolida, echándose la culpa en el fondo.&lt;br /&gt;- ¿Desviación? –Pregunta él molesto, el siguiente paso del conflicto, ahora reclamando su parte de su dignidad, para así sentirse en mejor posición. Frunce el ceño, le tiembla la quijada, está por otro arranque de lágrimas- Si quieres también dices aberración…&lt;br /&gt;- Lo siento, lo siento, lo siento…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se cubrió el rostro con las manos, refugiando su pena y su dolor en sus palmas, apoyando el guindajo que quedaba de su conciencia en un par de manos maltratadas por el detergente y la plancha, arrebatada por un sentimiento que no sabía describir bien. Ni siquiera sabía conseguir un culpable, pero estaba convencida de que su hijo tendría que ir a un psicólogo, tal vez era una confusión sexual normal en los jóvenes de ahora. Así que emprendió su huída, decidida a no afrontar por el momento aquel desorden mental, aquel temblor que la hacía sentir una marioneta suspendida por delgados hilos que la había bailotear torpemente sobre el suelo. Se sentía mínima, como si de ella hubiesen hecho un muñeco estúpido, feo e inservible; de tal manera que sin ver mucho tomo la pomada de la puerta y la giró, lista para irse e inventar alguna mentira, alguna muerte ficticia de algún viejo amigo que vivía lejos, para que su esposo no la molestara con preguntas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo ni siquiera pudo salir del cuarto, del otro lado de la puerta dos pies se mantenían firmes y a medida que sus ojos iban subiendo descubrió que ya no eran sólo pies descalzos y conocidos, sino que eran piernas semivelludas, luego era un short de andar en casa, lentamente se convirtió en la franela del equipo de béisbol favorito de su esposo. Al final, el rostro que pertenecía a esas piernas casi petrificadas, sin una señal de nervios ni nada, era su marido, expresando confusión en las cejas, en la boca, en los ojos, una visión que no necesitaba decir palabras para poder preguntar “¿Qué está pasando aquí?” y que fácilmente se transformaba en un gesto de exigencia militar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella mujer sintió que la sangre se le helaba, que su cuerpo se paralizaba y sus ojos no paraban de mirar de un lado a otro, oscilando entre cada uno de los gestos visibles en el rostro entumecido del señor. ¿Habría escuchado lo suficiente como para saberlo todo o pediría explicaciones? ¿Creerá una mentira? Nada de eso, a partir de esa noche no había vuelta atrás, era la verdad o toda una vida de conflictos mayores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No es lo que tú crees –argumentó desesperadamente la esposa, temiendo lo peor para su hijo. Hace tiempo que su marido no había incurrido en violencia con los muchachos, pero no por eso ella no se aterraba de pensar que algún día los volvería a torturar con golpes, y ahora que son hombres grandes, de veintitantos años, no bastará una correa, sino que serían puños y patadas.&lt;br /&gt;- No finjas Rosa –gruñó el hombre, mirando con desafío a su hijo, por un lado de la madre, buscando su figura dentro del cuarto.&lt;br /&gt;- No es necesario Alberto… -siguió aquella pobre alma, palpitándole el corazón a mil por segundo, sintiendo ese vacío en la boca del estómago, tragando saliva para controlar la ansiedad, temblando cual papelito al viento, insegura, desprotegida, entre dos hombres que tarde o temprano se encararán, arrebatados cada uno por sus frustraciones y queriendo afianzar su posición frente al otro.&lt;br /&gt;- ¿Qué no es necesario? –subió él la voz, ahora molesto con la esposa, luego de haber sufrido por oírla llorar.&lt;br /&gt;- Esto… -responde ella, más nerviosa entonces, a poco de desmayarse.&lt;br /&gt;- ¡Por Dios, Rosa! –los ánimos ya están caldeados, ahora lo que resta es el punto máximo de ebullición, donde el vapor surge y el agua empieza a mermar. En cuanto ese hombre envejecido pusiera un paso en el cuarto, los músculos se tensarían, el cuerpo del padre y del hijo se prepararían automáticamente para responder ante un estímulo violento- ¿Es que no ves que toda la vida hemos estado en el mismo plan de callarnos a pesar de las sospechas y toda la mariquera esta? –ahora eran gritos.&lt;br /&gt;- ¿él también sospechaba? –Se preguntó ella mentalmente, ahora las lágrimas salían con otro motivo, relajando músculos, relajando el corazón un poco pero con un nuevo sobresalto- ¡El también lo sospechaba! ¿Por qué nunca me dijo nada? ¿Orgullo de hombres? ¿Miedo?&lt;br /&gt;- Cada vez que sales pegado a ese maldito celular, -regañaba el padre- de noche, hablando de tu amigo de no sé cuántos años… ¡lo que me dan ganas es de coñacearte por andar mariqueando con quién sabes quién! ¡Si sabes que esa vaina es mal vista entonces cuídate! Porque yo no te cuidaré, ya eres un hombre…&lt;br /&gt;- baja un poco la voz por favor –imploraba ella, casi en susurros, encogida de hombros para protegerse en vano de la saliva y el tono de voz elevado de su amado, que aunque la hacía sentir ínfima en ese momento, con sus palabras la libraba por un momento de su peso emocional. Ahora podía descansar en la delegación de su esposo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El señor pareció atender a la petición de ella, el muchacho no hacía más nada que llorar, ahora en la esquina de la cama contra la pared, esperando un abrazo, una palabra de consuelo, de comprensión. Miguel no comprendía que los gritos no eran de rabia, eran de miedo ante algo nuevo en la vida de personas criadas a la antigua. Era el típico caso de rechazo por ignorancia, pero igualmente su padre temía por el, por su futuro. Su intención era generarle un carácter, pero sin saber cómo. Lo único que supo hacer fue dejarse llevar por las emociones del momento, aún sintiendo en el transcurso del hecho, que estaba haciendo algo mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante la vista de los padres, que ahora veían a Miguel al mismo tiempo, había una pequeña cosita encogida, no literalmente, sino mentalmente, retrotraída a la infancia, desprotegida, confundida, dolida por el rechazo ajeno y ahora más por el de su familia. Dolida a profundidad por la ignorancia de su realidad por parte de sus padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Toda mi vida, al menos desde que tengo conciencia, lo que he hecho es hacer que ellos quieran a una persona que no soy yo, por miedo, y ahora que me conocen no puedo evitar sentirme mal porque no me reconocen, no me aceptan.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel enseguida aprovechó y respondió el mensaje de su amiga Karina, decido a huir de casa, pues era lo mejor en esos momentos. Los ánimos no mejorarían rápido, así que lo que mejor le pareció fue eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Miguel S) “No voy a poder ir, mi madre se enteró…” 10:13pm&lt;br /&gt;(Miguel S) “y también mi padre, esto está vuelto un desastre, tengo ganas de morirme, amiga…” 10:16pm&lt;br /&gt;(Karina A) “no pienses tonterías, tard o tmprano sucdría, pasa el momnto y rspira mucho, duchat para q t sientas mjor” 10:19pm&lt;br /&gt;(Miguel S) “Puedo pasar la noche hoy en tu casa?” 10:21pm&lt;br /&gt;(Karina A) “No s lo mjor, amigo, pro si lo ncsitas aca estoy. M qdare esta noche si dcides venir”&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-9111952060496868168?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/9111952060496868168/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=9111952060496868168&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/9111952060496868168'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/9111952060496868168'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/03/tanto-y-nada-iv.html' title='Tanto y nada IV'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-2446920945971963343</id><published>2010-02-25T22:11:00.000-04:30</published><updated>2010-02-28T01:56:30.704-04:30</updated><title type='text'>Tanto y nada III</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cinco de la tarde. Ella despertó, otra vez despeinada. ¡Que mierda! Se ha despertado muy temprano. ¿Entonces qué hacer? ¿Limpiar su cuarto? ¿Acomodar todo el desastre? No, mejor idea parecía que Miguel fuera hasta su casa/cuarto a tomarse la botella de Ginebra que le sobraba de la última vez que se reunieron, como hace tres semanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le envió un mensaje, uno que no tuvo respuesta hasta cinco horas después, pero para entonces eran las 10pm y era hora de trabajar, para preparar todo. Era hora de volverse reina, mentirosa, morbosa, esclava, domadora de bestias, entrenadora, consoladora, madre, hermana, tía y hasta ha llegado a ser abuela. Su oficio la conectaba al lado oscuro de los hombres, de los seres humanos, de la humanidad entera, ridícula al inflar su pecho y llamarse a si misma decente, moralista, perfecta. ¡Que le bajen la falda a esa señora y se la cojan, por inmoral y mentirosa!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche, una de tantas fugaces y extrañas, un cliente la esperaba en el cuarto de hotel con una maleta pequeña, en la que guardaba ropa de mujer. Era ropa anticuada, hedionda a tiempo, madera y polvo, pero con un sutil y extraño perfume suave de mandarina ¿pero en realidad era mandarina? Bueno, no importa, el hecho es que dicho olor se mezclaba con el tímido aroma a piel marchita, a claveles. La primera impresión ante el olor de la ropa fue un escalofrío. Se crispó colocando una sonrisa tímida y fingida en su rostro, dispuesta a vestirse, a jugar el rol que su cliente requería. Exigía. Pasó al baño a cambiarse, asqueándose de lo grande de la ropa, de lo viejo, lo pasado de moda, de las hombreras que le colgaban a los lados con una caída acartonada, soportando el roce de los canutillos verdes y ese olorcito otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del pronto empezó a sonar tango dentro de la habitación, ella miró la puerta del baño, como queriendo ver a través de ella y adivinar lo que el hombre hacía, mientras proseguía a colocarse la falda, igual de verde y repugnante. “No sé por qué la gente tenía tan malos gustos antes…” –pensó Karina, sintiendo que el aire abusaba de ella al entrar frío y déspota dentro de la enorme falda, que se le iba cayendo paso a paso. La música parecía arrancada de un disco de acetato, con ese típico crujido de los discos, como si estuviesen desenvolviendo un caramelo. Un hombre cantaba con voz melancólica, despechada y vibrante, hablando del amor ausente, desesperado y necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin ella se dispuso a mostrarse, abrir la puerta del baño y asumir que nació en 1930. Aquel hombre extraño, menudo, flácido y tímido pareció encenderse ante la visión de una proyección del pasado. Él arregló su corbata, se peinó hacia atrás, como un novio galante que se arregla para su mujer. Ella estaba petrificada, sin saber qué hacer, era la primera vez que le pedían jugar un rol distinto. El cliente parecía excitado sólo con verla, su piel se perlaba del sudor, sus manos temblaban, sus pies le picaban, su cara parecía un recoveco lleno de pena, vergüenza, morbo y satisfacción, una contradicción encarnada en el cuerpo de un ser quizá carcomido por las ganas de decirle, a “esa mujer” de antaño, “tengo ganas de hacerte mía”, o seguramente algo más morboso aún: “te tengo ganas, señora” o “te quiero…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿De qué vale ser morboso? La gente siempre se crispa, lo ve mal, piensa en nosotros como cochinos mal nacidos, con problemas mentales y traumas de la infancia. ¿Quién no tiene traumas?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vale de mucho, -se responde ella a sí misma otra vez- vale nuestra libertad de expresarnos y ser nosotros mismos sin miedo al rechazo ajeno, porque el peor rechazo es el propio. Por eso soy puta, porque es para lo que sirvo, es para lo que me dispuse pues me dio flojera pensar en algo más complicado. Estudiar por ejemplo…&lt;br /&gt;- Acércate –dijo aquel cliente con voz temblorosa, por suerte sin saber lo que “la señora” pensaba- quiero olerte…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella accedió, resignada a que su trabajo es garantizarle a sus clientes –para hablar de una manera bonita y profesional- que pueden ser libres, expresarse y pedir “lo que quieran”, zafándolos de las represiones a las que se someten todos los días para encajar y ser aceptados en la sociedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicho de otra manera –la que “a ellos” les gusta- su trabajo es convertirse en una perra o una santa –dependiendo el rol que ellos requieran- hacer creer que ellos le enseñan a tener sexo, que todos son los que mejor lo hacen, que la hacen gemir casi a gritos, que son grandes hombres, perdón, grandes machos. Su trabajo es hacerlos sudar y hacer gestos de inmenso placer, engañarlos y devolverlos felices a sus casas, quizá con su esposa e hijos, para que pueda seguir viviendo sin la culpa de ver a sus esposas menos deseables. Apenas eyaculen olvidarán sus problemas y su “carente integridad”, al menos mientras el orgasmo dure.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Quítate la ropa –dijo el cliente, amante de la música tango- no, no, no… mejor te la quito yo –corrigió, mientras olía con mórbida lentitud la ropa, desfilando su erección por debajo del pantalón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno después de todo su vida no es tan sucia como la de otros, que tienen una mente corrompida por la necesidad de libertad. Por lo menos ella está consciente que lo suyo es un simple trabajo, que pronto terminará, en cuanto consiga a un viejo adinerado en sus últimos días y loco por una mujer que le deje un último bonito recuerdo. Entonces su vida se arreglará, tendrá para mudarse y rehacer su vida, invertir en un negocio que le produzca ganancias hasta la vejez –si es que llega a vieja- y vivir en paz. Por lo pronto sólo le importaba leer el mensaje, súper atrasado de Miguel, uno no muy esperanzador. Por lo visto, esos tragos de alcohol tendrían que esperar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Miguel S) “No voy a poder ir, mi madre se enteró…” 10:13pm&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-2446920945971963343?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/2446920945971963343/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=2446920945971963343&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/2446920945971963343'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/2446920945971963343'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/02/tanto-y-nada-iii.html' title='Tanto y nada III'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-22496670959823565</id><published>2010-02-20T17:10:00.001-04:30</published><updated>2010-02-20T17:46:51.719-04:30</updated><title type='text'>"Tanto y nada" II</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S4BXRjRArEI/AAAAAAAAC-w/wswGrTwTVP8/s1600-h/salud-4-7-7-06.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 154px; height: 249px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S4BXRjRArEI/AAAAAAAAC-w/wswGrTwTVP8/s320/salud-4-7-7-06.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5440444308899540034" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Veintitrés años, aún viviendo con sus padres, algo le daba vueltas en la cabeza, una idea recurrente, un zumbido, una alarma antirrobo, una duda. Era miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro zumbido, el celular vibrando sobre el vidrio de la mesa de su cuarto. Un mensaje, otro mensaje, ya eran tres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Carlos R)  “Hola nene, cómo estás? Qué haces?” 03:43pm&lt;br /&gt;(Karina A) “Amigo, tngo en ksa una botella d Ginebra. Se aguanto?” 03:21pm&lt;br /&gt;(Carlos R) “nene contéstame el celular por favor…” 03:03pm&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tengo salgo, piensa él. No les responderé ¿o si?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Licor le vendría bien en ese momento, pero también la compañía hipócrita de Carlos. ¿Hipócrita? ¿En realidad lo será? Recuerda lo que te dijo Daniel: “Carlos es un calentón, te va a hacer sufrir si te involucras con ese tipo. Se ha acostado con medio mundo. Hazme caso amigo…”&lt;br /&gt;Pero eso no le consta a él, además el chico le gusta mucho como para dejarse llevar por las malas lenguas, después de todo Daniel no es un santo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro zumbido, vibración. Zumbido, vibración y ahora la alarma de un mensaje en la computadora, por el sistema de chat público y gratuito.&lt;br /&gt;(Terminator28sex) Hola q tal? Se puede?&lt;br /&gt;(Atamelxfavor) Hola! Claro vale!&lt;br /&gt;(Terminator28sex) Y ese nick? Te duele la cabeza. Q tienes?&lt;br /&gt;(Atamelxfavor) Si vale, no he podido dormir, lo que me provoca hacer es dormir.&lt;br /&gt;(Terminator28sex) Q mal, spero t mejores. D donde eres? Q edad?&lt;br /&gt;(Atamelxfavor) Gracias, soy del tigre, 26 años.&lt;br /&gt;(Terminator28sex) Q bien! Yo soy de pto la cruz. 28 años. Como eres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resto de la “conversación” ya se la sabía, porque todo era rutinario, un libreto que todos leían, un protocolo a seguir, en la búsqueda desesperada e inagotable de la pareja “perfecta”. Bueno, quizá no perfecta pero ideal, que tenga un carro, una casa o “un sitio” dónde encontrarse, de cierta edad, con cierta estabilidad laboral, que no sea rayado/muy reconocido. Un hombre apuesto, que cuide su apariencia y con una conducta tan varonil como sea posible. Lo siguiente sería ¿Qué rol eres? Pasivo, activo, versátil. ¿tienes pareja? ¿A qué te dedicas? Insistiría en preguntar cómo es físicamente, luego pediría su correo personal si le llamaba la atención y a continuación pediría que por favor active su cámara web, para verlo mejor. ¡Cuidado! “me puede estar grabando, en este mundo existe mucha gente mala y destructiva, pero ¿y si no es mala persona? ¿y si en realidad esta es la oportunidad de mi vida de ser feliz al lado de alguien que no me rechace?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo piensa, lo medita y se da cuenta de que ha dicho lo mismo repetidas veces.&lt;br /&gt;Vibra el celular.&lt;br /&gt;Todas esas veces han resultado en lo mismo: son unos cabrones, inmaduros, obsesivos, locos o afeminados. Mejor es quedase sólo y no buscar a nadie. ¡Menos por Internet! Es lo que dicen todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tocan la puerta ¡Es mamá!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se apuró rápidamente a minimizar todas las ventanas en la pantalla de la computadora -5 ventanas- tomó el celular para leer los mensajes, acostándose en su cama, simulando estar en lo de siempre. Pegado al BlackBerry.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Miguel? –pregunta su madre, del otro lado de la puerta.&lt;br /&gt;- Adelante, mamá… -contesta él.&lt;br /&gt;- La cena está lista, -dice con voz impaciente- se te va a enfriar si no sales ya a comer.&lt;br /&gt;- Ya voy a mamá, estoy mandando unos mensajes. (Había dos mensajes más)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Carlos R) “Nene. Te voy a mandar saldo porque no me respondes…” 03:50pm&lt;br /&gt;(Carlos R) “Acá tienes 856489566, te extraño mucho” 03:53pm&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro mensaje. El celular no ha parado en todo el día. Miguel estuvo a punto de tirarlo contra el piso, su paciencia se agotaba, su dolor de cabeza lo empeoraba. Sus dudas lo atormentaban. ¿Será el indicado? ¿Cómo puede ser el indicado si aún vive con sus padres al igual que él, si apenas se da abasto con su trabajito en la tienda de teléfonos, si de verga sus amigos son los que saben “su nota”, si todavía los dos tienen que escaparse, decir mentiras -comodines que jamás se acaban- para poder verse en casa de César, un alcahueta de 34 años, soltero, que vive solo y único confidente de Miguel. Si sus padres se enteraran…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Me moriré el día en que eso pase, no quiero ni pensar cómo reaccionarán”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin dejó el celular a un lado, reposando en la cama, para no tener que contestarlo más, aún con la opción latente de irse a tomar con su amiga, para dejar de pensar, para no decir más sus características físicas y abrirle su mundo a un montón de extraños que dicen ser la última Pepsicola del desierto. Estaba cansado de tantas mentiras, de que la gente viva de apariencias, del “PIN”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuántos extraños tendrá en el celular, en el correo, en los chats y en la página de conocer gente? Se da cuenta entonces de que él es otro extraño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejó su cuarto y se sentó a cenar con su padre y su hermano Frank. Pero su madre se percató de que su hijo dejó el celular en su cama, vibrando. Tomó el costoso artículo, dispuesta a dárselo a su hijo, alegre porque el día ha sido bueno, tranquilo, sin malas noticias, excepto el mensaje que estaba a punto de ver…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Miguel tienes un… -enmudeció, la sorpresa la heló, la hirió, la humilló, la asustó.&lt;br /&gt;(Carlos R) “Mi amor, espero verte pronto. Hoy salgo a las 7” 04:01pm&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Un mensaje equivocado? las sospechas antiguas volvían a surgir, dilapidando la paz que había conseguido en el olvido de ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué mamá? –pregunta Miguel, con obstinación y bajo la mirada de regaño de su padre, por contestar de tal manera, mirada que él contestó con otra, una de súplica y pena.&lt;br /&gt;- Nada hijo, -se retractó, buscando una excusa, unas palabras que la salvaran de aquel lío que se podría formar- que tienes un desastre en tu cuarto…&lt;br /&gt;- ¡pero si ayer lo acomodé! –se indigna él.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9131708418274611690-22496670959823565?l=oceanosurreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/feeds/22496670959823565/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9131708418274611690&amp;postID=22496670959823565&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/22496670959823565'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9131708418274611690/posts/default/22496670959823565'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://oceanosurreal.blogspot.com/2010/02/tanto-y-nada-ii.html' title='&quot;Tanto y nada&quot; II'/><author><name>Alejandro Ernesto Pravia Álvarez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03331850623599540994</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://2.bp.blogspot.com/-THDiFCi5UbE/TkLkUsFfSFI/AAAAAAAADuo/UArvOAFVdPM/s220/Copia%2Bde%2Bedici%25C3%25B3n3.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S4BXRjRArEI/AAAAAAAAC-w/wswGrTwTVP8/s72-c/salud-4-7-7-06.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9131708418274611690.post-7876808749571955923</id><published>2010-02-18T01:34:00.000-04:30</published><updated>2010-02-20T16:21:21.710-04:30</updated><title type='text'>"Tanto y nada" I</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S32vl2Pu0AI/AAAAAAAAC-I/N5dz0Ukgm9M/s1600-h/azul-2-2007-A-Boeris.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 221px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_FvNtDfAmS4w/S32vl2Pu0AI/AAAAAAAAC-I/N5dz0Ukgm9M/s320/azul-2-2007-A-Boeris.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5439696989684944898" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ella se levantó, haciendo un esfuerzo por ponerse de pie. Le dolía la espalda, la cara interna de los muslos, los brazos y el pecho. El cuarto estaba hecho un desastre, la ropa sucia nadaba alrededor de la habitación, un par de botas se atravesaban camino al baño, las apartó con el pie derecho, lanzando un puntapié de hastío y amargura. Estaba cansada del estilo de vida que llevaba, pero al mismo tiempo no veía salida alguna, había una ausencia total de posibilidades de dedicarse a otra cosa, algo que le causara menos molestias físicas y morales. Por fin llegó al marco de la puerta del baño, manchado de un marrón cenizo de tantas veces colocar las manos en el mismo lugar, hablando por si solo y contando las veces que ella ha tenido que sostenerse ahí para no caer rendida por el dolor y el cansancio, o quizá ese peso emocional que carga día y noche, que a la final contradice toda ley física porque no le halla otro nombre que “vacío”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vacío emocional tiene un peso peculiar. Pesa, y mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tantea a oscuras –porque conserva los ojos semicerrados- la pared que tiene allí mismo, al lado, toca cierto relieve, un plástico en forma rectangular, igual de sucio que el marco, con un botón. La luz enciende el baño, sus ojos se ven forzados a cerrarse más, los fotones le hacen daño. Su pupila se adapta –se contra
