martes, 1 de abril de 2008

La reunión, la lección


Era un viernes por la noche, se acercaban las siete y media y ya estaban todos los representantes presentes y listos para el discurso de costumbre del director del plantel. Los padres y representantes de doscientos alumnos fueron citados por supuestas bajas alarmantes del promedio general del alumnado.

Los profesores que estaban sentados, ante todas las personas, pidieron que los estudiantes también asistieran para que tomaran conciencia de todo lo que se discutiera en esa reunión. Incluso estaba el técnico del colegio haciendo presencia para denunciar algunas travesuras de los alumnos, más que todo acerca de los bombillos y vidrios que parten sin reparo alguno.

Las últimas sillas terminaron vacías, porque el anfiteatro da espacio para quinientas personas. Era extraño que asistieran todos los representantes, casi llenaron todas las sillas, quedando solo una estupidez vacía, y es que los convencieron amenazando con la expulsión de media matrícula, pues jamás asisten a los llamados la cantidad requerida.

El tema comenzó:

— Antes que nada, buenas noches a todos –dio apertura el director con micrófono en mano. Disculpen la demora, todos llegaron puntuales y les debo felicitar por eso, pero es que tuvimos retrasos con algunos papeles necesarios para la discusión del tema de hoy.

>Permítanme presentarles al profesor de física, Emiliano Martines –el profesor se puso de pie, así como lo hizo el resto al nombrarlos- la profesora de inglés, Mirella Mendoza…


El director empezó a especificar el problema a tratar:

— Como ya sabrán, el colegio está presentando problemas con el rendimiento escolar, ya sea porque los alumnos no estudian, no entregan las actividades asignadas o lo que sea, el fallo está precisamente en que los promedios han bajado mucho, y esto es alarmante no tanto porque bajen, sino por lo que significa para nuestros hijos en el futuro.

>Cabe destacar que se les cita más con carácter de reflexión que de otra cosa, porque ya les mostraré los promedios y ustedes se darán cuenta fácilmente. Es que para que tengan una idea, hay… -registró entre los papeles hasta que encontró el dato- de doscientos alumnos exactos, hay sesenta y cuatro que tienen más de dos materias aplazadas, y estamos hablando de que en el último año de bachillerato con dos materias pendientes no se pueden graduar los muchachos.


Los padres cambiaron sus caras de fastidio e impaciencia, por sorpresa, indignación y alarma. Algunos voltearon para susurrarles a sus hijos, quizás preguntándoles algo, y otros se dispusieron a mirar su reloj.

El director siguió diciendo que un diez por ciento de los alumnos tiene más de treinta inasistencias a ciertas asignaturas y que la cátedra de inglés es la más desatendida de todas. De pronto una detonación estridente se escuchó y las luces vacilaron un momento. Todos voltearon mientras que las ventanas aún vibraban como a punto de romperse; algunas personas no evitaron ponerse de pie para mirar mejor –ya que el anfiteatro tiene los últimos asientos más altos que el resto- y otros se quedaron serenos. El director le dijo algo al técnico que estaba debajo de la tarima, tapando el micrófono con la palma de su mano, y luego el técnico partió hacia la entrada.

— Tranquilos señores –intervino el director- seguramente fue un transformador.

Pero no transcurrió ni un minuto cuando otro estallido sonó y el técnico estaba de vuelta con el corazón en mano y la boca ensangrentada, así como parte de su pecho, gritando que todos se agacharan, que estaban siendo bombardeados.

Otra detonación se escuchó y esta vez el color rojo incandescente del fuego se asomó por algunas ventanas, así como algunos vidrios de afuera parecían partirse por lo que sonaba, y algunos metales se escuchaban ceder. Todo un desastre ocurría afuera sin poder ser visto por las personas porque el humo empezó a colarse por las ranuras de las puertas.

El piso tembló. El piso está hecho de madera porque hicieron elevaciones para el anfiteatro y parecía que todo se fuera a caer en cualquier instante, las luces se desvanecieron y los sonidos, los ruidos, el desorden quería destrozar los tímpanos de los presentes. Todos se agacharon y los llantos no tardaron en escucharse, algunos llamaron a la calma pero el pánico pudo más. El director tomó su radio y sin perder tiempo le preguntó al vigilante que qué era lo que ocurría. No obtuvo respuesta más que otras detonaciones y luego un ruido molesto, signo de que se había perdido la señal.

Unas metralletas se escucharon desde los cielos, a lo lejos, y los cuadros cayeron uno a uno de las paredes.

— ¡Declararon la guerra, señor director, declararon guerra! –se escuchó vagamente desde uno de los radios, esta vez el radio perteneciente al técnico.
— ¡Entre, entre al anfiteatro de inmediato! –ordenó el director con total desespero cogiendo el radio.
— ¡Demasiado tarde señor, nos alcanzaron!..... ¡Por favor nooooo!
— ¡Armando! ¡Armando!

De fondo, otra vez el chirrido molesto de cuando se cae la transmisión y ya la situación dentro del anfiteatro se tornó incontrolable. Todos lloraban, abrazados a sus seres queridos, indignados ante la inevitable muerte, frustrados por la mala política del país, desesperados porque no sabían exactamente lo que sucedía afuera, tosiendo porque el humo los alcanzaba, impotentes por no poder lograr lo que se habían propuesto, y finalmente invadidos por el miedo de morir inesperadamente.

Algunas voces se escuchaban decir un “te quiero”, o un “perdóname mamá, en verdad te quiero”, o simplemente “no quiero morir”. Podía escucharse pedidos de calma, gritos de miedo y algunas mujeres hasta se desmayaron. Era el fin de sus vidas.

Hasta que dejó de hacer ruidos, hasta que los estallidos cesaron y las luces volvieron a la normalidad. Las cortinas del anfiteatro se abrieron y tras ellas habían hombres y mujeres controlando lo que parecían máquinas… máquinas de efectos especiales.

Algunos hombres cayeron víctimas de la cólera y pretendieron golpear al personal docente y al resto de los cómplices, pero fueron detenidos por la policía, quien no tardó en hacer presencia –porque estaban afuera esperando una señal. Todos los profesores tomaron asiento como si nada hubiese pasado y el director se secó el sudor de la frente para tomar el micrófono otra vez:

— Nunca sabemos cuándo se nos acabará los días, -dijo el director tomando una seriedad petrificante- no sabremos sobre el futuro que se nos viene si seguimos así. A este paso como van las cosas, la gente se destruirá sola. Si seguimos como seguimos en casa, si seguimos como seguimos en la calle, si seguimos haciendo las cosas que sabemos que están mal.

>Se perderán la dicha de poder hacer sus días más felices que los de ayer, y se perderán de la bendición de vivir unas horas más para poder amar y compartir, sobre todo con tu familia. A los chicos les digo que hagan sus cosas bien en el colegio porque esto es para ellos mismos, para sus hijos, para el resto del mundo. A los padres, den un buen ejemplo y sanen las heridas en cada casa, porque sino, cuando les toque, tendrán que irse de este mundo con todo y sus dolencias.

>Esto fue para que aprendan a valorar más la vida, a la gente, a ustedes mismos, y para que hagan de este país un diamante hermoso. Así, siendo una sociedad corrupta, viciosa del facilismo, insensible, poco cooperadora, resentida y prejuiciosa, no lograremos sacar el país adelante, como debería ser. Así sólo lograremos una guerra entre nosotros mismos.

>Gracias por venir y que pasen buenas noches.

2 COMENTARIOS BAJO EL AGUA:

Piera dijo...

O_o

Eso paso en el gonzalo? jajajajajaja
Si hubiese pasado matan a tu director jajajaja.
Está demasiado fino, no me imagine que se tratara de una guerra de esa manera... De pana que está muuuuuuy bueno.
Uno tiene que arreglar las cosas lo antes posible, porque nunca se sabe cuando nos vamos... ¿De qué vale estar peleados sin razón? ¿De qué vale odiar y tenerle rencor a alguien? ¿De qué vale ahogarse en los problemas?... Lo único que debemos hacer es tratar de buscar esa luz al final del tunel antes de que ella nos encuentre a nosotros... porque será muy tarde para ese entonces.
Sencillamente hay que seguir adelante, así no sepamos donde quede ese camino con certeza.

Saludos ale! xD

ROMANO dijo...

Piera: sabes que no ¬¬ jajajajajajaja ojalá!

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